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Carta de Quito

(Convenio de Unión Económica y Aduanera) 

(Tomado del capítulo V del libro Antonio Parra Velasco, mi padre, Segunda edición, corregida, del Dr. Antonio Parra Gil)

La Carta de Quito, suscrita con la participación de Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador, constituyó un convenio para llegar en forma gradual y progresiva al establecimiento de la Unión Aduanera y Económica entre cualquiera de los países que la conforman. Podía adherirse a ese primer intento de integración económica latinoamericana, “intento precursor”.

El 21 de mayo de 1947 el Gobierno del Dr. José María Velasco Ibarra convocó para que se reuna en Quito, el 8 de diciembre de ese año, “una Conferencia de carácter económico de los Países Grancolombianos.”

La convocatoria a esa Conferencia interpretó, para mi padre, el sentimiento común de los Estados Hispanoamericanos, que desde la independencia “han sentido la necesidad de establecer entre sí un sistema de estrecha colaboración, especialmente en el aspecto económico”, sentimiento manifestado “con mayor fuerza entre pueblos unidos por especiales vínculos geográficos e históricos,” resaltando que “entre los Estados que constituyeron la Colombia de Bolívar, ese anhelo de colaboración ha sido permanente, habiéndose manifestado, últimamente, en la constitución de una importante empresa común” [la Flota Mercante Grancolombiana]

La Conferencia convocada por el Presidente Velasco Ibarra no pudo celebrarse por causas de política interna (su caída del gobierno).
Discurso del Dr. Antonio Parra Velasco, Ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador

Durante la IX Conferencia Internacional Americana de Bogotá mi padre, Canciller de la República y Presidente de la Delegación Ecuatoriana, “sostuvo el derecho de los Estados Hispanoamericanos para llevar a cabo una colaboración especial en lo económico y la necesidad de esa colaboración, y reiteró el propósito del Gobierno Ecuatoriano de llevar a cabo la Conferencia Económica Grancolombiana”, en los siguientes términos:

“Si, por un lado, la Organización Panamericana no debe de limitar su característica universalista, por otro, tampoco debe prescindir de ciertas realidades y desconocer los vínculos especiales que unen entre sí a los pueblos hispanoamericanos, y el derecho que les asiste para colaborar especialmente entre sí, de manera íntima y estrecha, en todos los aspectos de las relaciones interestatales, sin menoscabo de su participación en la colaboración general dentro del Continente y en el Mundo”

“Esos vínculos, provienen de la comunidad de origen, lengua, historia, cultura y tradición y, en justicia, no pueden ser objetados ni desconocidos”.

“Aún dentro de la América Hispana, hay Estados todavía más íntimamente ligados entre sí por especiales razones geográficas e históricas”.

“Es indispensable, por lo mismo, que conste en el Pacto Constitutivo un precepto por el que se reconozca ese derecho de nuestros Estados para llevar a cabo una colaboración especial, derecho que, por otra parte, no es dable desconocerlo, desde que lo estamos ejerciendo en múltiples aspectos”.

“Sería un grave error creer que tal colaboración pudiera debilitar el Sistema Interamericano. Por el contrario, lo fortalece.”

“En efecto, mientras más se vigoricen los Estados Hispanoamericanos, de manera más efectiva y útil, podrán cooperar con los demás Estados del Continente en la defensa de los intereses comunes”.

“En su mensaje al Congreso de Cúcuta (contempladle en el admirable cuadro de Michelena en el Palacio de San Carlos), al pedir permiso para emprender su gloriosa campaña li-bertadora hacia el sur del Continente, Bolívar decía: “espero que me autoricéis a unir con los vínculos de la beneficencia, a los pueblos que la Naturaleza y el Cielo nos han dado por hermanos”.

“La Naturaleza, he allí, pues, el origen del vínculo que une a los pueblos Hispanoamericanos. La Naturaleza, es decir, la vida misma, los elementos biológicos fundamentales, que escapan a la voluntad y dan fisonomía propia a los pueblos”.

“No se trata, por tanto, de una concepción artificial. Se trata de algo profundo, orgánico, natural”

“De allí arranca nuestro derecho a la colaboración especial de que os hablaba, derecho que la Delegación del Ecuador pide que sea reconocido en el Pacto Constitutivo del Organismo Regional Americano, reconociéndose, de esa manera, un regionalismo dentro del Continente, o si se prefiere, un particularismo, así como se ha admitido el regionalismo continental dentro del sistema universal de la Carta de las Naciones Unidas; dándole así al Sistema Interamericano más elasticidad, y a la vez, mayor vigor intrínseco, ya que sólo los organismos que se ajustan a la realidad de la biología social logran subsistir y progresar”.

“Esa especial colaboración de nuestros pueblos no solamente constituye un derecho sino también una necesidad, si queremos hacer efectivos en nuestros países los propósitos de mejoramiento económico, social y cultural que hemos enunciado tantas veces.”

“En efecto, ¿cómo podrían nuestros pueblos elevar su nivel de vida y proceder a su industrialización, por ejemplo, si no les es dado proceder a crear mediante el establecimiento de tarifas preferenciales o de uniones aduaneras un vasto mercado interno que permita a estas industrias nacer y que proporcione trabajo bien remunerado a las masas obreras? ¿Se olvida, acaso, que no cabe desarrollo industrial sin un mercado apropiado que lo sostenga y alimente?”.

“¿Cómo defender nuestras jóvenes flotas mercantes si no las protegemos en las primeras etapas de su desarrollo, mediante un sistema preferencial y adecuado?”.

“El Gobierno del Ecuador se propone llevar adelante, con toda decisión, la política de colaboración especial con los Estados Hispanoamericanos en que está desde hace algún tiempo empeñado”.

“Entre esos propósitos de colaboración me place hondamente poder referirme, desde esta tribuna, a la colaboración entre los Estados que constituyeron la antigua Gran Colombia, cuya gloriosa bandera flameó, en misión de libertad, por los ámbitos del Continente suramericano, desde las Bocas del Orinoco hasta los orígenes del Desaguadero y las cumbres del Potosí.”

“Está convocado ya - de acuerdo con los Gobiernos de Venezuela, Colombia y Panamá, y deberá reunirse en Quito, el Congreso Económico Grancolombiano, en el que esperamos considerar algunos problemas fundamentales, entre otros el de las preferencias aduaneras, el de la flota aérea grancolombiana, gemela de la Flota marítima ya existente, y el de la creación de un Banco Grancolombiano.”

“Esperamos que los convenios a que lleguemos puedan quedar abiertos a la adhesión de los países hermanos, ya que la acción de los Estados grancolombianos se inspira en principios de solidaridad hispanoamericana”.

Durante la Conferencia de Bogotá los Delegados de Colombia, Panamá, Venezuela y Ecuador convinieron que previamente se reuniera una Comisión Preparatoria para preparar los anteproyectos de los asuntos a tratarse. 

En Quito, el 24 de mayo de 1948, se reunió la Comisión Preparatoria de la Conferencia Económica Grancolombiana, con la presencia de los delegados de Colombia, Panamá, Venezuela y el Ecuador. La finalidad de la reunión fue determinar “el temario de la Conferencia y preparar los anteproyectos respectivos”.

Discurso del señor Carlos Julio Arosemena Tola, Presidente Constitucional del Ecuador

El Presidente de la República, Don Carlos Julio Arosemena Tola, inauguró la Comisión Preparatoria de la Conferencia Económica Grancolombiana. Con esta oportunidad manifestó que la Conferencia Económica Grancolombiana estaba “llamada a sentar las bases de cooperación económica entre los Estados que constituyeron la gloriosa Colombia de Bolívar”.

En otras partes de su importante discurso, el Presidente Arosemena Tola dijo:

“Para el Ecuador, para todos nuestros pueblos grancolombianos, y también para todos los pueblos de Hispanoamérica, el acontecimiento de hoy tiene excepcional trascendencia, pues iniciamos la realización práctica y efectiva de viejas y permanentes aspiraciones de colaboración, solidaridad y fraternidad, que han alentado en nuestros corazones desde los tiempos luminosos de la Independencia.”

“En el siglo pasado conquistamos juntos nuestra libertad política. Hoy nos corresponde lograr, también unidos, nuestra independencia económica. Y para iniciar esa magna labor, juntamos de nuevo nuestros esfuerzos -Colombianos, Venezolanos, Panameños y Ecuatorianos-, trabajando así para hacer realidad el propósito fundamental del Libertador: unir y confederar a todos los pueblos Hispanoamericanos- con los que constituían su amada Colombia-, estrechando sus vínculos políticos, económicos y cul-turales, para hacerlos fuertes y respetables en el concierto de las naciones del mundo.”

“El Ecuador que ha permanecido siempre fiel a los ideales y a las enseñanzas del Libertador, auspicia, con entusiasmo y fé, el resurgir de esta auténtica política-Bolivariana, de íntima colaboración entre los pueblos que el Genio de América hizo nacer a la vida de la Libertad. Unánimemente, sin distinción de partidos políticos, los ecuatorianos estamos deci-didos a llevar adelante esa política de especial cooperación y solidaridad entre los Estados Grancolombianos y los Hispanoamericanos en general, que nos permitirá, a todos juntos, asegurar nuestro progreso, elevar el nivel de vida de nuestras poblaciones, incrementar nuestras riquezas y vigorizar nuestras instituciones libres.”

“La caótica situación actual del mundo, los peligros que nos rodean, la grave crisis económica que nos amenaza, son circunstancias que nos obligan a considerar con urgencia la necesidad de cooperar en la defensa de nuestros comunes intereses, cooperación que por otra parte, tenemos el derecho y el deber de ejercitarla en atención a los vínculos naturales que nos unen, por la comunidad de origen, tradición y cultura.”

“Nuestra colaboración económica no va en perjuicio de pueblo alguno. Si unimos nuestros esfuerzos y nuestros recursos, es para mejor cooperar con todos los pueblos de la tierra, y, muy particularmente, con los de este Continente. El logro de nuestros anhelos de mayor bienestar y progreso, lejos de dañar a otras naciones, ha de beneficiarlas.”

“Todo nos une, y nada nos separa. Es tal nuestra comunidad de intereses, que fácil resultará la tarea de sentar las bases sólidas de nuestra colaboración económica.”

“Señores Delegados,”

“Sed bienvenidos en la Patria Ecuatoriana, que es también, en cierto modo, la vuestra. Quito, y el pueblo todo del Ecuador, os acoge con sentimientos fraternales.”

“Los pueblos Grancolombianos seguirán vuestras labores con profundo interés y honda emoción. Todos confiamos en que vuestros esfuerzos serán coronados por éxito halagador.”

“Que el espíritu de Bolívar ilumine vuestras deliberaciones, para bien de nuestros Estados y de toda la América nuestra.”

Discurso del Dr. Antonio Parra Velasco, Ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador
En el mismo acto inaugural mi padre, Canciller de la República, dijo

“En esta fecha gloriosa, en que los pueblos grancolombianos conmemoramos una de las batallas libradas juntos por lograr nuestra independencia, el destino ha querido que nos toque iniciar otra batalla, incruenta, pero que exige tenacidad, decisión y persistentes esfuerzos, para afianzar esa Independencia basándola sobre sólidos fundamentos económicos, y, para que nuestros pueblos puedan gozar de mayor bienestar, de un nivel de vida más alto, y de más amplia justicia social.”

“Trágico, en efecto, y en muchos aspectos contradictorio, el panorama de los pueblos Hispanoamencanos, en la última centuria: dueños de inmensas riquezas potenciales, pero hundidos sin embargo en la miseria económica, desprovistos de progreso material, atrasados en lo científico y cultural, sometidos, cual si realmente no hubieran dejado de ser colonias, a los apetitos y a la explotación de las grandes potencias industrializadas…”
“Explicable, sin embargo, esa situación contradictoria y absurda: es que la gran humanidad que, en cierto modo, constituíamos durante la época del Imperio Español, no la supimos conservar y afianzar en la etapa independiente.”

“Obsecados por el fenómeno político, nuestros próceres, y quienes los sustituyeron en el Poder, no apreciaron el fenómeno económico en su justo valor, no comprendieron la esencial importancia que tendría para nuestros pueblos al conservar, en los aspectos económicos, la unidad del conjunto, sin perjuicio de la existencia de entidades políticas distintas, independientes unas de otras.”

“La falta de un mercado interno común, he allí la causa fundamental del atraso de nuestros pueblos en la marcha hacia el progreso y el bienestar, he allí la causa básica de las derrotas sufridas, hasta ahora, en la lucha económica internacional, he allí la razón íntima de la debilidad económica de nuestros pueblos y del “status” semi-colonial que los caracteriza…”

“Contar con un amplio mercado interno es condición indispensable para el desarrollo económico.”

“Sin un mercado interno lo suficientemente amplio, no pueden surgir ni desarrollarse las grandes industrias. Sin industrias, la población carece de trabajo bien remunerado, y las materias primas no pueden ser absorbidas localmente en suficiente proporción, debiendo ser vendidas, en su mayor parte, a los países altamente industrializados, que pagan por ellos los precios más bajos posibles, precios que significan salarios de hambre para nuestros trabajadores, quedando, por otra parte, nuestros países, sujetos a tener que comprarles la casi totalidad de los productos manufacturados que necesitan.”

“Y así se explica la estructura de la doble cadena que ata a los pueblos semi-coloniales a sus metrópolis invisibles: ser, por una parte, productores de materias primas para los grandes países industrializados, -en calidad de míseros asalariados, a pesar de ser dueños nominales del suelo del que se extraen las inmensas riquezas que no gravitan sobre sus economías, y en constituír, por otra, mercados para los productos que esos países manufacturan con esas mismas materias- y que nos los venden a precios elevados, precios que incluyen altos salarios para sus obreros, el pago de impuestos para el mantenimiento de las necesidades públicas de esos países, y hasta cuotas de participación para el pago de las guerras en que emprenden, para disputarse entre sí el dominio económico del mundo…”

“Mas, si ayer no comprendimos el problema que estaba planteado ante nosotros, o no lo pudimos resolver, hoy la situación es diversa: hemos comprendido largamente, los Hispanoamericanos, donde reside la causa de nuestra debilidad, y estamos resueltos, -definitivamente resueltos-, a luchar por nuestros legítimos intereses, a defender nuestras soberanías en sus esenciales aspectos económicos, y a salvaguardar la vida y el progreso de nuestros conciudadanos.”

“De esa inquebrantable decisión hemos dado ya al mundo pruebas inequívocas.”

“Ayer no más, en La Habana y en Bogotá, hemos defendido el derecho para establecer, entre nosotros, ese amplio mercado interno común, indispensable para fortalecer nuestras economías y llevar adelante nuestra industrialización.”

“Ese derecho ha quedado reconocido, a pesar de la oposición tenaz de los Estados que se han venido beneficiando de nuestro dislocamiento y que han querido conservar, a todo trance, el privilegio que les da el haberse adelantado en el proceso de la industrialización y de la acumulación de capitales."

“En el Convenio Económico de Bogotá ha quedado establecido que los Estados Americanos limítrofes o pertenecientes a la misma región económica, podrán celebrar convenios preferenciales con fines de desarrollo económico, y que los beneficios otorgados en dichos convenios no se harán extensivos a los otros países por la aplicación de la cláusula de la nación más favorecida.”

“Y, así mismo, en otro aspecto esencial, el del equitativo ajuste de los precios entre las materias primas y las manufacturas, hemos sabido defender, en Londres, ante las Naciones Unidas, en La Habana, y en Bogotá, nuestros legítimos derechos, que guardan armonía con los intereses de la comunidad mundial, porque se traducen en progreso social para las clases trabajadoras de todos los países y en bienestar general para la Humanidad.”

“Este principio de equidad quedó reconocido en Bogotá en el artículo 3°, del Convenio citado en el que se “reafirma la resolución de que, como política general, se tome en cuenta la necesidad de compensar la disparidad que se aprecia frecuentemente entre los precios de los productos primarios y los de las manufacturas, estableciendo la necesaria equidad entre los mismos”

“Y hemos comprendido también otra verdad esencial: que los problemas económicos que nos afectan no tienen soluciones nacionales, y sólo admiten soluciones conjuntas, aplicadas solidariamente entre todos, en una palabra, soluciones “intranacionales”, término que traduce ese “status” de comunidad natural que caracteriza a nuestros pueblos.”

“En efecto, ¿cómo lograr, en nuestros países, el establecimiento de un gran mercado interno, sino uniendo los mercados parciales en una unidad mayor, cabe decir, organizando la Unidad Económica y Aduanera?”

“¿Cómo defender los precios de nuestros productos, sino cooperando entre todos, en un solo frente unido contra la explotación de los poderosos?.”

“No rehuimos la cooperación con todos los pueblos de la tierra, fieles como somos al espíritu universalista que informa nuestra cultura pero, ante la falta de solidaridad efectiva de que los acontecimientos mundiales dan pruebas elocuentes, estamos en el deber de defender nuestra economías por los medios lícitos que están a nuestro alcance, estructurando nuestra unidad económica, acrecentando e intensificando nuestra colaboración regional.”

“En este gran movimiento de colaboración .entre todos los pueblos de Hispanoamérica, la Gran Patria de Bolívar, que miraba más allá de las fronteras locales para abarcar, en un solo amor clarividente, a todos los pueblos de su América, bien cabe, para facilitar la labor y agilitar el proceso evolutivo, proceder por etapas y mediante la organización de agrupaciones regionales que, en el momento oportuno, se fusionen entre sí, hasta lograr la constitución de esa Comunidad Económica Hispanoamericana que, de toda evidencia, ha de constituirse en no lejano día.”

“Por eso, y porque existen entre sus pueblos vínculos históricos y geográficos especialmente estrechos, los Gobiernos de los Estados que constituyeron la gloriosa Colombia de Bolívar, han resuelto dar los primeros pasos para estudiar los medios más apropiados de coordinar sus economías, con miras a lograr el mayor desarrollo de sus pueblos, y el mejoramiento de las condiciones de vida de sus poblaciones.”

“La Comisión Preparatoria, que hoy inaugura sus labores, deriva su importancia del hecho que constituye el paso inicial de una nueva política, cuyo desarrollo puede llevarnos a realizaciones trascendentales, de beneficio para todos nuestros países, y, quizá, para el mundo todo, porque puede significar, con el correr de los años y la multiplicación de los esfuerzos, el nacimiento, en este Continente, de una de las más grandes Potencias del mañana, destinada a gravitar favorablemente sobre los destinos del Universo.”

“La Comisión Preparatoria tendrá la importante tarea de preparar los anteproyectos que, sobre el temario general aceptado, serán sometidos a la deliberación de la Conferencia que ha de reunirse, en breve, en esta misma histórica ciudad de Quito.”

“Entre esos temas, el de mayor importancia es sin duda el que se refiere a la constitución, por prudentes etapas, de la Unión Económica y Aduanera de los Estados Grancolombianos, tema acerca del cual la Delegación del Ecuador ha tenido el honor de presentar un anteproyecto.”

“Otros temas básicos se refieren a la organización entre los cuatro Estados, de varias empresas de especial importancia como el Banco Grancolombiano, el Instituto de Reaseguros, Instituto de Investigación y Cooperación Técnica, y la Flota Aérea Civil Grancolombiana.”

“Señores Delegados,”

“Una nueva etapa se ha iniciado en la historia de nuestra América”.

“Nuestra independencia económica está en marcha. Y parece que la historia quisiera repetirse, pues así como, hace más de una centuria, la independencia política de nuestros pueblos se logró por el empeño de todos y al impulso de dos núcleos polarizadores, -el uno en el Sur, mediante el esfuerzo de argentinos y chilenos-, y el otro en el Norte, mediante el ímpetu Grancolombiano dirigido por Bolívar, parece evidente que la nueva independencia que perseguimos hoy, habrá de realizarse, asimismo, mediante los esfuerzos mancomunados de esos mismos núcleos polarizadores que se están constituyendo ya, en lo económico, el de los pueblos del sur y el de los pueblos grancolombianos.”

“Afrontemos con decisión nuestro destino!”

“Tengamos fé en nuestro porvenir!”

Palabras del Embajador de Venezuela

El Embajador de Venezuela en Quito y Presidente de la Delegación de ese país hermano expresó, con acierto, al responder a nombre de las Delegaciones presentes, que “cuando hablamos de la Grancolombia sentimos como si la patria se agrandara y nos damos cuenta que Bolívar no es solo restringido patrimonio de un país sino que nos pertenece a todos por igual y de que, si nos mostráramos fieles al ideal de unión que sustentó invariablemente…, las naciones que constituyeron originariamente la Grancolombia no serían naciones distintas sino una sola, grande y fuerte, …”

Para el Embajador García Maldonado, en la “conciencia de gran número de hombres, desde México hasta la Argentina, aflora ya la necesidad de llegar a un acuerdo general, de tipo Hispanoamericano, que nos comunique fuerza y determinación para hacer valer lo que constituye, en lo material y espiritual, la base misma de nuestra nacionalidad continental,…”

El Embajador de Venezuela pedía “no olvidar que la Conferencia Económica Grancolombiana, aún en esta etapa preparatoria, constituye el primer ensayo serio, después de un largo siglo de aislamiento nacionalista, para comunicar vigencia a la concepción de Bolívar y establecer las bases prácticas para la constitución de la Grancolombia”, a la vez que consideraba que los presentes eran actores” de un acontecimiento histórico llamado a servir de jalón incial a un período de mayor conciencia solidaria continental.”

Anteproyectos y Resoluciones

La Comisión Preparatoria de la Conferencia Económica Grancolombiana aprobó, entre otros, los siguientes Anteproyectos y Resoluciones:

1.- El Convenio de Unión Económica y Aduanera entre Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela, que se conoce como Carta de Quito desde que el señor Federico Legórburu, Delegado venezolano, invitó a todos “a formular los votos más sinceros por el éxito de la próxima e inevitable Carta de Quito,” cuya razón de ser conforme a la exposición de motivos [que resumo, resaltando lo que considero más importante] fue “el deficiente desarrollo económico de los pueblos Grancolombianos, y en general de los Hispanoamericanos, que no corresponde a la extensión de los territorios de que disponen, ni a las inmensas riquezas potenciales de su suelo y subsuelo y de sus aguas territoriales, ni a su privilegiada situación geográfica ni a las características de sus poblaciones biológicamente aptas para desarrollar la elevada cultura a la que pertenecen, que “tiene su explicación… en la circunstancia de no haber contado,… con un mercado interno suficientemente amplio como para lograr un conveniente desarrollo industrial, que les permitiese transformar ellos mismos una parte razonable de sus materias primas dando trabajo bien remunerado a sus obreros, y fabricar una parte asimismo razonable de los productos manufacturados que necesitan para su vida.”, lo que nos ha llevado a una “situación dependiente frente a los Estados altamente industrializados, en un doble aspecto: por tener necesidad de dichos Estados para que nos compren nuestras materias primas (generalmente pagadas a bajos precios y sujetas a la competencia de los productos coloniales similares y de los sustitutos de fabricación sintética), y porque ellos nos suministran la mayor parte de las manufacturas que consumimos (pagadas a precios elevados que incluyen la remuneración de mano de obra bien retribuida, y el pago de gravosos impuestos en el país de origen), con evidente mengua de nuestra independencia económica.”

“Para evitar que subsistan tales condiciones desfavorables para el desarrollo económico de nuestros países, es indispensable, por tanto, que ellos puedan contar con un amplio mercado interno, y la única manera de lograrlo consiste en unir sus respectivos mercados nacionales, en forma de constituir entre los cuatro países, un mercado común, mediante el esta-blecimiento de una Unión Económica y Aduanera, es decir, suprimiendo todo pago de derechos de Aduana al intercambio de productos originarios de nuestros países, adoptando un Arancel común que rija las relaciones comerciales con los terceros Estados, coordinando los sistemas nacionales de producción, de consumo, financiero y de transporte, y poniendo en práctica una política comercial común.”

Los Principios generales que “informan el Ante-proyecto de Unión Económica y Aduanera”, pueden resumirse en los siguientes puntos:

a.- Debe llevarse a cabo en forma gradual y progresiva, por etapas sucesivas, y previo estudio de las economías que se trata de coordinar, y de las medidas que deban de adoptarse;

b.- Para el estudio de las medidas que convenga adoptar se preveé la creación de Consejos permanentes sobre Asuntos Aduaneros, de Producción, de Comercio y de Comunicaciones y Financieros;

c.- Dejar a salvo, en todo momento, la voluntad soberana de cada uno de los Estados, por lo que las “medidas determinadas por los consejos, para ser llevadas a la práctica, tienen que ser aprobadas expresamente por cada uno de los Gobiernos”;

d.- La Unión Económica y Aduanera debe guardar armonía con los Convenios multilaterales de la Habana y Bogotá, esto es “sin perjuicio de la cooperación general prevista en el sistema de la Organización de los Estados Americanos y en el de las Naciones Unidas” (Preámbulo del Anteproyecto)

e.- Debe estructurarse con miras a la eventual constitución posterior de una entidad más amplia

2.- El Instituto Grancolombiano de Reaseguros, “con el objeto de operar en reaseguros y fomentar el desenvolvimiento de los seguros privados dentro de la Unión Económica Grancolombiana”, esto es no sólo negociar en reaseguros, sino también procurar la uniformidad de la legislación al respecto, procurando el establecimiento de nuevos ramos de seguros (extensión de riesgos) y la popularización de los más comunes (vida e incendio), procurándose que al menos el cincuenta por ciento de los reaseguros se coloquen por intermedio del Instituto Grancolombiano de Reaseguros.

3.- También se recomendó la creación del Banco Grancolombiano; de la Flota Aérea Grancolombiana y el Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas; la constitución de una Sociedad Anónima que se denominaría “Editorial Grancolombiana para el Fomento de la Cultura”, que serviría como instrumento para difundir nuestros valores literarios y científicos; la unificación de los sistemas de Seguridad Social, mediante la coordinación de la legislación de cada uno de los cuatro países; la unificación sobre Patentes y Marcas; y, por último, el mejoramiento, la extensión y el alcance de toda clase de transporte, considerando la optimización de las vías de comunicación y la necesidad de la libertad de tránsito.

El 4 de junio de 1948, clausuradas las sesiones de la Comisión Preparatoria, mi padre, Dr. Antonio Parra Velasco, Canciller, pronunció el siguiente discurso:

“Señores Delegados:”

“Me corresponde ahora el deber de declarar clausuradas las sesiones de la Comisión Preparatoria de la Conferencia Económica Grancolombiana.”

“Pero antes de hacerlo, os ruego me permitáis cumplir con el deber de agradeceros, a todos vosotros, compatriotas y hermanos, por vuestra elevada y fructífera labor.”

“Rindo homenaje a vuestro esfuerzo, al elevado espíritu de fraternal comprensión con que habéis trabajado, sin egoismos, prescindiendo de ese espíritu de falso patriotismo lugareño que tanto daño nos ha causado durante más de un siglo, poniendo de manifiesto ese nuevo patriotismo que ya conmueve a nuestras Patrias, que es sentimiento amplio y generoso que sobrepasa las estrechas fronteras de nuestros Estados, para englobar, en un mismo amor obstinado, a todos los pueblos de nuestra raza, y, muy particularmente, a los que formaron, en un ayer que está cada día más presente, la Colombia gloriosa de Bolívar.”

“Como El nos lo enseñó mil veces, una sola es la patria de los Hispanoamericanos.”

“Y a esa patria hemos servido, fielmente, con entusiasmo y decisión, a la vez que hemos servido a nuestros respectivos pueblos, porque la mejor manera de amar y servir a Colombia, Venezuela, Panamá o Ecuador, haciéndolo en función de la Patria Grande que se está plasmando ya en la realidad de la vida, tal como la sintió y la vivió el Libertador.”

“El ha estado aquí con nosotros, no solamente siguiendo, atento, nuestros debates, desde lo alto de esa efigie iluminada que preside en esta sala, sino inspirando nuestros actos, participando, silenciosamente, en nuestras deliberaciones, dictándonos, al oído, las resoluciones precisas susceptibles de devolverle la vida a su amada Colombia…”

“En este mismo instante, su presencia inmortal llena los ámbitos de esta sala, con la emoción que emana de su espíritu… iniciada una nueva etapa.”

“Hemos dado el primer paso en el camino que nos llevará a la conquista de nuestra independencia económica, confiando en el progreso y la prosperidad de nuestros pueblos.”

“Hagamos votos porque, en breve, podamos volver a reunirnos, esta vez para dejar firmados los pactos definitivos que han de asegurar nuestro porvenir, afirmando nuestra soberanía, y creando una comunidad más amplia, dentro de la cual cada uno de nuestros Estados podrá desarrollar las virtualidades de su propia personalidad, cooperando, al mismo tiempo, eficazmente, al bienestar de todos, y por medio de la cual podremos estrechar con más vigor y eficacia los vínculos que nos unen a los demás pueblos hermanos del Continente, hasta lograr constituir, “en alguna época de nuestra regeneración”, esa Confederación Hispanoamericana meta fundamental de la obra política e internacional del Libertador.”

“Quiero también agradecer, en nombre de la Comisión, la presencia, en nuestras deliberaciones, de los observadores de México, Chile, Argentina y Bolivia”.

“Habrán podido apreciar que es nuestro propósito decidido que nuestros pactos queden abiertos a la adhesión de los pueblos hermanos. En un porvenir no lejano, cuando nuestros esfuerzos den los resultados que todos esperamos, habremos de sentarnos todos juntos, ellos y nosotros, alrededor de una mesa como ésta, para deliberar acerca de la defensa. de nuestros comunes intereses, animados del espíritu de solidaridad universal que inspira la política de nuestros Estados”.

“Señores Delegados, declaro clausuradas las sesiones de la Comisión Preparatoria de la Conferencia Económica Grancolombiana.”

Clausurada la Reunión Preparatoria de la Conferencia Económica Grancolombiana, mi padre, Antonio Parra Velasco, Canciller del Ecuador, dirigió a los Cónsules del Ecuador acreditados en el extranjero, las siguientes circulares del 16 de junio de 1948.

Departamento de Actos y Organismos Internacionales

Circular 14-DAO

Quito, a 18 de junio de 1948

Asunto: Comisión Preparatoria de la Conferencia Económica Grancolombiana.

Señor Cónsul:

El 24 de mayo se inauguró en esta Capital, a iniciativa del Gobierno del Ecuador, la Comisión Preparatoria de la Conferencia Económica Grancolombiana, con representantes de Colombia, Panamá, Venezuela y Ecuador.

2. La Comisión, que terminó sus labores el día 5 de junio, tenía por objeto acordar el temario definitivo para la Conferencia Económica que debe reunirse en Quito el 24 de julio próximo, y preparar los anteproyectos definitivos.

3. La Comisión ha elaborado los anteproyectos y adoptado las resoluciones que a continuación se expresan:

1.- El anteproyecto de Convenio de Unión Económica y Aduanera entre Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela, con la Exposición de Motivos correspondiente, documentos que fueron discutidos y elaborados por las Delegaciones de los cuatro países;

2.- Anteproyecto de Resolución acerca de la creación del Banco Grancolombiano, con la exposición de motivos y el anteproyecto respectivo;

3.- Anteproyecto de Acuerdo sobre creación del Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas;

4.- Resolución sobre el Instituto Grancolombiano de Reaseguro, y anteproyecto respectivo;

5.- Acuerdo sobre Editorial Grancolombiana para el Fomento de la Cultura;

6.- Acuerdo para Unificación de Sistemas de Seguro Social;

7.- Acuerdo para la unificación de la legislación sobre Patentes de Invención y Marcas de Fábrica;

8.- Recomendación sobre sistemas de transportes y libertad de tránsito;

9.- Resolución para crear la Flota Aérea Civil Grancolombiana;

10.- Adopción del temario definitivo para la Conferencia Económica Grancolombiana.

4. De los trabajos realizados por la Comisión Preparatoria, el más importante, sin duda, es el que se refiere al Convenio de Unión Económica y Aduanera, que fue examinado y discutido ampliamente por las Delegaciones, habiendo llegado a redactar el anteproyecto respectivo, con la Exposición de Motivos explicativa.

5. Remito a usted, adjunto una colección completa de los anteproyectos y de las resoluciones adoptadas.

6. Estudie usted, prolijamente, la documentación aludida, a efecto de poder referirse a lo resuelto por la Comisión Preparatoria, en las conversaciones que usted deberá procurar tener con los Funcionarios de ese país, y con las personalidades con quienes le sea dado tratar acerca de la política de acercamiento económico que han iniciado los Estados Grancolombianos, defendiendo lo bien fundado de esa política.

7. Preferentemente recomiendo a su diligente estudio el anteproyecto de Unión Económica y Aduanera, así como la Exposición de Motivos correspondiente.

8. Pido a usted hacerme conocer sus observaciones y puntos de vista acerca de los trabajos realizados por la Comisión Preparatoria.

9. La Conferencia Económica Grancolombiana ha sido convocada para el 24 de julio, en esta Capital.

10. Conviene que usted haga cuanto esté a su alcance para interesar a la prensa de ese país, a fin de que publique el anteproyecto de Unión Económica y Aduanera, y la Exposición de Motivos respectiva, y que comente favorablemente la nueva política económica que nuestros Estados han iniciado.

11. Conviene, igualmente, que usted haga conocer los trabajos de la Comisión Preparatoria, y especialmente el anteproyecto de Unión Económica y Aduanera y la Exposición de Motivos correspondiente, a las Cámaras de Comercio, a las Revistas Económicas, y en general a los principales industriales y comerciantes de ese país.

12. Remita, en doble ejemplar, todo comentario de prensa.

13. El anteproyecto de Unión Económica y Aduanera Grancolombiano se lo conoce ya con la designación de “Carta de Quito”, por iniciativa de la Delegación Venezolana. Conviene que esa denominación conste en los artículos de prensa en que se comente ese documento internacional.

Soy de usted atento y seguro servidor,

Antonio Parra Velasco
Ministro de Relaciones Exteriores. 

Concluida la reunión preparatoria se celebró en Quito, el 24 de julio de 1948, la sesión inaugural de la Conferencia Económica Grancolombiana, con la presencia de Delegados de las repúblicas de Colombia, Panamá, Venezuela y Ecuador.

Discurso del señor Carlos Julio Arosemena Tola, Presidente Constitucional del Ecuador
El Ilustre Presidente de la República, Don Carlos Julio Arosemena Tola, manifestó, al declarar inaugurada la Conferencia, entre otras cosas:

“Nuevamente se reúnen hoy, en la Capital ecuatoriana, que los recibe con júbilo, los Delegados de los cuatro Estados que integraron la Grancolombia de Bolívar, aspiración sublime en el proceso histórico de la unidad americana, que está pugnando por revivir, si no en los contornos y finalidades trazadas por el Libertador, sí en el noble propósito de resolver los grandes problemas económicos en primer término y luego los políticos e internacionales, a tono con los predicamentos de la solidaridad continental.”

“En esta época de angustia de todas las naciones, ante la perspectiva de una posible tercera guerra mundial, un sentimiento de fraternidad parece expandirse, en favor de la agrupación de las naciones, en Europa y América, cuando la proximidad geográfica y las vinculaciones históricas las identifican en la defensa común.”

“Consolidada la independencia de estos pueblos del régimen colonial, los conductores políticos trataron de mantener en la época republicana la configuración territorial que el Gobierno de España les dió en forma virreinaticia a las naciones americanas.”

“Por ley de gravitación política y social, las naciones americanas han mantenido en definitiva, sobre el marco de las naciones aborígenes y con la demarcación colonial, su propia personalidad, lo que ha hecho posible el respeto de su propia soberanía y de la libertad que hoy tienen para realizar acuerdos de común defensa económica y política las naciones vinculadas entre sí, como Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador, no sólo por la geografía sino por la unión real que vivieron en el proceso de su independencia, y por las valías de iguales procedencias étnicas americanas.”

“Estamos unidos por la tierra y por la raza; por los postulados esenciales de la democracia y de la libertad, y por el fraternal anhelo de agrupar con el único propósito de conocernos mejor, de comprender con hondura y lealtad nuestras necesidades y de acordar las más eficientes fórmulas económicas, para triunfar unidos en esta época histórica, en la que presenciamos la precaria existencia de las más fuertes nacionalidades, cuando no las guía el imperativo de la justicia.”

“Y en esta Conferencia, de entendimiento fraternal, no puede primar sino el noble propósito de estudiar y resolver, en lo posible, los graves problemas económicos rectores de otras situaciones de orden político e internacional.”

“América está atenta de vuestras deliberaciones. Os observa con el interés que despertó la Comisión Preparatoria, con el enunciado de su temario de idéntico valor para otras naciones. La solidaridad continental, no es una elucubración teórica, sino la más grande y noble realidad de América, ligada por la naturaleza en una gran confederación de naciones, que constituye hoy una entidad regional, incorporada de hecho al Gobierno del Mundo, que preconiza la obra grandiosa de las Naciones Unidas.”

“Quito tiene el alto honor de constituir en estos días la sede de la Conferencia Grancolombiana, pero los problemas que se discutan y las resoluciones y acuerdos a que se llegue, afectarán por igual a las naciones concurrentes, y al prestigio y la concordia política de América.”

“Hago los más fervientes votos porque el resultado de esta solemne reunión, corresponda al anhelo continental de dar una base económica firme, al triunfo de la democracia americana.”

Discurso de Antonio Parra Velasco, Ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador
Mi padre, Ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador, pronunció el siguiente discurso:

“Es, para el Gobierno de la República, especialmente honroso y grato recibir nuevamente a los Delegados de las hermanas Repúblicas de Panamá, Colombia y Venezuela, que han escogido este histórica Capital para reunirse de nuevo con los Delegados del Ecuador, a fin de completar, en esta primera etapa, las labores iniciadas aquí mismo, hace dos meses, por la Comisión Preparatoria.”

“Desde la época en que logramos nuestra emancipación política, hemos venido librando una lucha permanente por mejorar las condiciones de vida de nuestros pueblos, -pobres en medio de riquezas inmensas-, y por vigorizar nuestro progreso y afianzar nuestra independencia económica.”

“Pero no acertábamos a orientar nuestra política económica por los derroteros convenientes a nuestros intereses, ni conseguíamos determinar las medidas apropiadas para el logro de los fines que nos proponíamos obtener.”

“Mas, después de años de dificultades y de ensayos, aleccionados por la dura experiencia de la explotación de que hemos sido objeto, hemos logrado, al fin, determinar la ruta cierta, la política precisa, que conviene para la mejor defensa de nuestros legítimos intereses, y que esperamos ha de llevarnos hacia la prosperidad y la liberación.”

“Y por esa ruta venimos andando ya.”

“¡Hemos comprendido, en efecto, al fin!, que es solamente mediante una constante cooperación entre nuestros pueblos, efectiva y solidaria que podremos adelantar por el camino del progreso, y defender y robustecer nuestras economías. Y, comprendiéndolo, hemos logrado definir una política y trazarnos un plan.”

“Y no solamente hemos determinado el derrotero, y precisado la política, sino que hemos iniciado la marcha, dando los primeros pasos para llevar a ejecución esa nueva política.”

“¿Qué es pues lo que al fin hemos comprendido y en que consiste esa nueva política?”

“Hemos comprendido que los problemas económicos que afectan a nuestros países no comportan soluciones unilaterales, nacionales en el sentido estrecho que actualmente le damos a ese término, sino que requiere; esencialmente, soluciones de cooperación y solidaridad adoptadas conjuntamente entre todos nuestros Estados.”

“Y en consecuencia hemos establecido una nueva política, que ya la estamos aplicando, basada, precisamente, en la cooperación solidaria de nuestros pueblos hermanos, y, muy especialmente, de los que constituyeron la Gran Colombia de Bolívar.”

“Para el logro de esa finalidad, y el desarrollo de esa política, hemos tenido que librar en primer término, una lucha de ideas en lo interno y en lo externo.”

“En el primer aspecto, el interno, hemos tenido que luchar, y tenemos que seguir luchando contra nosotros mismos, contra nuestros prejuicios, -que no nos permiten ver más allá del ámbito nacional-, contra un Positivismos excesivo, que no ha querido preocuparse, que no quiere preocuparse, sino por lo que produce beneficios inmediatos y se niega a esperar el tiempo que, lógica y necesariamente, ha de mediar entre la siembra y la cosecha, y que califica de sueños e ilusiones todo aquello que no origina ganancias a corto plazo y beneficios actuales y tangibles, y también contra poderosos intereses particulares deseosos de mantener indefinidamente situaciones de privilegio y de lucro, amparados bajo el falso ropaje del patriotismo.

“Y en el segundo aspecto, en el externo, hemos tenido que enfrentarnos a los intereses de poderosos países extranjeros, que han venido aprovechándose de nuestras riquezas, como si fueran dueños y señores, y del trabajo de nuestro pueblo, como si fúesemos esclavos, condenados a trabajar para ellos a cambio de salarios miserables. Y hemos tenido que per-sistir en la lucha hasta conseguir, como hemos conseguido, que acepten principios más en armonía con la justicia económica, y con nuestro derecho para aplicar a nuestros problemas las soluciones que juzgamos más apropiadas.”

“Y es así como hemos logrado que acepten, aunque sin entusiasmo, el principio de que los precios de las materias primas que vendemos deben guardar relación justa con los productos manufacturados que compramos.”

“Y es así como, en dura brega, hemos logrado que se admita el derecho de nuestros pueblos para asociarse, en lo económico, y defender solidariamente sus economías, como aparece, entre otros Instrumentos en e1 artículo 31 del Convenio Económico de Bogotá, por el cual han quedado autorizados los Estados limítrofes o los pertenecientes a la misma región económica, a celebrar Convenios preferenciales con fines de desarrollo económico, en forma tal que los beneficios otorgados en dichos convenios no habrán de hacerse extensivos a otros países por aplicación de la cláusula de la nación más favorecida.”

“Y, asimismo, la Comisión Económica para la América Latina en su reunión de Santiago llevó a cabo una labor admirable de acercamiento entre nuestros pueblos, y estudió los principios fundamentales en que debe fundarse la permanente colaboración entre ellos.”
“Ahora nos encontramos ya en la etapa de las realizaciones, ahora estamos en el momento en que debemos hacer que esos principios vivan de la realidad, de manera efectiva. Estamos en el momento de la acción.”

“Porque la lucha no ha cesado, y nos encontramos ante este dilema: o consolidamos las conquistas que hemos logrado realizar en pro del bienestar y prosperidad de nuestros pueblos, llevando adelante la política salvadora ya iniciada, o perdemos lo adquirido con tanto trabajo y esfuerzo.”

“En la etapa de las realizaciones estamos, repito, ya hemos dado pasos importantes en ese sentido puesto que hemos establecido un plan de acción y luego de examinarlo y estudiarlo prolijamente, hemos iniciado su ejecución preparando anteproyectos concretos y precisos llamados a guiar nuestra acción en el futuro inmediato.”

“Esa fue, en efecto, la labor realizada por la Comisión Preparatoria, labor que nos toca ahora perfeccionar, persistiendo en nuestro esfuerzo de 1iberación económica.”

“Entre los varios trabajos de la Comisión es indispensable destacar, como el más importante, que constituye algo así como la piedra angular de todo el edificio que nos proponemos levantar, el Anteproyecto de Unión Económica y Aduanera.”

“La suscripción de ese Convenio de Unión Económica y Aduanera es esencial, si queremos, en verdad, lograr prosperidad y progreso.”

“Nada hay en él que pueda ser perjudicial a ninguno de nuestros pueblos, nada que no tenga por base el interés común, nada que no se funde en la solidaridad y la conveniencia mutuas, nada que pueda trastornar súbitamente nuestras economías o destruir intereses legítimos, nada, que signifique sorpresa e improvisación, nada que atente a la soberanía de nuestros Estados, nada que viole convenios internacionales en vigencia o meramente suscritos o aceptados, nada que vaya en contra de los principios generalmente aceptados en la organización política de nuestros países.”

“Por el contrario, quienes trabajamos en la elaboración de esos Anteproyectos tuvimos especial cuidado en cuadrar los postulados de ese Anteproyecto en los tratados vigentes, especialmente en los multilaterales últimamente suscritos como el Convenio Económico de Bogotá y la Carta de la Habana, y de respetar, de manera absoluta, la soberanía de nuestros Estados llamados a determinar libremente en cada caso, las medidas que habrán de adoptarse en beneficio común y el grado de la cooperación que tengan a bien ofrecer, en cada momento, y de establecer un mecanismo de realización del propósito de cooperación solidaria, que garantice la aplicación paulatina, por etapas, previo estudio sistemático y serio, por expertos calificados de los cuatro países de las medidas a adoptarse, y un procedimiento según el cual cada país tenga amplia oportunidad para exponer y defender sus intereses, a efecto de que sólo se adopten medidas satisfactorias a todos y tendientes al bien común.”

“Nada contiene el Anteproyecto en referencia, que ate, definitivamente, a los Estados que la adopten. Sólo contiene, es indispensable subrayarlo, la determinación del propósito por alcanzar el señalamiento de la meta a la cual se aspira a llegar, y la creación del mecanismo que permita, si lo desean los Estados, realizar ese propósito y alcanzar esa meta.”

“El Pacto se basa esencialmente, en el criterio de que habrá de persistir la voluntad común de colaboración de nuestros Estados, y de que sólo podrán adoptarse medidas útiles para todos y aprobadas por todos. Se basa, por tanto, en la continuidad de la voluntad de cooperación entre nuestros Estados y en el beneficio común. En el momento en que cesare de existir el acuerdo de voluntades o las medidas propuestas no fueren útiles para todos, en ese mismo momento el Tratado habría dejado de existir, porque está elaborado, construido, precisamente para que así ocurra caso de producirse ese desafortunado evento.”

“¿Cuál podría ser, por tanto, el peligro que de su aplicación pudiera derivarse, para cualquiera de nuestros países? ¿Cuál de nuestros Estados podría perder en esa asociación? ¿Qué inconveniente podría existir en el establecimiento de sistemas de consultas permanentes que implica la creación de los Consejos previstos en el Tratado?”
“Bien sé que personas intensamente preocupadas por el interés de sus respectivos países, han expresado inquietudes en cuanto a los resultados de la aplicación del Tratado. Mas creo que tales inquietudes surgen sobre todo debido a que, a veces, únicamente se considera el presente inmediato, sin detenerse a meditar acerca de los cambios que han de producirse precisamente debido a la ejecución del plan que el Tratado comporta, ni tampoco acerca de los peligros que presenta el permanecer estáticos y no prepararse para afrontar acontecimientos graves que, sin nosotros quererlo, pueden producirse en el porvenir.”

“¿Quién nos garantiza que una nueva guerra no ha de devastar de nuevo al mundo, repitiéndose, para nosotros, la situación de explotación a que estuvimos sujetos, durante la guerra pasada, sin nuestra voluntad?”
“¿Quién puede asegurar a cada uno de nuestros pueblos, la persistencia de ciertas ventajas naturales de que hoy nos ufanamos, en el orden de la posición geográfica, por ejemplo, o en el de la producción minera o del desarrollo industrial, o del progreso agrícola?”
“La realidad de las cosas, y nuestro interés bien entendido, nos impone una política de cooperación y de solidaridad, acorde con las características sociológicas de nuestros pueblos, unidos por la comunidad de origen, lengua, historia, tradición y cultura.

“Somos - escribía en 1822, el Libertador en carta memorable dirigida al Director Supremo de Chile, y agregaba:”

“La asociación de los Cinco Grandes Estados de América es tan sublime en sí misma, que no dudo vendrá a ser motivo de asombro para la Europa…”


“Esos cinco grandes Estados de 1822 son la América Hispánica de hoy, la que el Libertador consideraba como una sola Nación, aun cuando formada por varios Estados, por distintas Repúblicas, una Nación, en el sentido verdadero, profundo, sociológico, del término.”


“Ese sigue siendo el verdadero status sociológico de nuestros Estados, al que corresponde similar status en lo económico.”


“Si sociológicamente constituimos una sola Nación, nos corresponde, sin duda alguna, organizar la economía interna de esa Nación, economía que, para diferenciarla de nuestras actuales economías nacionales, propias a cada Estado, bien podríamos denominarla Economía Internacional Hispanoamericana, para indicar así que se trata de la economía interna de esa vasta Comunidad constituida por los Estados de la América Hispánica.”


“Esa economía intranacional hispanoamericana, basada en la solidaridad económica de todos nuestros Estados, habrá de tener como finalidad el logro de la independencia económica efectiva de nuestros pueblos y de mayor libertad y prosperidad para ellos.”


“La economía intranacional grancolombiana, que nos estamos esforzando en organizar y vigorizar, en esta Conferencia, debe ser el núcleo polarizador de la unión intranacional hispanoamericana, cumpliendo así, en nuestro tiempo, los Estados Grancolombianos, en el orden económico, la función unificadora y libertadora que la Gran Colombia de Bolívar realizó, en lo político, durante la Epopeya de la Emancipación Americana.”


“Señores delegados:”


“Los pueblos de América se aprestan a seguir con hondo interés el curso de nuestras deliberaciones, muy especialmente los de Colombia, Venezuela Panamá y Ecuador, porque fincan grandes esperanzas en el resultado de nuestro trabajo.”


“Confiemos en que de esta Conferencia saldrá la fórmula que permita la cooperación eficaz de nuestros pueblos y afiance nuestra soberanía económica.”


“Inauguramos nuestras labores en un día glorioso para nuestras Patrias, porque en un día como hoy vió la luz primera Bolívar, Padre y Libertador.”


“Con él no sólo nació el Genio. Nació también una idea, una nueva política para nuestros pueblos, un nuevo elemento de fé: la idea de libertad, la política de colaboración fraterna entre nuestros Estados, la fé en nuestra unidad y en nuestro común destino.”


“¡Que esa idea nos guíe, que esa fé nos aliente, y que nos sea dado el privilegio insigne de llevar adelante la política del Libertador!”

La Carta de Quito o Convenio para llegar al establecimiento de la Unión Económica y Aduanera Grancolombiana

En la Conferencia Económica Grancolombiana se suscribió el Convenio para llegar al establecimiento de la Unión Económica y Aduanera Grancolombiana, conocido como “Carta de Quito”, que por su importancia refiero en los puntos de mayor interés.


El principal de los instrumentos acordados fue la Carta de Quito o Convenio para llegar al establecimiento de la Unión Económica y Aduanera Grancolombiana, suscrito el 9 de agosto de 1948 por los Gobiernos de Colombia, Ecuador, Panamá y Estados Unidos de Venezuela.


El convenio tenía por finalidad “establecer la Unión Económica y Aduanera en forma gradual y progresiva”. Se estipuló que la Conferencia, que debería reunirse cada año, representaba el poder supremo de la Organización Económica Grancolombiana; que el Consejo General, organismo central y permanente que serviría de órgano de comunicación entre la Organización y los Gobiernos, tenía la atribución de designar al Secretario General y, de manera general, de preparar la documentación que, llegado el caso, debía someterse a la Organización Internacional del Comercio establecido en la Carta de La Habana, así como señalar el trabajo de las distintas Comisiones especializadas.


Las resoluciones del Consejo General, que podían ser objeto de petición de reforma o revocatoria por cualquiera de los Gobiernos parte de la Organización, sólo obligaban a éstos cuando las hubieren aceptado.


Las Comisiones Especializadas de asuntos aduaneros, comerciales, de comunicación y financieros, así como de producción, debían proponer [al Consejo General] la solución de los problemas confiados a su estudio.


La Comisión de asuntos aduaneros debía, de manera especial, estudiar las medidas que convenga adoptar para la realización y el funcionamiento de la Unión Aduanera [modificación de aranceles, derechos y tasas, coordinación de disposiciones legislativas y reglamentarias y adaptación de las mismas a las disposiciones del convenio], y de una estructura arancelaria común, preparando formas comunes para las facturas consulares y un sistema uniforme de tasas consulares conformes con la Carta de La Habana (art. 7).
La Comisión de Producción debía estudiar los problemas relacionados con la coordinación y robustecimiento de las fuerzas productoras, de tal manera de incrementar su rendimiento; los problemas de primas o subvención a la producción; la formación de consorcios de productores o corporaciones de producción; la esplotación conjunta de materias primas; y, de manera general, el crítico problema de los precios justos para sus artículos exportables, dentro del concepto de la necesaria equidad entre los precios de los productos primarios y los manufacturados.


Durante la vigencia del Convenio, y hasta tanto se perfeccionará el sistema de integración económica, los Estados miembros convinieron “en concederse en su intercambio comercial la cláusula de nación más favorecida”, a la vez que acordaron, “en atención a los vínculos especiales que une entre sí a los Estados Hispanoamericanos, por su comunidad de origen y cultura”, que el Convenio quedara “abierto a la adhesión de dichos Estados.”


Conforme consta del acta final de la Conferencia Económica Grancolombiana, se adoptaron las siguientes Resoluciones y Acuerdos:


Establecer, en Caracas, un Consejo Económico Provisional, organismos encargado de adelantar los estudios necesarios para llevar a la práctica los acuerdos de Unión Económica y Aduanera.


Convocó, así mismo, una Conferencia para estudiar la creación de la Flota Aérea Civil Grancolombiana y otros problemas de aéronavegación, y resolvió, igualmente, (a) establecer un sistema de Exposiciones de productos originarios de los Estados Grancolombianos, tanto naturales como transformados, permitiéndose la venta de los productos exhibidos “en condiciones especiales de favor”; (b) colaborar con la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas, dentro del criterio que los Organismos Regionales “deben afrontar sus problemas teniendo en cuenta las resoluciones de los Organismos Mundiales”, y que la CEPAL recomendó el establecimiento de Grupos Mixtos de trabajo con la FAO; (c) estudiar la posibilidad de crear una “Agencia Informativa y Noticiosa Grancolombiana”; (d) crear el Instituto de Reaseguros Grancolombianos, el Banco Grancolombiano y el Fondo de Compensación de Monedas; (e) el estudio comparativo de sus “respectivos sistemas del Seguro Social, con miras a su coordinación y posible unificación”, especialmente cuando “los Estados Grancolombianos” se hallaban “aplicando progresivamente los principios generales de Seguro Social establecidos en las Conferencias Internacionales de Trabajo”; (f) estudiar la constitución de una Sociedad Anónima [privada] para la actividad editorial, que se denominaría “Editorial Grancolombiana”, cubriendo así el importante campo de la difusión cultural; (g) la constitución de una Comisión de Expertos, con miras de preparar un “plan de coordinación y sistematización de las investigaciones científicas y presentar un anteproyecto de organización del Instituto Grancolombiano de Investigaciones Científicas y Tecnológicas”; (h) estudiar la solución de los problemas del transporte terrestre, vías de comunicación, oleoductos y libertad de tránsito entre los países Grancolombianos; y, (i) estudiar la coordinación y posible unificación de la legislación y trámite para la concesión de Patentes de Invención y Marcas de Fábrica.

Palabras del señor Galo Plaza Lasso, Presidente Constitucional electo del Ecuador
Suscrito que fué este Convenio, el señor Presidente Electo del Ecuador pidió la palabra y dijo:


“En esta histórica sala en la que se escribió historia en 1809 se está volviendo a escribir hoy en 1948.”


“Mientras se leía la “Carta de Quito” meditaba y quedé tentado de lanzar una hermosa frase, pero que desgraciadamente me iba a resultar tan hermosa como vacía en su significado: Quise decir que, así como la Comunidad ecuatoriana había dado el primer grito de su Independencia Política en esta sala, asimismo en esta sala hoy la comunidad económica Grancolombiana estaba dando el primer grito de libertad económica. Pero desgraciadamente “libertad económica” es una frase vacía que nada dice, porque precisamente hoy estamos firmando este Convenio llamado “Carta de Quito”, que sienta los cimientos y crea los mecanismos para establecer la interdependencia económica entre los países Grancolombianos.”


“La Carta tiene una trascendencia enorme para nosotros que representamos los países interesados y tiene aún mayor trascendencia de la que nos imaginamos ya que estamos dando el ejemplo a otros países, que entre sí pueden constituir regiones económicas, para que echen por tierra aquellas barreras artificiales que están interfiriendo en su progreso.”


“Debo declarar que al aprobar la “Carta” no estamos faltando a nuestros compromisos como miembros de la entidad Panamericana y de las Naciones Unidas.”


“Es también necesario dejar constancia de que la “Carta de Quito” no es un Acuerdo contra nadie, que no estamos dejándonos llevar de sentimientos de orden espiritual para lanzarnos contra realidades económicas existentes e inevitables. No estamos embarcándonos en una obra quijotesca. Estamos planeando de manera técnica la solución de nuestros problemas económicos comunes, sin desconocer que pertenecemos a un todo del cual no podemos ni debemos sustraernos.”


“Hago votos para que pronto tengamos el valor y la decisión para llevar al terreno de la práctica los anhelos constantes en la Carta que hoy se firma, para ampliar nuestro horizonte económico y traer pronto bienestar y prosperidad para las patrias nuestras.”

Clausura de la Conferencia, palabras del Dr. Antonio Parra Velasco, Ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador.

Mi padre declaró clausuradas las labores de la Conferencia Económica Grancolombia-na con las siguientes palabras:


“Ha llegado el momento de dar por terminadas nuestras labores.”


“Mas, antes de hacerlo, quiero agradeceros a todos vosotros por la valiosa cooperación que habéis prestado, con entusiasmo y decisión, a la obra común.”


“Ha sido para mí un inmenso honor, el haber sido llamado por las circunstancias a presidir esta histórica reunión.”


“¿Cuál es, en verdad, el significado profundo de la Conferencia Económica Grancolombiana?”


“A mi ver, es éste: hemos iniciado, en Hispanoamérica, UNA NUEVA POLITICA, en el orden de las relaciones económicas.”


“Desde la independencia venían enfrentándose, en América, dos maneras distintas de resolver el problema de las relaciones económicas, sintetizadas en dos fórmulas: la igualdad de tratamiento y el sistema preferencial.”


“El principio de “igualdad de tratamiento” se había impuesto, hasta ahora, a pesar de los esfuerzos de nuestros estadistas.”


“Ese principio significaba que, en la lucha económica entre los pueblos, debíamos los Estados Hispanoamericanos, permanecer aislados los unos de los otros, y que, en esa especie de “juicio de Dios” internacional, los débiles teníamos que enfrentarnos a los fuertes con nuestros reducidos medios económicos individuales, y sin que nos sea permitido unir nuestras fuerzas para resistir mejor al empuje de los Estados económicamente más desarrollados.”


“En virtud de ese principio, las mercaderías de los países altamente industrializados han podido competir, con ventaja, en cada uno de nuestros Estados, no solamente con los productos similares de otros Estados Hispanoamericanos, sino aún con los productos nacionales de cada país, limitándose así el campo de nuestras actividades económicas, estorbándose nuestro progreso, reduciéndose los medios de vida de nuestras poblaciones.”


“Más hoy, hemos cambiado de rumbo: vamos a poner en práctica entre nuestros Estados, el principio “preferencial”.


“Este principio significa que, en vez de presentarnos desunidos en la lucha económica, lo vamos a hacer solidariamente, defendiendo juntos nuestros comunes intereses.”


“En vez de seguir dando preferencias de hecho a los países altamente industrializados, para que compitan ventajosamente hasta con nuestros propios productos, merced a su adelanto industrial y técnico, vamos a concedernos preferencias los unos a los otros, recíprocamente. En vez de servir de mercados a los países de alto poder industrial, vamos a servirnos mutuamente de mercado, estableciendo un amplio mercado común, para común beneficio de nuestros Estados. Y ese amplio mercado común va a permitirnos desarrollar industrias nuevas, y vigorizar las existentes, dando trabajo mejor remunerado a nuestros obreros, y elevando el nivel de vida de nuestras poblaciones.”


“Ese cambio de política influirá decididamente en el destino de nuestras soberanías, dándoles contenido económico.”


“Señores Delegados,”


“Mientras ha sesionado la Conferencia, han flameado juntas, en el frontispicio de la Cancillería del Ecuador las cuatro banderas de nuestros Estados. Yo os aseguro que esas banderas hermanas seguirán flameando siempre, espiritualmente, en la Cancillería Ecuatoriana, pues ella ha de inspirar en todo tiempo su acción, como lo ha venido haciendo, en los intereses solidarios de nuestros Estados, que, en verdad no constituyen más que una sola Patria que busca los caminos de su integración.”



“Señores Delegados:”


“Declaro clausurada las labores de la Conferencia Económica Grancolombiana.”


Circular por el Dr. Antonio Parra Velasco, Ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador, a los Cónsules del Ecuador acreditados en el extranjero, (16 de agosto de 1948).

Departamento de Actos y Organismos Internacionales


Quito, a 16 de agosto de 1948


Asunto: Conferencia Económica Grancolombiana. “Carta de Quito”.
Señor Cónsul:

El 24 de julio último se inauguró en esta Capital la Conferencia Económica Grancolombiana, con Delegados de Colombia, Venezuela, Panamá y Ecuador.


2. La Conferencia, que terminó sus labores el 8 de agosto, conoció de los anteproyectos preparados por la Comisión Preparatoria, que sesionó en esta Capital del 2 de junio al 5 de julio, el resultado de esos trabajos hice conocer a usted en mi circular N° 14-DAO de 19 de junio.


3. Como resultado de sus deliberaciones la Conferencia suscribió, el día 8 de agosto, en la Sala Capitular de San Agustín, la “Carta de Quito”, Convenio para llegar al establecimiento de la Unión Económica y Aduanera Grancolombiana, y aprobó, además, varias Resoluciones y Acuerdos.


4. Remito a usted dos ejemplares de la Carta de Quito y uno del Acta Final, en que constan las Resoluciones y Acuerdos.


5. La Carta de Quito tiene una trascendental importancia para el Ecuador, los Estados Grancolombianos y los Estados Hispanoamericanos en general. La suscripción de ese instrumento internacional marca una etapa en la historia de la política económica de los Estados de la América Hispánica: termina el período semi-colonial, para iniciarse el período de la independencia económica. Naturalmente, cuando se habla de independencia económica solamente se quiere decir interdependencia universal sobre bases de igualdad, destacando así que termina la “dependencia” para iniciarse el período de colaboración superior y libre.


6. El deficiente desarrollo económico de los pueblos Grancolombianos, y en general de los Hispanoamericanos, que no corresponde a la extensión de los territorios de que disponen, ni a las inmensas riquezas potenciales de su suelo y subsuelo, y de sus aguas territoriales, ni a su privilegiada situación geográfica, ni a las características de sus poblaciones biológicamente aptas para desarrollar la elevada cultura a la que pertenecen, tiene su explicación primordial en la circunstancia de no haber contado, cada uno de los países considerados separadamente, con un mercado interno suficientemente amplio como para lograr un conveniente desarrollo industrial, que les permitiese transformar ellos mismos una parte razonable de sus materias primas dando trabajo bien remunerado a sus obreros, y fabricar una parte así mismo razonable de los productos manufacturados que necesitan para su vida.


7. Como consecuencia lógica han permanecido nuestros Estados en situación dependiente frente a los Estados altamente industrializados, en doble aspecto por tener necesidad de dichos Estados para que nos compren nuestra materias primas (generalmente pagadas a bajos precios y sujetas a la competencia de los productos coloniales similares y de los sustitutos de fabricación sintética), y porque ellos nos suministran la mayor parte de las manufacturas que consumimos (éstas pagadas a precios elevados que incluyen la remuneración de mano de obra bien retribuida, y al pago de gravosos impuestos en el país de origen), en evidente mengua de nuestra independencia económica.


8. Para evitar que subsistan tales condiciones desfavorables para el desarrollo económico de nuestros países, es indispensable, por tanto, que ellos puedan contar con un amplio mercado interno, y la única manera de lograrlo consiste en unir sus respectivos mercados nacionales, en forma de constituir entre los cuatro países, un mercado común, mediante el establecimiento de una Unión Económica y Aduanera, es decir, suprimiendo todo pago de derechos de Aduana al intercambio de productos originarios de nuestros países, adoptando un arancel común que rija las relaciones comerciales con los terceros Estados, coordinando los sistemas nacionales de producción, de consumo, financiero y de transporte, poniendo en práctica una política comercial común.


9. Esto es, precisamente, la finalidad que persigue la Carta de Quito, que constituye un Convenio para llegar a la Unión Económica y Aduanera.


10. No se puede, en efecto, establecer de golpe, sin transiciones, una Unión Aduanera: es preciso proceder paulatinamente, por etapas, previo estudio cuidadoso de la economía de cada uno de los países que van a integrarla, evitando así todo trastorno económico.


11. El Convenio se acomoda al artículo 44 de la Carta de la Habana, y constituye el “acuerdo provisional necesario para la formación de una unión aduanera” entre los Estados de Colombia, Venezuela, Panamá y Ecuador. Contiene, por tanto, el compromiso de formar una unión económica y aduanera, y determina el procedimiento para crearla.


12. Se establece un Consejo Económico y varias comisiones especializadas para estudiar, concretamente, los distintos problemas que la Unión involucra. Cuando el Consejo propone una solución, y los Estados la aprueban, la medida se lleva a cabo inmediatamente. Después de un paso se da otro.


13. De acuerdo con la Carta de La Habana, los Estados que se comprometen a ir a la unión aduanera, tienen derecho para otorgarse preferencias comerciales recíprocas, en canto a las medidas encaminadas a realizar la unión. Los Estados que han firmado la “Carta de Quito”, tienen derecho para que los demás Estados respeten ese sistema preferencial que habrá de llevarlos al mercado común, es decir a la Unión Aduanera. Al amparo de estas preferencias, iremos fortaleciendo nuestras economías y preparando la unión económica.


14. El sistema preferencial no se opone a los principios de libertad de comercio. Lo que estamos tratando de hacer, los Estados de la Grancolombia, es lo que han hecho y siguen haciendo los Estados altamente industrializados, así, por ejemplo, los Estados de la Comunidad Británica guardan celosamente las “preferencias imperiales”, y la Unión Francesa defendió en La Habana las preferencias dentro de la gran comunidad de pueblos que Francia dirige. Es justo, por tanto, que los Estados Hispanoamericanos que en verdad formamos sociológicamente una vasta comunidad nacional, una especie de confederación natural y espontánea, gocemos de iguales privilegios.


15. Estudie usted prolijamente la documentación que envío a efecto de poder referirse a lo resuelto por la Conferencia, en las conversaciones que usted deberá procurar tener con los funcionarios de ese país y con las personalidades con quienes le sea dado tratar acerca de la política de acercamiento económico que han iniciado los Estados Grancolombianos, defendiendo lo bien fundado de esta política.


16. Preferentemente recomiendo a su diligente estudio el Convenio para llegar a la Unión Económica y Aduanera llamado “Carta de Quito”.


17. Pido a usted hacerme conocer sus observaciones y puntos de vista acerca de los trabajos realizados por la Conferencia Económica Grancolombiana.


18. Conviene que usted haga cuanto esté a su alcance para interesar a la prensa de ese país, a fin de que publique la Carta de Quito, y que comente favorablemente la nueva política económica que nuestros Estados han iniciado.


19. Conviene, igualmente, que usted haga conocer los trabajos de la Conferencia Económica Grancolombiana y especialmente el Convenio para llegar a la Unión Económica y Aduanera a las Cámaras de Comercio, a las revistas de economía, y a los principales industriales y comerciantes de ese país.


20. Tan pronto como usted reciba esta circular, haga imprimir un folleto con la “Carta de Quito”, folleto que usted hará preceder de una breve exposición en la que podrá incorporar los parágrafos 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13 y 14 de esta circular. Dicho folleto lo repartirá usted con una tarjeta suya entre las personalidades de ese país, así como a los diarios, centros culturales, cámaras, etc, debiendo enviar a este Ministerio la lista de personas y entidades a quienes usted lo haya remitido. Los gastos que ocasione esa publicación, le serán debidamente reembolsados.


21. Dejo a su criterio determinar el número de ejemplares de la aludida publicación.


22. Finalmente recomiendo a usted remitir en doble ejemplar todo comentario de prensa.


Soy de usted atento y seguro servidor,


Antonio Parra Velasco,

Ministro de Relaciones Exteriores. 

La sesión preparatoria del Consejo Económico Provisional Grancolombiano se celebró en Caracas, en la Casa Amarilla [1], el 28 de febrero de 1950. Por Ecuador asistió mi padre, Antonio Parra Velasco, a la época Embajador del Ecuador en Venezuela; por Colombia los señores Manuel Barrera Parra y José Enrique Gaviria; por Panamá el señor Julio Valencia; y, por Venezuela, Aurelanio Otáñez y Luis Emilio Monsanto. Presidió la sesión el señor doctor Luis Emilio Gómez Ruiz, Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela.

Se convino que la Presidencia sea rotativa, y se eligió como su primer Presidente al Delegado del Ecuador, Antonio Parra Velasco. A continuación, se resolvió que hasta tanto se aprobara un Reglamento, regiría provisionalmente el Reglamento del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, “en armonía con las prescripciones de la Resolución Primera de la Conferencia Económica de Quito”; y hasta tanto se designara al Secretario General, se designó Secretario Interino al didplomático venezolano Frank Blanco-Sosa.

La sesión inaugural se celebró el mismo día y en el mismo lugar. Asitieron los Delegados ya indicados, el Canciller de Venezuela, que presidió la sesión, y un sinnúmero de personalidades oficiales y diplomáticas acreditadas en Venezuela.

Discurso del Canciller de Venezuela

El Canciller de Venezuela, Dr. Gómez Ruiz, pronunció el discurso inaugural, con un indudable pesimismo en el logro de la Unión, aunque al mismo tiempo creía necesario intentarlo. Destaco los siguientes párrafos del discurso del Canciller de Venezuela:

“Mucho se ha hablado y escrito de los resultados de aquella reunión. A menudo se ha dicho que los redactores de la Carta de Quito y del Acta Final pecaron por exceso de ambición y que los fines allí perseguidos son materialmente irrealizables.”

“Con esta crítica sólo estamos parcialmente de acuerdo, pues cuando la ambición, aun cuando sea excesiva, descansa sobre ideales elevados, debe considerársela, no como un error, sino como una virtud digna sólo de hombres y de pueblos nobles y viriles. Mas, por otra parte, forzoso es reconocer que sí es cierto que muchos de tales fines son de difícil realización. En efecto, la formación de una unión económica y aduanera, a que aspira la Carta de Quito, sólo es posible entre países de economías complementarias y las de nuestros pueblos son concurrentes. Este carácter concurrente de nuestros sistemas económicos hace nugatorias las ventajas que se derivarían de la ampliación de los mercados nacionales como consecuencia de la unión aduanera y ha llevado a los organismos venezolanos competentes, oficiales y privados, a la conclusión unánime de que no es realizable semejante unión en un plazo previsible.”

“Preguntaréis entonces ¿para qué se ha creado el Consejo Económico Provisional? ¿Con qué objeto se pone a funcionar un organismo cuya finalidad primitiva fue la de adelantar los estudios necesarios para llevar a la práctica la Unión Económica y Aduanera? Porque si el proyecto, responderíamos, es irrealizable por ahora, los nobles ideales que lo inspiraron son dignos de todo apoyo.”

“La unión aduanera es, indudablemente, la forma más completa de cooperación económica que puede existir entre países; ahora bien, el hecho de que no pueda llegarse a ella no significa que deba desecharse de plano la posibilidad de recurrir a tantas otras formas de cooperación y de ayuda mutua.”

“Afortunadamente, la misma labor de investigación, que nos hizo ver los obstáculos en el camino que lleva a la unión aduanera, nos ha permitido advertir multitud de vías libres de dificultades y que pueden conducir a los mismos fines de una mejor comprensión de nuestros problemas particulares y por ende al logro de nuestro anhelo común de desarrollo y afianzamiento de nuestras economías. Esa es la tarea que le toca realizar a este organismo.”

“……Sin pretender delimitar su radio de acción, ni menos aún señalar directivas a sus miembros, considero que los siguientes puntos merecen particularmente recibir la atención de este organismo:”

“Unificación de legislaciones sobre patentes y marcas de fábricas y de comercio; adopción de nomenclaturas uniformes en materia aduanera; estudios de los procedimientos y condiciones de importación, aplicación de tarifas, revisión y clasificación de mercancías; estudios de los Reglamentos de la Marina Mercante; medidas tendientes a facilitar la colocación de los excedentes de producción y a cubrir los déficits; fomento y desarrollo de industrias nuevas; cooperación entre los Gobiernos para luchar contra el contrabando.”

“Esos estudios son indispensables para el logro de una estrecha cooperación económica entre nuestros países y la simple enumeración de alguno de ellos deja ver la magnitud de la tarea que espera al nuevo organismo y la utilidad que, sin duda alguna, tendrán sus actividades.”

“Señor Presidente:”

“Todos conocemos el celo y el interés que Vuestra Excelencia ha desplegado en el estudio de nuestros mutuos problemas económicos y, particularmente, lo mucho que os debe, desde su iniciación en Quito, este Consejo; quiero, pues, en esta oportunidad, dejar constancia del sincero aprecio que nos merece vuestra valiosa y constructiva colaboración.”

Discurso del Dr. Antonio Parra Velasco, Embajador del Ecuador en Venezuela

Mi padre, Presidente del Consejo Económico Provisional, respondió al Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela en los siguientes términos:

“Con la instalación del Consejo Económico Provisional por el Excelentísimo Señor Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Doctor Luis Emilio Gómez Ruiz, se inicia, entre nuestros países, el periodo práctico de la colaboración económica.”

“El destino, que tiene a veces misteriosos aciertos, o que, más bien, obedece, sin que nos demos bien cuenta, a extrañas directivas surgidas de las profundidades de la historia, ha querido que sea en Caracas, cuna del Padre de la Patria, a pocos pasos de la casa de San Jacinto que le viera nacer, frente a la Plaza donde se levanta en bronce su efigie de luchador indomable, en donde se dé comienzo a la tarea de reagrupar, en lo económico, a los pueblos nacidos a la vida de la libertad por obra de su esfuerzo y de su genio.”

“Punto básico de la política del Libertador fue, ciertamente, el de tratar de asegurar la prosperidad y afirmar la independencia de los pueblos de la América Hispánica, mediante el establecimiento de la colaboración entre ellos, y el afianzamiento de la unión, como bien supremo y condición esencial de seguridad y bienestar.”

“Más esta unión no nos vendrá con prodigios divinos”, -escribía en la Carta de Jamaica-, “sino por efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos”.

“Convencidos de la verdad de ese pensamiento, nuestros Gobiernos, determinados a lograr los beneficios de la colaboración económica, se han propuesto llevarla a cabo mediante “esfuerzos bien dirigidos”, y, para ello, han estimado, con justo criterio, que esa colaboración debe empezar, necesariamente, por un periodo de estudios realizados en común.”

“Tal es, en efecto, la finalidad esencial del Consejo Económico Provisional: proceder al estudio de la economía de nuestros países, examinando, con criterio de solidaridad, los problemas que nos afectan a todos, y determinar la política común a seguir, así como las soluciones que convengan adoptar, para que nuestros pueblos alcancen, en el más breve plazo, el grado de prosperidad y bienestar a que tienen derecho.”

“Objeto importante de estudio por parte del Consejo habrá de ser, sin duda, la Carta de Quito, Convenio firmado por nuestros países el 9 de agosto de 1948, y ratificado ya por el Ecuador y Colombia.”

“Ha sido, en verdad, expresamente convenido entre nuestros Gobiernos, que la reunión del Consejo Económico Provisional no implica, ni para Venezuela ni para Panamá, compromiso alguno de ratificación de la Carta ni de las demás Resoluciones aprobadas en la Conferencia de Quito.”

“Más tal circunstancia no puede ser óbice para que ese instrumento sea sometido, en el seno del Consejo, a un nuevo y detenido examen.”

“La Carta de Quito no es, sin duda alguna, ni se ha pretendido que sea, un Convenio perfecto. Ninguna obra nace perfecta, sobre todo cuando se trata de asunto de tanta trascendencia y magnitud. Es posible, por tanto, que puedan resultar aconsejables cambios o reformas, que a todos nos será grato considerar con ánimo de colaboración y espíritu elevado.”

“Pero, en cambio, podemos afirmar, enfáticamente, que ese Convenio, aun con sus posibles imperfecciones, constituye, sin lugar a duda, uno de los Tratados de mayor importancia que se hayan firmado entre Estados de la América Hispánica, desde la independencia, y que en él se refleja, de manera fiel, el auténtico pensamiento internacional del Libertador.”

“La Carta de Quito se basa en principios de tal amplitud y sensatez, que ha merecido el interés de la opinión pública internacional: guarda perfecta armonía con los principios de la Organización de las Naciones Unidas y de la Organización de los Estados Americanos, así como con la Carta de la Habana y el Convenio Económico de Bogotá, que autoriza plenamente a los Estados pertenecientes a una misma región económica a celebrar convenios referenciales con fines de desarrollo económico; ha quedado abierta la adhesión de los demás Estados Hispanoamericanos y de los Americanos en general, que se encuentren en condiciones de desarrollo económico similares a las de nuestros países; respeta plenamente en todos sus aspectos, la soberanía de cada Estado, de modo que cada uno permanece libre para manejar su propia economía y para aceptar o no las medidas sugeridas por el Consejo Económico; prescribe el establecimiento de un sistema de negociaciones permanentes entre los Estados asociados con el propósito de remover gradualmente los obstáculos que impiden el intercambio de nuestros productos y la armonización de nuestras economías; y, en la medida en que esas negociaciones vayan teniendo éxito, hará que se constituya, se vaya ensanchando, un amplio mercado interno común que nos permita incrementar nuestras industrias y desarrollar nuestras fuerzas productoras, con miras a elevar el nivel de vida de los habitantes de nuestros países y su progreso social, y que desaparezca la antinomia de ser pueblos pobres en medio de inmensas riquezas potenciales.”

“El mundo todo siente hoy la necesidad de establecer nuevas agrupaciones con fines de colaboración. Los pueblos se juntan instintivamente para tratar de encontrar nuevas fórmulas de convivencia que afiancen su prosperidad y progreso.”

“Iniciemos pues, nosotros también, por el modesto camino de los estudios pacientes, esa colaboración fecunda que nuestros pueblos esperan.”

“Y, quizás, con el correr del tiempo, y como fruto de continuados y permanentes esfuerzos, las generaciones futuras, -los hijos de nuestros hijos-, puedan ver realizada, en parte siquiera, la profecía del Libertador, cuando, dirigiéndose al Congreso de Angostura, al que había pedido la unión de los pueblos que hoy constituyen las Repúblicas de Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador, decía: “Al contemplar la reunión de esta inmensa comarca, mi alma se remonta a la inminencia que exige la perspectiva colosal que ofrece un cuadro tan asombroso. Volando por entre las próximas edades, mi imaginación se fija en los siglos futuros, y observando desde allá con admiración y pasmo, la prosperidad, el esplendor, la vida que ha recibido esta vasta región, me siento arrebatado y me parece que ya la veo en el corazón del Universo, extendiéndose sobre sus dilatadas costas, entre esos océanos que la naturaleza había separado, y que nuestra Patria reúne con prolongados y anchurosos canales. Ya la veo servir de lazo, de centro, de emporio a la familia humana…”

“Termino, Señores, expresando al Señor Ministro de Relaciones Exteriores, y por su elevado conducto a la Junta Militar de Gobierno, en nombre de los Delegados que integran el Consejo Económico Provisional, nuestro profundo agradecimiento por las cordiales palabras de saludo que se ha dignado pronunciar en nuestro honor, así como por los medios que se ha servido brindarnos la Cancillería venezolana para facilitarnos la iniciación de nuestros trabajos”. 

Unificación de nomenclatura arancelaria

Uno de los asuntos más importantes estudiados por el Consejo fue el de la unificación de la nomenclatura arancelaria, para lo que se llevó a cabo una reunión de técnicos arancelarios [acreditados por los Gobiernos Asociados], que procedieron a considerar los problemas y resolvieron emprender en dicha labor conforme a los lineamientos generales siguientes:

Constituir, con carácter permanente, la Comisión Técnica; y contratar un experto arancelario.

“La importancia del trabajo emprendido por los cuatro Estados Asociados en el Consejo es evidente”. “Lo primero fue conocer la realidad económica, comparando la importancia de sus respectivos recursos, la cuantía de sus necesidades, los artículos de mayor producción y consumo, las cantidades importadas y exportadas, etc., para lo cual es esencial contar previamente con un sistema de estadísticas precisas,”… “fáciles de consultar, todo lo cual solo puede lograrse mediante la unificación de la nomenclatura aduanera de los cuatro Países y del correlativo sistema de estadísticas arancelarias”

Proyecto de Protocolo Adicional al Convenio Económico de Bogotá

El Convenio Económico de Bogotá se aprobó con múltiples reservas, que impidieron su ratificación, por lo que se buscó solucionar los problemas creados por esas reservas mediante “fórmulas de interpretación, aceptables para todos los miembros de la OEA”, para lo cual se reunió en Washington el Consejo Económico y Social.

Los principales problemas del Convenio Económico de Bogotá se concretaron al párrafo segundo del artículo 3, en el que se “reafirma la necesidad de compensar la disparidad que se aprecia frecuentemente entre los precios de los productos primarios y los de las manufacturas, estableciendo la necesaria equidad entre los mismos, disposición de trascendental importancia para todos los países americanos productores de materias primas”[3]; los artículos del capítulo IV sobre inversiones privadas, en los que el Consejo Económico Provisional aspiraba a “una fórmula mutuamente satisfactoria para la autonomía, seguridad y progreso de todas las naciones americanas”; y el artículo 31, relativo a las preferencias entre países limítrofes o pertenecientes a la misma región económica, que fue materia de reserva de la Delegación de los Estados Unidos en la Conferencia de Bogotá, en los siguientes términos:

“Los Estados limítrofes o pertenecientes a la misma región económica, podrán celebrar convenios preferenciales con fines de desarrollo económico, respetando en su caso las obligaciones que a cada Estado correspondan en virtud de convenios bilaterales existentes o multilaterales que hayan celebrado o celebren. Los beneficios otorgados en dichos convenios no se harán extensivos a otros países por aplicación de la cláusula más favorecida, salvo acuerdo especial al respecto”.

El artículo 2 del Proyecto de Protocolo Adicional[4] equivalía, para el Consejo, “la eliminación, en cuanto a sus efectos prácticos, de las disposiciones de trascendental importancia” para los países miembros “y en general para todos los Estados Latinoamericanos, contenidas en el artículo 3, inciso segundo, del Convenio Económico de Bogotá. El principio según el cual es necesario establecer un equitativo ajuste de precios entre las manufacturas y las materias primas fue aprobado, en forma unánime, y sin que entonces se presentara objeción ni reserva alguna, en la Conferencia Interamericana de México sobre los problemas de la Guerra y de la Paz (Resolución XLVI). Igualmente fue aprobada la necesidad de someter a estudio ese importante problema a la Asamblea y en el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas.” En consecuencia, no deberían alterar el Convenio Económico de Bogotá. En cuanto a lo antes referido.

En cuanto al artículo 4 del proyecto de Protocolo se han propuesto dos fórmulas alternativas[5] a los principios generales del comercio internacional, lo que no afecta al alcance ni al contenido del artículo, por lo que podría ser aceptada.

El Consejo Económico Provisional consideró la primera fórmula como inaceptable, porque limita considerablemente el alcance del artículo 31 del Convenio Económico de Bogotá[6] “desde que las preferencias no serían generales sino que quedarían limitadas a solo determinada industria o rama de la agricultura, y únicamente por cierto tiempo, y con la exclusiva finalidad de crear o reconstruir o desarrollar o modernizar la industria referida, y previa autorización de una Organización Internacional del Comercio”, inexistente en esa época; y “ porque resulta ilógico pretender que los Estados firmantes del Convenio Económico de Bogotá que no hubieren aceptado o que hubieren rechazado la Carta de La Habana, respeten, sin embargo, las estipulaciones de este Instrumento”; y, por último, porque la afirmación precisa de que las disposiciones del primer párrafo del artículo 31 están subordinadas a las estipulaciones de los convenios bilaterales existentes o de los acuerdos multilaterales que los obliguen en la actualidad o que puedan obligarlos en el futuro, cambia el alcance del artículo 31 porque una cosa es la obligación de “respetar en su caso las obligaciones que a cada Estado correspondan” en virtud de los referidos convenios bilaterales o multilaterales, y otra muy distinta la afirmación de que las disposiciones del primer párrafo del artículo 31 “están subordinadas”, de manera general y absoluta, a los convenios bilaterales existentes o de los acuerdos multilaterales que los obliguen o que puedan obligarlos en el futuro.

“La segunda fórmula, cuyo contenido es idéntico al del último párrafo de la fórmula primera, es inaceptable por las mismas razones”.

El Consejo consideró que lo conveniente era “conseguir que se deje el artículo 31 tal como consta en el Convenio Económico de Bogotá, eliminando toda reserva al respecto”; y que el artículo 4 se lo conciba en los siguientes términos: “Los Estados entienden que los acuerdos preferenciales a que se refiere el artículo 31 del Convenio Económico de Bogotá son una excepción a los principios generales del comercio internacional.”

El Consejo Económico Provisional dió especial importancia, además, al Capítulo VIII del Convenio Económico de Bogotá, referente al transporte marítimo, en consideración a que la Flota Mercante Grancolombiana era un “elemento indispensable de intercambio y cooperación entre Estados Limítrofes o pertenecientes a la misma región económica, y por lo tanto debe ser considerada por más de una razón como ejemplo típico de flota nacional”.

Agencia informativa y noticiosa

El Consejo Económico Provisional decidió estudiar la conveniencia de dar cumplimiento con la resolución de la Conferencia Económica Grancolombiana, referente a “adoptar medidas tendientes a favorecer el conocimiento recíproco de nuestros pueblos mediante la organización del intercambio de noticias que facilite a la prensa y a la radio” de nuestros países, “medios de información más amplios y completos, y recomendar su implementación”. 

Se publica La Carta de Quito, junto a comentarios entre los que destaca el economista Germánico Salgado, ilustre ecuatoriano de brillante trayectoria en su profesión, en la diplomacía y en la política, en homenaje al Dr. Antonio Parra Velasco, su mentalizador.

¿La Conferencia Económica Grancolombiana fue una utopía, o se adelantó a su tiempo?
Sólo la fe y seguridad en el destino de la nación Hispanoamérica explica que se hubiese abordado un proyecto tan audaz y tan ambicioso como el de la Carta de Quito, y que si bien sólo concibió los medios para progresiva y paulatinamente llegar a la unión aduanera y al mercado común, respetando la voluntad soberana de sus miembros para aceptar, en cada caso, esa unión y ese mercado, se soñó complementar con un Banco Grancolombiano; con un sistema unificado de Seguridad Social, y de la legislación sobre patentes de invención y marcas de fábricas; con un Instituto de Investigaciones Científicas y el fomento de la cultura mediante un editorial regional; con una flota aérea y un sistema de exposiciones periódicas; con una agencia regional de noticias y un Fondo Compensatorio de Monedas, etc.

Las preferencias convenidas en la Carta de Quito, vigentes entre Colombia y Ecuador, fueron admitidas por otros países en muchos Tratados de Comercio, como los celebrados con Canadá, España, Italia, Alemania, Noruega, Holanda, Argentina y Chile. ¿Por qué no volvemos a estudiar para tratar de aprovecharla?

La Carta de Quito de 1948 y don Antonio Parra Velasco

La Carta de Quito (9 de agosto de 1948) fue la denominación oficial del primer instrumento latinoamericano en que se recogía formalmente la voluntad de los Estados participantes de construir una integración económica. Los países suscriptores eran Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela, es decir la vieja Gran Colombia, que fue el último en deshacerse de los Grandes Estados latinoamericanos en que había soñado Bolívar.

La Carta de Quito es la primera manifestación de esa aspiración a la integración de las economías que surgió en Latinoamérica en la segunda posguerra. En ese sentido, la Carta de Quito fue una iniciativa pionera de las formas modernas de integración de América Latina, de las cuales tampoco se separaba mucho en su contenido y objetivos, porque era increíblemente “moderna” en su concepción técnica y en sus exigencias.

La CEPAL había iniciado sus trabajos en 1947 y una de sus primeras preocupaciones fue promover la integración económica. En Europa el movimiento por la integración había cobrado una fuerza avasalladora y estaban por concretarse las ideas que llevaron primero, a la Comunidad del Carbón y del Acero y, más tarde, a las Comunidades Económicas Europeas.
Ese ambiente fue un antecedente para la Carta de Quito, pero no explica como una iniciativa tan audaz pudo nacer del Ecuador, en ese entonces el país más pobre y provinciano de los cuatro que hace más de un siglo constituyeron la Gran Colombia.

La iniciativa de la Carta de Quito se adelantó en unos 10 años a la comprensión política de la necesidad de la integración y ello explica la suerte de la Carta que nunca llegó a entrar en vigor.

Las primeras propuestas se hicieron cuando era presidente del Ecuador el Dr. José María Velasco Ibarra y Ministro de Relaciones Exteriores el Dr. José Vicente Trujillo. Culminaron con la suscripción de la Carta, bajo la presidencia de Don Carlos Julio Arosemena Tola, con su Canciller el Dr. Antonio Parra Velasco, que fue el verdadero campeón de esta idea. La ratificación se hizo bajo la presidencia de Don Galo Plaza, con Don Neptalí Ponce Miranda como Canciller.

En base a esos documentos, la reunión preparatoria aprobó un proyecto de unión aduanera que fue denominado como Carta de Quito, además de otros proyectos que dan una idea del alcance de los propósitos de la negociación; entre ellos, la creación de una flota aérea grancolombiana, un instituto de reaseguros, un banco y un fondo de compensación de monedas grancolombianas, etc. 

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