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Fue Ministro Plenipotenciario en Francia, Embajador en Venezuela (dos veces) y en el Reino Unido Designado Embajador en Francia y Argentina, no pudo tomar posesión de sus funciones por renuncia, en el primer caso, en respuesta a un cable impropio del Presidente de entonces, Dr. José María Velasco Ibarra, y en el segundo caso por haberse producido la ruptura del orden constitucional en Argentina, lo que obligó al Gobierno ecuatoriano a suspender relaciones con ese país.

De esas épocas se destaca su defensa de la equidad de los precios en el Comercio Internacional; las preferencias aduaneras como excepción a la aplicación de la cláusula de la nación más favorecida; la defensa del idioma castellano; la aplicación de la Carta de Quito; el Consejo Económico Provisional Grancolombiano; el proyecto de Tratado de Comercio con Líbano; el proyecto de Tratado de Amistad, Comercio y Navegación con los Estados Unidos de América; la reinstalación de las estatuas del Libertador Bolívar y el busto de Montalvo, sus discursos, etc., etc.

En París, siendo muy niño, nos enseñó el siguiente brindis: mi padre brindaba por la Patria Grande, y nosotros, sus hijos, contestábamos: una e indivisible, grande y poderosa.

Embajador en Francia

Mi padre era Diputado a la Asamblea Constituyente, nacida a raíz de la revolución del 28 de mayo de 1944, también conocida como La Gloriosa, que dió fin al Gobierno del Dr. Carlos Alberto Arroyo del Río, cuando el señor Dr. José María Velasco Ibarra, Presidente de la República le propuso ser Ministro Plenipotenciario en Francia, donde permaneció desde 1945 hasta noviembre de 1947, en que asumió el Ministerio de Relaciones Exteriores del Ecuador, sustituyendo al Maestro Dr. José Vicente Trujillo.

Durante su permanencia en Francia fue Delegado a la Comisión Preparatoria de la Primera Asamblea General de las Naciones Unidas [participó como Delegado principal, junto a Don Alberto Puig Arosemena, Delegado suplente], y a la primera parte de la Primera Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas [la Delegación estuvo presidida por el Dr. Humberto Albornoz, e integrada, además de mi padre, por el Dr. Homero Viteri Lafronte y Don Alberto Puig Arosemena)

La Delegación del Ecuador, tanto en la Comisión Preparatoria como en la primera parte de la Primera Asamblea General, dió prioridad a “la defensa de los intereses y derechos de los pequeños Estados frente a las grandes potencias”, y de las “perrogativas de la Asamblea General frente al Consejo de Seguridad”; a la “defensa del idioma castellano para tratar de conseguir que fuese considerado lengua de trabajo al igual que los idiomas inglés y francés”; a la necesidad de dar “preferente atención al estudio de los medios para lograr que impere la equidad en las relaciones económicas entre los Estados, especialmente en cuanto al equitativo ajuste de los precios en el mercado internacional”; defensa de las tesis anticolonialistas; y a la “armonización de la actuación de las Delegaciones Hispanoamericanas, a efecto de defender solidariamente los intereses comunes”, que no es otra cosa que haberse adelantado en el tiempo para instituir al Grula (Grupo Latinoamericano).

La Primera Asamblea se inició con la designación del primer Secretario General; la elección de los miembros no permanentes del Consejo de Seguridad; la integración de la Corte Internacional de Justicia; y la constitución de los seis comités principales de la Organización de las Naciones Unidas.

Cuando se trató sobre los idiomas de trabajo en las Naciones Unidas, concretados al inglés y el francés, mi padre intervino en defensa del castellano como idioma oficial en los órganos de las Naciones Unidas.

Defensa del idioma español

Antonio Parra Velasco propuso, como lo tengo indicado, que se considere el español como uno de los idiomas oficiales en las Naciones Unidas. Reproduzco notas de prensa publicadas en El Universo de Guayaquil:
Delegado ecuatoriano Parra Velasco pide que la Asamblea de las Naciones Unidas utilice el castellano como lengua oficial, entre otras.
Añadió que las Naciones Latinoamericanas harán el esfuerzo necesario para llevar a cabo tal cometido.

Londres, 6.- (U.P)- Las naciones latino-americanas de habla hispana se preparan a llevar hasta el seno de la asamblea general de la Organización de las Naciones Unidas una campaña para que se apruebe el español como uno de los idiomas reglamentarios, después de haber reconocido la comisión preparatoria, la validez de la petición, pero recomendando al mismo tiempo que la reunión inicial de la asamblea se ajuste también al uso del inglés y francés. El delegado ecuatoriano Antonio Parra Velasco declaró a la U.P. que los 20 países latinoamericanos harán un esfuerzo conjunto para convencer a la asamblea general que el español debe ser declarado idioma reglamentario. Agregó que aunque no es factible que se logre para la primera reunión de la asamblea general que se efectuará en Londres el mes próximo, no hay razón para que no se instale el sistema de audífonos de traducciones instantáneas como el de Nuremberg, una vez que la organización haya fijado su pedido permanente. Los delegados cuyos idiomas nativos son el español u otro cualquiera que no sea el inglés o francés dijo que se encuentra en una tremenda desventaja. Una vez que se establezca el principio que todos los idiomas oficiales: inglés, francés, ruso, chino y español deben ser también idiomas reglamentarios, la cuestión traducción por el sistema de audífonos será exclusivamente un problema mecánico”. El comité de iniciativas recomendó a la comisión preparatoria seguir “el procedimiento de San Francisco”, es decir el empleo exclusivamente del inglés y francés en las reuniones de la asamblea y los consejos.

La utilización de distintos idiomas entorpece el procedimiento

Correspondiendo a las razones expuestas en favor del empleo de otros idiomas, el comité agregó la disposición a la recomendación diciendo que esta práctica debía seguirse “hasta que la asamblea y los consejos decidan otra cosa”.

El delegado ruso Gromyko sugirió al comité de iniciativas que recomendará a la asamblea, al Consejo de Seguridad y a otros organismos dependientes, acordar independientemente el procedimiento a seguir con respecto a los idiomas. El portavoz del reino unido, Phillip Noel Baker, previno que la adopción del procedimiento de utilizar distintos idiomas, conduciría al “caos”.

El delegado brasileño llamó la atención sobre el hecho que los delegados cuyos idiomas nacionales no son oficiales, representan el 40 por ciento de la composición del organismo. El comité de iniciativas aceptó el criterio del secretario del ejecutivo Gladwin Jebba, de que no resultaba práctico adoptar ahora otros idiomas reglamentarios, por los gastos que representaría y la dificultad de contratar intérpretes.

Mientras tanto, la proposición de Estados Unidos de constituir un pequeño comité que hiciera todas las designaciones de funcionarios para la Asamblea General, fue derrotada por un votación aplastante de 37 contra 3.

Virtualmente, todas las naciones, a excepción del Brasil y Canadá, censuraron la proposición, calificándola de “antidemocrática” y “de maniobra para evitar a las pequeñas naciones participar en las designaciones”. Finalmente, se acordó hacer las designaciones por medio de las propias asambleas, con la participación y selección de todas las naciones.

El debate más importante giró en torno a las designación del comité de iniciativas de la asamblea. Las grandes naciones quieren limitarlo a quince miembros, mientras los países pequeños con Cuba a la cabeza, aspiran a que el comité esté constituido por la representación de todas las 51 naciones que forman la asamblea. Las pequeñas naciones accedieron finalmente a participar en el subcomité para llegar a una fórmula transaccional.

Habla de nuevo el delegado ecuatoriano

El delegado ecuatoriano arguyó en el debate sobre la composición del comité de iniciativas, que ya que este iba a tener dificultades para formular las agendas, ¿cómo van a poder las pequeñas naciones discutir cuestiones que no figuren en el orden del día?. Agregó de que como se ha propuesto, “sería un instrumento de las grandes potencias,”. Las grandes potencias, por su parte, aunque conformes en su aspiración de constituirlo sólo de 15 miembros, están en desacuerdo en cuanto a su composición.

Rusia quiere que tenga como base la representación geográfica mientras Inglaterra quiere que integren el presidente del comité principal de la asamblea y sus funcionarios. Estados Unidos propone que se extienda a 21 el número de miembros para conciliar los puntos de vista británico y ruso.

Claridad lingüal solicitada en la ONU por un ecuatoriano

No obstante fuera dos veces rechazada, no cejo en su empeño hasta obtener fuera sometida a consideración

Traducimos de la edición, de cinco de diciembre último del “Herald Tribune” de París, una correspondencia especial cablegrafiada desde Londres para el mencionado diario que se edita en la capital francesa, escrita por el comentarista especial del prestigioso rotativo, Mr. John Chabot Smith, correspondencia que está concebida en los siguientes términos:
Londres, Diciembre 4.- La comisión preparatoria de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), según se indicó hoy, no podrá terminar sus actuaciones sin considerar la delicada cuestión de los idiomas y traducciones.

Antonio Parra Velasco, delegado del Ecuador, intentó, sin éxito, por segunda vez, someter a consideración el asunto, en esta ocasión durante la discusión de la localización del cuartel general permanente de las Naciones Unidas. Indicó que él insistirá en su propósito hasta que la Comisión haga frente a la proposición lo que, dijo, probablemente sucedería en la sesión plenaria.

La intención del ecuatoriano es la de que a los delegados a las reuniones de las Naciones Unidas debe permitírseles hablar en cualquier idioma que ellos lo deseen, y que las traducciones en todos los idiomas representados en la organización deben ser obtenibles en todo tiempo, con el auxilio de audífonos usando el sistema en boga en los procesos de Nuremberg.

“De acuerdo con lo que prevalece ahora, los criminales de guerra están en mejores condiciones que nosotros” dijo después de la reunión de hoy. “Esto es una cuestión de principio, Todo los idiomas deben gozar de iguales derechos”.

Se usa francés e inglés

Bajo las actuales reglas de la Comisión Preparatoria, los discursos deben ser hechos en ambos idiomas, inglés y francés; primero por el delegado es un idioma, y luego por un intérprete, en el otro. El doctor Parra Velasco, personalmente, no sufre por esta modalidad: habla el francés con toda facilidad y vigorosamente con la misma expresión en su voz y con los mismos ademanes como si estuviera hablando en su nativo idioma castellano.

Para los delegados menos afortunados, el intérprete rinde un servicio tan expertamente, que casi es milagroso. No sólo recuerda lo que se ha dicho y lo traduce con precisión, sino que, también proporciona todo el énfasis oratorio y la gesticulación que el orador original pudo desear, y siempre en los correctos pasajes.

Los discursos son cortos

Si bien esta repetición tiende a la lentitud del procedimiento, tiene la compensación de sugerir a los delegados mantener sus discursos cortos, mientras en algunos casos la mera dificultad en el uso del lenguaje obliga al delegado a ser breve. La repetición de cada discurso también reduce el peligro de las malas interpretaciones y sustituye las ocasionales voces suaves y mala acústica.
Si bien sólo es permitido el uso de dos idiomas hablados, se escriben cinco, siendo los tres extras el español, el chino, y el ruso. La publicación de los documentos en chino ha provocado una dificultad, debido a la falta de elementos para la impresión en Chino en Londres. El informe del Comité Ejecutivo, el documento básico de trabajo de la Comisión, apareció hoy en Chino, habiendo sido preciso escribirlo a mano y luego fotografiarlo. Este documento contiene trescientas setenta y un páginas, comparado con las 144 páginas de la edición en inglés.

Mi padre también fue Delegado a la Primera Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Diciembre de 1946) en la que procuró, conforme a su invariable pensamiento, “precautelar los intereses de los pequeños Estados frente a la influencia preponderante de los grandes”, defendiendo, de manera especial, “la posición de los Estados Hispanoamericanos”.

Mi padre, Antonio Parra Velasco, presentó varias ponencias, entre las que cabe destacar las siguientes:

1.- Que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura UNESCO, promueva un Concurso Mundial entre escritores, pensadores, internacionalistas, educadores, ect., de cualquier nacionalidad, para seleccionar un texto de Educación Cívica, que pueda ser adoptado por todos los países Miembros de la UNESCO, mediante el que se explique al niño (a) sus deberes para con su Patria, para con el grupo nacional o cultural al que pertenece su Patria, y para con la humanidad toda; (b) los derechos del hombre y las libertades humanas; y, (c) los fundamentos -en grandes líneas- de las Organizaciones Universales de nuestro tiempo (Organización de las Naciones Unidas; Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura -UNESCO-; Corte Internacional de Justicia, etc.).

Esta ponencia, que me recuerda mucho, por su finalidad, a las Repúblicas infantiles que creó en 1933, cuando fue Ministro de Educación en el primer gobierno del Señor Doctor José María Velasco Ibarra, sustentada dentro del concepto general y amplio de inculcar al niño, ciudadano del futuro, al bondad de la democracia y la defensa de sus derechos, la explicó mi padre manifestando, entre otros conceptos, “que hay que crear en la juventud el sentimiento de nuestros deberes hacia la especie humana, sin que ello obste el cumplimiento para con nuestra Patria, y también, para con el medio cultural nacional al que pertenecemos.”

Explicó, también, mi padre, “la diferencia entre Estado y Nación, como entidad sociológica”, e “ilustró su criterio con el ejemplo de un súbdito británico, que si bien tiene deberes para con Inglaterra o Australia, los tiene también para con el Imperio -como entidad cultural común- y para con la humanidad toda,” para concluir, en el caso de los Estados Hispanoamericanos, que “eran Estados componentes de un mismo medio nacional, ligados por la historia, la lengua,, la cultura y la tradición, por lo que los nacionales de esos países tenemos deberes también para con esa Comunidad espiritual hispanoamericana, entre los que está defender la cultura común.”

Mientras el Delegado de Francia manifestó “que la Nación que planteó la primera los Derechos del Hombre, no podía dejar de apoyar con entusiasmo aquella tesis”, el Delegado del Reino Unido se oponía porque se trataba, decía, de “intervenir en asuntos que atañen al orden de la política interna de cada país”. La ponencia se perdió.

2.- Que la UNESCO convoque, en 1947, un Congreso de Derecho Internacional Público y Privado, para que juristas del mundo entero estudien, desde un punto de vista ampliamente humano, las innovaciones que deban hacerse en las actuales instituciones internacionales, para afianzar la solidaridad internacional y hacer efectivos los derechos esenciales de la persona humana, defendiéndolos y precisando su naturaleza.

Al explicar la propuesta, mi padre manifestó “que nadie está contento con el sistema internacional adoptado en la Organización de las Naciones Unidas, ni siquiera los mismos estadistas que lo estructuraron”, como es el caso del señor Bevin, “que no desaprovecha ocasión para expresar sus simpatías hacia el establecimiento de un verdadero Parlamento Mundial, en que estarían representados directamente los pueblos.”

Explicó, mi padre, que “no se trataba de codificar el derecho existente, ni de difundirlo, sino de estudiar las reformas a introducir a un sistema que ya está demostrando sus defectos graves.” “No se trataba -decía mi padre- de estudiar el derecho que ahora existe, sino, más vale, del que debería existir.”

“En cuanto al Derecho Internacional Privado, -manifestó-, urge llegar a un acuerdo sobre muchos problemas que afectan a infinidad de personas. Así, por ejemplo, dijo, “el extranjero, en muchos países, ni siquiera tiene derecho al trabajo, derecho elemental que equivale al derecho a la vida”.

Otra vez Francia apoyó la ponencia ecuatoriana, y el Reino Unido se opuso a ella. Tampoco fue aprobada.

3.- En cuanto al uso de idiomas en las Conferencias de la UNESCO, que se pueda, al igual que en la ONU, hablar en español, y los discursos en ese idioma se traduzcan obligatoriamente al francés y al inglés.

Mi padre había planteado una ponencia igual en la ONU. Tuvo el apoyo de todos los hispanoamericanos presentes, y entre ellos al ilustre Luis Alberto Sánchez, Rector de la Universidad de San Marcos, de Lima, y de Alfonso Reyes, el mexicano universal.
Tampoco tuvo éxito con esta ponencia.

París, noviembre 13 de 1945

Exmo. Sr. Dr. Dn. José V.Trujillo
Ministro de Relaciones Exteriores.
Quito
Asunto: Política francesa

Señor Ministro:

El 21 de Octubre de 1.945 se llevó a cabo el Referéndum para que el pueblo francés y el Imperio contestasen a las siguientes preguntas: 1) Si se quería la elección de una Asamblea Constituyente; 2) Si, en caso de votación de una Constituyente, deberían o no los Poderes Públicos estar sujetos, hasta que entrase en vigor la nueva Constitución, en sus relaciones mutuas, al Proyecto de Ley que se sometía a conocimiento de los franceses.

Las votaciones dieron el siguiente resultado: Contestación afirmativa a la primera pregunta, es decir que la Asamblea debería tener el carácter de Constituyente; y contestación afirmativa a la segunda, es decir que entraba en vigor la Ley especial sobre organización provisional de Poderes, cuyas disposiciones esenciales son las siguientes:

1) La Asamblea Constituyente elige al Presidente Provisional de la República Francesa, quién constituye su Gobierno y lo somete a la aprobación de la Asamblea, junto con el programa respectivo. El Gobierno es responsable ante la Asamblea, la que puede votar, por mayoría absoluta, moción de censura contra el Gobierno, en cuyo caso se produce la obligatoria renuncia del mismo.

2) La Asamblea elabora la nueva Constitución.

3) La Constitución elaborada debe ser sometida a la aprobación, por Referéndum, del pueblo francés.

4) La Asamblea tiene el Poder Legislativo, conservando el Gobierno el derecho de pedirle a la Asamblea una segunda deliberación, cuando lo estimare conveniente. (Derecho de objetar concedido al Gobierno, y derecho de insistir reconocido a la Asamblea).

5) La Asamblea vota el Presupuesto, pero no tiene la iniciativa de los gastos.

6) Los poderes de la Asamblea expiran a los siete meses de su primera reunión, o antes de ese tiempo, al entrar en vigencia la nueva Constitución.

7) Caso de ser rechazada por el pueblo francés, en el Referéndum respectivo, la Constitución elaborada por la Asamblea, deberá procederse enseguida a la elección de una nueva Asamblea Constituyente que gozaría de los mismos poderes que la anterior.
Al mismo tiempo que se votaba acerca del Referéndum anteriormente mencionado, debería procederse a elecciones generales de diputados, los cuales, de ser favorable el Plebiscito a una nueva Constitución, debían considerarse como miembros de la Asamblea Constituyente, y, en caso contrario, como miembros de la Cámara de Diputados de acuerdo con la Constitución de la Tercera República.

Las elecciones dieron el siguiente resultado:
Comunistas, 152 diputados, equivalente al 28,8%.
Socialistas, 142 diputados, equivalente al 27,5%.
Movimiento Republicano Popular, 141 diputados, equivalente al 27%.
Radicales-Socialistas, 25 diputados, equivalente al 3,6%.
Moderados, diversas tendencias, 67 diputados, equivalente al 9%.

El partido denominado Movimiento Republicano Popular (M.R.P), nacido de la asistencia, que dirige el actual Ministro de Relaciones Exteriores Señor Georges Bidault, y que corresponde a una tendencia de Socialismo Cristiano, tiene el 27% de los asientos, lo que hace que los partidos de tendencia social avanzada constituyen la gran mayoría de la Asamblea Nacional, el 83,3% de la totalidad de los diputados.

Si un nuevo partido como el M.R.P ha surgido en la política francesa con marcada tendencia socialista, en cambio otros que gozaban de gran prestigio antes de la guerra, han visto sus fuerzas declinar grandemente, o han desaparecido del todo. Es así como el partido Radical-Socialista, que dominó la política francesa antes de la guerra se ha visto reducido del 18,3% que representaba en 1.936 al insignificante 3,6% que representa en la Asamblea Constituyente, mientras ha desaparecido por completo toda la representación de las tendencias realistas. En definitiva, los tres grandes partidos de izquierda constituyen la gran mayoría de la Asamblea, encontrándose constituida la minoría no por tendencias de Derecha propiamente dichas, sino por diputados moderados, no afiliados a los partidos de izquierda y cuyas opiniones representan tendencias de Centro, y no de derecha.

Tal es el cuadro general, sintético, de la composición de la Asamblea Nacional Constituyente Francesa.

Paso ahora a determinar, a grandes rasgos los Programas elaborados por los partidos dominantes que servirán de base, sin duda, al futuro desarrollo político de Francia, y a la acción de su Gobierno.

II

Los Programas de los partidos políticos comprenden distintos aspectos que consideraré sucesivamente, haciendo constar que todos ellos se inspiran en el Programa de acción del Consejo Nacional de Resistencia contra los alemanes durante la ocupación. Las divergencias de criterio han surgido en cuanto a los puntos de aplicación concreta del Programa General del C.N.R. los partidos Comunista y Socialista han logrado entenderse y elaborar un Programa único denominado Programa de la Delegación de las Izquierdas (D.D.G) mientras el Movimiento Republicano Popular (M.R.P), ha conservado su propio programa, que difiere en realidad poco, solamente en grado, de los postulados obtenidos en el programa común Comunista-Socialista, que sea dicho de paso, comprende también a los Radicales-Socialista que han hecho grupo común con los comunistas y socialistas, así como las agrupaciones populares denominadas Liga de los Derechos del Hombre y Confederación General del Trabajo (C.G.T).

1) Nacionalizaciones
El Consejo Nacional de Resistencias establece en su Programa, la destrucción de los grandes feudos económicos y financieros que dirigían la economía; subordinación de los intereses particulares al interés general. Devolución a la Nación de las fuentes de energía, de las riquezas del subsuelo, de las Compañías de Seguro y de los grandes bancos.

2) Programa de D.D.G (Delegación de Izquierdas, Coalición Comunista- Socialista): Nacionalización de las industrias-llaves que constituyen trust económicos, es decir, los Bancos, las Compañías de Seguros, las Empresas de Energía Eléctricas y las minas de hierro, las empresas de Gas, las empresas Siderúrgica, la marina mercante, las industrias de metales ligeros, las fábricas de aire líquido, cemento, explosivos, soda, y combustibles líquidos en general, incluyéndose la importación y transporte de los mismos, y la fabricación de lubricantes. La nacionalización de los bancos, comprende los Bancos comerciales de depósitos, y tiende al control efectivo de la Nación sobre el crédito.
……………………………………………………………………………………………………… vitalicia ser atendida por la correspondiente rama de la actividad nacionalizada, bajo la garantía del Estado. Para determinar la correspondiente cuantía de la indemnización se tomará en cuenta el promedio de los últimos dividendos distribuidos antes de la guerra, por la respectiva empresa. Los títulos de renta pueden ser vendidos a los bancos nacionalizados, en su valor actuarial. La nacionalización de las empresas suprime inmediatamente y totalmente los Consejos de Administración privados de tales empresas, sometiéndose en lo sucesivo la Administración de ellas a Consejos compuestos de delegados de los trabajadores (obreros, empleados, técnicos, ingenieros) y de representantes de funcionarios del Estado.

El partido del Movimiento Republicano Popular (M.R.P) es más moderado en materia de nacionalización, aceptando las que sean indispensables para el progreso del país. Admiten la necesidad de transformar radicalmente la economía de Francia. Su jefe, el señor Bidault, actual Ministro de Relaciones Exteriores, ha declarado a este respecto, que el C.N.R, admite la libertad de iniciativa y de empresa pero no la libertad de monopolios privados perjudiciales al interés general. Admite el M.R.P, el control de todas las entidades bancarias propugnando la constitución de un CONSEJO SUPERIOR DEL CREDITO. En definitiva, este partido, limita la nacionalización a las empresas que constituyen monopolios privados, en perjuicio de los intereses generales del país, debiéndose proceder a las expropiaciones en forma que consulte la equidad.

El problema de las nacionalizaciones constituye uno de los puntos esenciales de la nueva política económica y social de Francia. Ya se ha hecho sentir, en los medios financieros, las consecuencias de la programación de esa nueva política, que probablemente será llevada a la practica en breve si se produce, como es lo más probable, una coalición efectiva de los partidos Comunistas y Socialistas de la Asamblea Nacional, cuyas aspiraciones concretas han sido ya determinadas, como ya dije anteriormente, en un programa común de acción inmediata, el llamado Programa de la Delegación de Izquierda (D.D.G): Se ha producido una baja notable, en la Bolsa de Valores, debido a la venta en grandes cantidades de acciones de las empresas cuya nacionalización propugnan los partidos de Izquierda, -cementos, productos químicos, metalúrgicos, mineros, de transporte, etc. Los programas aludidos también se han reflejado en la política económica internacional, pudiéndose mencionar como ejemplo las declaraciones del norteamericano señor Varuch, Consejero Financiero del Gobierno de los Estados Unidos, quien ha expresado francamente que ese País no podría ayudar financieramente a naciones extranjeras, si esa ayuda habrá de servir para nacionalizar las industrias en contra de los intereses económicos de los Estados Unidos, que propugnan, (desde luego, porque así les convienen, dado el gran mercado interno que poseen y la potencialidad industrial de que gozan), la libre competencia en el mundo.

Debe observarse, por cierto, que la tendencia hacia la nacionalización de los Bancos y de las industrias básicas en Francia, guarda armonía con igual tendencia por parte del Gobierno de la Gran Bretaña, que ya ha nacionalizado el Banco de Inglaterra y que se propone nacionalizar igualmente, por lo pronto, todos los servicios de comunicaciones internacionales; así como las líneas aéreas internas, sin perjuicio de controlar las grandes industrias privadas (como las textiles, instrumentos de vidrio, lozas y porcelanas, zapatos, herramientas, etc) cuya administración permanecería bajo la dirección de comités con representación de los trabajadores y del Gobierno. Igual suerte correrán todas las industrias que el Gobierno considere necesarias y vitales para la prosperidad del pueblo británico

A este respecto la coalición de Izquierdas propugna la necesidad de establecer la jerarquía de las remuneraciones según el grado de tecnicismo y de la responsabilidad del trabajador. Garantía de un minimun que asegure a cada trabajador y a su familia la dignidad, la posibilidad de una vida ampliamente humana y la seguridad de su trabajo. Reclama la aplicación y el desarrollo de planes que comporten la seguridad social para todos los ciudadanos en todos los casos en que no puedan conseguir trabajo, jubilaciones y rentas apropiadas para los ancianos, seguro de desempleo, compensaciones especiales para las familias en vista de favorecer la educación de los niños, reglamentación especial de acuerdo con las organizaciones obreras para el empleo y despido, posibilidades de acceso a las funciones directivas para los obreros calificados, contratos colectivos de trabajo, elevación del nivel de la vida de los trabajadores de la tierra mediante una legislación social sobre salarios agrícolas que les conceda a estos asalariados los mismos derechos que tienen los obreros industriales, medida fiscales apropiadas para estabilizar los precios, los salarios y la moneda y garantizar el poder de compra nacional.

El M.R.P. Pide que los representantes de las profesiones, libremente designados por sus respectivos sindicatos, tengan participación en la dirección de cada rama de la economía; que el Estado ponga en práctica una política comprensiva hacia los trabajadores, que se le conceda ayuda positiva a la familia, que tendrá una representación orgánica ante los Poderes públicos.
El partido comunista propugna también la protección y el desarrollo de la familia francesa mediante una política de empréstitos a los matrimonios jóvenes, de ayuda substancial a las familias numerosas y la protección a la niñez, la ampliación de la educación profesional a la juventud y el establecimiento de pensiones para los ancianos y las ancianas sin medios suficientes de subsistencia.

3) Política económica y financiera.
El programa de la D.D.G (coalición, repito, comunista-socialista) propugna el mantenimiento del control de los cambios, para tratar de evitar que la moneda quede entregada a la especulación nacional y extranjera. La cotización oficial de franco es de 50 por un Dólar, tipo que no corresponde a la realidad económica dada el alto costo de la vida, lo cual constituye un insalvable impedimento a las exportaciones, controladas por el Estado.

Quiere la D.D.G, que sean movilizados los haberes franceses en el extranjero, así como los títulos extranjeros que poseen los franceses, proyecto que también está enervando ya las actividades de la Bolsa de Valores del país. Se pide coordinar el comercio extranjero con los intereses monetarios de Francia mediante acuerdos comerciales y financieros, dentro del marco de una política monetaria internacional. Al mismo tiempo se pide una reducción sustancial en el Presupuesto, especialmente en cuanto a la realización de reducciones masivas de los créditos militares y de los gastos públicos en general. Se estima que el Ejército francés cuesta demasiado a la Nación. Se pide reorganizar los servicios públicos, civiles y militares, a efecto de reducir la empleomanía muy generalizada.

En estos aspectos todos los partidos están de acuerdo.

La verdad es que la situación monetaria de Francia acusa síntomas de gravedad: la inflación va aumentando cada día, al ritmo, según algunas apreciaciones de un mil millones de francos por día. La inflación fué momentáneamente detenida por la conversión o cambio de los antiguos billetes por nuevos (lo que eliminó de la circulación, importantes cantidades de dinero provenientes de lucro indebido e ilegitimo durante la ocupación y la guerra), y por el empréstito de la liberación, notoria. Como es bien sabido, la inflación, a no ser dominada a tiempo, tiende a acelerarse inevitablemente. Parece que el único recurso sea una enérgica disminución en los gastos, especialmente en el presupuesto de guerra, aviación y marina, propugnada por los partidos, un bloqueo riguroso de los salarios y de los precios para evitar el alza de los mismos, y un nuevo impulso a la economía general del país. Tales medidas desgraciadamente no gozan de simpatías políticas y no agradan a la generalidad de los ciudadanos. Los economistas temen que la política de la nacionalización de las empresas no constituya un medio para favorecer la estabilidad monetaria, y que una crisis mayor del franco pueda ocasionar graves trastornos políticos.

Se piensa, además, que un sistema de créditos extranjeros a grandes plazos, podrían favorecer la situación, pero Francia quiere evitar, a toda costa, el peligro de que tales empréstitos extranjeros puedan afectar a la independencia política y económica del país. En el partido de socialista y comunistas (programa de la D. D. G) expresamente se previene que los créditos extranjeros a largos plazos solo deben ser admitidos en la medida en que no pongan en peligro la independencia política y económica de Francia.

4) Política Internacional
El programa de las Izquierdas (D.D.G, Comunistas-Socialistas) proclama que el objeto esencial de la política exterior de Francia debe ser la consolidación de la Paz, fundada en la seguridad colectiva, establecida y definida en la Carta de las Naciones Unidas, a cuyos principios y reglas de acción debe Francia permanecer fiel, inclusive en la aplicación efectiva de toda medida encaminada a extirpar las raíces del Fascismo en Alemania y en el mundo entero; que Francia no encontrará seguridad efectiva en la ampliación de sus fronteras (oposición a toda anexión territorial, franca o disimulada, en Alemania), sino en la seguridad colectiva, basada en relaciones de confianza mutua entre todas las naciones unidas, especialmente entre las grandes potencias, cuyos diferendos deben solucionarse por medios de concordia; que Francia no debe aliarse a una potencia contra otra, ni sumarse a un bloque contra otro bloque y menos todavía tratar de constituir ella misma un bloque destinado a combatir a otros bloques antagónicos, que el deber internacional de Francia es de trabajar por la consolidación general de todas las raciones, orientando su política internacional en sentido democrático, es decir para apoyar a las democracias, no solamente por fidelidad a sus propias tradiciones, sino también por que la experiencia ha demostrado que los Estados no democráticos se tornan fatalmente en agresores; que por lo mismo la obra de Francia en Alemania no debe ser de anexión territorial sino de extirpación del Nazismo, del Prusianismo y del militarismo; que la tendencia democrática internacional consiste en conducir la política externa de acuerdo con la voluntad del pueblo francés, y en democratizar la diplomacia en su espíritu, en sus métodos, y en sus hombres, y en someter la acción gubernativa en lo internacional a la aprobación y control permanente de los representantes elegidos por la nación, ya en cuanto a los principios que inspiren esa acción, ya en cuanto a los objetivos que se persigan, ya en cuanto a los medios que se pretenda emplear; que es deber ineludible del Gobierno tener a la nación exactamente informada de los procesos de la política internacional, tanto o más como si se tratase de cuestiones de política interna (oposición absoluta al secretismo en la política internacional). Frente a Alemania piden las Izquierdas: castigo rápido de los criminales de guerra, expropiación a los magnates de la Ruhr, cuyas industrias pesadas deben ser explotadas directamente por el Estado; extirpación de toda influencia nacista y militarista de la vida administrativa, económica y cultural; reeducación democrática del pueblo alemán; autorización a los partidos antinacis y a los sindicatos por reorganizarse; administración civil francesa en la zona ocupada por Francia.

El Movimiento Republicano Popular, por intermedio de su dirigente Señor Georges Bidault, ha puntualizado lo siguiente en esta importante materia: Lo primero para Francia es atender a su propia seguridad; hostilidad a toda idea de bloques; sin embargo, política de especial cordialidad con los vecinos inmediatos de Francia, especialmente con las grandes potencias aliadas; refiriéndose, con suma discreción, a la política de Estados Unidos en el Continente americano y a la Rusia en la Europa Oriental, el Señor Bidault ha dicho, con cierta ironía: “Yo no creo que en esos casos se trate de un bloque americano y de otro bloque oriental”. Y agrega: “Desde el momento en que las agrupaciones regionales han sido admitidas en San Francisco, como elementos útiles para la colaboración de los pueblos, yo pido simplemente para Francia el derecho de hacer lo que ya los otros han hecho….. “En cuanto Alemania, el M.R.P. propugna la necesidad de ponerla en estado de que no ataque de nuevo a Francia, y para ello pide la descentralización política y administrativa del Reich y la desmembración o separación de la hoya Rheno-Westfaliana: el Gobierno francés ya ha pedido oficialmente a las grandes potencias que la Rhenania y el Ruhr constituya un territorio aparte de Alemania, sujeto a una administración internacional.

5) Las Fuerzas Armadas.
La D.D.G (coalición de Izquierdas) proclama la necesidad de reformar las fuerzas armadas en forma tal que reflejen la imagen de la nación: servicio militar obligatorio corto, instrucción militar práctica, democratización efectiva que permita a todos los franceses la posibilidad de ascender a los puestos del Alto comando; depuración de las fuerzas armadas, eliminando a todos los elementos antinacionales y malsanos, en forma tal que los institutos armados constituyan una garantía de lealtad para el sistema republicano.
Existe descontento en cuanto a la vida de grandes señores que llevan en la Alemania ocupada, Generales franceses de la antigua escuela, por lo general pertenecientes a la antigua nobleza de este país).

El M.R.P (el nuevo partido de Bidault) sostiene ideas similares: Ejército Nacional a base d servicio obligatorio de corta duración y democratizado en “sus cuadros” para hacer desaparecer, de las fuerzas armadas, todo espíritu de casta.

6) Principios Constitucionales.
La coalición de Izquierdas (D.D.G), patrocina el establecimiento de una democracia en el más amplio sentido: liquidación completa del régimen de Vichy; plena libertad de pensamiento, de conciencia y de expresión; libertad de la prensa e independencia de ella frente al Estado, y a las potencias del dinero. Debe estar exenta de toda influencia extranjera, y hacerse efectiva plenamente la responsabilidad de los periodistas y de los directores de periódicos, como contrapeso a esa libertad de que debe gozar la prensa (los recursos de los periódicos deben originarse únicamente en la venta de los mismos, en el negocio de publicidad, y eventualmente en subvenciones declaradas de los partidos que los patrocinan, recursos que deben constar en balances dados a la publicidad). Establecimiento urgente de una ley de Prensa que contenga tales principios de libertad y de responsabilidad, y que reprima eficazmente la difamación y el chantaje, que no debe confundirse con el derecho de libre critica; libertad de asociación, de reunión y de manifestación; respeto de la persona humana y de la libertad individual (inviolabilidad del domicilio, supresión del control postal, telegráfico y telefónico); igualdad absoluta de todos los ciudadanos ante la ley (eliminación de toda discriminación racial, simplificación de los procedimientos judiciales para que la justicia sea eficaz, rápida e independiente); descentralización administrativa; entera igualdad en el derecho de ejercer cargos públicos, inclusive los más altos, para hombres y mujeres.

Retorno a una completa laicidad del Estado y de la escuela pública (supresión inmediata de las subvenciones directas e indirectas a las estructura general indispensable para formarse ciudadanos; todo niño debe poder orientar su educación libremente sin que sea un obstáculo para ello el privilegio de la fortuna, y tomándose en cuenta únicamente sus aptitudes, renovación de métodos pedagógicos fundada sobre el respeto de los valores humanos, basada en la selección de los profesores.

El partido M.R.P se considera como la continuación de pensadores como Montalembert, Lacordaire y Lammensais y quiere conciliar la tradición con el progreso y los ideales espirituales con la libertad. No desean que “bajo la apariencia del libre pensamiento, cierta escuela de filosofía pretenda combatir la Religión”. Respeta el laicismo del Estado. Considera que debe suprimirse toda subvención de las acordadas por el Gobierno de Vichyb a las escuelas privadas. Quiere el desarrollo de una política de intensificación del deporte, y pide que se mejore substancialmente la situación material y moral de los maestros.

En definitiva, la diferencia ideológica entre la coalición de Izquierdas y el Movimiento Republicano Popular, consiste en esto: Las izquierdas propugnan un laicismo absoluto, indiferente, si acaso no opuesto a toda idea religiosa, mientras el M.R.P. quiere un laicismo moderado, que lejos de combatir la Religión, mire su obra con simpatía. Esto no lo dicen los programas en forma clara, pero es la realidad que se siente en el ambiente, Son Voltaire y Diderot, por un lado, frente a Lacordaire y Lammenais, por otro.

Por encima de esas divergencias, ambos grupos políticos, en definitiva, admiten, en esta materia, lo esencial del programa del Consejo Nacional de Resistencia, a saber: Posibilidad efectiva, para todos los niños franceses, de beneficiarse de la instrucción y de adquirir la más alta cultura, cualquiera que sea la situación económica de sus padres. Constitución, mediante la educación, de una verdadera elite, no originada en los privilegios de familia, sino en el mérito individual de los ciudadanos, elite constantemente renovada por los aportes populares.

Soy, del Señor Ministro, muy atentamente,

Antonio Parra Velasco.
Ministro del Ecuador. 

París, junio 22 de 1946

Asunto: Banquete hispanoamericano en París

Señor Ministro,

Durante mi estadía en Londres, para atender a la reunión de las Naciones Unidas, pude observar que las Delegaciones de los Países Hispanoamericanos llevaban a cabo reuniones mensuales, con ocasión de almuerzos que organizaban las Representaciones Diplomáticas, fomentando así la cordialidad entre los Países de Ibero-América.

Me pareció conveniente iniciar en París reuniones de igual naturaleza, y al efecto tuve conversaciones con el Señor Embajador de México, el Doctor Don Alfonso de Rosenzweig Díaz, así como con el Encargado de Negocios de Colombia, el Dr. Don Abel Botero, y habiendo aceptado ellos patrocinar junto conmigo la iniciación de reuniones similares en esta capital, dirigimos a los Jefes de Misión de los Estados Ibero-Americanos, acreditados en París, la comunicación cuyo texto es como sigue:

“Dadas las especiales vinculaciones que unen entre sí a los pueblos ibero-americanos, por la comunidad de origen y cultura, y su natural solidaridad en el concierto internacional, nos parece del caso establecer un contacto más permanente entre las misiones diplomáticas acreditadas en Francia.

Al efecto, hemos pensado que la mejor manera de iniciar y mantener ese contacto sería organizando, en forma regular, reuniones mensuales, quizás en forma de almuerzos, durante los cuales podrían examinarse cuestiones de interés común.

Hemos tomado la iniciativa de organizar la primera reunión y en la esperanza de que usted, estimado colega, participe de nuestro criterio anteriormente expuesto, le pedimos que se digne asistir al almuerzo que se llevará a cabo el sábado 22 de Junio en la Rotisserie Perigourdine, a la una de la tarde. Usted se servirá indicarnos a la brevedad posible, los nombres de los demás miembros de esa Misión que deseen participar a la referida primera reunión.

Somos de usted muy atentos colegas y amigos.”

Habiendo sido la iniciativa por los Representantes Diplomáticos Ibero-Americanos en París, se celebró el día de hoy, en la Rotisserie Perigourdine, Place Saint Michel, el primer almuerzo ibero-americano, con la finalidad de establecer un contacto más íntimo entre las Misiones Diplomáticas acreditadas en Francia.

Al final del Almuerzo, me fue concedida la palabra por el Excmo. Señor M. F. De Catello Branco Clark, Embajador del Brasil, para que explicara las finalidades de la reunión, debido a lo cual, expuse más o menos lo siguiente:

“Puesto que el Señor Embajador del Brasil me pide que dé una explicación de la finalidad de esta reunión, lo haré, en breves palabras.

La finalidad de estos almuerzos mensuales, y la razón de ser de ellos, consta de la comunicación que tuvimos el honor de dirigiros, el Embajador de México, el Señor Encargado de Negocios de Colombia, y yo.

Se trata de “establecer un contacto más permanente entre las Misiones Diplomáticas Hispano-Americanas, acreditadas en Francia”. Ese contacto es necesario, por muchos motivos: Ya para no permanecer alejados los unos de los otros, lo que suele ocurrir con frecuencia en las grandes capitales; ya para tener una oportunidad de estrechar los lazos de amistad que nos unen; ya para podernos consultar, mutuamente, cuando ello nos parezca oportuno, acerca de los problemas o dificultades que pudieran suscitarse; ya para tener la oportunidad de cruzar ideas, acerca de los problemas que nos son comunes; ya en definitiva, para fomentar el conocimiento mutuo, entre nuestros países, pues bien podríamos, por turnos, aprovechar de estas reuniones, para hacer breves exposiciones acerca de los problemas fundamentales de nuestras Patrias.

En cuanto a la doctrina profunda que informa este acto, que explica el porqué necesitamos ese mayor contacto, también lo dice la carta que os hemos dirigido: Se origina, nuestra acción de hoy en “las especiales vinculaciones que unen entre sí a los pueblos Ibero-Americanos, por la comunidad de origen y de cultura, y su natural solidaridad en el concierto internacional”.

Esa natural solidaridad, nacida de esas especiales vinculaciones en la comunidad de origen y cultura, se han puesto de manifiesto en muchas ocasiones, en la vida internacional. Bástenos mencionar las conferencias panamericanas, y la actitud solidaria asumida en San Francisco, primero, y en el seno de las Naciones Unidas, en Londres, después.

Ese sentimiento de solidaridad natural, ha sido sentido, desde los albores mismos de la Independencia, por los hombres más eminentes de todas nuestras patrias. No hay un País, de los nuestros, en el cual no se haya destacado algún pensador ilustre, algún hombre de Estado, algún político o militar, que no haya proclamado esa solidaridad natural en una o en otra forma. Esa conciencia de solidaridad natural, no solamente se ha manifestado en la obra de los pensadores, sino que también se ha traducido, muchas veces, en nuestros países, en disposiciones legales.

Estoy seguro que me perdonaréis, si menciono, como un ejemplo, como una prueba de ese nuevo espíritu traducido en Ley, si yo cito, sin agregar comentario alguno, por ser esto innecesario, los artículos séptimo y doceavo, de la Constitución Ecuatoriana de 1945. Esos artículos, dicen así:

“Artículo 7: El Ecuador, dentro de la comunidad mundial de naciones, y para la defensa de sus comunes intereses territoriales, económicos y culturales, colaborará especialmente con los Estados ibero-americanos, a los que está unido por vínculos de solidaridad e interdependencia, nacidos de la identidad de origen y cultura. …

Artículo 12: Sin perder su nacionalidad de origen, serán considerados ecuatorianos los ibeoramericanos y españoles por nacimiento, que se domicilien en el Ecuador y manifiesten su voluntad de serlo.”

Agregaré, solamente que al aprobar estos artículos, la Asamblea Constituyente de 1945 dejó expresa constancia de que consideraba al Brasil así como a Puerto Rico, como incluidos y comprendidos en las dos disposiciones constitucionales que acabo de mencionar.

No terminaré esta exposición, que se ha hecho demasiado larga a pesar mío, sin mencionar los vínculos de fraternidad y simpatía, que unen a los pueblos Ibero-Americanos con la República de Haití, desde aquellos tiempos legendarios, en que el General Petión prestó su ayuda generosa al Libertador Bolívar. El gesto de Petión perdura. La obra de fraternidad sigue su curso. Y por eso tenemos el gusto de tener entre nosotros al distinguido colega, Representante de Haití en esta Capital, y esperamos continuar teniéndolo entre nosotros…..”

Después tomó la palabra el Señor Doctor Botero, Encargado de Negocios de Colombia, quien, por su parte, expuso así mismo la finalidad de las reuniones ibero-americanas, recordando que en Londres se habían llevado a cabo bajo la dirección del señor Embajador de México, Don Alfonso de Rosenzweig Díaz, quien por entonces estaba acreditado ante el Gobierno de la Gran bretaña., indicando la manera como tales reuniones habían sido organizadas en el Reino Unido. Exaltó el ideal bolivariano de unidad, y de colaboración entre los pueblos de Ibero-América.

Quedó elegido para organizar el segundo almuerzo ibero-americano, el Señor Embajador de la Argentina, Excmo. Señor Leguizamón Pondal.

Soy del Señor Ministro,

Muy atentamente,
Antonio Parra Velasco
Enviado Extraordinario y
Ministro plenipotenciario
Del Ecuador. 

Nota sin fecha, a propósito de la reinstalación de la estatua de Bolívar y el busto de Montalvo

Sr. Dr. Dn. José Vicente Trujillo,
Ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador,
Quito.

Asunto: colócase de nuevo, sobre sus pedestales, en París, la estatua del libertador y los bustos de Montalvo,

Señor Ministro:

Durante la ocupación alemana fue retirada de su pedestal la estatua del Libertador así como los bustos que estaban ubicados alrededor de la estatua y que representaban las efigies de Martí, Rubén Darío, Rodó y Montalvo. Iban a ser fundidas por los alemanes, al igual que lo fueron otras, pero, milagrosamente se salvaron y han sido encontrados.

Acercándose la fecha del aniversario del nacimiento del Libertador, -el 24 de Julio-, me pareció que se presentaba una brillante ocasión para organizar en esta ciudad, una importante manifestación de confraternidad franco-hispanoamericana, reponiendo sobre sus pedestales, la estatua de Bolívar y los bustos de Montalvo, Rodó, Darío y Martí.

Inicio enseguida gestiones con algunos colegas del Cuerpo Diplomático Hispanoamericano, para que asumieran conmigo la iniciativa, y al afecto, hablé con el Embajador de Méjico, Excmo. Sr. de Rosenzreig Díaz, con los Encargados de Negocios de Colombia y Venezuela, Señores Don Abel Lotero y Don Eduardo Merturet, así como en el Consejo Municipal de París con el Profesor Raymond Ronze, quien tiene a su cargo las relaciones culturales con la América Latina.

El resultado de estas gestiones ha sido que el Municipio de la Ciudad de París ordenó que se repusieran la estatua y los bustos y organicen una ceremonia solemne que se ha llevado a cabo el día de hoy, 24 de Julio, para conmemorar el natalicio del Libertador y “reinaugurar” la estatua del Libertador y los bustos.

Estuvieron presentes en la ceremonia, que revistió la mayor solemnidad, el Presidente del Consejo Municipal de París, con los Miembros de esa Corporación, el Sr. George Ridault, Jefe del Gobierno Francés, Miembros de la Asamblea Nacional Francesa, el Cuerpo Diplomático acreditado en París, numerosas personalidades y muchísimo público.

Tomaron la palabra: El presidente del Municipio de París, el Presidente del Gobierno Francés, Señor George Bidault, el Doctor Meracciolo Pérez, Embajador de Venezuela (que acaba de hacerse cargo de la Embajada) y los Ministros de Cuba, Uruguay y Nicaragua (Excmos. Srs. de Ayala, Arguello Cervantes, y Vásquez) y yo. La ceremonia fue radiada. Hizo los honores la Guardia Republicana. Habrán, además, radiodifusiones en idioma francés en las que se transmitirá parte de los discursos, escenas de la pieza central “Bolívar”, de Supervielle, y se leerán trozos selectos de proclamas cartas del Libertador. Igualmente habrá una radiodifusión en castellano dedicada a la América Hispánica.

En la preparación y realización de los Actos Conmemorativos antes referidos ha participado, con gran entusiasmo, el Profesor Raymond Ronze, administrador de la Agrupación de las Universidades para el fomento de las Relaciones con la América Latina, y gran amigo de los pueblos Hispano-Americanos.

Envío a Ud., adjunto, copia del discurso pronunciado por mí, a nombre del Ecuador, en la referida ceremonia, así como una traducción del al castellano.

Soy, del Señor Ministro,

muy atentamente,
Antonio Parra Velasco,
Enviado Extraordinario y
Ministro Plenipotenciario
del Ecuador en Francia. 

Discurso pronunciado por mi padre, Dr. Antonio Parra Velasco, Ministro Plenipotenciario en Francia, el 24 de julio de 1945, con ocasión de colocarse de nuevo, sobre su pedestal, la estatua del Libertador y el busto de Montalvo

Señor Jefe del Gobierno
Señor Presidente del Consejo Municipal
Señores Miembros del Cuerpo Diplomático,

Señoras y Señores.

En París liberado, -materialmente liberado, pues París jamás cesó de estar espiritualmente libre-, en París liberado, el Libertador retoma su lugar ¡Retoma su lugar, rodeado, en efigie, de sus compatriotas ilustres, El, el más puro, el más noble, el más grande de todos los libertadores! El, el luchador infatigable apasionado de la libertad El, el genio resplandeciente, El nuestra más grande gloria, rodeado –digo- de sus compatriotas ilustres, puesto que para El, todos los países de su América Hispánica no son más que provincias de una misma Patria, esta Patria que quería confederar, para hacerla más respetable y más fuerte, y más útil al género humano.

Montalvo está bien en su lugar aquí, al lado de El, en este lugar de consagración.

Escritor de genio, filósofo, polemista, hombre de cultura universal, fue un principe del espíritu.

Alma apasionada, un amor irreductible de libertad, de cultura y de verdad, inspira su vida. Lucha constantemente contra el despotismo y la tiranía, contra la ignorancia y el fanatismo, contra el prejuicio y la hipocresía. Es pues, él también, un libertador, en el sentido espiritual.

El exilio, recompensa de sus luchas por la libertad lo lleva a París, ciudad refugio de rebeldes y oprimidos, hogar de rebeldes y proscritos. Aquí trabaja, aquí crea, aquí muere, grande en su pobreza y en su abandono.

Montalvo, -como Dario, como Rodó, como Martí-, aunque Hispanoamerica en su espíritu y en su corazón, o mejor dicho por hispanoamericano-, tenía una viva admiración por la cultura francesa, de la que estaba impregnado Francia lo había conquistado por su espíritu, pues por su obra espiritual que nos ha hecho sus amigos, a nosotros hispanoamericanos.

Conservemos la tradición de esta amistad. Fortalescámosla. Incrementémosla, transportando sobre un plan nuevo, de cooperación política, económica y cultural, las concepciones sentimentales y literarias antes dicha, que Francia vuelva su vista, con atención fraternal hacia nuestros Estados, ligados los unos a los otros por una comunidad de origen, de lengua, de historia y de cultura, y de quienes la unidad en formación es un fenómeno histórico ya visible.

Que su pensamiento continúe de estar ligado a nuestro pensamiento y su sentimiento de libertad y justicia, a nuestro sentimiento de libertad y justicia.

Que sus hombres de Estado, sus filosofías, sus sabios, sus poetas, sus literatos, sus economistas, sus hombres de negocios, se interesen primordialmente por nuestros pueblos, de un futuro magnífico, hermanos culturales de Francia.

Una cooperación estrecha y generosa –en provecho de altas finalidades humanas-, sería sin lugar a dudas útil al mundo, que busca, ansiosamente, un nuevo equilibrio de las fuerzas espirituales y materiales del universo.

En nombre de mi país agradezco al Consejo Municipal de París, así como a las Autoridades francesas, por este nuevo gesto de amistad. 

Nota 4-1-39, de septiembre 9 de 1946, sobre gestiones realizadas para la construcción del Puerto Nuevo de Guayaquil

París, septiembre 9 de 1946
Nota 4-1-39

Excmo. Sr.
Ministro de Relaciones
Exteriores del Ecuador,
Quito.

Asunto: Gestiones para que la sociedad de construcción de Batignollo tome a su cargo la construcción del nuevo Puerto de Guayaquil.

Señor Ministro,

Para conocimiento de Usted, y, si Usted lo estimare conveniente, del Ministerio de Obras Públicas, envío a Usted los siguientes documentos:

1) Copia de la carta dirigida por mí el 24 de Julio del año en curso al Señor Carlos Julio Arosemena, Presidente del Comité Ejecutivo de Vialidad de la Provincia del Guayas;

2) Copia de la carta dirigida el día de hoy al mismo Señor Don Carlos Julio Arosemena;

3) Copia del contrato suscrito por varias sociedades francesas con el Gobierno de la República Argentina, a efecto de construir el puerto de Rosario de Santa Fé, y que luego fué traspasado a la Compañía de Construcciones de Batignolles.

Por los documentos en referencia el Señor Ministro se enterará de las gestiones que he venido realizando a efecto de que la importante Compañía de Construcciones de Batignolles tome a su cargo la construcción del nuevo puerto de Guayaquil.

Las condiciones generales en que dicha empresa ha convenido, en principio, en tomar a su cargo los trabajos, consta en mi carta de Julio 24 el presente año dirigida a Don Carlos Julio Arosemena.

Según cable que vengo de recibir del Señor Arosemena, el primer ingeniero enviado por la Compañía, el Señor Basilio, ya se encuentra en Guayaquil. La Compañía me ofrece enviar después a uno de los mejores ingenieros a construcciones de puertos con que cuenta la referida Compañía.

Todas las gestiones las tengo realizadas en el sentido de que la construcción del puerto no le cueste inmediatamente al Estado absolutamente nada, debiendo la Compañía invertir sus propios fondos en los trabajos de Construcción, y cobrarse el respectivo valor mediante la administración del puerto, en caso de que el movimiento del mismo sea tal que pueda pagar la obra con las entradas ordinarias.

Recomiendo el estudio cuidadoso de las condiciones aceptadas por la Compañía en su contrato para la construcción del puerto de Rosario de Santa Fe, en la República Argentina. Dicho contrato podría servir de base para el que deba suscribirse con la Compañía de Construcciones “Batignolles”.

Soy, del Señor Ministro,

muy atentamente

Antonio Parra Velasco
Enviado Extraordinario y
Ministro Plenipotenciario
del Ecuador en Francia. 

París julio 24 de 1946

Señor
Carlos Julio Arosemena,
Presidente del Comité
Ejecutivo de Vialidad
de la Provincia del Guayas,
Guayaquil;

Señor Director,

Tengo el agrado de confirmar, el cable que le dirigí el día de ayer, cuyo texto es el siguiente:

“DIRECTOR SOCIEDAD BATIGNOLLES CONFIRMAME INGENIERO PIERREM FURIET ESTARA ESA CORRIENTE AGOSTO OBJETO INICIAR NEGOCIACIONES Y ESTUDIO PUERTO.- ESCRIBOLE DETALLES. ECUADOR”

Ampliando lo que le manifiesto en el cable anterior, debo decirle que el día de ayer recibí la visita, en la Legación, del Señor Andrétuffang, Director de la Sociedad Batignolles, quien tuvo conmigo una larga conversación, relacionada con la construcción del puerto de Guayaquil.

Me presentó sus excusas, por haber dejado de tratar esta cuestión durante algún tiempo, por diversas razones.

Me pidió datos concretos sobre la negociación, sobre el puerto de Guayaquil, sobre las posibilidades de llevarlo a cabo, etc. Me expresó que la Compañía ya tenía ordenado al Señor Ingeniero Pierre Furiet, el cual se encuentra en la actualidad en Río de Janeiro llevando una misión de la misma compañía, que se trasladara a Guayaquil para ponerse en contacto con usted, y con el comité ejecutivo, y con el Gobierno de la República, a efecto de realizar los primeros estudios y estudiar la forma como se podría financiar la construcción del puerto.

A este respecto, me permito recordarle los antecedentes de la negociación en sus grandes lineamentos, a efecto de que el Comité de su digna dirección pueda plantear la negociación en las condiciones más favorables para la República.

1) He insistido con la Compañía en que ni la ciudad de Guayaquil, ni el Gobierno del Ecuador tienen los capitales necesarios para la construcción, y que por tanto todos los gastos deben llevarse a cabo con capitales de la propia Compañía;

2) He expresado que, en principio, el puerto debe pagar su propia construcción, es decir que la financiación debe de llevarse a cabo en tal forma, que la compañía pueda administrar ella misma al puerto y cobrar los derechos portuarios, y tal vez algún impuesto adicional, para con esos valores pagarse la deuda y los intereses; (esto, desde luego, sujeto a una posible opinión distinta del Comité Ejecutivo y el Gobierno de la República).

3) Antes de emprender en la obra, la compañía deberá enviar un ingeniero especializado, para que aconseje al Comité Ejecutivo y al Gobierno acerca de la ubicación del nuevo puerto, ya sea sobre el río Guayas, canalizando el río y suprimiendo la barra y organizando el dragado constante, ya sea llevando a cabo el nuevo puerto por el Estero Salado, si lo consideraren más practicable y útil.

4) En ningún gasto ocurrirá ni el Gobierno del Ecuador ni el Comité Ejecutivo con relación a los preliminares de la negociación y a los primeros estudios. En consecuencia, si por algún motivo no se llevase a cabo la negociación, ningún gasto tendría que pagar el Gobierno ni el Comité Ejecutivo.

5) He expresado al Señor Muffang que usted, y el Comité Ejecutivo, le proveerán de los ingenieros necesarios, y le darán todas las facilidades, para los primeros estudios. Necesitará, en efecto, el Señor Ingeniero Furiet, visitar el Estero Salado, y el río Guayas, hace sondajes posiblemente y algunos trabajos preliminares.
Sin más por ahora, y reiterando a usted, Señor Director, mi vivo deseo de continuar sirviendo al Comité Ejecutivo en todo aquello en que considero que puedo serlo útil, me reitero de usted,

muy atento y seguro servidor

Antonio Parra Velasco

Enviado Extraordinario y
Ministro Plenipotenciario
del Ecuador en Francia. 

Reproduzco del periodista Deambrosis Martins, una crónica publicada en El Telégrafo del 26 de agosto de 1946, a propósito de la recepción brindada por mi padre el 10 de agosto de ese año en parís, que no tiene más importancia que referirse a un aspecto –el social- de la actividad diplomática. Dice la crónica:

Gran Recepción en la Legación del Ecuador en París, el 10 de Agosto, Aniversario y fecha ilustre de la Patria de Montalvo.

El Ecuador tiene la “coquetería” de haber enviado siempre a Francia grandes embajadores. Quién no recuerda en París a Gonzalo Zaldumbide, el ensayista de Rodó para sólo citar a uno de sus últimos?

El Dr. Antonio Parra Velasco es una de las figuras más destacadas y que goza de mayor prestigio en el seno del Cuerpo Diplomático acreditado en la Capital Francesa. No es una impresión de circunstancia para engalanar una reseña social. Lo dice quien, por su profesión, está relacionado con los jefes de misión y oye los comentarios de los portavoces del Quai d’Orsay y de las Grandes Potencias. La personalidad del Dr. Parra Velasco, no sólo honra a su país en Francia, sino que da lustre a toda Hispanoamérica, y como redactor diplomático en París de los más importantes periódicos del mundo. -Norte, Sur, Centro y Antillas, no tengo reparo en declararlo hoy en una nota de prensa, con motivo de la brillante fiesta que acaba de tener lugar en los salones de la Legación del Ecuador en la “Ciudad Luz”

Ya el 24 de Julio, Natalicio del Libertador, en el grandioso Homenaje a Bolívar , Montalvo, Martí, Rodó y Darío, organizado en la Plaza de la América Latina de la Puerta Champerret (gracias a la intervención e iniciativa del ministro del Ecuador), París -su pueblo tan comprensivo y tan digno- había tenido oportunidad de escuchar el verbo encendido del Dr. Parra Velasco, en un discurso, en francés, consagrado a la gloria del Héroe y del autor de los Siete Tratados. Otros hablaron también, ilustres paladines del verbo y de la inspiración: Pero parís no olvidará nunca el vuelo oratorio, el acento vibrante del eminente Guayaquileño….. Para quienes no le conocíamos todavía como tribuno y agregaremos, como poeta, y que él nos perdone, aquello fué una revelación. Pero el ministro del Ecuador es, además, un escritor de raza, un gran diplomático, y ¿porqué no decirlo de una vez?, un gran señor. La presencia del Dr. Parra Velasco establece el ambiente el “clima” sutil hispanoamericano en cualquier lugar en donde se encuentre. Esto lo decíamos en rueda de amigos, no hace mucho, conversando con los ministros del Uruguay, Cuba, Nicaragua y Guatemala…

Por lo mismo, la fiesta ecuatoriana del 10 de Agosto, en París, no fué una recepción más como tantas otras celebradas en los aniversarios patrios, en torno a una copa de champaña o a un discurso protocolar. Ni una de esas reuniones mundanas o rígidas a las que se concurre por obligación oficial, en donde el alma grande y el fervor están ausentes…..El 10 de Agosto, en el número 34 de la avenida Messine, sede de la Legación, fué una espléndida manifestación del espíritu, una manifestación también de la cordialísima simpatía y del prestigio considerable -no está demás repetirlo- que el Dr. Parra Velasco goza en Francia. Los elementos más caracterizados del mundo oficial y diplomático que pocas veces frecuentan en personas las Legaciones Hispanoamericanas, y con mayor razón en plena Conferencia de la Paz, acudieron sin embargo en esta fecha a la Casa del Ecuador en París para rendir un verdadero y sentido homenaje a la nación amiga y a la figura -tan simpática- de su noble representante en esta Capital. La sola enunciación de las personalidades que se congregaron aquel sábado, a esta fiesta ecuatoriana, da una idea de su importancia excepcional y de la significación que tuvo en la vida parisiense. El ministro Parra Velasco atendió a sus invitados (todos los ecuatorianos de París estaban en la Legación) con esa amplia y generosa hospitalidad de nuestra raza, y de tan cordial y tan democrática, la recepción “de seis a ocho” se prolongó amablemente hasta medianoche.

Fué una elocuente y exquisita fiesta del espíritu -que presidía el busto de Montalvo-, y un magnífico exponente de la amistad franco-ecuatoriana que, una vez más gracias a la personalidad del Dr. Parra Velasco, ciudadano de Hispano-América, quedó sellada en esta Capital de la inteligencia y del mundo latino, una tarde del 10 de agosto…, dos años después de la Liberación de París.

Concurrentes

Además de los personajes como los Secretarios de Estados estaban también presentes los embajadores de Argentina, Bélgica, Brasil, Canadá, China, Gran Bretaña, Méjico, Noruega, Polonia, Turquía, Unión de Repúblicas Soviéticas, Venezuela, Yugoslavia, Estados Unidos, Monseñor Roncalli, Nuncio de su Santidad; y los Ministros de Australia, Bulgaria, Chile, Cuba, Dinamarca, República Dominicana, Egipto, Filandia, Grecia, Guatemala, Haití, Irlanda, Líbano, Luxemburgo, Nicaragua, Perú, Costa Rica, Portugal, Suecia, Suiza, Checoeslovaquia, Uruguay, Encargado de Negocios de Colombia, Delegado del Gobierno español, Delegado de Hungría, Delegado de Rumania, Canciller de Austria; algunos agregados secretarios, consejeros etc. de diversas naciones.
También las siguientes personas: Srta. Mercedes Tous Febres Cordero, Carlos Peña y Sra.. Marquesa de Fierro, Frank Breese y Sra., Dr. Antonio Amoedo, Fustacio Sánz de Santamaría, A. Diez de las Heras, Cristóbal de Acevedo y Sra., J.F. Guanot, Paúl Mure y Sra., Jaques Mure, Pierre de Rostu y Sra., Carlos Deambrosis Martinss y Sra. Barón Duroy y Bruignac y Sra., Conde Reiset, Sra., Jaqueline Guevara Moreno, Prof. Raymond Ronza, Philippe Gujgnabaudat y Sra. Dr. Georges Robert y Sra., Dr. Jean Odin, Diógenes Paredes, Gl. Ballén de Guzmán, A. Muffang, Ernest Govín, R. Murry, Augusta María Valdéz de Laserre, Srta. Laserre. E. Lerqué, Geoge Pillement, Elvira de Yoder y otros. 

Durante la época que mi padre representó al Ecuador en Francia presentó, a varios países amigos, proyectos de Tratados de Amistad, Comercio y Navegación. Los textos de los proyectos de Tratados tienen un contenido similar, por lo que transcribo a continuación la interesantísima nota 4-1-29, de julio 4 de 1946, enviada por mi padre al señor Ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador, en la que analiza el proyecto de Tratado de Amistad, Comercio y Navegación presentado al Líbano.

No deja de asombrarme la constancia y tenacidad de mi padre en la defensa de sus ideas, plasmadas en los proyectos de Tratados referidos, y que contienen desde el fundamento de la solidaridad obligada entre los Estados Hispanoamericanos, que explica y justifica las ventajas exclusivas aduaneras y, en consecuencia, la excepción hispanoamericana y grancolombiana al tratamiento de la cláusula de la Nación más favorecida, hasta la defensa de un equitativo ajuste de los precios en el comercio internacional, mucho tiempo antes de asumir la Cancillería ecuatoriana y poner en práctica esas ideas.

En los proyectos de Tratados hay aspectos tan importantes y originales, como la determinación de la ley del domicilio para la aplicación de las leyes personales, en casos de conflictos de Derecho Internacional Privado, hasta la defensa del Derecho al Trabajo, considerado como un auténtico derecho humano, tan importante como el de la vida.
El texto de la nota ha sido tomado del informe que presentó a la Nación, en su calidad de Ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador, y de borradores en mi poder.

Proyecto de Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre el Ecuador y el Líbano.

París, Julio 4 de 1946

Nota Nº 4-1-29

Asunto: Proyecto de Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre el Ecuador y el Líbano.

Señor Ministro:

En mi nota de 21 de marzo del presente año, relacionada con el pedido del Líbano y de Siria para que las tropas extranjeras fuesen retiradas de sus respectivos territorios y la discusión a que tal pedido dió lugar en el seno del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, manifesté a Ud., en el parágrafo IX, lo que sigue:

“En las conversaciones que tuvo conmigo, en Londres y en París, el Excmo. Sr. Frangié, me expresó cuán grato sería para su Gobierno negociar con el del Ecuador un amplio Tratado de Amistad, Comercio y Navegación. Me reiteró el deseo de todos los Estados de la Unión Arabe, de estrechar relaciones con los países Hispanoamericanos, donde tienen tan numerosas colonias y con los que tradicionalmente se sienten vinculados. Me dijo que quizás se podría discutir aquí en París, los términos de un Tratado entre ambos países, mediante negociaciones llevadas, en su etapa preliminar, por ambas Legaciones acreditadas en Francia. Tratado que podría luego firmarse en la Capital del Líbano o en Quito.”

De acuerdo con lo tratado entonces con el referido señor Ahmed Bey Frangié, Ministro de Relaciones Exteriores del Líbano y Delegado de su país a la Asamblea de la ONU, inicié conversaciones con el Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario del Líbano en París, señor Ahmed Bey Daouk, a quien he presentado, para que sirva de base de discusión y estudio, el proyecto de Tratado, redactado en idioma francés, que remito a usted adjunto.

El señor Ministro del Líbano, se ha demostrado sumamente interesado por las disposiciones contenidas en dicho proyecto de Tratado, disposiciones que me permito analizar brevemente, a continuación.

Artículos relacionados con el Derecho Internacional Privado.

Después del artículo 1º por el que se declara que “habrá paz constante y amistad perpetua entre el Ecuador y el Líbano y entre los ciudadanos de los dos Estados, sin excepción de persona ni de lugar”, vienen los artículos 2º, 3º, 4º, 5º y 6º, que se refieren a la solución de problemas de Derecho Internacional Privado.

Adopción del Código Bustamante.

Por el artículo 2º, ambos países convienen en poner en vigor, en sus relaciones mutuas, el Código de Derecho Internacional Privado “Antonio Sánchez de Bustamante”, anexo al Tratado.

Cada día se hace sentir más la necesidad de que todos los países del mundo admitan, en sus relaciones mutuas, claros principios de derecho, que les permitan solucionar los problemas de Derecho Internacional Privado que se suscitan con tanta frecuencia, a medida que las relaciones económicas entre los hombres de todos los países van haciéndose más estrechas. Generalmente esos problemas no tienen solución posible, por no haberse regulado nada, sobre la materia, en los respectivos Tratados de amistad.

El Ecuador tiene ya adoptado el referido Código, según consta del Decreto dictado por el Senado de la República el 1 de noviembre de 1932, pero su aplicación sólo es posible cuando se trata de los países que lo han suscrito, aprobado y ratificado. Para que dicho Código pueda aplicarse a las relaciones con otros países, es necesario que una convención así lo estipule. De llegar a perfeccionarse el proyecto de Tratado con el Líbano, quedaría adoptado, el referido Código, al tenor de lo dispuesto en el artículo 2º, el cual regularía las relaciones de Derecho Internacional Privado, entre el Líbano y el Ecuador.

El domicilio como ley personal.

El artículo 3º del proyecto de Tratado soluciona el problema de saber qué leyes han de aplicarse, si las del domicilio o las de la nacionalidad, cuando, según los artículos 3º y 7º del Código Bustamante, deben de aplicarse a un caso determinado las leyes personales.

Como es bien sabido, al aprobarse el Código Bustamente en la Sexta Conferencia Panamericana, celebrada en La Habana en 1926, no se logró llegar a un acuerdo en cuanto a determinar si el domicilio o la nacionalidad habrían de tomarse como base para la aplicación de las leyes personales, y precisamente debido a esa falta de acuerdo se convino, en el artículo 7º del Código, en que cada Estado contratante aplicaría como leyes personales “las de la nacionalidad, del domicilio o las que haya adoptado o adopte en lo adelante su Legislación interior”.

Quedó pues, sin definición precisa ese punto relacionado con la aplicación de las leyes personales, el cual, en cambio, queda definida en el proyecto de Tratado presentado al Gobierno del Líbano, puesto que en el artículo 3º se establece que ambos países, cuando sea de aplicar las leyes personales a un determinado caso sometido al Derecho Internacional Privado, aplicarán las del domicilio.

Al Ecuador y a los países Hispanoamericanos, que son países de inmigración, que tienen y acogen a muchísimos extranjeros, les conviene más adoptar el principio del domicilio, para la aplicación de leyes personales, porque de esa manera, en el mayor número de los casos, las leyes a aplicar como leyes personales resultan ser las leyes del país, es decir, en el caso del Ecuador, las leyes ecuatorianas. De esa manera, en la gran mayoría de los casos, la aplicación de la ley personal equivale a la aplicación simple y llana de la ley territorial.

Derechos civiles. Garantías individuales. Derecho al trabajo.

Mediante el artículo 4º del proyecto de Tratado, se le da mayor amplitud al principio contenido en los artículos 1º y 2º del Código Bustamante, proclamando, en el segundo inciso, un principio de alta importancia universal, sensiblemente poco respetado hasta ahora: el derecho al Trabajo. Se establece, en efecto, que “los nacionales de cada Estado contratante gozarán en el otro Estado, del derecho al trabajo”, innovación sumamente interesante, puesto que, por lo general, en la mayor parte de los países del mundo se trata de impedir que el extranjero trabaje, poniéndoseles trabas y dificultades al libre ejercicio de profesiones y de actividades de todo orden, lo cual constituye un grave obstáculo al desarrollo de las buenas relaciones entre todos los Estados, y de manera especial una inadmisible e injusta limitación a ese derecho humano por excelencia que es el derecho que todos los hombres debemos tener de trabajar, y ganarnos el sustento, en cualquier parte del mundo.

Reconocimiento de las personas jurídicas y derechos de que gozan.

En el artículo 5º del proyecto de Tratado, se precisa claramente una cuestión jurídica que en el Código Bustamante no está resuelta con toda la precisión del caso: la relacionada con el reconocimiento de las personas jurídicas extranjeras, mencionado en el artículo 36 del Código Bustamante.

El artículo 5º del proyecto de Tratado, constituye, en verdad, una ampliación a lo estipulado en el artículo 36 del Código Bustamante.

En efecto, en dicho artículo 36 se expresa que, “el concepto y reconocimiento de las personas jurídicas se regirán por la ley territorial”, lo cual abandona al arbitrio de cada Estado el reconocer o no reconocer la existencia de las personas jurídicas legalmente constituidas en los demás Estados, y concederles o no concederles el goce de los mismos derechos y de las mismas garantías de que gozan las personas jurídicas establecidas en el mismo país.

Mediante el artículo 5º del proyecto de Tratado, lo referente al reconocimiento de las personas jurídicas constituidas en los Estados contratantes y a los derechos de que han de gozar, queda perfectamente establecido y decidido: el Ecuador reconoce la existencia de las personas jurídicas legalmente constituídas en el Líbano, las que gozarán en nuestro país de los mismos derechos y de las mismas garantía de que gozan las personas jurídicas establecidas en el Ecuador, y, recíprocamente, las personas jurídicas ecuatorianas serán reconocidas en el Líbano, y gozarán, en ese país, de los mismos derechos de que gozan las establecidas en el Líbano.

Constituye, por tanto, el artículo 5º del proyecto de Tratado, una ampliación del artículo 36 del Código Bustamante.

En general puede decirse que las disposiciones contenidas en los artículos 3º, 4º y 5º del proyecto de Tratado, precisan y amplían, en los aspectos que contemplan, las disposiciones del Código Bustamante, y constituyen un adelanto en el campo del Derecho Internacional Privado.

Relaciones comerciales y marítimas. Política económica.

Cláusula del tratamiento de la Nación más favorecida.

El artículo 7º del proyecto de Tratado estipula que las relaciones comerciales y marítimas entre ambos países se regirán por el principio del tratamiento de la Nación más favorecida, en virtud del cual, en el Ecuador los productos del Líbano pagarán los derechos aduaneros mínimos que paguen las mercaderías similares provenientes de otros países extranjeros, y recíprocamente, en el Líbano las mercaderías ecuatorianas serán tratadas tan favorablemente como las similares, provenientes asimismo de otros países extranjeros.

Primera excepción: Preferencias aduaneras Hispano-Americanas.

El artículo 8º contiene una primera excepción a ese principio general: estipula, en efecto, que el Líbano no reclamará para sí el beneficio del régimen preferencial establecido o que se estableciere en lo sucesivo, en materia de comercio y de navegación, entre el Ecuador y uno o más Estados de la América Hispánica, Estados con los cuales el Ecuador está unido por vínculos de interdependencia y de solidaridad, nacidos de la comunidad de origen y de cultura. Así mismo, se estipula, recíprocamente el Ecuador no reclamará el beneficio del régimen preferencial establecido o que se estableciere, en materia de comercio y de navegación, entre el Líbano y los Estados Miembros de la Unión de los Estados Arabes.

Este artículo encierra un vasto problema económico que afecta al Ecuador y a los demás Estados Arabes.

Como es bien sabido, el desarrollo industrial de un país, y por tanto, el vigor de su economía toda, depende esencialmente del mercado interno de que pueda disponer su industria. Si el mercado interno es pequeño, la industria será pequeña también y la economía general débil y dependiente; si el mercado interno es amplio, la industria se desarrollará proporcionalmente a la amplitud de ese mercado, y la economía ganará en vigor e independencia, dentro del concierto mundial.

Cada uno de los Estados Hispanoamericanos, considerado separadamente, constituye tan solo un pequeño mercado, que no puede establecer y desarrollar una grande industria. A causa de esto, en nuestros países no podemos transformar industrialmente nuestras materias primas, y nos vemos obligados a entregar nuestras fuentes de riqueza a los grandes capitalistas extranjeros, que son los únicos que cuentan con industrias suficientemente desarrolladas como para aprovechar esas fuentes naturales de riqueza, -minas, materias primas agrícolas, etc-.

Esto nos coloca frente a los grandes países industrializados en una situación doblemente dependientes: por una parte, no fabricamos los productos manufacturados que necesitamos, los que tenemos que comprar a aquellos países generalmente a precios elevados, dependiendo así de ellos en este aspecto esencial; y de otro lado, no pudiendo nosotros mismo utilizar nuestra materia prima en la fabricación de los productos manufacturados que necesitamos, nos vemos obligados a vender a los países extranjeros altamente industrializados tales materias primas, y aun las fuentes naturales que las producen, a precios generalmente irrisorios, lo que no nos permite pagarles a nuestros trabajadores salarios equitativos y mantiene en nuestros pueblos un bajo nivel de vida, miserable, si se lo compara con el que existe en aquellos países altamente industrializados, en vínculo de dependencia económica que nos afecta.

Estas consideraciones obligan a los Estados Hispanoamericanos a un cambio total de política económica: nuestros Estados deben necesariamente proceder a constituir ese gran mercado interno, por medio de preferencias aduaneras recíprocas, es decir, uniendo todos esos pequeños mercados internos, para constituir un solo gran mercado interno común hispanoamericano.

La necesidad de esa política comercial, ya se la ha comprendido claramente en muchos de nuestros países, y se la ha proclamado en distintas ocasiones. Citaré algunos casos:
Nueva Granada, Bolivia, Perú y Chile-, un Tratado de Comercio y Navegación por el que se pactó una preferencia aduanera, equivalente a las dos terceras partes de los derechos aduaneros aplicables a otros países.

Decía así el artículo 4 de dicho tratado:

“Los productos naturales o manufacturados de cualquiera de las Repúblicas Confederadas, que en buques de estas se introduzcan en otra de las mismas Repúblicas en que sean de lícito comercio, sólo pagarán la tercera parte de los derechos de importación impuestos a los mismos productos cuando pertenezcan a una nación extranjera ….”

Bello sostuvo, en Chile, la necesidad de esa política económica de preferencias aduaneras hispanoamericanas, política que ese país ha defendido con persistencia, desde 1797,

“como un medio de mayor aproximación comercial con los países latino-americanos y de sacudirse de los tratados que importaban la concesión de una serie de ventajas y favores sin retribución real alguna. Al efecto, el Gobierno denunció esos Tratados e inició la celebración de otros de nuevo tipo, con cláusula de nación más favorecida, pero con la reserva de la autoridad para otorgar rebajas y otras facilidades a los países latino-americanos sin que ella se extienda a las demás naciones.”

En 1931, Chile y la República Argentina estipularon, en Mendoza, los principios de una política económica común, que constaba en la llamada “Acta de Mendoza”.

El punto XIII de dicha acta, dice así:

“Estudiar una fórmula contractual que permita la concesión de ventajas comerciales exclusivas entre los países limítrofes y vecinos, como aspiración general, entre las naciones litino-americanas”.

Ese principio de la cláusula del tratamiento de la nación más favorecida ha sido aplicada ya en el Tratado comercial Chileno-Argentino de 1933.

En Argentina esa política va, sin duda, a tomar nuevo impulso, en el Gobierno del Presidente General Juan Domingo Perón quien, en su primer mensaje al Congreso de su Patria, en junio del presente año, ha proclamado la necesidad de llevar a cabo la “unión aduanera de los países sudamericanos, que facilite el comercio con las naciones hermanas”

El problema de las preferencias aduaneras se planteó en Montevideo en 1933, en la VII Conferencia Panamericana.

En dicha conferencia el señor Cordell Hull, Secretario de Estado de los Estados Unidos, propuso que se adoptase una resolución aceptando el principio de la “igualdad de tratamiento comercial”, en la que se decía, entre otras cosas:

“Los Gobiernos signatarios declaran que el principio de la igualdad de tratamiento es, y debe seguir siendo, la base de toda política comercial aceptable. Por consiguiente, convienen en que todo acuerdo que negocien comprenderá la cláusula de la nación más favorecida en su forma incondicional y sin restricciones, que deberá aplicarse a todas las formas de control del comercio internacional, con las únicas excepciones comúnmente reconocidas como legítimas; y convienen en que tales acuerdos no introducirán disposiciones algunas que, aunque posiblemente ofrezcan ventajas inmediatas a las partes contratantes, puedan reaccionar desfavorablemente para el comercio mundial como un todo.”

Ecuador, que se opuso a esa política de “igualdad de tratamiento”, demostró la necesidad en que se encontraban los Estados Hispanoamericanos de concederse preferencias exclusivas, e hizo la siguiente reserva:

“Declara que no renuncia al derecho de pactar con los demás Estados Hispanoamericanos convenios por los que se otorguen entre sí un tratamiento de ventajas exclusivas, cuyos beneficios y favores especiales no podrán ser reclamados por otras naciones en virtud de la cláusula de la nación más favorecido” (Véase anexo 1)

Chile le dió su apoyo a la tesis ecuatoriana,, y, a su vez, presentó una ponencia, encaminada a conseguir que se aceptara “el principio de que los países limítrofes o vecinos puedan otorgarse descuentos aduaneros y otras facilidades exclusivas para productos regionales elaborados o no”, ponencia que dió lugar a la Resolución por la cual se recomendó el estudio de esa fórmula. (Véase anexo 2)

Es interesante observar que los Estados Unidos han admitido el sistema de las preferencias aduaneras exclusivas, en este Continente, cuando menos en dos casos: El de Cuba y el de los países centroamericanos.

En efecto, en el Tratado suscrito por ese país con Cuba, en Washington, el 24 de agosto de 1934 (artículos 2 y 3), ambos Estados se conceden recíprocamente “reducciones exclusivas y preferenciales en los derechos de aduana” para numerosos productos; y, así mismo, en el Tratado celebrado entre los Estados Unidos y Nicaragua, el 11 de marzo de 1936, consta, en el artículo XIV, lo siguiente:

“Las ventajas concedidas actualmente o que en lo futuro sean acordadas por los Estados Unidos de América o por la República de Nicaragua a países limítrofes con objeto de facilitar el comercio fronterizo, lo mismo que las ventajas de una unión aduanera de la cual los Estados Unidos de América o la República de Nicaragua puedan llegar a formar parte, quedarán excluidas en la aplicación de este convenio …”

“Las ventajas actuales o que en el futuro puedan ser acordadas por la República de Nicaragua al comercio de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras o Panamá mientras cualquier tratamiento especial acordado al comercio de aquellos países o de cualquiera de ellos por la República de Nicaragua no sea extensivo a cualquier otro país, quedarán excluidas en la aplicación de este Convenio.”

Idénticas disposiciones constan en los Tratados suscritos por Estados Unidos con Guatemala, Honduras, Costa Rica, Nicaragua y Panamá.

Por último debe observarse que si la salvedad o excepción contenida en el artículo 8º del Proyecto de Tratado con el Líbano no fuese mantenida, ese país podría reclamarnos, en su favor, las ventajas concedidas por nosotros a otros países Hispanoamericanos, pretendiendo, por ejemplo, que se le permita la entrada, libre de derechos de importación, de los artículos mencionados en el numeral 1º del artículo V del Tratado suscrito con Colombia, el 6 de julio de 1942.

Si queremos aumentar nuestro comercio con los demás países Hispanoamericanos, necesariamente tenemos que insertar, en nuestros Tratados de Comercio, una disposición, por la que se admita como excepción a la cláusula del tratamiento de la nación más favorecida, el principio de que tenemos los Estados Hispanoamericanos el derecho de concedernos preferencias aduaneras exclusivas, de que no gozarán los demás Estados, política económica sostenida por el Ecuador en Montevideo.

Los países árabes, se encuentran en una situación semejante a la de los Estados Hispanoamericanos, con una diferencia: que lo que para nosotros constituye todavía una aspiración, -la cooperación integral entre nuestros Estados-, ya es entre los Estados Arabes un hecho consumado, pues ya han firmado la Unión de los Estados Arabes, Unión que quedó constituida formalmente, mediante el pacto suscrito entre los Estados de Siria, Transjordania, Irak, Arabia Saudita, Líbano, Egipto y Yemen, en El Cairo, el 22 de marzo de 1945.

Dicho pacto tiene por objeto estrechar los vínculos que ligan a los Estados Arabes, cimentándolos y reforzándolos a defender solidariamente la independencia y la soberanía de los Estados Arabes, establecer la cooperación entre ellos para el bien común de todos, y para lograr el mejoramiento de su suerte, el afianzamiento de su porvenir, y la realización de sus aspiraciones.

La referida excepción, contenida en el artículo 8º del proyecto de Tratado, ha gustado mucho al señor Ministro del Líbano, porque el establecimiento de preferencias aduaneras exclusivas entre los Estados Arabes constituye también una aspiración muy fuerte entre dichos Estados, que están resueltos a llevar a cabo entre sí, esa política económica de unidad y colaboración.

Legitimidad de las preferencias aduaneras Hispanoamericanas y Arabe.

No solamente en el proyecto de Tratado se estipula la excepción extraordinariamente importante, relacionada con las preferencias aduaneras hispanoamericanas y árabe, sino que, en el artículo 10, ambos Estados contratantes reconocen expresamente la necesidad que existe, tanto para los Estados de la América Hispánica, de una parte, como para los Estados Arabes de la otra, de constituir un mercado interno suficientemente vasto que les permita desarrollar su industria, y aumentar su comercio recíproco, mediante el establecimiento de un sistema económico de preferencias aduaneras, comerciales y marítimas, y dejan constancia de que dicho sistema preferencial es legítimo cuando se trata de Estados unidos por vínculos estrechos nacidos de la comunidad de origen y de cultura. Se comprometen, además, a llevar a cabo negociaciones con los demás Estados del mundo, a fin de obtener que dicho sistema preferencial sea considerado como una excepción razonable y legítima a la cláusula del tratamiento de la nación más favorecida, comprometiéndose también, -y esto es muy importante-, a sostener ese principio en la Conferencia Internacional del Comercio y del Empleo convocada por el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas.

Como es bien sabido, va a reunirse, a principios del año entrante, una Conferencia Mundial del Comercio Internacional y del Empleo, con el objeto de estudiar los problemas del comercio mundial y crear un organismo que regule la cooperación internacional en esta materia, de acuerdo con los puntos de vista propuestos por el Gobierno de los Estados Unidos.

En dicha Conferencia, que tendrá, sin duda alguna, una importancia considerable, y cuyas decisiones repercutirán en la política económica de todos los pueblos y en su situación futura, se planteará necesariamente el problema de las uniones económicas regionales y de las preferencias económicas establecidas en ciertos países, como por ejemplo, la unión aduanera entre Bélgica, Holanda y Luxemburgo, las preferencias aduaneras en el Imperio Británico y las preferencias aduaneras entre los Estados Arabes y entre los Estados Hispanoamericanos.

Es lógico pensar, dados los antecedentes expuestos anteriormente, que los Estados Hispanoamericanos defenderán el derecho que les asiste para concederse preferencias aduaneras exclusivas, con el objeto de fomentar su comercio recíproco, y de mejorar su situación industrial. El Ecuador, como ya dije antes, sostuvo ese principio en la Conferencia Panamericana de Montevideo, y habrá de sostenerlo, sin duda, en esa Conferencia Mundial.

En tales circunstancias, es evidente que, si llegare a firmarse el Tratado proyectado con el Líbano, que podría extenderse luego a otros Estados Arabes, seguramente podría contarse, para la defensa del sistema preferencial hispanoamericano, con el apoyo del Líbano y de todos los pueblos árabes.

Así pues, en el proyectado Tratado, no tan sólo se establece (lo cual ya es de por sí sumamente importante) una excepción al principio de igualdad de tratamiento comercial en beneficio de los Estados Hispanoamericanos y Arabes, sino que también explica su fundamento económico y jurídico, y se asume la obligación de defender la legitimidad de esa excepción.

Obsérvese, para terminar con este punto, que la preferencia de que se trata en los artículos 8º y 10º, no se refieren solamente al comercio, sino también a la navegación. Existe, en efecto, una preferencia en la navegación, como existe una preferencia en el comercio. La preferencia en materia de navegación nos permitirá establecer y desarrollar una poderosa marina mercante Hispanoamericana, liberándonos así, en parte siquiera, del cuasi monopolio que, en materia de transportes marítimos, tienen, en nuestros países, las grandes potencias extranjeras. Este aspecto es de trascendental importancia para nuestro país, si se toma en cuenta el convenio últimamente suscrito en Bogotá para establecer una flota mercante Grancolombiana.

Excepción a la cláusula de la nación más favorecida basada en la reciprocidad de las ventajas concedidas.

El artículo 9º del proyecto de Tratado establece también otra excepción a la cláusula de la nación más favorecida: se trata de la excepción fundada en que el país que quiere gozar de las ventajas concedidas por un Estado a otro, debe conceder a su vez las ventajas especiales que ese otro Estado ha otorgado al primero para obtener tales ventajas.
Así, aplicando esa disposición, en caso de que el Ecuador o el Líbano otorgasen a un tercer estado ventajas especiales en compensación de otras ventajas recibidas de ese tercer Estado, el otro Estado contratante sólo podrá gozar de esas ventajas otorgadas al tercer Estado si acepta conceder compensaciones equivalentes a aquellas recibidas del tercer Estado. Se estipula que, en tal caso, es decir para el efecto de poder gozar de las mismas ventajas ofreciendo equivalentes compensaciones, se iniciarán negociaciones entre ambos Estados contratantes tan pronto como cualquiera de los Gobiernos lo deseare.

Concesión de créditos para favorecer el comercio.

Por el artículo 11º del proyecto de Tratado, ambos Estados contratantes se comprometen a concederse mutuamente los créditos necesarios que les permita conseguir medios de cambio internacional para facilitar los pagos y estabilizar el curso del cambio entre las monedas de los dos países, a efecto de favorecer el comercio recíproco.

Acción conjunta para mejorar las relaciones económicas mundiales. Equitativo ajuste de precios en el comercio internacional.

Por el artículo 12 del proyecto de Tratado, ambos Estados se comprometen a llevar a cabo en común una política económica tendiente a conseguir el mejoramiento de las relaciones económicas mundiales y el establecimiento de condiciones favorables para el progreso social y el bienestar de la persona humana, estipulándose que, para alcanzar esos objetivos, los dos países se comprometen a tomar medidas apropiadas encaminadas a obtener la expansión de la producción, del pleno empleo de la mano de obra, del cambio y del consumo de los productos, y a establecer el equitativo ajuste de los precios en el comercio internacional.

Este artículo constituye una de las disposiciones más interesantes del proyecto de Tratado, pues, en virtud de lo estipulado en él, el Líbano se compromete, implícitamente, a sostener, en la próxima Conferencia Internacional, la ponencia del Ecuador sostenida en la Asamblea de las Naciones Unidas, -en Londres, en febrero y marzo del presente año-, encaminada a conseguir que la referida Conferencia Comercial estudie la necesidad de establecer un equitativo ajuste de los precios en el comercio internacional. Cabe recordar aquí que esa ponencia ecuatoriana fue aprobada por todos los países miembros de las Naciones Unidas reunidos en Londres, exceptuando los Estados Unidos que alegaron que en las proposiciones hechas por ese país ya estaba incluido, implícitamente, el estudio del problema de los precios, problema que no debía, -según ellos-, ser objeto de una resolución especial.

La aludida ponencia del “equitativo ajuste de los precios en el comercio internacional”, fue considerada en Londres como una ponencia fundamentalmente importante, y con razón, puesto que en el actual desequilibrio de los precios en el comercio internacional (desequilibrio que sacrifica a la materia prima y favorece al producto manufacturado), reside el secreto de la injusticia económica que agobia al mundo, y hace que, mientras algunos países se enriquecen y capitalizan y sus masas trabajadoras ganan salarios de 6 a 10 dólares diarios, que les permite mantener un estandard de vida elevado, otros países como el Ecuador y los demás de Hispanoamérica (y como Líbano y los demás Estados Arabes), padecen miserias y no progresan porque los precios de los productos naturales y materias primas de nuestros países (y de los países árabes), son tan bajos, comparativamente, a los precios de las manufacturas de los países altamente industrializados, que no permiten pagar a nuestros trabajadores sino salarios míseros, lo que explica el estandard de vida bajísimo de nuestros pueblos y la pobreza fiscal de nuestros Estados, puesto que, en definitiva, el problema de los precios afecta a la riqueza global de los pueblos, y por tanto la de los respectivos Estados.

Esa situación de injusticia sólo se puede remediar organizando en el mundo el “equitativo ajuste de los precios en el comercio internacional”.

Relaciones culturales.

Los artículos 13º y 14º se refieren a las relaciones culturales entre ambos países, y en ellos se comprometen los dos Estados contratantes a adoptar medidas apropiadas para intensificar esas relaciones culturales, debiendo enseñarse la historia del Ecuador y de la América Hispánica en los colegios del Líbano y recíprocamente en los colegios del Ecuador, la historia del Líbano y de los Estados Arabes. Se prevé igualmente, el intercambio entre profesores y estudiantes de los dos países.

El artículo 14º se refiere especialmente al reconocimiento y a la validez de los diplomas otorgados por las autoridades nacionales de cada uno de los países, y el derecho que tales diplomas otorgan a los respectivos titulares para el ejercicio de las profesiones liberales, con la única obligación de presentar el diploma debidamente legalizado y establecer la identidad personal correspondiente.

Relaciones políticas.

El artículo 15º establece lo que podría llamarse una verdadera alianza moral entre el Ecuador y el Líbano, con el objeto de cooperar y ayudarse mutuamente en el mantenimiento de sus respectivas integridad territorial, independencia política y plena soberanía.

No se tarta de un compromiso por el que los Estados contratantes se obliguen a prestarse ayuda económica o militar, sino simplemente de la obligación que asumen ambos Estados de ayudarse mutuamente por medios pacíficos y diplomáticos, en el caso de que se produjese, respecto de alguno de ellos, la violación de algún derecho fundamental, debiendo tal cooperación y ayuda tener por objeto, únicamente, conseguir que el conflicto sea resuelto de acuerdo con los preceptos del Derecho Internacional.

En otros términos, el artículo referido establece la obligación de apoyarse moralmente, por medios pacíficos y diplomáticos, para que prevalezcan, en todo caso de violación del derecho de uno de los dos países, los preceptos del Derecho Internacional.

Esa alianza moral consta también en el artículo 16º, teniendo por finalidad, en este caso, establecer la cooperación y ayuda mutua entre los dos Estados contratantes con el objeto de alcanzar altas finalidades de orden internacional, con miras al progreso y al adelanto de la especie humana.

Es así como, en virtud del referido artículo 16º, el Ecuador y el Líbano se comprometen a cooperar y ayudarse mutuamente para que prevalezcan en el mundo la solidaridad humana; para el respeto de los derechos del hombre, inclusive el derecho al trabajo, especialmente mencionado en el artículo 4º del proyecto de Tratado; para promover el progreso social y elevar el nivel de vida de los seres humanos, y establecer condiciones de trabajo equitativas y justas; para lograr que impere la justicia internacional, y promover el progreso y desarrollo del Derecho Internacional Público y Privado y el respeto de sus normas; para el mantenimiento de la paz y de la seguridad internacionales y para que se tomen todas las medidas eficaces para evitar las guerras; para el respeto al principio de la igualdad de los Estados y de su Soberanía dentro del marco de la interdependencia mundial; para que sea respetado el derecho de los pueblos de disponer de sí mismos y, de manera especial, el derecho que tienen los pueblos unidos por vínculos culturales e históricos particulares, de cooperar estrechamente entre sí en lo político, económico, social y cultural y administrativo, y de constituir, al efecto, organismos particulares.

Todos esos principios de Derecho Internacional y de política internacional, se encuentran consignados, en similares términos, ya en el Convenant de la antigua Liga de las Naciones, ya en la Carta de las Naciones Unidas, ya en declaraciones internacionales y en resoluciones de Academias de Derecho Internacional, y han sido admitidas ya por la generalidad de los Estados, no obstante lo cual es conveniente vigorizarlos más, si cabe, insertándolos en convenios bilaterales como el proyecto de Tratado al que me vengo refiriendo.

Además, el artículo 16 encierra algunos conceptos por los cuales se amplían y precisan principios ya admitidos, como por ejemplo, cuando se incluye expresamente el “derecho al trabajo” entre los derechos del hombre, y cuando, al tratarse de los derechos de los pueblos de disponer de sí mismos, se destaca el caso especial de los pueblos unidos por vínculos culturales e históricos particulares, mencionando el derecho que les asiste a tales pueblos para “cooperar estrechamente entre sí en lo político, económico, social, cultural y administrativo, y de constituir, al efecto, organismos particulares”, derecho que ampara en forma directa tanto el caso de los pueblos hispanoamericanos, cuya solidaridad y estrecha vinculación es un viejo y perenne anhelo de los estadistas de nuestros pueblos, como el caso de los pueblos Arabes, que, -felices ellos-, han pasado ya la etapa del anhelo, para llegar al periódo de las realizaciones, como lo prueba el Pacto de Unión de los Estados Arabes a que me he referido anteriormente.

El artículo 17º prevé la solución arbitral, de cualquier desacuerdo que pudiere surgir entre el Ecuador y el Líbano.

Plazo de duración y denuncia del Tratado.

El artículo 18 fija en 10 años la duración del Tratado. En un Tratado de la naturaleza del proyectado, es preciso estipular un plazo suficientemente largo como para que las disposiciones del mismo puedan demostrar su bondad y producir los resultados favorables que se esperan.

Es interesante observar que, según el referido artículo 18, la denuncia del Tratado puede ser total, o solo parcial, denunciándose sólo una parte y dejando en vigencia todo lo demás. Esta disposición es importante, pues, en tratándose, como en este caso, de un Tratado general, que abarca aspectos sumamente variados de las relaciones entre ambos países, bien pudiera ocurrir que en un momento dado se llegase a considerar útil y conveniente denunciarlo en alguna de sus partes, en cuyo caso, hubiera sido lamentable tener que dejar sin efecto la totalidad del Tratado, en vez de simplemente denunciar aquellos artículos considerados inconvenientes, conservando vigentes las disposiciones favorables.

Relaciones de los Estados Hispanoamericanos con los Estados Arabes.

En las deliberaciones llevadas a cabo en la Asamblea de las Naciones Unidas, en Londres, en enero y febrero de 1946, los Estados Arabes pusieron de manifiesto un elevado espíritu de solidaridad y unidad, y demostraron reiteradas veces su decidida voluntad de cooperar con el conjunto de los Estados Hispanoamericanos.

Muchas veces tuvimos oportunidad, los Delegados Hispanoamericanos que concurrimos a la Asamblea de las Naciones Unidas, de apoyar a los Estados Arabes, en sus peticiones justas: y así mismo, numerosas veces tuvimos nosotros el apoyo decidido y eficaz de los Estados Arabes en nuestras ponencias y peticiones. Como ejemplo citaré el apoyo dado por los Delegados Arabes a la ponencia ecuatoriana relacionada con la necesidad de establecer un “equitativo ajuste de los precios en el comercio internacional”.

Estimo que gran provecho pueden sacar Hispanoamérica y el Mundo Arabe de una política de cooperación y de solidaridad entre ambos grupos de Estados, pues con los Estados Arabes no tenemos los Hispanoamericanos intereses contrapuestos, y en cambio existe entre muchos grupos de pueblos una natural simpatía originada quizás en raíces históricas comunes; aún más, nuestros intereses, en el campo de la política mundial, con frecuencia coinciden con los intereses de los Estados Arabes, como, por ejemplo, cuando se trata de la lucha contra el imperialismo y de la defensa de la integridad territorial, de la soberanía, y de la economía de nuestros pueblos, y de la necesidad de que se afiancen los grandes principios del Derecho Internacional.
La cooperación sincera y permanente de ambos grupos de Estados, los Hispanoamericanos y los Arabes, con amplitud de miras y generosidad de propósitos, podría constituir un factor altamente útil de equilibrio en el Mundo y de progreso humano, pues esa cooperación creciente estorbaría la actual tendencia de la política mundial de polarizar a los Estados en dos grandes bloques, formados respectivamente alrededor de Rusia y de los Estados Unidos.
La estructuración orgánica del Mundo Hispanoamericano y del Mundo Arabe, y la cooperación constante de ambos, destruirá esa polarización, y devolverá la confianza al Mundo, orientando la política internacional hacia la doctrina de la solidaridad universal fundada, -no en el equilibrio de las fuerzas antagónicas-, sino en el principio de la justicia para todos los pueblos.
Posibilidad de otros Tratados.
Seguro estoy de que podría fácilmente negociarse Tratados similares al que es objeto de este informe, con todos los demás países de la Unión de los Estados Arabes, especialmente con Siria y Egipto, así como también con muchos otros países Europeos, y especialmente con Yugoeslavia, Bulgaria, Bélgica, Holanda, Suecia y Noruega.
Al presentarle al Señor Ministro del Líbano, su Excelencia Señor Ahmed Bey Daouk, el proyecto de Tratado tantas veces mencionado, lo he hecho expresándole que tiene el carácter de un simple proyecto destinado a servir de punto de partida para el estudio de los distintos aspectos que presentan las relaciones entre ambos países. En consecuencia, podré, en su oportunidad, introducir en el texto propuesto por mí a su Excelencia, Señor Ahmed Bey Daouk, todas las reformas y cambios que Usted, Señor Ministro, tuviera a bien sugerirme.
El Excelentísimo Señor Daouk ha enviado a su Gobierno, el proyecto de Tratado, y seguramente pasará algún tiempo antes de que se me haga conocer los puntos de vista del gobierno del Líbano.
Soy del señor Ministro, muy atentamente,
Antonio Parra Velasco
Enviado extraordinario y Ministro Plenipotenciario del Ecuador en Francia.
Proyecto de Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre el Ecuador y Francia.
Mi padre presentó un proyecto de Tratado de Amistad, Comercio y Navegación al Gobierno de Francia, en el que de manera general contiene los mismos principios antes explicados por él. Vale resaltar las siguientes cláusulas, todas dentro del pensamiento de mi padre:
En el artículo 8 se establece, como excepción a la aplicación de la cláusula de la Nación más favorecida, que Francia “no reivindicará el beneficio del régimen preferencial establecido o por establecerse, en materia de comercio y navegación, entre el Ecuador y uno o varios Estados de la América Hispánica, Estados a los cuales el Ecuador está unido por lazos de interdependencia y de solidaridad nacidos de la comunidad de origen y de cultura.
En otras palabras, se trataba de que Francia aceptara lo que mi padre denominó como la excepción hispanoamericana y posteriormente, en el caso de Conferencia Económica Grancolombiana, la excepción Grancolombiana, posición que explicaba manifestando que “Ecuador, junto con otros Estados Hispanoamericanos, se viene esforzando porque los demás Estados del mundo reconozcan el derecho que les asiste a nuestros Estados para otorgarse preferencias aduaneras exclusivas de las que no puedan gozar los otros países en virtud de la cláusula de la nación más favorecida, como medio para desarrollar su comercio recíproco y, de incrementar sus industrias y de fortalecer sus economías.”
En el artículo 12 se estipula que para alcanzar los objetivos del convenio (principios económicos de interés mundial), “los dos países se comprometen a tomar medidas apropiadas tendientes a obtener la expansión de la producción, del total empleo de la mano de obra, del intercambio, y del consumo de los productos, y a establecer el ajuste equitativo de los precios en el mercado internacional.”
En el artículo 15 se pacta que “si sucediera que uno de los dos Estados sufriera menoscabo en sus derechos, podrá llevar ese hecho a conocimiento del otro Estado, el cual le prestará toda ayuda, por medios pacíficos y diplomáticos, a fin de que el conflicto sea resuelto de acuerdo con los preceptos del Derecho Internacional.”
Por último, en el artículo 16 del proyecto, Ecuador y Francia se comprometen también a cooperar y a ayudarse mutuamente para (a) hacer prevalecer la solidaridad humana; (b) alcanzar que los derechos fundamentales de la persona humana, inclusive el derecho al trabajo sin distinción de nacionalidad, raza o religión, sean respetados en todos los países; c) favorecer el progreso social, la elevación del nivel de vida y el establecimiento de condiciones de trabajo equitativas y justas; (d) hacer reinar la justicia internacional, para progreso del derecho Internacional Público y Privado; (e) y mantener la paz y la seguridad internacional. 

Comunicación a Don Carlos Julio Arosemena Tola, Presidente del Comité de Vialidad, de septiembre 9 de 1946


París, Septiembre 9, 1946

Señor
Don Carlos Julio Arosemena,
Presidente del Comité
Ejecutivo de Vialidad de
la Provincia del Guayas,
Guayaquil.

Señor Director,

De acuerdo con el cable de Usted, que acabo de recibir, he comunicado a la Societé de Construcción de Batignolies la llegada a Guayaquil del ingeniero Señor Basilio.

Me es grato enviar adjunto copia del contrato para la construcción del puerto de Rosario de Santa Fé, construido por la Sociedad de Construcciones de Batignolles, documento que he pedido a la referida Sociedad, y que le servirá a Usted, para que pueda orientarse en cuanto a la posible fórmula de contrato para la construcción del puerto de Guayaquil.

Aún cuando en dicho contrato figuran como contratistas otras personas y no la Sociedad de Construcciones de Batignolles, dicho documento contiene el convenio que sirvió para la construcción de dicho puerto por la Compañía de Batignolles, pues, generalmente, en esta clase de contratos, intervienen primitivamente empresarios que luego ceden el contrato a una Compañía y de financiar la obra, y de explotar el puerto.

En el caso del puerto de Guayaquil, es muy probable que la Compañía de Batignolles, una vez que haya hecho los estudios técnicos pertinentes, así como los relacionados con la parte financiera, organice una compañía especial para que tome a su cargo la financiación de la obra, cuya construcción técnica, es decir, cuya obra de ingeniería, estaría a cargo de la Societé de Construcción de Batignolles.

El estudio de este contrato será de gran utilidad a Usted, y al Comité de Vialidad, así como al abogado que intervenga por los intereses del Comité, para determinar lo que mejor convenga a los intereses de la ciudad de Guayaquil.

No necesito decir a Usted que me tendrá en todo tiempo a sus órdenes y a las órdenes del Comité, en caso de que una opinión mia al respecto pudiere considerarse de utilidad.

Como la Societé de Construcción de Batignolles necesitará, sin duda alguna, de alguna persona del Ecuador que represente sus intereses, y que le sirva de elemento de contacto con las personas del país y las autoridades del Gobierno, me he permitido recomendar para el efecto al Señor Clemente Morla, antiguo alto funcionario del Banco Central. La Sociedad de Batignolles me ha manifestado que va a cablegrafiar al ingeniero Basilio para que tome contacto con el Señor Morla, quien podrá servir con eficacia tanto los intereses del Comité de Vialidad, como los de la Compañía Batignolles, constituyendo un factor importante, no tan sólo la seriedad y prestigio de que gocen Don Clemente Morla, sino también su conocimiento del idioma francés y de los sistemas económicos imperantes en Francia.

Soy de Usted, Señor Director,

muy atentamente


Antonio Parra Velasco
Enviado Extraordinario y
Ministro Plenipotenciario del
Ecuador en Francia. 

París, 7 de Noviembre de 1946.

Nota reservada N° 4-1-45

Excmo. Señor Ministro de Relaciones Exteriores,
Quito.

Asunto: Proyecto de creación de un banco grancolombiano.

Señor Ministro;

En mi nota de 30 de Septiembre del presente año, hice conocer a Ud. los propósitos del distinguido economista francés, Señor Philippe Guignabaudet, encaminados a la fundación de un Banco Grancolombiano.

Ahora me complazco en remitir a Ud. el proyecto de Estatutos preparado por el aludido Economista, quien está dispuesto a trasladarse al Ecuador, para tratar personalmente de los problemas concernientes al referido proyecto, tan pronto como sepa que, en principio, el Gobierno del Ecuador está interesado, sin que la aceptación en principio signifique ninguna obligación por parte del Gobierno.

Como se trata de un proyecto de muchísima importancia, ruego al Señor Ministro que obtenga una pronta contestación del Ministerio respectivo. Un Banco Grancolombiano sería de una inmensa ayuda para la economía de nuestra Patria, ya que automáticamente tendríamos el respaldo de economías más desarrolladas y ricas, como son las de Colombia y Venezuela.

Soy del Señor Ministro,

muy atentamente.

Antonio Parra Velasco,
Ministro del Ecuador 


Perseguido político


París, 30 de Julio de 1947.

Excmo. Señor Ministro de Relaciones Exteriores,
Quito.

Asunto: Invitación del Ministerio de Educación Pública de Checoslovaquia para dictar conferencias en la Universidad de Praga.

Señor Ministro,

He recibido del Señor Embajador de Checoslovaquia en esta Capital, la nota cuya copia fotográfica incluyo a la presente, por la que manifiesta que el Ministerio de Educación Publica de esa República me invita a dictar dos conferencias en la Universidad “Carlos” de Praga, durante el mes de noviembre próximo, sobre temas de Derecho Internacional y Constitucional, debiendo ser Huésped del Ministerio aludido durante mi permanencia en Praga.

He contestado al Señor Embajador agradeciendo la invitación, y expresándole que acepto gustoso, en principio, sujeto a que Ud., Señor Ministro, se digne darme la autorización correspondiente, que tengo el honor a solicitarle.

Aprovecho de esta oportunidad para llevar a conocimiento de Ud. que, durante los meses de Febrero y Marzo del presente año, y atendiendo a la amable invitación de la Universidad de París, dicté dos conferencias en esta Capital, en el Instituto Hispánico de la Sorbona, acerca de los siguientes temas: “Formación de los Estados Hispanoamericanos” y “Bolívar y la Federación de los Estados Hispanoamericanos”.

Envío a Ud., adjunto, el afiche universitario en el que se anunciaban al público las referidas conferencias.

Soy del Señor Ministro,

muy atentamente,

Antonio Parra Velasco,
Ministro del Ecuador.

Invitación de Checoslovaquia, para dictar una conferencia

Embajada de la República de Checoslovaquia

París, 17 de julio de 1947

Señor Antonio Parra Velasco
Ministro Plenipotenciario del Ecuador
34 Avenue de Messone
París

Señor Ministro:

El Ministro checoslovaco de instrucción pública aprecia en alto grado su competencia en materia de Derecho Internacional, y estaría particularmente contento si usted tuviera a bien aceptar venir a pronunciar, en la Universidad Carlos de Praga, en el curso del semestre del año universitario 1947-1948, dos conferencias, la una sobre el Derecho Internacional, y la otra sobre la nueva constitución del Ecuador, teniendo en cuenta la evolución constitucional de América Latina.

Usted será, durante dos semanas, huésped del Ministro de Instrucción Pública.

Con ocasión de trasmitirle esta invitación, le ruego, señor Ministro, comunicarme su decisión y, en caso de aceptarle, indicarme la fecha que le agradaría efectuar el viaje. El Ministro de Instrucción pública se permite sugerir, como época más favorable, la segunda mitad del mes de noviembre próximo.

En espera de su contestación, y con mis agradecimientos, le ruego, señor Ministro, de aceptar las seguridades de mi alta consideración.

Embajador 

Nota 4-1-43 de julio 30 de 1947 (Ceremonia en honor a Bolívar)


París, 30 de Julio de 1947,
Nota 4-1-43
Excmo. Señor Ministro de Relaciones Exteriores
Quito.

Asunto: Ceremonia en honor del Libertador.

Señor Ministro,

Llevo a conocimiento de Ud. que, el día 24 de Julio, aniversario del nacimiento del Libertador, se llevó a cabo, en esta Capital, una importante ceremonia, al pie de la estatua de Bolívar, que se levanta en la plaza de la América Latina, en la porte Champerret.

La invitación a tal ceremonia la hacia el “Cuerpo Diplomático Hispanoamericano”, juntándose así, solidariamente, y sin distinciones, a todos los Representantes de los Estados Hispanoamericanos.

Se cumplió el programa previsto en a invitación, de la que envío a Ud., adjunto, un ejemplar.

Con esta ocasión tuve el honor de pronunciar el discurso cuyo texto acompaño, junto con la traducción al castellano.

También remito a Ud. un comentario que publica, el día de hoy, la revista “Carrefour”.

Soy del Señor Ministro,

muy atentamente
Antonio Parra Velasco,
Ministro del Ecuador. 

Discurso del Dr. Antonio Parra Velasco en homenaje al Libertador Bolívar, en el que se tocó el Himno a la Nación Hispanoamericana

Señor Presidente del Consejo Municipal de París,
Señores Embajadores
Señores Ministros,
Señoras y Señores,

Compatriotas de la América Latina:

Henos aquí congregados de nuevo ante Tí, ¡OH BOLIVAR!, para renovarte la expresión de nuestra gratitud por todo lo que, junto con San Martín y los otros Libertadores, hicisteis por nosotros, tus compatriotas, al darnos Patria y Libertad, y por todo lo que sigues haciendo por el milagro de tu espíritu vivo entre nosotros, por la obra de tu clarividencia de hombre de Estado, por tu ejemplo, y por el nombre glorioso que nos has legado, porque tu gloria, OH BOLIVAR, nos protege todavía, esa gloria tuya que, según la profecía de Choquehuanca, “crece a medida que pasa el tiempo, como crecen las sombras cuando el sol declina…”

Henos aquí de nuevo congregados ante Tí, acompañados de nuestros amigos franceses, que han querido participar de nuestra emoción y honrarte, ellos también.

Ellos son los descendientes y continuadores de esos filósofos que poniendo a un lado los dogmas de la autoridad tradicional y discutiendo la legitimidad del poder público, establecieron el principio de la soberanía nacional, -derecho de los ciudadanos para estructurar el Estado y derecho de los pueblos a la independencia-, poniendo así en marcha una de las fuerzas espirituales más poderosas de nuestros tiempos.

Son los herederos de esos hombres de 1789 que hicieron vivir ese principio, en la sangre que fecunda, contra los Reyes coaligados, las armas en la mano, a los acordes de la Marsellesa, principio que fué también el Tuyo, y que hiciste triunfar en nuestras tierras hispanoamericanas, después de veinte años de lucha tenaz, encarnizada, sublime…

Son los hijos de esos franceses que tu conociste en el París hirviente de 1804 –(acuérdate: el dulce semblante de tu prima Fanny Du Villars, tu emoción el día de la coronación…)- de esos franceses altivos guerreros, soldados del “Hombre predestinado” que “absorbía en su destino, el destino del genero humano” y que César todopoderoso, “recorría la tierra con sus veteranos, mientras los Alpes se agachaban bajo su marcha tonante, y el Nilo, y el Rhin y el Tiber y Austerlitz radiante” y que cumplía su destino despertando los pueblos dormidos, regando por Europa, a su manera, la semilla revolucionaria, haciendo surgir nuevas nacionalidades a picotazos de sus águilas imperiales, mientras “pueblos innumerables, esperaban posternados bajo nubes sombrías, que el Cielo dijera Si, sintiendo temblar bajo sus plantas los Estados centenarios, y contemplando el Louvre rodeado de rayos, cual un monte Sinaí…”

Ese tiempo épico fue también, -Oh misterioso paralelismo de vidas gloriosas-, aquel en que Tú del otro lado del Océano, fiel a tu destino, luchabas, en nombre de la soberanía del pueblo, por la independencia de nuestra Gran Patria...

Tú también, César-Libertador, César todopoderoso, tú recorrías la tierra con tus veteranos, mientras los Andes se agachaban bajo tu marcha tonante y atravesaban mil veces el Orinoco, y el Guayas, y el Magdalena, triunfando en Carabobo, Boyacá y Junín, contemplando desde el Alto Chimborazo, donde se hiela el mismo frío, las aguas verdes del inmenso Amazonas…

Tú también despertabas pueblos adormecidos, regando la semilla fecunda de la soberanía popular, haciendo surgir nuevos Estados, los Estados de la Nación Hispanoamericana a picotazos de tus águilas libertadoras, mientras pueblos innumerables, libertados del temor, sintiendo temblar bajo sus plantas un orden centenario, te contemplaban pasar en rayos envuelto, Angel Libertador!…

Por la libertad luchaste resueltamente, tenazmente. La quisiste digna, elevada, pura, con orden, sin mezcla de demagogia o de anarquía. Demócrata verdadero, tú no querías la libertad solamente para tu Patria: la querías para el mundo todo. Aun la libertad de la misma España contra la que te rebelaste, te interesaba , y soñabas con llevar tus armas victoriosas a la Madre Patria, para libertar a nuestros hermanos españoles.

La fraternidad tu la sentías en el fondo de tu corazón; no solamente la proclamabas en el seno de la Patria, sino que también querías que reinase en todo el Universo: tu profundo sentido de fraternidad humana te hizo concebir la idea grande de reunir en Panamá un Congreso universal de Naciones para estudiar los problemas de la paz y de la guerra.

Al luchar por nuestra Patria en nombre de la libertad y del derecho, permanecías fiel a las nobles tradiciones de la raza hispánica, la que supo siempre defender con orgullo su libertad nacional, la de los fueros y de las libertades públicas, la que solía decir, arrogante, a los Reyes: “Cualquiera de nosotros vale tanto como Vos, y todos juntos, más que Vos”, la que dió al mundo hombres como Suárez, Vittoria, Unamuno y tantos más…

Y es porque, siendo hombre de tu pueblo y de tu tiempo, tu supistes hacer vivir, heroicamente, ideas eternas, patrimonio de los hombres libres de todos los tiempos y de todos los países, por que tú eres hombre universal, honor de la especie humana que nuestra Gran Patria Hispanoamericana, ¡OH BOLIVAR!, realice por fin su unidad, como era tu ardiente voluntad, como lo quisieron todos los libertadores, para que Ella se presente ante el mundo, como es en verdad, grande, generosa, fecunda, lista a darle al Universo el aporte de su cultura, de su emoción y la fuerza de su cooperación en todos los órdenes de la actividad humana, ayudando así a crear una Humanidad solidaria, más noble y más feliz!…

La reseña del discurso de mi padre, con ocasión del homenaje que París rindió al Padre de la Patria, del periodista Carlos Deambrosis Martínez, titulada “París rinde culto a Bolívar, dice entre otras cosas:

“Este año, efectivamente, hemos vuelto a movilizar a nuestros amigos franceses y a los hispanoamericanos de París congregándolos, una vez más, en la Plaza de la América Latina. El año pasado, el acto preparatorio de la re-inaguración de la estatua había estado a cargo, oficialmente, del Municipio de París y presidido por el jefe del Gobierno de Francia. Este año como era natural, fué el cuerpo Diplomático Hispanoamericano que asumió la responsabilidad de esta manifestación a Bolívar , adhiriéndose a ella el Ayuntamiento de París, que puso a nuestra disposición toda la maquinaria oficial francesa para poder llevar a cabo el grandioso homenaje…

La ceremonia fué presidida por el Sr. Henri Vergnolle, presidente del Concejo Municipal de París, que en 1946 había leído un profundo ensayo sobre la personalidad de Bolívar y que este año improvisó un conceptuoso discurso sobre el genio político del Libertador, evocando de paso a los demás héroes de América, como San Martín, O’Higgins, Artigas, etc, y saludando la presencia, entre los jefes de misión que estaban sentados en primera fila, del Embajador de los Estados Unidos, signo evidente de la perfecta unión que existe actualmente entre todos los pueblos de América. (Nos complacemos en señalar que asistían también el Embajador del Brasil y el Ministro de Haití).

El Dr. Fernando Londoño y Londoño, ex canciller de Colombia y Embajador acreditado en Francia, pronunció una inspirada alocución exaltando la obra cumplida por el hombre extraordinario que libertó cinco pueblos con su novel espada de ciudadanos en armas y fundó otras tantas naciones el troquel de su genio.

El Dr. Antonio Parra Velasco (Ministro en Francia) pronunció luego en francés un elocuente discurso, muy apreciado no sólo de los hispanoamericanos, sino también de las personalidades francesas y del pueblo de París que se había congregado ..muy numerosos… en los aledaños de la plaza de la América Latina:

La gran sorpresa y la gran curiosidad del acto fué el Himno a la Nación Hispanoamericana (palabras y música del Ministro del Ecuador, Dr. Parra Velasco) tocado magistralmente por la Banda de Música del Ejército del Aire, bajo la batuta del Comandante Clerisse.

El profesor Raymond Ronze, de la Sorbona, Director del Grupo de las Universidades y Grandes Escuelas de Francia para las Relaciones con la América Latina, hizo la glosa de esta obra musical…”que será tal vez mañana, dijo, una Marsellesa de los pueblos hispanoamericanos”.

“La Marsellesa, declaró el profesor Ronze, es hoy nuestro himno nacional. Es también el canto de esperanza y de aliento en la lucha de todos los oprimidos, de todos los pueblos que aspiran a la libertad. Es el himno universal que Francia ha dado al mundo. Hoy, 24 de Julio de…….. 164°. Aniversario de Bolívar, en París, capital de la Latinidad, va a tomar su raudo vuelo un himno a la unidad y a la fraternidad de la América Hispana…”

Antes de que la Banda del Ejército del Aire diera a conocer los primeros acordes del himno, el profesor Ronze tradujo las palabras para que los franceses las comprendieran, y que nosotros transcribimos a continuación en su texto original español, del autor, Dr. Parra Velasco:

Patria Grande, esperanza del Mundo,
Una y grande te habremos de hacer!
Una y grande,
Una y fuerte,
Toda unida por siempre serás!
Que te agiten tu sabana,
Tu pampa y tu montaña
Y tu mar,
Y tus hombres en legión,
Llegó el momento sagrado de la unión!….
Para vivir, hay que ser fuertes,
Para vivir, hay que luchar,
Unión o muerte,
es nuestro grito triunfal!
Toda la Patria ya vibra,
Resuelta a forjar la unión,
Pueblos hermanos formamos
Una sola Nación!
Una sola Nación!…

Este himno a la Nación Hispanoamericana fué oído religiosamente, con el mismo fervor como se había escuchado, al principio de la ceremonia, La Marsellesa. Al entonarse las primeras estrofas de este canto triunfal que por primera vez se interpretaba y vibraba en París y en el mundo, el Presidente Vergnolle, el Prefecto del Sena, todos los embajadores hispanoamericanos y el de los Estados Unidos, se pusieron espontáneamente de pie, consagrándose así, oficialmente, en la capital francesa, el 24 de Julio de 1947, a las 18 horas, el nacimiento del Himno a la Nación Hispanoamericana!. 

Durante su estadía en Francia como Ministro Plenipotenciario, pronunció una charla en la Escuela de Altos Estudios Internacionales, invitado por el profesor doctor Cleque, en la que trató sobre Hispanoamérica y el Ecuador en la comunidad mundial de naciones.

Conforme a las notas de mi padre, manifestó que deseaba aprovechar esa ocasión para decir algunas palabras a propósito de la América Hispánica –que ustedes llaman América Latina, decía-, de sus políticas con Francia, y del rol que están llamadas a jugar en la Organización Internacional, en el desarrollo de la sociedad internacional.

Ello nos permitirá, al mismo tiempo, -continúa-, considerar un caso donde se demuestra como se relacionan en ellas, las raíces del derecho y de la sociología.

¿Qué es la América Hispánica, para las nuevas generaciones de países que la constituyen?, se pregunta.

Resalta, en primer lugar, que en el continente americano hay cuatro grupos humanos bien distintos, con poblaciones que habitan los territorios que conservan aún su statu colonial: el primer grupo es la América anglosajona, es decir los Estados Unidos que constituyen una federación de tipo natural unificada; el segundo grupo es la América de origen frances, es decir Canadá; en tercer lugar está la América de origen portugués, es decir Brasil, que también constituye una nación unificada bajo la forma de un Estado Federal; y por último, la América Hispánica, que todavía no ha logrado su unidad natural, y que se presenta todavía dividida en veinte Estados independientes los unos de los otros (no obstante que su origen sea el mismo, así como su idioma, su religión, su cultura y sus costumbres).

¿Cuál es, para las nuevas generaciones, el estatu jurídico de esta América Hispánica?

Deseo decirles, en pocas palabras, las inquietudes espirituales y políticas de este último grupo humano, al que pertenece el Ecuador, es decir de esta América Hispánica, que, para las nuevas generaciones, no constituye más que una sola nación, todavía dividida en Estados independientes.

Desde las guerras de la independencia hasta el presente, estos Estados no han tenido conciencia de su unidad, y han actuado en la vida internacional como si fueran, los unos frente a los otros, Estados extranjeros. Se han hecho la guerra y el resultado de esa desunión ha sido que han perdido, entre todos, grandes extensiones de territorio, vías interoceánicas, islas y posiciones estratégicas, y que no tienen todavía, en la vida internacional, el rol que debería corresponderles, por el hecho de su cultura, de su historia, y por el alto grado de su civilización.

No tenemos más de un siglo de conciencia de nuestra unidad, pero en el presente, ¿es el mismo estatus que nos domina? No, y eso debe saberlo Francia para orientar su política internacional futura. No, no pensamos más –al menos las nuevas generaciones de la América Hispánica-, no pensamos más que cada uno de nuestros países constituímos un Estado nacional, diferente de los otros Estados Hispanoamericanos.

Pensamos, por el contrario, que todos nuestros Estados constituyen una sóla nación, todavía no unificada, y que ellos están unidos por vínculos profundos de la historia, de un origen común, del idioma, de la religión y de la cultura.

Y es la sociología, la que nos ha ayudado a comprender la verdadera naturaleza de unión, y es sobre estos dominios que estamos en constituir un sistema jurídico, -el derecho de nuestro grupo social-, puesto que toda sociedad tiene su derecho.

Somos, en efecto, una nación, en sentido sociológico de la palabra, es decir en sentido profundo, en sentido humano, en sentido natural, yo diría biológico de la palabra. Hablamos el mismo idioma, tenemos el mismo origen, el mismo fenómeno histórico que dio nacimiento a nuestros Estados, la misma es nuestra religión, las mismas son nuestras ideas políticas y sociales, las mismas nuestros vicios y nuestras virtudes, y el mismo será nuestro destino.

Hemos comprendido, al fín, que la nación teniendo una función esencialmente generadora, ocurre a veces que del mismo lugar natural surge, nace, no un solo Estado, como ocurre generalmente, sino varios Estados al mismo tiempo, y que es el caso de nuestros países, que, por el hecho del régimen colonial español, no pudieron constituir en el primer momento de la independencia, una sola unidad política, pero que están en trance de formar esta unidad.

De esta realidad sociológica, hemos desarrollado, como les he dicho, un sistema jurídico especial, del que las consecuencias son muy importantes.

Decimos, si, sociológicamente constituimos una sola nación, si todos nuestros Estados deben su existencia al mismo medio natural, en el que todos tienen su sabia espiritual, significa que están unidos por un vínculo que les da el derecho especial y les impone deberes especiales, por un vínculo de naturaleza jurídica, que se impone a ellos.

En otras palabras, los Estados de la América Hispánica están unidos, entre ellos, por un vínculo jurídico especial que los hace solidarios para defender sus intereses materiales y morales de la nación que constituyen.

La nación hispanoamericana existe, y por tanto ella tiene derecho de vivir y el derecho de unificarse, y el derecho de defender solidariamente su territorio, común de todos los Estados que la constituyen; la común cultura, los intereses económicos comunes.

Y esas ideas, no sólo viven ya en la emoción de los pueblos, sino que pertenece a los dominio del derecho positivo.

Corresponde al Ecuador el honor de haber aceptado, el primero, esas ideas en su constitución [artículo 7] conforme el cual el Ecuador, en la comunidad mundial de naciones, colaborará especialmente con los otros Estados de la América Hispánica, a los cuales está unido por vínculos de solidaridad e interdependencia, nacidos de la comunidad de origen y cultura, para la defensa de sus intereses comunes, territoriales, económicos y culturales, podrá, en consecuencia, formar con esos Estados, con uno o con varios de ellos, asociaciones que tengan por objeto la defensa de sus intereses.

Este artículo proclama la existencia de la nación hispanoamericana. Es el pensamiento de Bolívar, que quería confederar nuestros países para salvarnos de los grandes imperios.

Nuestra constitución saca de ese principio bellas consecuencias, como por ejemplo, en materia de nacionalidad, declarando, en el artículo 12, que todos los hispanoamericanos serán considerados, en el Ecuador, como ecuatorianos, sin perder su nacionalidad propia, lo que quiere decir que la nacionalidad, en América Hispana, es una sola desde México hasta la República Argentina.

Es necesario que en Francia se conozcan estas cosas, puesto que la nación francesa no debe desarrollar su política internacional sin considerar esta verdad esencial: La América Hispánica trabaja por su unidad, y en ese esfuerzo debe ser ayudada, puesto que tienen sólidos vínculos de orden espiritual y morales, que unen esos países con Francia, y es en su interés, que sus amigos sinceros, que la han amado de una manera desinteresada y que pertenecen, como ella, a la misma civilización latino, que se fortalezcan por la unión.

Pensemos cuánto esos países de la América Hispánica, una vez unidos, pueden pesar en el destino del mundo, y por el bien de la humanidad, en tanto que unidos con Francia en una misma política internacional de justicia y de fraternidad.

No debemos aceptar las asociaciones fundadas sin la geografía, que quieren lanzar los continentes unos contra los otros; debemos constituir asociaciones que tengan por fundamento los vínculos culturales y espirituales, en beneficio de la especie humana 

La Universidad de París, atenta a los problemas de Nuestra América, había invitado al doctor Antonio Parra Velasco, eminente jurista y escritor, cuya actuación como Delegado del Ecuador en la Primera Conferencia General de la Unesco no pasó inadvertida en los círculos universitarios franceses, para que dictara un cursillo en la Sorbona.

Las puertas del Instituto Hispánico se abrieron de par en par, el 27 de febrero pasado, para recibir con gran deferencia y manifiesta simpatía al Dr. Parra Velasco, Ministro del Ecuador, catedrático de su Universidad y profesor de la Sorbona por una tarde, para sustentar su primera lección que giró sobre “La formación de los Estados Hispanoamericanos”.

No fue una conferencia como tantas otras que hemos escuchado en los distintos anfiteatros sorbónicos en el curso de nuestros veinte años de París. Ante una sala llena de profesores y estudiantes franceses y en presencia de todos nuestros Embajadores y Ministros hispanoamericanos que quisieron testimoniar su admiración y su simpatía al colega ecuatoriano, el profesor G. Delpy, Director del Instituto Hispánico, inauguró oficialmente el curso del Dr. Parra Velasco, haciendo destacar la importancia y la significación del tema que había escogido el conferenciante, acto seguido, el profesor R. Ronze, Director del Grupo de las Universidades Francesas para las Relaciones con la América Latina (catedrático de Historia Americana en la Sorbona), presentó al auditorio la personalidad del notable huésped de la Universidad de París.

Desde las primeras palabras del Dr. Parra Velasco, los maestros y los estudiantes de la Sorbona se dieron cuenta de que los conceptos vertidos por el profesor Ronze, correspondían exactamente a los merecimientos y autoridad del conferenciante.

Durante una hora de reloj, y utilizando como material de trabajo visual, un mapa de toda América, que colgaba de un pizarrón, lo que puso al auditorio inmediatamente, en el clima moral y geográfico del tema, el profesor ecuatoriano, con un dominio absoluto de su idioma francés, con un verbo fácil, elegante y preciso, tuvo subyugado a sus oyentes, disertando con tonalidad de gran orador, sin consultar una nota, maestro insuperable como ensayista y como divulgador.

La conferencia.- El doctor Antonio Parra Velasco comenzó exponiendo la importancia del tema, para bien comprender como se constituyeron los nuevos Estados, su solución política y económica posterior, algunos aspectos de la política internacional que siguen, y aún para bien entender algunos hechos de la vida internacional contemporánea.

“Los Estados Hispanoamericanos, no se constituyeron como consecuencia de las guerras de la Independencia. Los Estados ya estaban constituidos desde mucho antes. Lo que hizo la independencia fue liberar los Estados que ya existían y que se habían constituido, en un lento proceso formativo, durante los tres siglos de la vida colonial, permitiéndoles, así, ejercer libremente sus funciones propias y su plena soberanía, dentro de los límites territoriales respectivos”.

Este proceso formativo -agregó- tuvo al estructurarse cada Estado dentro del molde del sistema político-administrativo colonial”.

Explicó luego el diplomático y profesor ecuatoriano, en detalle, el proceso formativo de nuestros Estados: El funcionamiento del sistema político-administrativo colonial, la división territorial de la América Española antes de la Independencia, Virreynatos, Capitanías Generales y Audiencias, con sus límites, su historia y las funciones de los organismos coloniales, destacando la importancia de las Audiencias como células territoriales de los nuevos Estados, refiriéndose continuamente y de preferencia a la Audiencia de Quito, origen del Ecuador”.

Explicó, en fin, el Dr. Parra Velasco, en un trazado luminoso de historiador, lo que habían sido el Consejo de Indias y la Casa de la Contratación de Sevilla, y terminó su examen del aspecto “político” del problema resumiendo las características esenciales del Sistema colonial, subrayando las graves consecuencias que se derivaron de la circunstancia de haberse encontrado en España, y no en América, el centro de la administración colonial, lo cual no permitió que se estableciera, en territorio hispanoamericano, un potente foco polarizador de la Unidad de nuestros pueblos: la capital del mundo hispanoamericano colonial no estaba en América sino en Europa”.

El conferenciante se refirió más adelante al sistema económico colonial, poniendo de relieve la equivocada política de la Metrópoli, ya debido al exclusivismo comercial en su favor, ya por el aislamiento económico recíproco de las Colonias, lo que permitió crear lo que el Dr. Parra Velasco llamó “una economía Intracolonial”, y por la rígida reglamentación a que se encontraba sometido el comercio entre España y América, por medio de la institución llamada -como ya se dijo. la “Casa de la Contratación de Sevilla”.

El brillante orador hizo alusión, acto seguido, a las grandes distancias que alejaron también a las Colonias las unas de las otras, coadyuvando así a la creación de verdaderos Estados distintos, realidad que encontraron nuestros Libertadores y que se vieron en el caso de respetar, lo cual explica, según la tesis y la teoría del conferencista-, que nuestros Próceres se sentían obligados a contar, en el desarrollo de su política internacional, con la voluntad de esas Entidades Estatales ya diferenciadas”.

Citó el autor, sobre este punto, varias frases de Bolívar.

Con un conocimiento profundo y analítico del tema, el Dr. Parra Velasco estudió el proceso formativo de la Unión Norteamericana y de los Estados Unidos del Brasil, dilucidando las razones por las cuales “las Colonias inglesas y portuguesas habían logrado su Unidad, lo que no pudo ocurrir en Hispanoamérica”.

Continuó el Ministro del Ecuador estudiando, en detalle, cómo se habían formado cada uno de los actuales Estados de nuestra América. Al evocar a México recordó que había perdido extensos territorios en la guerra con los Estados Unidos; al relacionarse con los virreynatos de Nueva Granada y del Perú, aprovechó para comentar brevemente las razones por las cuales Bolívar, no obstante haber sido el apóstol de la fraternidad hispanoamericana, se vio obligado a repeler el avance militar del Perú en las provincias del Sur, mencionando también los territorios ecuatorianos fundados en los que constituían la antigua Audiencia de Quito. Comentó el erudito catedrático la formación de Bolivia, la independencia del Uruguay y el problema paraguayo. Y no dejó en olvido el caso de Puerto Rico, cuya pronta independencia (todos ambicionamos y exigimos) era -dijo el Dr. Parra Velasco con el beneplácito y aplauso de toda la asistencia hispanoamericana. “una justa aspiración de ese pueblo hermano”.

Concluyó su luminosa conferencia el Dr. Parra Velasco, declarando que, si bien los tres siglos de la Colonia habían formado varios Estados en la América Hispánica, en cambio habían creado una sola Nación, puesto que nuestros pueblos estaban unidos por los vínculos de la lengua, la cultura, la historia, la tradición, la religión, etc.

Recordó, en este punto, varias frases de Bolívar, y afirmó que ese sentimiento común de nacionalidad había persistido durante toda la etapa de la vida independiente, y que ahora estaba cobrando nuevo ímpetu y nuevo vigor. Citó, como una prueba, los esfuerzos que se hacen en Hispanoamérica para fortalecer esos vínculos de unidad, mediante una nueva política económica, y nuevas medidas de acercamiento en el orden jurídico, político y cultural”. El diplomático ecuatoriano dio como ejemplos el reciente Tratado de comercio entre Chile y Argentina, la constitución de la flota Grancolombiana entre Ecuador, Colombia y Venezuela, los esfuerzos de coordinación de los Estados Centroamericanos, etc.”

Imposible sin taquigrafía y sin traicionar al autor, transcribir inextenso esta lucida exposición acerca de formación de los Estados hispanoamericanos, digna tesis del marco sorbónico en donde se desarrollaba con acentos vehementes de gran tribuno y de gran pensador. Anhelamos que el orador reconstituya su conferencia, esta vez en español, para ser divulgada- en forma de opúsculo- en todas las Repúblicas Hispanoamericanas y en Puerto Rico- en pro de cuya Independencia dejó oír su voz generosa, el Dr. Parra Velasco, en este laboratorio de la Justicia y del Derecho que es y ha sido siempre la Universidad de París.

“La Nación Hispanoamericana”, dijo para terminar su disertación el profesor de Guayaquil, “está en camino de realizar su unidad; y esa unidad constituiría uno de los hechos históricos más importantes del presente siglo”. “Esa Nación será una de las más grandes del Universo. Y será tal, como lo proclama el Libertador en su célebre Carta de Jamaica, “menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria”.

Gran Conferencia del joven filósofo del Ecuador, primera de su cursillo sorbónico, que continuará en este mes de marzo; notable e inspirada disertación del Dr. Antonio Parra Velasco, maestro del pensamiento americano, soldado del ideal de Bolívar, discípulo de Montalvo -de cuya figura habló. hace meses, desde una plaza de París, reinagurando su busto de bronce, hermano de Martí, de Hostos, de Vasconcelos y de Ugarte, y ciudadano de nuestra América Hispana, una e indivisible.

París, marzo 1.947

Carlos Deambrosis-Martins. 

Las autoridades de ocupación sólo autorizaron salir a 68 personas(lista A), y 47 personas quedaron pendientes de resolución (lista B). A 23 personas (lista C) se les rechazó la salida.

Algunas familias de repatriados llegaron a París sin medio alguno. Fueron ayudados por mi padre con su propio peculio, y alojándolos a unos en un cuarto de nuestra residencia, y a otros en las oficinas de la Embajada, proporcionándoles alimentación. Tal fue el caso de las familias Klier (Doña Carmelina Bautista de Klier, sus tres hijos y su marido) y Moeller (Doña Alicia Freile de Moeller, Helmunt, Ilse, Werner, Heinz y Hortes Moeller Freile, este último nacido en Dresden)

Repatriación de Ecuatorianos residentes en Alemania.

Uno de los problemas más difíciles fué que el Gobierno de los Estados Unidos decidió no conceder VISAS DE TRANSITO para las mujeres ó hijos de personas deportadas del Continente Americano durante la guerra, y que, por tanto, tenían que regresar al Ecuador SIN TOCAR ese país, ( por la Argentina, ó directamente) lo que en esa época era prácticamente imposible.

Al fin se logró en envío de algún fondo para repatriar a los ecuatorianos. El gobierno envió $ 2.962,96 pero sólo para los pasajes de los señores Alicia Freile de Moeller Martínez e hijos y Carmen Amelia Bautista de Klier e hijos, insistiendo que con los fondos situados sólo se podrían atender la repatriación de ecuatorianos por nacimiento, y no a los respectivos cónyuges de las referidas señoras.

Mi padre repartió los $ 2.962, entre fondo de $ 1692 a la familia Moeller Freile y $ 1270 a la familia Bautista-KLier, en razón que los Moeller tenían más necesidades.

En nota 4-1-8, de marzo, de 1947, mi padre informa sobre su gestiones realizadas en Alemania para facilitar el regreso al Ecuador de los ecuatorianos y de los Alemanes antiguos residentes.

Resumo algunos párrafos de esa extensa nota:

En Munich me entrevisté con la Srta. Margaret Wiesender, “Repatriation Officer” en el campo de la UNRA, de Funk Caserne, quien ha tenido, hasta hace varios meses, el trabajo de organizar la repatriación de los Latinoamericanos residentes en el aludido campo.

Me informó la Srta., Wiessender que todos los componentes del llamado “grupo Ecuatoriano” organizado por el Sr. Gustavo Moeller Martínez habían sido obligados a abandonar dicho campo de la UNRA, por haber considerado las autoridades norteamericanos, primero, que la mayoría eran alemanes antiguos residentes en el Ecuador, y segundo, porque no se trataba propiamente de personas “desplazadas” (que hubiesen sido obligadas a abandonar sus hogares por causa de la guerra), sino de personas que voluntariamente se habían establecido en Alemania antes, o durante las hostilidades.

No me fué posible visitar a los miembros del “grupo Ecuatoriano” por encontrarse regados en varias ciudades y pueblos de la Baviera, ya porque la finalidad de mi viaje era la de tratar con las autoridades para conseguir los permisos de salida, ya porque todas las personas pertenecientes al aludido “grupo” tienen, desde hace tiempo, los pasaportes y certificados de viaje, remitidos desde París. Creí conviene por tanto, seguir viaje enseguida, como en efecto lo hice, dirigiéndome a Frankfort y Berlín.

Estadía en Berlín.– Fui recibido en Berlín por el Sr. R.W. Benton, Consejero Político del Gobierno Americano, y le manifesté cual era la misión que me llevaba, a saber: la de obtener que se autorizara a la brevedad posible, la salida de Alemania, de los Ecuatorianos y de los Alemanes “antiguos residentes” en el Ecuador.

Le expresé al Sr., Benton la extrañeza del Gobierno por la demora que existía en resolver favorablemente todas las solicitudes hechas, lo que era sensible, ya por haber transcurrido dos años desde el final de las hostilidades, ya por la situación deplorable en que se encontraban las familias interesadas. Le expuse igualmente, mi deseo de estudiar con él la lista de las personas residentes en zona americana de ocupación, caso por caso, para poder así precisar la situación de cada persona de las que constan en el “grupo Ecuatoriano”.

Se negó el Sr. Bentón a estudiar caso por caso, y de considerar nombres concretos, limitándose a discutir el asunto, de manera general, y expresándome los siguientes conceptos:

1) Por convenio entre las autoridades de ocupación, ninguna persona, -cualquiera que sea la zona en que resida-, puede ser autorizada salir de Alemania sino mediante autorización conjuntamente otorgada por el “Combined Travle Board”, comité que funciona en Berlín;

2) Cada persona interesada en salir de Alemania, debe de hacer una solicitud individual a las autoridades de la respectiva zona. Estas, junto con su criterio, someten la resolución al “Combined Travel Board”.

(Claro está que si las autoridades militares de la Zona respectiva se oponen a la salida, el otorgamiento del permiso es imposible)

3) Las autoridades de ocupación han convenido en que a ninguna persona de nacionalidad alemana se le concede permiso para salir de Alemania, hasta nueva disposición.

4) Los extranjeros pueden salir de Alemania, siempre y cuando las autoridades los consideren libres de toda acusación de haber ayudado a Alemania en la guerra en una ú otra forma.

5) Muchas personas, que pretenden ser extranjeras, en verdad poseen doble nacionalidad, siendo una de ellas la alemana. En estos casos, se considera que prevalezca la nacionalidad alemana.

6) Cuando lleguen a Berlín las solicitudes individuales de las personas que constituyen el “grupo Ecuatoriano”, estas serán estudiadas debidamente para su resolución.

Indique al Sr. Benton mi extrañeza de que no existiera, en las oficinas del Gobierno Americano de Berlín, la lista de las personas por cuyo retorno se interesa el Ecuador, pués la Embajada del Ecuador en Washington había recibido seguridades del Departamento de Estado de que recomendaría el asunto a las autoridades americanas de ocupación, y le hice leer la comunicación fechada 6 de Marzo, dirigida al Sr. Navarro, por el SR. Albert E.Clattenburg, así como las listas acompañadas a esa comunicación, -documentos que me fueron remitidos desde Washington. Me contestó el Sr. Benton, que no había recibido instrucciones sobre ese asunto, y que lo expresado en tal comunicación no variaba en nada el problema.

También se refirió el Sr. Benton al caso del Sr. Gustavo Moeller Martínez, de quien dijo que tenían pruebas de que había pertenecido al partido nazi. Yo le pregunté si Moeller Martínez había aceptado esa acusación, Me contestó que no les interesaba a las autoridades saber si aceptaban ó no, – dándome así a entender que les bastaba su propio criterio. Mi pregunta tenía por objeto averiguar si se les había dado la oportunidad de defenderse de la acusación.

Terminó el Sr. Benton por pedirme que le dejara un memorándum relacionado con los casos en que tuviésemos mayor interés, lo cual hice mediante una comunicación en que insistí en el deseo del Gobierno Ecuatoriano de obtener, cuanto antes, la autorización de salida de las personas que consideraba como de nacionalidad Ecuatoriana. Insistí en el caso de los hermanos Miketta Mejía, de la Señora Francisca Vera Muñoz de Huettner y sus hijos, y de la Sra. Raquel Guillermina Aguilera Cevallos e hijos. También le dejé un memorándum acerca de las Señoras cuñadas del Sr. Robalino Dávila.

Estadía en Lemgo, Zona Británica.

En Lemgo fui atendido por el Sr. J. P. Walton, Jefe de la Sección de repatriación y emigración, persona sumamente culta y amable, quien me dio toda clase de facilidades para el cumplimiento de la misión por mi llevada.

Aceptó el Sr. Walton discutir conmigo, uno por uno, todos los casos de personas residentes en Zona Británica, y constantes en las listas del grupo Ecuatoriano, lo cual hicimos enseguida.

En términos generales, la posición inglesa en la materia es la siguiente:

1) No se permite la salida de Alemanes, aunque hubieren residido antes de la guerra en el extranjero, a menos que tengan familiares íntimos en los países a los que desean regresar: hijos, padres ó cónyuge. Si se encuentran en ese caso, se les permite regresar, siempre que no exista contra los peticionarios, cargo alguno, originado en sus actividades políticas durante el conflicto mundial.

2) A las personas que no son de nacionalidad alemana, se les permite salir, de manera general, siempre que no exista cargo alguno contra ellas.

En cuanto a los miembros de familia Ecuatorianos de los Alemanes cuya salida ha sido rehusada, (mujeres é hijos), sí pueden salir de Alemania, pero solos, sin los maridos y padres respectivamente. Los menores de diez y seis años, salen automáticamente con la madre respectiva, sin necesidad de autorización especial.

En general sugiere el Sr. Walton que, cuando se trate de casos en que el Gobierno tenga especial interés, es aconsejable que se gestione directamente por conducto del Foreign Office, ya que en la mayoría de los casos, las negativas para los permisos vienen directamente desde Londres.

El caso de los Alemanes, antiguos residentes en el Ecuador, es distinto del de los Ecuatorianos ó de los Alemanes con mujeres ó hijos actualmente residentes en el Ecuador: por regla general NO se autoriza su salida de Alemania, hasta nueva orden.
Quedé convenido con el Sr. Walton en guardar contacto epistolar para continuar tratando del asunto repatriación de Ecuatorianos, y me ofreció ayudar, en todo lo que estuviese en su poder, para lograr el regreso rápido al Ecuador de todos los Ecuatorianos, y de la mayor parte de los antiguos residentes, cuando esto fuere posible.

Desde Lemgo escribí numerosas cartas a muchas de las personas integrantes del “grupo Ecuatoriano” informándoles del resultado de mis gestiones, explicándoles lo que debían de hacer, y remitiendo nuevos certificados y pasaportes a aquellas personas que, por uno u otro motivo, no habían recibido todavía los que oportunamente les fueron enviados.
Terminadas mis gestiones en Alemania, he regresado a París.

Observaciones generales.

1) Respecto de los Ecuatorianos residentes en Zona Americana, considero que quizás es del caso emprender en una gestión enérgica, por intermedio de nuestra Embajada en Washington, para conseguir que se autorice su salida lo más rápidamente posible.

2) No creo que debemos aceptar que, en los casos de doble nacionalidad, las Autoridades Norteamericanas den preferencia a la ley alemana sobre la ley Ecuatoriana. Lo lógico parece ser que, si una persona és considerada Ecuatoriana por la Ley del Ecuador, ese criterio sea respetado por venir de un País que ha colaborado durante la Guerra y forma parte de las Naciones Unidas. Los Estados Unidos, cuando se trata de personas de doble nacionalidad una de las cuales és la Norteamericana le dan naturalmente preferencia a su propia ley, y proceden a juzgar como traidores a los Estados Unidos a aquellas personas que, por ser alemanes según la ley Alemana (hijos de Alemanes nacidos en Estados Unidos), han prestados servicios a Alemania durante la guerra. El mismo criterio debería ser aplicado cuando se trata de nacionales del Ecuador, según la ley Ecuatoriana. En algunos casos este criterio tendrá importancia en cuanto a la resolución del problema de la salida de Alemania.

3) Cuando se trata de Alemanes, – que sean ó no antiguos residente el asunto es diverso: no creo que tengamos derecho para exigir que se. No tengo aquí el texto de aquellos pactos, pero creo recordar que se contempló el caso de reingreso al Continente Americano por razones de “humanidad”.

4) Creo que también se podría considerar como un caso especial digno de una resolución más generosa, el de los Alemanes casados con Ecuatorianas y con hijos Ecuatorianos, aún en el caso de que la mujer y los hijos no se encuentren en el Ecuador sino en Alemania.

5) Creo que, igualmente, debe de pedirse una solución más generosa cuando se trata de Alemanes que no han salido del Ecuador por su propia voluntad son expulsados del país, por atender a petición de parte de los Estados Unidos, sobretodo cuando se trata de gentes que han observado toda corrección y no han hecho propaganda nazista.

6) El Sr. Benton me dijo que, antes de expulsar del Continente a los Alemanes que habían sido trasladados a los Estados Unidos, se les dió a escoger entre permanecer en campos especiales de ese País mientras durara la guerra y ahora es justo que se queden en ese País y no regresen a América. Parece ese razonamiento equivocado, pues es de pensar que muchos prefirieron regresar a su Patria, simplemente porque Alemania era su Patria y en Estados Unidos iban a permanecer internados, sin que esto quizás pueda considerarse razón suficiente para no permitirles el regreso a los países del Continente Americano.

7) Cuando se trate de casos en que existen acusaciones contra determinadas personas, Ecuatorianos ó antiguos residentes, creo aconsejable que se levante una información sumaria seria para demostrar si en verdad se trata de personas peligrosas, y en caso negativo, se podría pedir con más derecho, la autorización de salida de Alemania.

8) No es del todo exacto que las resoluciones de salida de Alemania se toman únicamente por la autoridad militar de ocupación. En realidad, las autoridades en Alemania siguen, en muchos casos, instrucciones que reciben del Departamento de Estado en Washington y Foreign Office de Inglaterra. Creo debe insistirse ante los respectivos Gobiernos, presionando insistentemente para obtener una resolución favorable en los casos acerca de los cuales no haya duda, en cuanto a la justicia de la causa.

Casos particulares.- Me ocuparé ahora de algunos casos concretos:

Roberto Miketta Mejía. Se lo considera de doble nacionalidad.

Hay que investigar en el Ecuador las causas de su ida a Alemania, y exigir el permiso de salida, en tanto que Ecuatoriano. Si se le acusa de algo, creo conveniente pedir una precisa determinación de los hechos que se le imputen. Debe ser tratado este caso individualmente, como en general todos los casos que sean objeto de reclamaciones especiales, para evitar que se eluda la respuesta.

Gustavo Moeller Martínez. Se le acusa de haber pertenecido al partido nazí. Convendría investigar hasta que punto sea esto verdad, y hasta que punto pueda este Señor haber renunciado a su nacionalidad Ecuatoriana, y la posible validez de esa supuesta renuncia. También entra en el grupo de las personas de doble nacionalidad. Si el Gobierno lo considera Ecuatoriano, debe gestionar su regreso, aun que fuese para someterlo, si fuere del caso, a las sanciones previstas por la Ley Ecuatoriana. Sin una gestión enérgica, – en caso de que el Gobierno estimare del caso…

Adolfo Klaere. Se encuentra en el caso de un Alemán cuyos hijos están en el Ecuador, y en tales circunstancias puede permitírsele la salida de Alemania. En tal virtud he pedido insistentemente que se autorice su regreso al Ecuador, y lo he recomendado con el mayor interés a las Autoridades. Espero poder obtener que salga pronto.

No quiero terminar este informe, Señor Ministro, sin referirme a un asunto de la mayor importancia: la situación angustiosa, trágica, de algunos Ecuatorianos en Alemania, que carecen en lo absoluto de medios de subsistencia. Han sido lanzados de los campos de la UNRRA (a lo que sin embargo hemos cooperado), por considerarse que no son personas “desplazadas” es decir, llevadas a Alemania por lo azares de la guerra. Y por otra parte carecen de medios para poder regresar al Ecuador. Se encuentran ahora en la más absoluta miseria, y perecerán en el próximo invierno si el Estado no los ayuda.

Yo creo, Señor Ministro, que es indispensable que el Estado ayude a esos Ecuatorianos, y que ordene su repatriación por cuenta del Fisco. Ya en otra ocasión llevé a su conocimiento esta situación, y se dignó contestarme Ud., que se habían pedido a la Asamblea Nacional que votara la partida correspondiente en el Presupuesto.

Entre las personas que se encuentran en esta situación indicaré, por lo pronto, las siguientes: la Señora Arias de Munchhause con su bebe, la Señora Carmen Bautista de Klier con sus tres hijos, y la Señora Francisca Vera Muñoz de Huettener con sus dos hijos. Supongo hay otros Ecuatorianos en iguales tristes condiciones.

Las personas que tienen dinero en París tampoco están en situación favorable, porque es imposible enviarles dinero a Alemania, y viven también en campos de refugiados del Gobierno alemán.

Considero de suma urgencia, Señor Ministro, ayudar a esos Ecuatorianos en desgracia. SI se dispusiera de los fondos necesarios, relativamente fácil sería hacerlos venir a Francia, para que permanezcan aquí el tiempo estrictamente necesario hasta poder obtener pasaje en barcos para nuestro País.

Se me ocurre que podría situarse una suma prudencial en esta Capital, para socorrer a los Ecuatorianos necesitados, y atender a sus necesidades desde su llegada a Francia hasta su salida para el Ecuador.

Como los Ecuatorianos están regados y diseminados ahora por toda Alemania, desde Hamburgo hasta la Baviera, no me ha sido posible visitarlos, pero he realizado todas las gestiones encaminadas a conseguir su pronta salida, cual era la finalidad de mi viaje a ese País: varias semanas me hubiera sido menester emplear si se hubiese querido visitar todos los campos y centros en que residen. 

EMBAJADOR EN LONDRES

En el último Gobierno del señor Doctor José María Velasco ibarra, se designó a mi padre como Embajador ante el Reino Unido. Siempre estuvo pendiente, desde Londres, pendiente de los problemas de interés para el Ecuador, en especial en relación a nuestro problema territorial con el Perú. Desde la capital inglesa envía una serie de comunicaciones que están incluidas en el capítulo sobre las relaciones entre “Ecuador y Perú – Junta Consultiva”, tales como sobre el “peligroso intento de darle vigencia espiritual al Tahuantinsuyo”, o lo conveniente que se hubiera designado a Lima como sede del Tratado de integración

A continuación transcribo alguna de las notas recibidas y/o enviadas, resaltando la referente a la intención de establecer relaciones comerciales con la China Continental

En su cargo como Embajador del Ecuador ante el Reino Unido, recibió instrucciones para examinar la posibilidad de establecer relaciones comerciales con la China Popular. A continuación reproduzco varios documentos que hacen relación al caso.

Nota reservada 1-GM-DPEI del Ministro de Relaciones Exteriores, de agosto 17 de 1971

NOTA RESERVADA N° 1-GM-DPEI

Quito, a 17 de agosto de 1971

Asunto: Posibilidad de establecimiento de relaciones comerciales con la república Popular China. Conveniencia de su estudio

Señor Embajador:

El Gobierno de la República considera necesario examinar con seriedad las posibilidades de establecimiento de relaciones comerciales con la República Popular China. De conformidad con el pensamiento del jefe de Estado, al sumir las funciones de Ministro de Relaciones Exteriores formulé las primeras declaraciones a la prensa, en los cuales dije a este respecto:

“Durante el actual Gobierno, el Ecuador ha proseguido o iniciado relaciones diplomáticas o comerciales con otros Estados ateniéndose al mandato de sus propios intereses, exigiendo tan sólo la aplicación del principio básico para la conveniencia pacífica dentro de la Comunidad Internacional: el de la no-intervención. Conviene recordar que los intereses y las necesidades de los pueblos no tienen colores ideológicos, como lo demuestran las grandes potencias en sus relaciones mutuas. Es por esto por lo que puedo decir enfáticamente que el momento en que convenga a sus intereses, el Ecuador estará listo a iniciar contactos comerciales con la China continental y, si fuere conveniente, a entablar las relaciones oficiales que fueren menester. El Gobierno ha señalado ya su satisfacción por el respaldo general que el Gobierno de ese dilatado Estado presta a los países que han fijado en doscientas millas la zona de su soberanía y jurisdicción marítimas, para el aprovechamiento de los recursos naturales del mar en beneficio de sus poblaciones”.

2. En estas declaraciones expuse de manera clara mi intensión de que se analice la conveniencia de iniciar relaciones comerciales con la China continental. Desde años atrás, la Cancillería ha venido estudiando este asunto y se trata, por tanto, de recoger posiciones maduras y enunciarlas para que sean consideradas serenamente.

3. Con el objeto de conocer la realidad china de la manera más amplia, es imprescindible contar con información constante y variada, procedente de diferentes fuentes, sobre las relaciones comerciales que ese país mantiene con otros, especialmente con aquellos en vías de desarrollo. Por ello, creo que debe iniciarse a la brevedad posible un contacto apropiado con el Gobierno de la China comunista, para recoger datos e informaciones que permitan estudiar con detenimiento las posibilidades de desarrollar el comercio con ese país. En tal virtud, me permito solicitar a usted, señor Embajador, que sin perjuicio de los datos que la Cancillería conseguirá de otras fuentes, se sirva obtener de la Misión diplomática de China Popular en Londres toda la información que le sea posible relacionada con las compras que hace ese país de productos que el Ecuador podría proveer.

4. No hay duda alguna de que China continental es un mercado potencial de dimensiones gigantescas y que, por tanto, países de la órbita occidental como Gran Bretaña, Francia, Holanda, Italia, Canadá, Dinamarca, Noruega y Chile, entre otros, comprendiendo acaso la importancia de su participación en el comercio mundial, tienen establecidos relaciones diplomáticas y comerciales con dicho país.

5. La preocupación del Ministerio de Relaciones Exteriores sobre este asunto se ha intensificado últimamente por informaciones recibidas de las Misiones diplomáticas del Ecuador en la Unión Soviética y en Tokio. El Embajador del Ecuador en Moscú expresó hace pocos meses a la Cancillería que una persona de crédito le había asegurado que la misión comercial de China Roja en Berna estaría interesada en la compra de cuatrocientas mil toneladas de banano ecuatoriano al año, durante cinco años, si se establecieran relaciones diplomáticas con China comunista. Por su parte, el Embajador del Ecuador en Tokio llegó a conocer que una firma importadora de banano consultaba la posibilidad de reexportar la fruta a China comunista y luego una agencia del Gobierno de Pekín hizo saber al mismo importador japonés del interés del Gobierno de Mao por establecer una negociación directa de banano, previa una declaración del Ecuador de su voluntad de negociar con dicho Gobierno, en cuyo caso podría adquirir muy apreciables cantidades de banano. Esta posibilidad quedó luego en suspenso, por cuanto el gobierno chino dió a conocer su voluntad de tratar este asunto, en su oportunidad, directamente con los exportadores ecuatorianos sin la intervención de ningún intermediario japonés.

6. La necesidad creciente del Ecuador de intensificar sus exportaciones y buscar nuevos mercados para sus productos y la importancia que para este objetivo tiene el mercado de la República Popular de China, llevan a considerar como muy conveniente la investigación prolija y seria de las posibilidades concretas que el mercado chino ofrecería, las clases de productos ecuatorianos que podrían ser colocados en el mismo y las modalidades de negociación que convendría adoptar en este caso (negociación a base de divisas convertibles, comercio compensado, etc.)

7. Como usted conoce, nuestro país, luego de satisfacer los compromisos tradicionales adquiridos o previstos para ventas de banano en el exterior, tiene un excedente por colocar en la actualidad de trescientas cincuenta a cuatrocientas mil toneladas de banano al año, por ello, la apertura de un mercado potencial como el de China continental sería interesantísima, tanto para la colocación de excedentes de banano, como para la venta de café, cacao u otros productos que tengan aceptación en ese mercado.

8. Es desde todo punto de vista conveniente analizar las posibilidades de desarrollar las corrientes permanentes de comercio entre el Ecuador y China continental. Los datos que arroja el intercambio de los últimas años, demuestran un creciente saldo desfavorable para el Ecuador, el que en 1969 alcanzó la suma de 557.200 dólares. Para cabal información de usted sobre este punto, acompaño tres cuadros demostrativos de nuestras importaciones desde China y de las exportaciones ecuatorianas a ese país, como también los resultados negativos de la balanza comercial durante los últimos diez años.

9. Con estos antecedentes, y en base de una orientación realista de la política ecuatoriana de comercio exterior, me permito impartir a usted, señor Embajador expresas instrucciones con el fin de que se sirva establecer, en forma oficiosa, los contactos que crea adecuados con la representación diplomática de China continental en esa capital y plantear la posibilidad de desarrollar un intercambio comercial permanente con el Ecuador. La variedad de productos que podríamos adquirir en la República Popular de China es muy amplio y sólo se necesita para ello de la Adquisición por parte de China de productos ecuatorianos exportables.

10. Interesa particularmente la colocación de banano, café y cacao, sin que esto signifique una limitación de las corrientes de comercio o solamente esos productos. El Ecuador requiere ampliar mercados para el banano y encontrar así nuevas fórmulas para superar las eventuales crisis de las ventas del producto a los tradicionales y más fuertes compradores. Un acuerdo de compra de banano con China continental incidiría, incluso, en nuestro poder de negociación frente al Japón, ya que este no sería nuestro único comprador en Asia ante la aparición de un nuevo importador cuyas adquisiciones pueden llegar a cifras muy apreciables. Lo propio cabe decir de otros productos ecuatorianos como cacao y café, en especial de este último, que puede ser colocado en el mercado chino en cantidades satisfactorias.

11. Desde luego, la decisión que adopte el Gobierno del Ecuador sobre las relaciones comerciales con China continental no puede estar sujeta a condición alguna de la política que deberá seguir con respecto a la admisión de ese país en las Naciones Unidas. Tampoco sería admisible supeditar la decisión nacional a determinado criterio político proclive al establecimiento de relaciones diplomáticas con China continental a cambio de obtener ventajas comerciales por la adquisición de productos ecuatorianos. Las decisiones que tome el país en cuanto a las posibilidades de establecimiento de relaciones comerciales y de relaciones diplomáticas con la China continental se basarán única y exclusivamente en las conveniencias nacionales y en los altos intereses de la Patria.

12. Para su información y como elemento que podría servir a usted en sus contactos oficiosos con la representación diplomática de Pekín en Londres, estimo adecuado comunicarle que en la próxima Asamblea General de las Naciones Unidas, el Gobierno del Ecuador apoyará con su voto una resolución por la que se admita a la República Popular de China en la Organización Mundial; cree, asimismo, que el asiento en el Consejo de Seguridad le pertenece y por tanto votará a favor de ese criterio; también es de la opinión de que las dos chinas, tanto la continental como la insular, deben formar parte del organismo mundial, y, finalmente, cree que se debe encontrar una fórmula a fin de que la China insular continúe de miembro de Naciones Unidas, a cuya vida ha contribuido en la cual cuenta con un crecido número de países amigos. Por tanto, en el caso de que se presentare una moción que estipule la expulsión del Estado de Taiwan de la Organización, pedirá que, para su aprobación, se cuente con una mayoría de los dos tercios de los miembros presentes y votantes.

13. Las valiosas informaciones que usted se sirva proporcionarme sobre la materia tratada en esta nota, servirán, sin lugar a duda, para concretar los pasos que el gobierno de la República deberá dar en este asunto en un futuro inmediato.

Del señor Embajador, muy atentamente,

Rafael García Velasco,
Ministro de Relaciones Exteriores

A la nota anterior se acompaña el siguiente cuadro:
PRINCIPALES IMPORTACIONES ECUATORIANAS DE CHINA POPULAR
(Valor en dólares)
PRODUCTO 1965 1966 1967 1968 1969
—————————————————————————————-
Productos Farmaceuticos 5.147 3.867 13.295 29.816 21.500
Lápices de grafito, etc. 28.377 47.664 26.273 94.060 99.800
Hilos de algodón 7.889 8.321 18.621 37.906 42,700
Tachuela para Zapatería 3.434 5.805 5,353 26,222 6,000
Tornillos, pernos, tuercas 17,850 28.169 16.572 29.201 35.300
Alfileres 3,266 5.074 1.439 12.512 2.300
Tenazas, alicates, pinzas 1.385 2.690 1.458 12.510 4.000
Broches y botones 1.918 3.550 1.917 13.162 900
Pilas eléctricas 1.383 5.868 9.402 13.973 21.500
Relojes — 2.632 7.048 22.777 17.500
Anis estrellado 4.190 1.805 3.989 9.424 15.500
Parafina — — 6.631 6.600 21.900
Silicato de sodio — — 4.383 5.130 8.900
Llantas para bicicletas 1.238 9.005 1.765 6.202 11.200
Candados, cerraduras,
bisagras 6.920 9.304 3.258 17.116 14.000
Artículos para mesa y cocina
enlozados 3.975 7.943 8.114 7.962 19.200
Martillos, combos y yunques 522 1.132 1.096 6.505 1.900
Tornillos de bancos 706 694 612 5.740 2.400
Sierras de mano 810 1.814 1.268 11.335 5.800
Estílografos, plumas,
lapiceros 1.134 7.675 10.859 6.571 —
Otros 64.020 102.377 93.060 78.946 203.500
TOTAL 154.164 255.389 236.413 453.670 557.800
FUENTE: Anuarios Comercio Exterior 1965-1967
Estadísticas Banco Central 1968-1969
EXPORTACIONES ECUATORIANA A CHINA POPULAR
(Valor en dólares)
—————————————————————————————–
PRODUCTO 1967 1968 1969
—————————————————————————————–
Obras de Marquetería 31 — —
Artículos de Cestería 119 — —
Ropa de Mesa 21 — —
Tagua — — 600
TOTAL 171 — 600
====================================================
FUENTE: Anuarios de Comercio Exterior (1.960-1947)
Estadísticas del Banco Central.
BALANZA COMERCIAL ECUADOR – CHINA POPULAR
(Valor en dólares)
—————————————————————————————–
AÑO EXPORTACION IMPORTACION SALDO
—————————————————————————————–
1960 —- 4.939 -4.939
1961 —- 3.737 -3.737
1962 —- 3.487 -3.487
1963 —- 45.653 -45.653
1964 —- 88.467 -88.467
1965 —- 154.164 -154.164
1966 —- 255.389 -255.389
1967 171 236.413 -236.242
1968 —- 453.670 -453.670
1969 600 557.800 -557.200
—————————————————————————————–
FUENTE: Anuarios de Comercio Exterior (1960-1967)
Estadísticas Banco Central (1968-1969) 

Circular reservada Nº 11- DAO-UN, agosto 19 de 1971

Quito, a 19 de agosto de 1971

A TODAS LAS MISIONES DIPLOMÁTICAS DEL ECUADOR

Asunto: Posición ecuatoriana sobre representación de China Continental e Insular en las Naciones unidas

Señor Jefe de Misión:

Por las declaraciones que formulé a la prensa del país y que llevé a conocimiento de la Embajada a su digno cargo en mis circulares números 27-DDP y 28-DDP, de 23 y 27 de julio último, respectivamente, usted se halla informado, en términos generales, sobre la posición del Gobierno Nacional frente a varios transcendentales problemas de carácter internacional. Me referí en esa oportunidad al problema de la Representación de China continental y China insular en las Naciones Unidas y a la actitud nacional frente a esta cuestión. Me place destacar que los puntos de vista ecuatorianos sobre este particular, aunque similares en esencia con los de los Estados Unidos de América, fueron enunciados con fecha anterior al planteamiento del Presidente Richard Nixon y de su Secretario de Estado, William Rogers.

2. La cuestión de la presencia de las dos Chinas en el organismo mundial consta, como años anteriores, en la agenda de la XXVI Asamblea General bajo el título “Restitución de los legítimos derechos de la República Popular China en la Naciones Unidas” (tema propuesto por Albania y otros diecisiete Estados del área socialista) Estados Unidos de América, por otro lado, propiciará en las Naciones Unidas mediante un proyecto de resolución, el arreglo de este problema.

3. El Gobierno Nacional ha estudiado este asunto a la luz de las realidades históricas, geográficas, socio-económicas y de los principios de la Carta de las Naciones Unidas. Luego de un meditado análisis de todos estos factores ha resuelto fijar la política ecuatoriana en la próxima Asamblea General del la ONU, en los siguientes términos:

1º El Gobierno del Ecuador estima que tanto la China insular como la China continental deben ser miembros de la Organización de las Naciones Unidas;

2º El Gobierno del Ecuador apoyará con su voto una resolución por la que se admita a la República Popular de China en las Naciones Unidas;

3º Considera que convendría que la Organización de las Naciones Unidas aprobara una resolución en virtud de la cual, sin que sus miembros se pronuncien acerca de los reclamos políticos, geográficos o legales entre los dos estados en que se encuentra dividida la China de antes de la segunda guerra mundial, se admita la coexistencia de estos dos países dentro de la Organización, a la vez que se les inste a solucionar sus diferencias mediante un arreglo pacífico;

4º El Gobierno del Ecuador cree que el asiento en el Consejo de Seguridad corresponde a la China continental y por tanto votará a favor de este criterio; y

5º El Gobierno del Ecuador se opondrá asimismo a cualquier proyecto de resolución que prive a la China insular de su representación en la ONU, pues considera que cualquier intento dirigido a expulsarla de la misma debe seguir siendo considerado como una cuestión importante, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 18 de la Carta. Por lo tanto en el caso de que se presentare una moción para privar al Estado establecido en Taiwan de su representación en las Naciones Unidas, votará en el sentido de que, para se aprobada, ella requerirá de una mayoría de los dos tercios de los miembros presentes y votantes.

4° Dada la importancia de esta cuestión, encarezco a usted que se sirva, mediante el procedimiento más adecuado, obtener y transmitirme la política que esa Cancillería adoptará al respecto.

Muy Atentamente,

Por el Ministro, el Subsecretario General Interino,

Rodrigo Valdez B.
Mi padre contesta con los siguientes cablegramas:

18.- 3 de septiembre de 1971.- Su nota reservada N° 1-GM. Cúmpleme informarle estoy ocupándome realización gestión encomendada cuyo desarrollo comunicaré oportunamente.- Ecuador.-

19.- 10 septiembre 1971. Refiérome su nota reservada N°1 infórmole encargado de negocios República Popular China, encuéntrase ausente de Londres hasta mediados semana próxima por lo que retardaránse gestiones.- Ecuador.- 

Nota de la Embajada del Ecuador, de octubre 1 de 1971

Sr. Pei Tsien-Chang,
Encargado de Negocios, Asuntos Internacionales,
Embajada de la República Popular China,
31 Portland Place,
London, W.1.

De acuerdo con el ofrecimiento que le hice el día en que tuve el agrado de conversar con usted, le remito un pequeño paquete de té ecuatoriano (Té Sangay), que ya producimos en apreciable cantidad.

Espero ese té sea de su agrado.

Debo decirle que el nombre “Té Sangay” está tomado del nombre de un volcán en actividad que existe en el Ecuador, país de volcanes y altas montañas, cerca del cual se encuentran los sembríos de té.

Aprovecho de la oportunidad para expresarle mis sentimientos de distinguida consideración.

Antonio Parra Velasco
Embajador del Ecuador

Nota de la Embajada del Ecuador, de octubre 1 de 1971

Londres, a 1º de Octubre 1971

Sr. Pei Tsien-chang
Encargado de Negocios a.i.,
Embajada de la República Popular de China,
31 Portland Place,
LONDON, W.1

El día de ayer en que tuve el agrado de visitar la exposición de fotografías de The Peoples’ Republic of China, pude mirar la fotografía de un importante sembrío de bananas y otra de un mercado de frutas en el que se vendían bananas.

Con tal antecedente, y dado que el Ecuador es país exportador de banano, quisiera rogarle que, de serle posible y estimarlo conveniente, me haga llegar la siguiente información:

1. ¿En qué regiones de la China se produce banano?
2. ¿Cuál es el monto de la producción anual de banano en China?
3. La producción de banano en China, ¿es suficiente para sus necesidades? o necesita importar o tal vez está en capacidad de exportar el banano?
4. En caso de que la China importa banano, ¿ qué cantidades importa anualmente? ¿de qué países hace las importaciones que necesita?

Le anticipo mis agradecimientos, y aprovecho de esta oportunidad para expresarle las seguridades de mi más distinguida consideración.

Antonio Parra Velasco

Embajador del Ecuador

Nota de la Embajada de China Popular, de octubre 5 de 1971

Mr, Antonio Parra Velasco,
Ambassador of Ecuador,
Flat 3B, 3 Hans Crescent,
Knigthtsbridge, SW1X OLS.

Octubre 5, 1971

Querido Embajador

Le expreso mi sincero agradecimiento por el maravilloso té “Sangay” que me envió la semana pasada, que aprecio mucho. En reciprocidad, le envío un pomo de té chino, de jazmín, y de té chino negro, que espero le gusten.

Con esta oportunidad le expreso la seguridad de mi distinguida consideración.

Pei Tsian-chang
Encargado de Negocios a.i. 

Nota reservada N°5-GM-DPEI, de septiembre 7

REPÚBLICA DEL ECUADOR
MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES
NOTA RESERVADA N° 5-GM-DPEI

Quito, a 7 de septiembre de 1971

Asunto: Relaciones comerciales con la República Popular China

Señor Embajador:

Tengo el agrado de avisar a usted recibo de su atento cablegrama N° 18, de 3 de los corrientes, en el que se sirve informarme que ha iniciado el cumplimiento de las instrucciones que impartí a usted en mi nota reservada número 1-GM-DPEI, de 17 de agosto próximo pasado.

2. Como dato importante que pueda servir a usted en sus gestiones con la embajada de Pekín en esa capital, me permito informarle que, en contacto extraoficial efectuado en días pasados entre un funcionario de la Embajada de la República Popular de China en París y un agente confidencial del Gobierno ecuatoriano, el diplomático chino ha expresado el criterio de que, para iniciar el intercambio comercial con el ecuador en escala apreciable, es indispensable que primeramente se establezcan relaciones diplomáticas entre los dos países y luego, por intermedio de los respectivos agentes diplomáticos, se trataría sobre el intercambio comercial recíproco.

3. Como usted conoce, el Gobierno del Ecuador no participa de este criterio. La posición nacional es este punto es muy clara y definida: por el momento se trata exclusivamente de iniciar contactos oficiosos con los agentes diplomáticos del gobierno de Pekín, con miras a obtener datos e informaciones que permitan luego el establecimiento de relaciones comerciales permanentes entre el Ecuador y la China continental, a base de compras recíprocas de productos exportables. El establecimiento de relaciones diplomáticas con la República Popular de China será asunto de posterior resolución del gobierno Nacional, después de analizar las conveniencias del país y de los intereses de la Patria en juego en las relaciones internacionales. No se puede supeditar la iniciación de corrientes comerciales al establecimiento de nexos políticos y diplomáticos, ni tampoco adoptar una postura inversa, pues los lazos comerciales y los lazos políticos y diplomáticos no están sujetos a condición recíproca alguna y su establecimiento entre dos países se rige por diferentes principios de mutua conveniencia.

4. Sin perjuicio de las gestiones que usted realiza sobre este asunto, he instruido también a nuestra embajada en París para que inicie contactos oficiosos con la Embajada de Pekín en la capital francesa y trate del establecimiento de relaciones comerciales permanentes entre el Ecuador y la China continental.

Soy de usted atento y seguro servidor.

Rafael García Velasco,
Ministro de Relaciones Exteriores. 

Londres, 8 de Octubre, 1971

Sr. Pei Tsien-chang,
Encargado de Negocios Asuntos Internacionales
de la República Popular de China,
31 Portlan Place,
Londres, W.1.

Estimado señor Pei Tsien-chang:

Mucho agradezco a Ud. por el envío de los pomos de té Chino de Jazmín y de Té Negro Chino, que he saboreado con deleite.

Gracias también por el envío de los dos folletos que contienen los “Statements of the Government of the People’s Republic of China” de Mayo 24 1969 y Octubre 7 de 1969, los cuales he leído con el mayor interés.

Quizás interese a Ud. saber que el Ecuador ha sido un propugnador constante del principio de la nulidad de los tratados impuestos por la fuerza de las armas y de la revisión de los tratados injustos, así como la de la solución pacíficas de los conflictos internacionales. Por lo mismo, en esta materia, los Gobiernos del Ecuador y de la República Popular de China, mantienen idéntica política.

Me gustaría obtener toda la información adicional posible acerca de la cuestión de fronteras Sino-Soviéticas, y particularmente respecto de la situación actual del problema.

Le agradecería si pudiera enviarme tres ejemplares adicionales de cada uno de los folletos que tuvo la bondad de enviarme, para darlos a conocer a mi Gobierno.

Aprovecho la oportunidad para expresar a Ud. las seguridades de mi más distinguida consideración.

Antonio Parra Velasco
Embajador del Ecuador 

Esta nota, que tengo en borradores, al igual que todos los transcritos, dice:

Octubre 11 de 1971

RESERVADA No. 3-1-16

Asunto: Posibilidad de establecimiento de relaciones comerciales con la República Popular China.

Sr. Ministro:

En su nota reservada No. 1-GM-DPEX de 17 de Agosto del presente año, se sirvió Ud. impartirme expresas instrucciones con el fín de que establezca, en forma oficiosa, los contactos que creyera adecuados con la representación de China continental en esta capital y plantear la posibilidad de desarrollar un intercambio comercial permanente con el Ecuador.

Con el fin de dar cumplimiento a las referidas instrucciones, procuré relacionarme con el Jefe de la Misión Diplomática de la República Popular de China, Sr. Pei Tsien-Chang, utilizando al efecto mi amistad con el Excmo. Sr. Upendra Bahadur Basnjat, Embajador de Nepal, cuyas relaciones con la Misión de la China continental son, según he podido observar, sumamente cordiales.

La circunstancia de haberse encontrado ausente el Sr. Encargado de Negocios de la República Popular China, que di a conocer a Ud. en mi cable No.19-, demoró la amistosa gestión del Excmo. Embajador de Nepal, encaminada a dar a conocer al Encargado de Negocios de China, mi deseo de entrevistarme con él, en forma oficiosa, para tratar del posible establecimiento de relaciones comerciales entre el Ecuador y la China Continental y conocer si él estaría dispuesto a la realización de tal entrevista.

Producido el regreso a Londres del Sr. Encargado de Negocios de China, trató con él la cuestión referida el Excmo. Sr. Embajador de Nepal, quien me dio a conocer que el Sr. Pei Tsien-chang le había expresado su complacencia en recibirme para iniciar así contactos oficiosos directos.

Es así como, el día 24 de Septiembre visité al Sr. Pei Tsien-chang en la sede de la Embajada de la República Popular de China, siendo recibida por él de manera extremadamente cortés.

Expresé al Sr. Encargado de Negocios, dentro de los límites en que cabía hacerlo, los puntos esenciales, de índole comercial, contenidos en su nota Reservada ya citada No.1, indicándole que mi visita tenía por objeto iniciar contactos de carácter oficioso, con la finalidad de determinar la posibilidad de establecer relaciones comerciales entre el Ecuador y la República Popular China, independientemente de toda consideración relativa al establecimiento de relaciones diplomáticas, cuestión ésta que podría eventualmente ser considerada en alguna oportunidad venidera, para lo cual, sin duda, las relaciones comerciales que se establecieran, servirían de favorable antecedente.

Le dije que el Gobierno del Ecuador había apreciado mucho el respaldo general que el Gobierno de la República Popular de China había prestado al Ecuador y otros países latinoamericanos, que han fijado en 200 millas la zona de su soberanía y jurisdicción marítimas para el aprovechamiento de los recursos naturales del mar en beneficio de sus poblaciones, y le dí a conocer que en la Asamblea de las Naciones Unidas, el Gobierno del Ecuador apoyaría con su voto una resolución por la cual se admita a la República Popular de China en la Organización mundial y se reconozca que el asiento en el Consejo de Seguridad le pertenece, posición ésta que el Ecuador la había adoptado antes que el Gobierno de los Estados Unidos hubiera manifestado ese criterio.

Me contestó el Sr. Pei Tsien-chang, por medio de su secretario e interprete, que al apoyar su Gobierno la tesis de soberanía sobre las 200 millas proclamadas por el Ecuador y otros países latinoamericanos, no había hecho otra cosa que mantenerse fiel a la política general adoptada por la República Popular China de apoyar las causas justas en el Mundo y de solidarizarse con los pueblos que querían independizarse económicamente y recuperar sus riquezas naturales y defender sus intereses fundamentales; que la China apoyaba el principio de la igualdad de los Estados grandes o pequeños y el de no intervención en los asuntos de los demás países.

Luego me preguntó si manteníamos relaciones diplomáticas con el “régimen de Chiang-Kai-Chek”. Le contesté que sí manteníamos relaciones diplomáticas con el Gobierno de Formosa.

Dijo entonces el Sr. Pei Tsien-chang, en tono firme, que Taiwan era parte integrante de la china, una provincia China, y no un Estado separado y distinto de China.

Le repliqué yo que ese problema era objeto de la mayor preocupación y estudio por parte del Gobierno del Ecuador; que sobre tan delicado asunto, ningún criterio podía yo adelantarle a nombre de mi Gobierno; y que solamente podía darle mi criterio absolutamente personal, a saber: que yo estimaba personalmente que cada día se hacía más notorio en todo el mundo, una mejor apreciación de la importancia creciente de la República Popular de China, y de la posición moderada y justa de su política internacional, todo lo cual había aumentado considerablemente su prestigio ya de suyo grande; y que yo estimaba que, una vez que la República de China decidiera participar en las labores de las Naciones Unidas y ocupar su asiento en el Consejo de Seguridad, el problema de Taiwan se resolvería con mayor facilidad, y, por así decir, de manera natural y sin fricciones peligrosas, sobretodo si entraba en juego la proverbial virtud China de la paciencia; que me atrevía yo a pensar que el problema de la reincorporación de Taiwan a la China, era similar a otros actualmente inexistentes en el mundo, como por ejemplo, el de Irlanda del Norte y la República de Irlanda, y el de las dos Alemanias, para no citar otros problemas que, sin duda, el tiempo y la paciencia habría de resolverlos, pues no siempre es fácil prescindir de golpe de ciertas realidades. Insistí en que esa opinión era mía personal, como persona interesada en el estudio de los problemas internacionales.

Continuó la conversación sobre otros tópicos mas generales y menos difíciles, como el relativo a los resultados de la “revolución cultural China” y a los progresos del pueblo chino en su esfuerzo por incrementar su industrialización.

Me ofreció el Sr. Pei Tsien-chang una tasa de té chino y delicados dulces y vinos de su país. Yo aproveché para decirle que si bien en el Ecuador tomabamos preferentemente café de excelente calidad, también producíamos muy buen té, de marca “Sangay”, del que ofrecí enviarle una muestra.

Terminó la entrevista de manera cordial, ofreciendo al Sr. Pei Tsien-chang comunicar a su Gobierno lo conversado conmigo, y ofreciendo darme a conocer la contestación que reciba.

Poco después, recibí dos invitaciones del Sr. Pei Tsien-chang: la una por asistir a la Recepción que daba para conmemorar el Día Nacional de la República Popular de China, y la otra para la inauguración de una exposición de fotografías de China.

Me pareció conveniente concurrir a ambos actos.

La exposición de fotografías fue de especial interés, pues una de ellas correspondía a una importante plantación de banano en las provincias del sur de la China, y otra a un mercado de frutas, entre las que se destacaban racimos de bananos, posiblemente de los producidos en la propia China. Esas fotografías me indujeron a escribir al Sr. Encargado de Negocios, pidiéndole amplia información al respecto. (Adjunto la copia de la carta que le dirigí al respecto con su respectiva traducción. Aún no recibo los datos solicitados).

También le escribí al Sr. Pei Tsien-chang enviándole el té “Sangay” ofrecido, atención que él me retribuyó con el envío de té chino y de dos folletos relacionados con la posición de China en la controversia sobre límites con la Unión Soviética, envío que dio origen a otra carta de mi parte. (Van adjuntos los respectivos textos).

Así las cosas, el día 8 del presente mes, recibí en la Embajada la visita del Sr. Pei Tsien-chang, quién vino acompañado de su secretario e intérprete.

Me dijo que había querido devolverme la honrosa visita que yo le había hecho en días anteriores y darme la contestación de su Gobierno a lo propuesto por mi en la conversación que habíamos tenido en la Sede de su Misión.

Empezó diciéndome que su Gobierno “comprendía la posición del Ecuador” que yo le había expuesto. (No me pareció prudente pedirle una mayor explicación sobre el alcance de sus palabras, pues entendí que quería manifestar que su Gobierno comprendía que el Ecuador no podía comprometerse a cambiar su posición internacional con relación a Formosa y con las relaciones diplomáticas mantenidas con el Gobierno del Generalísimo Chiang-Kai-Chek)

Luego expresó que su Gobierno estaba dispuesto a establecer relaciones comerciales con el Ecuador, sobre la base de que Ecuador comprara productos de la China y la China productos del Ecuador.

No expresó el Sr. Pei Tsien-chang ninguna condición para el establecimiento de las relaciones comerciales, ni mencionó la exigencia de que fueran precedida, por el establecimiento de relaciones diplomáticas con la China Popular. Entendí, por tanto, sobre todo a la luz del primer punto de la contestación antes mencionada, que el Gobierno de Pekín no pone como condición para el establecimiento de relaciones comerciales, ni la previa ruptura con Taiwan, ni el previo establecimiento de relaciones diplomáticas con Pekín.

Tampoco quise pedirle aclaración sobre las modalidades a adoptarse para la realización concreta de las relaciones comerciales, modalidades que creo corresponde discutirlas en una etapa posterior de las negociaciones.

Agregó el Sr. Pei Tsien-chang que, aceptado por su Gobierno el establecimiento de relaciones comerciales entre ambos países, estimaba que la mejor manera de llevar adelante tal propósito sería la de iniciar conversaciones en esta capital, por intermedio de las respectivas Misiones de la China y del Ecuador, con la finalidad de determinar los lineamientos generales y las modalidades del acuerdo comercial, luego de lo cual podría emprenderse en la realización de negociaciones concretas.

Añadió que para las negociaciones concretas basadas en el acuerdo comercial previsto podrían convenirse en el establecimiento de recíprocas misiones comerciales, en Quito y Pekín, o, en su caso, en llevarlas a cabo en cualquier capital en que ambos países tengan misiones diplomáticas, determinada de común acuerdo.

Dijo, a este respecto, que en breve iba a ser establecida una importante misión comercial de la República Popular de China, en Lima, y que iban a incrementarse grandemente las relaciones peruanas.

Terminó el Sr. Pei Tsien-chang pidiéndome transmitir al Gobierno del Ecuador la respuesta dada por el Gobierno de la República Popular de China y los puntos antes determinados, a efecto de saber si el Ecuador los aceptaba.

Le manifesté al Sr. Encargado de Negocios mi personal complacencia por el éxito inicial alcanzado en nuestras conversaciones y le pedí que tuviera a bien enviarme una comunicación o un memorándum sobre lo que me había expresado. Me contestó que se excusaba de hacerlo por no estimarlo necesario, puesto que él, personalmente como representante de su país, me había expresado claramente el pensamiento de su Gobierno.

Seguimos conversando un rato más sobre temas varios, mientras terminábamos la tasa de café ecuatoriano que le había brindado, al despedirse, renovó el pedido de que le diera a conocer la contestación del Gobierno Ecuatoriano.

Estimé conveniente dar a conocer a Ud. de inmediato, el resultado de mis gestiones, por lo que envié a Ud. el siguiente cablegrama:

(9 de Octubre 1971)
No.20

Sus notas reservadas 1 y 5. cúmpleme comunicarle resultado conversaciones mantenidas con encargado de negocios república popular china: referido encargado de negocios informándome verbalmente, que consultado gobierno Pekín, manifiesta: 1) comprende posición Ecuador. 2) está dispuesto establecer relaciones comerciales sobre base compra recíproca productos 3) sugiere iniciar conversaciones en Londres entre respectivas representaciones sin considerar lineamientos generales de posible convenio comercial 4) Aceptaría en principio establecimiento eventual misiones comerciales recíprocas en Quito y Pekín o negociar por intermedio respectivas representaciones en cualquier capital determinada de común acuerdo. 5) pide gobierno Ecuador expresar su conformidad.

Permítame sugerir conveniencia remisión brevedad posible proforma proyectado acuerdo comercial. Amplio aéreo.

Como expreso en el cable transcrito, considero que, de estimar Ud. conveniente negociar en esta capital el acuerdo comercial con la China Continental, para determinar los principios generales llamados a normar las relaciones comerciales entre los dos países, sería de utilidad que Ud. se sirviera enviarme cuanto antes una proforma o anteproyecto que pueda servirme de base en las negociaciones respectivas, pues estimo que hay que aprovechar la buena voluntad que parece animar actualmente al Gobierno de Pekín, y así dejar abierto el camino para las negociaciones comerciales concretas que habrían de llevarse a cabo en Quito o en Pekín, por las respectivas comisiones, o en algún otra capital fijada de común acuerdo.

Desde ya me permito expresar el criterio de que, por obvias razones, nos conviene evitar que las negociaciones concretas entre China Popular y nuestro país, se lleven a cabo por intermedio de la comisión comercial que va a establecer la China en Lima, pues pienso que debemos, a toda costa impedir que dicha ciudad peruana se transforme, poco a poco, en una especie de capital de los países del Grupo Andino.

Muy atentamente,

Antonio Parra Velasco
Embajador del Ecuador 

Nota N° 9-DGSE, de octubre 26 de 1971

La nota que transcribo a continuación, no tiene más importancia que resaltar la precaria situación de nuestro servicio exterior de entonces.

REPUBLICA DEL ECUADOR
MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES
N° 9-DGSE.

Quito, a 26 de Oct. 1971

Asunto: Utilización de servicio telex en relación con negociaciones del proyectado convenio con la República Popular de China.

Señor Embajador:

Me es grato referirme a su atenta nota reservada número 3-1-17, de fecha 16 de los corrientes, mediante la cual solicita a esta Cancillería la autorización respectiva a fín de que usted pueda hacer uso del TELEX del Royal Garden Hotel, de la ciudad de Londres, para enviar informaciones urgentes relacionadas con las negociaciones que se llevarán a cabo en dicha capital para la suscripción del proyectado Acuerdo Comercial con la República Popular de China.

2. Por medio de la presente autorizo a usted, señor Embajador, para que pueda utilizar el referido sistema de comunicación TELEX, pero solamente en casos de extrema urgencia, debido a la crítica situación presupuestaria de esta Cancillería.

3. En esta fecha estoy dirigiendo una comunicación a la empresa “Cables y Radio del Estado”, ex-All American Cables and Radio Inc., solicitándole que los mensajes de TELEX que usted dirija a este Ministerio sean recibidos por el sistema COLLECT, como suele hacerse con los mensajes cablegráficos, y por la vía I.T.T.

4. Informaré oportunamente a usted, señor Embajador, el resultado de estas gestiones.

5. Para finalizar, infórmole que el TELEX de la Cancillería lleva la sigla MEXTERIOR.
Muy atentamente,

Por el Ministro, el Director general del Servicio Exterior,

Juan Salazar Sandoval

Al Señor Doctor Don Antonio Parra Velasco,
Embajador Extraordinario y Plenipotenciario del Ecuador,
Londres. 

Nota N° 1-AEF/DPEI, de enero 17 de 1972, del Ministerio de Relaciones Exteriores.
N° 1 AEF/DPEI

Quito, a 17 enero 1972

Asunto: Posibilidad de establecer relaciones comerciales con la República Popular de China.

Señor Embajador:

Me refiero a sus atentas notas números 3-1-16 y 3-1-18/71, de 11 y 30 de octubre último, mediante las cuales se sirve informarme sobre las entrevistas que ha mantenido con el Señor Encargado de Negocios de la República Popular de China, en torno a la posibilidad de establecer relaciones comerciales entre los dos países y, eventualmente, llegar a la suscripción de un Convenio Comercial, siempre y cuando lo justifique el volumen de las transacciones que podrían ser objeto de intercambio entre los Estados.

2.- Como usted conoce, el Consejo Superior de Comercio Exterior, en su sesión del día 3 de diciembre de 1971, estudió detenidamente el asunto, habiendo llegado a la conclusión de que, por el momento, no estamos en condiciones de suscribir un Convenio Comercial con la China Continental, ya que desconocemos la situación del mercado chino en lo que respecta a nuestros principales productos de exportación e ignoramos cuáles son sus sistemas de comercio exterior así como los términos y condiciones bajo las cuales se efectúa su intercambio comercial.

3.- Ante la dificultad de llegar a formular un proyecto de Convenio sin conocer la estructura básica del comercio internacional de esa nación y reconociendo la importancia que tendría para el país la apertura de un mercado de ochocientos millones de habitantes, el Consejo Superior del ICEI resolvió:

1. Que se abra el mercado con compra fija; y
2. Que continúen las conversaciones hasta ver si se puede o conviene llegar a un Tratado Comercial”.

4.- En tal virtud, me permito reiterar a usted la decisión del Gobierno Nacional de continuar las conversaciones con la República Popular de China, para examinar la posibilidad de entablar relaciones comerciales, bajo la condición de que, en las negociaciones previas, se pueda determinar de manera clara y precisa, que existen factores favorables para iniciar una corriente de intercambio sólida, significativa y mutuamente beneficiosa. En caso contrario no tendría objeto la suscripción de ningún instrumento comercial.

5.- El comercio con los países socialistas presenta especiales dificultades, no sólo porque buscan la total compensación de sus importaciones, sino, además, por la falta de conocimiento de sus productos.

6.- Por otro lado, es necesario plantear a los representantes de China Continental que no deberían esperar una compensación total y menos aún inmediata de las ventas que realice el Ecuador a ese país. Al respecto, se debe recordar que en el decenio 1960 – 1969, el insignificante intercambio comercial entre los dos países estuvo constituido esencialmente por importaciones ecuatorianas, y dejó un saldo desfavorable para nuestro país de 1’802.948 dólares, situación que es necesario corregir, a fin de evitar que los beneficios del comercio recíproco favorezcan solamente a una de las Partes.

7.- Además, desde el punto de vista práctico, resalta aún más la necesidad de plantear un trato equitativo para nuestro país, dada la naturaleza de los bienes que podrían ser materia de intercambio. Mientras el Ecuador exportaría principalmente productos primarios y ampliamente conocidos, sus importaciones estarían representados fundamentalmente por manufacturas o bienes de capital que necesitan ser conocidos en nuestro mercado, lo cual toma tiempo.

8.- Dentro de este mismo análisis, conviene también dar a conocer al Gobierno de China la estructura del comercio exterior ecuatoriano. Las importaciones y exportaciones son hechas por empresarios privados, bajo la orientación y control relativos de parte del Gobierno. Las entidades del Estado realizan ciertas importaciones de bienes destinados a sus programas de desarrollo, previa licitación, concurso de ofertas y, en casos muy específicos, por contrato directo. Esta estructura requiere una adecuada labor de promoción por parte del exportador, para dar a conocer sus productos.

9.- La naturaleza de nuestro comercio exterior ha hecho indispensable que en las relaciones comerciales con los países de economía centralmente planificada se adopten ciertas fórmulas especiales, que permitan un adecuado desenvolvimiento de dichas relaciones. En el Convenio Comercial con Polonia, por ejemplo -cuya copia le envío para su exclusivo conocimiento- se contempla el compromiso de las empresas de ese país de designar como representantes y distribuidores autorizados a personas o firmas ecuatorianas, para la promoción de sus negocios, la prestación de facilidades en orden al establecimiento permanente de servicios de mantenimiento y de repuestos y la concesión de créditos adecuados para contribuir al desarrollo de las transacciones. Similares disposiciones se acordaron con Bulgaria y Checoslovaquia.

10.- En consecuencia, es necesario explicar a los representantes chinos que el acceso de sus productos al mercado ecuatoriano depende, fundamentalmente, de los productos que China Popular esté en condiciones de exportar al Ecuador y de la labor que, en tal sentido, esté ese país dispuesto a realizar en el nuestro.

11.- De conformidad con la resolución aprobada por el Consejo Superior del ICEI, sin perjuicio de que continúen las conversaciones para llegar a determinar la conveniencia de suscribir un Acuerdo Comercial, es necesario concretar la posición ecuatoriana en lo que se refiere a la apertura del mercado chino para nuestros principales productos de exportación.

12.- Por el momento, el Ecuador estaría en condiciones de ofrecer a China cien mil toneladas de banano del tipo Gross Michel, al precio de 70 a 75 dólares la tonelada FOB puerto ecuatoriano. Esta variedad tiene la ventaja de que no necesita cámaras de maduración. Sin embargo, si ese país dispone de dichas cámaras, podríamos ofrecer también banano Cavendish. El posible volumen y el precio de esta variedad de banano serían fijados una vez que se confirmare su interés por esta variedad.

13.- El Ecuador continuará estudiando la posibilidad de ofrecer otros productos a China Popular. Por el momento, se puede anticipar que, para el año 1973, el país dispondrá de excedentes de azúcar, parte de los cuales podrían ser ofrecidos al mercado chino, en caso de que existiere demanda para ese producto.

14.- Con estos antecedentes, agradeceré a usted, señor Embajador, se digne proponer a la Representación Diplomática de China la compra de banano ecuatoriano, en las condiciones que quedan indicadas. En caso de llegar a concretarse la negociación. conviene esclarecer que el pago tendría que ser en moneda libremente convertible, de preferencia en libras esterlinas.

15.- Las dificultades de transporte deben plantearse oportunamente a la representación china y poner énfasis en que ese país debería hacer el esfuerzo necesario para solucionarlos.

16.- El Ecuador no dispone de barcos para los puertos de Asia Oriental. Por consiguiente, la venta de sus productos tiene que ser FOB puerto de embarque. Existen compañías de navegación japonesas que prestan sus servicios entre los puertos de América del Sur y el Japón. El Gobierno chino podría utilizar dichas naves para el transporte del banano ecuatoriano, si no dispone de barcos propios refrigerados. Para su exclusivo conocimiento, señalo que en caso de que el Gobierno de Pekín encuentre inaceptable esta alternativa, tendría que examinarse la posibilidad de que los exportadores ecuatorianos se encarguen de contratar los servicios de los barcos japoneses.

17.- En el momento actual, el Gobierno del Ecuador considera que no tendría objeto el viaje de una Misión ecuatoriano a Pekín, ya que, si no se conocen la s modalidades del comercio internacional de ese país y las necesidades de su mercado, sería muy difícil obtener resultados concretos en el corto lapso de duración de tal visita.

18.- Por consiguiente, es necesario contar previamente con suficiente material informativo sobre las normas de comercio exterior y estadísticas detalladas de los principales productos de exportación e importación, con indicación de los países de destino o de procedencia de los mismos, cuyo conocimiento y estudio permitiría a los funcionarios oficiales y a las firmas exportadoras del país determinar sus aspiraciones frente al mercado chino y, eventualmente, organizar el viaje de una Misión de Promoción Comercial.

19.- Si el Gobierno chino deseare enviar una Misión Económica a nuestro país, el Gobierno Nacional aceptaría con agrado esa visita. Como usted comprende, los objetivos de dicha Misión serían de carácter estrictamente económico y comercial y, tomado en cuenta las repercusiones de política interna que tendría la presencia de una Comitiva de China Popular en nuestro territorio, convendría que el número de sus integrantes sea lo más reducido. Desde este punto de vista, se podría pensar en un máximo de cinco personas.

20.- Es indudable que existan dificultades para iniciar un intercambio comercial significativo entre el Ecuador y la China Popular. Sin embargo, si existiera de parte de ese país la voluntad política necesaria, considero que podría concretarse la exportación de banano ecuatoriano, de acuerdo con la oferta que por ahora está el Ecuador en condiciones de realizar. No es conveniente que se comience por la suscripción de un convenio comercial de carácter general que no tenga resultados positivos inmediatos para nuestro país, y mientras no se definan claramente las perspectivas del intercambio comercial entre los dos Estados, lo cual no obsta para que se efectúen transacciones comerciales de acuerdo con los intereses de las Partes. Con todo, si el Gobierno chino considera que es indispensable la suscripción de un instrumento internacional para aceptar esta primera propuesta de venta de banano, el Gobierno Nacional estaría dispuesto a estudiar el respectivo proyecto de Convenio, siempre y cuando, simultáneamente con el Acuerdo Comercial, se suscriba el contrato de compra-venta que permita iniciar de inmediato la exportación de dicho producto.

Muy atentamente.


Rafael García Velasco,
MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES. 

Nota reservada de la Embajada del Ecuador, N° 3-1-2. de enero 28 de 1972.

EMBAJADA DEL ECUADOR EN GRAN BRETAÑA

Reservada N° 3-1-2

Londres a, 28 de Enero de 1972

Asunto: Posibilidad de establecer relaciones comerciales con la República Popular de China

Señor Ministro:

El día 26 del presente, recibí la visita del Señor Pei Tsien-chang, Encargado de Negocios de la República Popular de China. Había llamado varias veces para saber de mi retorno y pedir ser recibido.

2.- Luego de las frases protocolarias de saludo y bienvenida, el Señor Pei Tsien-Chang me preguntó cómo había encontrado el Ecuador, especialmente en el aspecto económico, y qué noticias podía darle acerca del proyectado establecimiento de relaciones comerciales entre nuestros países.

3.- Contesté su pregunta haciéndole una breve relación sobre nuestra economía y sus problemas actuales, y luego me referí intencionadamente, a que nos encontrábamos en la iniciación de un proceso electoral debido al cambio de Gobierno previsto para el presente año. Le manifesté que debido a esta circunstancia. los partidos políticos se encontraban en plena actividad y que los órganos de la opinión pública estaban analizando, con especial cuidado y espíritu crítico, los actos y la política del Gobierno, como suele suceder en tales casos.

4.- Agregué que, entre los puntos discutidos en la prensa nacional estaba, precisamente, el relativo a la actitud justiciera y comprensiva asumida por el Gobierno Nacional frente al problema de la representación China en las Naciones Unidas, así como el atinente al proyectado establecimiento de relaciones comerciales con la República Popular de China; y que, en cuanto a este último punto, se habían producido, en determinados sectores de opinión, críticas basadas en la apreciación de que, talvez, el comercio entre ambos países tropezaría con serias dificultades que podrían tornar inoperante cualquier Convenio que se suscribiese, aduciéndose que esas dificultades estribarían, principalmente en no haber la plena certeza de que la República Popular de China esté dispuesta a comprar productos ecuatorianos en cantidades apreciables, especialmente banano, en que no eran conocidos en el Ecuador los productos que la China Popular pudiera ofrecer, siendo también ignoradas la estructura básica del comercio internacional de China así como los términos y condiciones bajo las cuales efectúa su intercambio comercial, y las circunstancias relativas al transporte, por todo lo cual se estimaba que lo aconsejable era iniciar los contactos comerciales mediante la realización de alguna negociación concreta que demuestre la conveniencia y la utilidad de relaciones comerciales permanentes entre ambos países.

5.- Añadí que el Gobierno del Ecuador, en atención a esa respetable corriente de opinión, si bien mantenía el propósito de seguir estudiando las bases de un posible Convenio Comercial con la República Popular de China, pensaba, que, bien se podría, simultáneamente con las conversaciones tendientes a ese fin, negociar alguna operación comercial concreta con el fin de que por ejemplo, la China Popular compre determinadas cantidades de productos ecuatorianos de banano preferentemente, a los precios y en las condiciones que se establecieren, y, de que el Ecuador comprara a la China Popular, los productos que estuviera en posibilidad de ofrecerle y que sean de interés para el país.

6.- Terminé expresándole que una vez que el Gobierno de la China Popular aceptase esta nueva modalidad que le proponía, podríamos entrar a considerar los demás puntos de procedimiento.

7.- El Señor Pei Tsian-chang me escuchó con detenimiento y me dijo que llevaría a conocimiento de su Gobierno cuánto yo le había expuesto, agregando que deseaba conocer si era nuestro criterio el de que las conversaciones para acordar la negociación inicial concreta de productos se llevaran a cabo en Londres al mismo tiempo que las relativas al Convenio de Comercio. Le contesté que el Gobierno del Ecuador estimaba que ambas negociaciones bien podían llevarse a cabo en Londres, pero si el Gobierno de la China Popular deseare enviar una Misión Económica al Ecuador para ver de llegar a un acuerdo sobre una primera negociación concreta inicial y para estudiar las posibilidades económicas del país, el Gobierno del Ecuador aceptaría con agrado esa visita sobre cuya fecha y modalidades habrían que ponerse de cuerdo previamente.

8.- Me preguntó el Señor Pei Tsian-chang sí el Ecuador había contemplado el envío de una Misión Ecuatoriana a la China, contestándole yo que, a mi juicio, podría contarse con la eventual visita a la China de una Misión ecuatoriana con el fin de estudiar el mercado chino, pero que esa Misión seguramente no habría de ir sino después de que la Misión china hubiese visitado el Ecuador y se conociesen los resultados favorables que ella hubiera alcanzado.

9.- Expresó el Señor Pei Tsien-Chang que la Misión Económica de la China, de llegar a realizarse, podría tener también la finalidad adicional de estudiar las posibilidades de prestar ayuda a los programas de desarrollo del Ecuador, pues la política de la China era de ayuda a los países menos desarrollados, y de amistad para con todos los pueblos, pequeños o grandes.

10.- Le respondí que si el Gobierno de Pekín optaba por el envío de una Misión al Ecuador tendría que haber, desde luego, previo acuerdo sobre las finalidades que cumpliría en el país así como sobre los demás pormenores del caso, como fecha de llegada, número de miembros, tiempo de permanencia etc., por lo cual era deseable que él tuviera informado oportunamente del criterio de su Gobierno, para la debida consulta a Quito.

11.- Se retiró el Señor Pei-Tsien-chang luego de ofrecerme que comunicaría a Pekín nuestra conversación y que me tendría informado de la respuesta, tan pronto como la reciba.

12.- No me pareció oportuno, en este primer planteamiento de la posición adoptada por la Cancillería, en base a lo resuelto en diciembre de 1971 por el Consejo Superior de Comercio Exterior, entrar a tratar con el Encargado de Negocios de la China, sobre calidades y cantidades de banano, medios de transporte ni modalidades de pago, dejando todo ello para ser considerado al tiempo en que, aceptada que fuere por la China Popular el propósito de realizar una negociación inicial concreta, llegue el momento de plantear y discutir tales pormenores.

En base a lo dicho por el Señor Pei-Tsien-chang, pienso que el Gobierno chino muy probablemente optará por el envío de una Misión Económica al Ecuador, por lo que sería conveniente que Usted se dignara darme a conocer, a la brevedad posible, el criterio del Gobierno Nacional en cuanto a la época que juzgaría más apropiada para esa visita, las limitaciones a que ella debería estar sujeta en el país y otros puntos que se consideré útiles, de modo a poder contar aquí con una orientación para posibles futuras conversaciones.

Muy atentamente,

Antonio Parra Velasco  

En relación a las instrucciones recibidas para lograr el reinicio de relaciones diplomáticas y comerciales con China Popular, y por existir indudables contradicciones, mi padre tenía notas para redactar las comunicaciones, que transcribo: una dirigida a nuestra Cancillería; y otra al encargado de Negocios Asuntos Internacionales de China en el Reino Unido. Las notas dicen: 

Dados los antecedentes expuestos, me permito someter a su recto criterio e ilustrada decisión los siguientes puntos:

Se desea o no suscribir un Acuerdo Comercial con la China Popular?

Hay contradicción entre las notas —y—, la una me autoriza a negociar un Acuerdo, y la otra simplemente a ver si cabria tal acuerdo. Para este último punto no cabe ya hacer nada, pues ya está cumplido, desde que sabemos que la China acepta y con la condición previa de establecer relaciones diplomáticas.

Si se desea suscribir el Acuerdo, el poder es insuficiente.

No cabe plantear que se estudie las ventajas posibles del Acuerdo y la cuantía del intercambio porque dirán: Uds. han de saber, puesto que lo han propuesto. Al proponer debe deducirse que lo han estimado útil, que ya han hecho los estudios que los llevaron a ese criterio.

Ya no cabe retroceder a una etapa ya superada, la de ver si aceptarían o no, si conviene o no. Ahora sólo puede tratarse de las Bases del Acuerdo. Si no se quiere esto, habría que demorar bajo cualquier pretexto (por ej. que se espera la llegada al poder del nuevo Gobierno, etc.).

Las bases deben ser de tipo generales, para que, dentro de ellas, puedan verificarse negociaciones concretas, que sería una etapa posterior.

Yo comuniqué lo acordado y pedí la proforma de Convenio, el cual se ofreció enviar.

Para ganar tiempo en el estudio, preparé por mi cuenta, a la luz de otros tratados nuestros con países socialistas, y a la luz del sistema de comercio internacional que prevalece en China, un ante-proyecto destinado a adelantar estudios. Me permito enviarlo a Ud. adjunto, como elemento de trabajo y colaboración de esta Embajada.

Quedo en espera de su contestación y definitivas instrucciones, para saber si se sigue con el Acuerdo, o si se adopta otra modalidad dilatoria. En el primer caso, deberían enviarse nuevas credenciales para suscribir el Acuerdo.

Una buena justificación de una nueva demora sería explicar que he sido llamado a Quito para tratar de este asunto, viaje mío que, además, deseo realizarlo por motivos personales y que será objeto de una nota posterior solicitando licencia.

Notas para la comunicación dirigida al encargado de Negocios Asuntos Internacionales de China, de enero 26 de 1972:

He pasado dos meses en el Ecuador.

He encontrado que reina malestar político por próximas elecciones.

La idea de establecer relaciones comerciales estables y permanentes con la China Popular siempre tiene gran simpatía en el Gobierno Ecuatoriano.

Sin embargo, en ciertos sectores de la opinión pública se ha presentado cierto malestar y oposición, basado en la idea errónea de que las relaciones carecerán de base práctica, porque la China, tal vez no esté preparada para comprar productos del Ecuador (principalmente banano) ni está capacitada para vender cosas que el país necesita.

Esto es fruto de gran ignorancia de la capacidad económica de la China Popular, pero es factor que el Gobierno, en este tiempo de cambios políticos, no puede ignorar.

Por eso, el Gobierno estima que sería una buena cosa si al mismo tiempo que se concreta un convenio comercial, se pudiera concretar alguna negociación práctica, que podría consistir, por ejemplo, en la compra por China de una cantidad de banano, y por el Ecuador, de productos chinos.

Una primera negociación concreta vencería los obstáculos de la opinión pública y facilitaría el establecimiento de una corriente normal y creciente de productos de comercio. Esto implicaría estudiar precios, el problema del transporte y de la forma de pago recíproco, etc… Estudio que se haría oportunamente.

Si el Gobierno de China estima que una Misión China pudiera visitar el Ecuador, para estudiar el mercado y la negociación inicial concreta, y dar a conocer los productos chinos ofrecidos y sus condiciones, el Gobierno estaría listo a recibirlos. No sería necesario que esa primera misión de estudio y de exploración fuera muy numerosa, podría pensarse en un máximo de 5 personas.

Posteriormente, el Ecuador podría enviar a China una Misión ecuatoriana con igual finalidad. Entre tanto, se estudiarían las bases del acuerdo comercial. 


EMBAJADOR EN VENEZUELA

El Gobierno del señor Galo Plaza Lasso designó a mi padre, el 7 de marzo de 1949, Embajador del Ecuador en Venezuela. Ese mismo día el Consejo de Estado, autorizó el nombramiento.

El 19 de mayo de 1949 presentó, en el Palacio de Miraflores, las credenciales de Embajador en Venezuela. Gobernaba Venezuela una Junta Militar que la presidió el Teniente Coronel Carlos Delgado Chalbaud, protegido del maestro Rómulo Gallegos, a quien derrocó de la Presidencia de la República.

El diario Ultimas Noticias, de Caracas, comentaba que “la designación del doctor Parra Velasco para desempeñar el elevado cargo, es uno de los grandes aciertos del Presidente Galo Plaza, cuya prestancia de estadista y dinámica concepción de los destinos patrios, promete un venturoso resurgimiento nacional en la fecunda y dulce tierra de Olmedo y Montalvo. El nuevo Embajador que trae hasta nosotros gallardo, es también un escritor notable. La certera visión de los problemas continentales, el acentuado dominio de los temas panamericanos, tienen en su estilo brillante y fácil, una claridad atrayente y original. “Ultimas Noticias –dice la crónica- que, desde un principio celebró alborozadamente la designación oportuna del doctor Parra Velasco, para desempeñar tan elevada misión …….. presenta al insigne hombre público su efusiva congratulación, y al hacer votos por el éxito de sus importantes gestiones, ofrece sus columnas al economista, al tratadista internacional y al apasionado bolivariano.”

Uno de los aspectos fundamentales de la misión de mi padre fue lograr que se instale, en Caracas, el Consejo Económico Provisional Gran Colombiano, en cumplimiento de la Resolución correspondiente de la Conferencia Económica Grancolombiana, celebrada en Quito. Este punto se trata en el capítulo correspondiente a la Carta de Quito – Conferencia Económica Grancolombiana.

A continuación transcribo algunas notas, cartas, informes y discursos de esa época.

Caracas, a 8 de octubre de 1949

Excelentísimo señor
Galo Plaza Lasso,
Presidente Constitucional de la República
Quito.

Señor Presidente y distinguido amigo:

En nota oficial enviada hoy, remití a usted un cheque por valor de dólares 20.015, erogado por la ciudadanía del Estado Carabobo, con la indicación de que, según el Gobernador de esa Entidad Política, “es deseo manifiesto del Pueblo… que su modesta contribución sea aplicada, salvo el criterio del Gobierno Ecuatoriano, a la construcción de una obra permanente de carácter asistencial o docente, a fin de que ella recuerde, en todo tiempo, los sentimientos fraternales que hacia el Ecuador abriga esta parte del pueblo venezolano”.

Es, por consiguiente, del todo indispensable, que con la suma erogada por el Estado de Carabobo, se levante una escuela, o un dispensario para niños, o un pabellón de hospital, o cualquiera otra obra de esa naturaleza, a la que, a mi juicio, deberíamos necesariamente designar con el nombre de Carabobo.

Me valgo de esta oportunidad para insistir nuevamente ante usted, señor Presidente, en la indispensable necesidad de que el Gobierno Ecuatoriano como demostración de gratitud hacia este País, designe con el nombre de Venezuela, o de Nueva Venezuela, o de Nueva Caracas, o de Nueva Cumaná, o algún otro nombre que recuerde a esta Nación, a alguna jurisdicción territorial de las zonas afectadas por el sismo, o a alguno de los pueblos que van a ser reconstruidos, o a alguna obra de importancia capital. Una decisión semejante bien se que agradaría profundamente a este noble Pueblo en el que tanto se nos quiere.

Así por ejemplo, ¿por qué no bautizar con el nombre de “Nueva Caracas” a alguna de las poblaciones destruidas por el sismo, Píllaro o Guano?. Por qué no designar con el nombre de Hospital Venezuela, al nuevo hospital que se levantará en Ambato? ¿O designar “Carretera Venezuela” a la nueva arteria que deberá unir a los pueblos del Tungurahua y que podría conservar ese nombre hasta los confines del Oriente Ecuatoriano?. Yo creo que es indispensable, en todo caso, que una de las poblaciones que van a ser reconstruídas, sea re-bautizada, si pudiera expresarme así, con el nombre de “Nueva Caracas”. Estos parecen detalles, pero el Pueblo Venezolano es pueblo sensible, que mucho sabe apreciar esas demostraciones delicadas de la gratitud.

También debo informarle que tanto en medios oficiales como particulares, con frecuencia se me pregunta acerca de las posibilidades que existen para una visita suya a este País. Siempre contesto que su deseo de venir es grande, pero que, por ahora, lo impiden obligaciones premiosas relacionadas con la labor de reconstrucción, agradeciendo, a la vez, las manifestaciones de simpatía hacia usted, y los deseos que se me manifiestan de que usted venga a Venezuela.

A este respecto debo dejar constancia de que, en mi concepto, pocas cosas serían de tanta utilidad para nuestra Patria como su venida a Venezuela, pues una visita de usted, -sobre todo en las actuales circunstancias-, afianzaría extraordinariamente la nueva política de estrechamiento de relaciones y colaboración económica y cultural entre los Estados de la antigua Colombia, y, al vigorizar los sentimientos fraternales de Venezuela hacia el Ecuador, acrecentaría el prestigio internacional de la República.

Refiriéndome nuevamente al cheque por los 20.015 dólares, debo manifestar a usted que me fue entregado por el Comisionado de la Junta pro damnificados del Ecuador de Valencia, Carabobo, señor Francisco Alvarado Escorihuela, quien fue casado con doña María Mercedes Tobar, hermana del doctor Carlos Tobar Borgoño, y es padre del señor Carlos Alvarado Tobar, ciudadano que reside actualmente en Quito. Considero que constituiría un gesto que sería muy grato para el señor Alvarado Escorihuela, si usted, señor Presidente, llamara a su Despacho al referido señor Alvarado Tobar (dirección: Apartado 2852, Quito), para agradecerle todo el interés demostrado por su padre, pues estoy informado de que el señor Alvarado Escorihuela ha trabajado intensamente en el seno de la Junta de Valencia.

Me valgo de esta nueva oportunidad para reiterar a usted mis sentimientos de amistad y elevado aprecio.

Antonio Parra Velasco 

Caracas, Noviembre 19 de 1949.

Sr. Dr. Dn.
Neptalí Ponce M.,
Ministro de Relaciones exteriores.
Quito.

Mi estimado Canciller y distinguido amigo:

Me ha sido sumamente grato recibir su importante carta de fecha 10 de Noviembre.
Lo que en ella me expresa coincide, en un todo, con mi manera de pensar.

A poco de haberla recibido, se me presentó una ocasión propicia para realizar la gestión encomendada por Ud. según paso a narrarle:

En efecto, tuve que visitar al Dr. Germán Suárez Flamerich, encargo del Ministerio de Relaciones Exteriores, para tratar acerca del apoyo solicitado para la ponencia que el Ecuador presentará en la Conferencia de la F.A.O. El Dr. Suárez F. me dijo que ese asunto estaba tramitándose en el Ministerio de Agricultura y Cría, y luego, espontáneamente se refirió a la petición nuestra para que sea convocado el Consejo Económico Provisional previsto en la Resolución I de la Conferencia de Quito, expresándome que el Gobierno de Venezuela estaba sometiendo el caso a un muy serio estudio y que esperaba poder darme una contestación definitiva en breve.

Aproveché entonces de la oportunidad para decirle que yo solo estaba en espera de conocer la resolución de la Cancillería Venezolana, que esperaba sería favorable, para iniciar, ante el Señor Presidente Plaza, una gestión particular mía, encaminada a ver de conseguir que el presidente decidiera realizar una visita a Venezuela, en forma que coincidiera su venida con la reunión inaugural del C.E.P. Agregué que yo era optimista en cuanto a la posibilidad de lograr el propósito indicado pues si bien el Presidente está sumamente ocupado atendiendo a los deberes de su alto cargo agravados con la necesidad de atender a la reconstrucción de las zonas devastadas, existía la circunstancia favorable de que está vivamente deseoso de visitar Venezuela para expresar personalmente al Gobierno y al pueblo de este País hermano toda la gratitud del Ecuador por la generosa ayuda recibida, esperando solamente una oportunidad apropiada para realizar ese deseo.

Añadí que, de realizarse esa visita, el Presidente Plaza podría hacer, en persona, la entrega de las insignias de la Orden al Mérito que el Gobierno se proponía entregar, como testimonio de gratitud, a los miembros de la Junta Militar de Gobierno y a los altos funcionarios que más se habían distinguido por su especial devoción hacia nuestra Patria.

Me contestó el Dr. Suárez Flamerich diciéndome que era magnífica la idea y que para el Gobierno y pueblo Venezolano sería un gran honor el recibir la visita del Presidente Plaza, en cualquier ocasión en que decidiera venir, añadiendo que su presencia en Venezuela sería muy grata y, además de suma importancia para el afianzamiento de los vínculos existentes entre ambos países.

La conversación continuó desarrollándose en forma muy cordial, llegando a expresar el Dr. Suárez F., que, de realizarse la visita, he considerado de mí deber exponer a Ud., con toda franqueza, mi opinión en esta materia.

Por cierto, lo que dejo expuesto no significa que las cosas anden mal, en cuanto a las posibilidades de que Venezuela acceda a nuestra petición de convocar la reunión del C.E.P.. Por el contrario tengo buenas noticias que darle al respecto, pues, conversando últimamente con el Dr. Aureliano Otañes, Jefe del Departamento de Política Económica de la Cancillería, a cuyo estudio ha pasado el asunto, me dijo que su informe sería favorable a la reunión del Consejo Económico Provisional. Llegó hasta a indicarme los argumentos que expondría en ese informe, cruzó ideas conmigo en cuanto a la fecha que podría fijarse para la reunión inaugural, me preguntó si existía algún “compromiso de caballeros” en cuanto a la designación del Secretario General del C.E.P., etc,… Según el Dr. Otañez es posible que el informe que está preparando sea conocido del Consejo de Ministros antes del final del presente mes, y que enseguida la Junta Militar adopte la resolución definitiva.

Lo dicho por el Dr. Otañez constituye una poderosa razón para estar optimistas, especialmente si se toma en cuenta que él ha sido siempre uno de los más tenaces opositores a la Carta de Quito, oposición que parece ya estamos en el camino de vencerla.

Sensiblemente parece que va a presentarse una circunstancia que pueda ser desfavorable: se dice que, dentro de breves días, habrá reorganización de Gabinetes y que varios Ministros serán reemplazados. Es de temer que esos cambios puedan provocar un retardo en la marcha del asunto que tanto nos interesa, porque los nuevos Ministros tendrán que estudiar de nuevo todos los problemas.

En todo caso, tal como hasta ahora se presentan las cosas, parece que existen serias probabilidades de que el Gobierno de Venezuela resuelva dar cumplimiento a la Resolución I de la Conferencia de Quito, y convoque la reunión inaugural del C.E.P.

Ante esa expectativa, creo que se impone la necesidad de ir pensando, desde ya, en el viaje del Presidente Plaza. Se me ocurre que una buena fecha para la sesión inaugural podría ser el día 19 de Diciembre, Lunes, y que, en ese caso, el Presidente podría llegar a Caracas en la tarde del 16 de Diciembre (Viernes) para asistir el 17 de Diciembre (Sábado) a las ceremonias conmemorativas de la muerte del Libertador, y dedicar el Domingo a los homenajes en su honor. El Lunes 19 de Diciembre se realizaría la sesión inaugural del C.E.P., y el mismo día, por la noche, se ofrecería, en la Embajada una recepción de agradecimiento, durante el cual el Sr. Presidente haría la entrega de las condecoraciones a los Miembros de la Junta Militar y más altos funcionarios. Los días Martes 20, Miércoles 21 y Jueves 22 de Diciembre se emplearían en visitar, en avión, distintas ciudades Venezolanas (Valencia, Carabobo, Cumaná, Ciudad Bolívar, Maracaibo) y el Viernes 23 de Diciembre el Presidente estaría de regreso en Quito.

El Presidente y la Señora de Plaza, Usted y su esposa, se alojarían en la sede de la Embajada. Los demás miembros de la comitiva -que convendría incluyera a miembros de ambas Cámaras Legislativas y un Ministro de la Corte Suprema, mejor si fuera el Presidente-, se alojarían en hoteles.

Se gestionaría que de Colombia y de Panamá vinieran Misiones especiales presididas por los respectivos Cancilleres e integradas por miembros de los Congresos y de las respectivas Cortes Supremas.

Perdóneme Ud., mi querido Ministro, si me he extendido demasiado en esta carta, que me brinda la oportunidad de renovarle mis mejores sentimientos de amistad y especial aprecio.

Muy atento amigo y servidor,

Antonio Parra Velasco. 

Carta al señor Galo Plaza Lasso, Presidente Constitucional de la República, de noviembre 24 de 1949.

Excelentísimo señor
Galo Plaza Lasso,
Presidente Constitucional de la República
Palacio de Gobierno
Quito.

Señor Presidente y distinguido amigo:

Mediante oficio que llegará a sus manos al mismo tiempo que esta carta, remito a usted un cheque a su orden por dólares 7.556,88, contribución de la Gran Logia de los Estados Unidos de Venezuela, para alivio de los damnificados del terremoto.

Me valgo de esta oportunidad para someter a la consideración de usted la siguiente sugerencia:

En la cumbre más alta del Avila, monte que domina esta capital, va a levantarse una estatua monumental del Libertados, costeándose la obra con la espontánea contribución de toda la ciudadanía Venezolana. (Véase el adjunto recorte, en que aparece la maqueta del bellísimo monumento)

Se me ocurre que constituiría un bellísimo gesto ecuatoriano si usted, señor Presidente, hiciera un llamamiento público en la medida de nuestras posibilidades, a la erección de ese monumento, estableciendo a la vez una junta que se ocupara de centralizar esas erogaciones voluntarias. Junto con el óbolo colectivo, se enviaría un poco de tierra ecuatoriana para que se asiente también en ella el monumento al Padre de la Patria.

Hecho por usted el llamamiento público en referencia, habría que conseguir de las agencias noticiosas internacionales la UP y la AP-, que envíen directamente su texto completo a los diario de Caracas.

Tengo la seguridad de que este gesto suyo, -que enseguida tendría imitadores en los demás países bolivarianos-, sería altamente apreciado en Venezuela.

Nos citamos, en efecto, para expresar, de alguna manera visible, nuestro agradecimiento a este noble pueblo hermano que con tanta generosidad nos ha prestado su ayuda con ocasión del terremoto, y que, de manera tan espontánea, siente por nosotros un profundo afecto.

Considero de mi deber hacerle conocer a este propósito, que existe en ciertas esferas de esta República, cierto resentimiento para con nuestra Patria debido a que se tiene la impresión de que el Ecuador no ha apreciado en su justo valor lo hecho por Venezuela. Se estima, en esos círculos, -que son los más allegado al Gobierno-, que la prensa Ecuatoriana muy poco se ha preocupado de la ayuda de Venezuela, destacando, en cambio, con muestras de intenso agradecimiento, lo hecho por la Argentina y por otros países. Se piensa que al hacerse referencia a la ayuda Venezolana, en vez de destacar la espontaneidad y la importancia de esa ayuda, vinculándola con los especiales sentimientos de fraternidad que unen a ambos pueblos, hemos preferido elogiar, no específicamente la generosidad venezolana, sino la “solidaridad americana” y la “generosidad continental”, quedando así como diluído, en el gesto conjunto, el aporte venezolano,, que este noble pueblo se ha esforzado en singularizarlo, por la importancia de la contribución y la nobleza del procedimiento.

He sabido de ese resentimiento, por conductos muy diversos: por medio del Embajador de Colombia, quien me contó que el Coronel Ospina, Agregado Militar de Colombia en esta Capital le dijo haber oído, entre los altos Jefes del Ejército Venezolano, una conversación en el sentido indicado; y por medio del señor Crisanti, historiador, quien habitualmente reside en Quito y que es connotado amigo de nuestra Patria, y me trató del particular ponderándome la necesidad de que se estudiara la mejor manera de remediar esa situación.

Otra de las personas que me ha hecho conocer, con toda franqueza, ese resentimiento, existente en las esferas gubernativas, es el señor Mayor Teófilo Velasco, Agregado Militar de Venezuela en Quito, quien estuvo aquí hace pocos días. Como militar, es compañero de los Miembros de la Junta, y me dijo haber hablado de este asunto con el Comandante Pérez Jiménez. Llegó a decirme el Mayor Velasco que había existido en el Ecuador el proyecto de “fundir los cañones de la Independencia para levantarle una estatua a la señora Eva Duarte de Perón” como prueba de gratitud, “lo cual hube de negar enfáticamente, habiéndome ofrecido el Mayor Velasco remitirme los artículos de la prensa Ecuatoriana en que consta ese proyecto”. Me temo que el Mayor Velasco haya hecho conocer esos particulares en los círculos militares de esta Capital, no obstante ser un buen amigo del Ecuador.

Conceptúo que sería muy inconveniente para nuestros intereses y para la amplia política de solidaridad que queremos poner en marcha, el que dejáramos que ese sentimiento de resentimiento tomase cuerpo intensificado hábilmente por aquellos a quienes esa nueva política inquieta, pues en tal caso no solamente perderíamos todo cuanto hemos ganado en cuanto a reavivar los principios de fraternidad que siempre han cultivado nuestros pueblos, sino que se correría el riesgo de ver disminuir las simpatías que siempre han existido en Venezuela hacia nuestra Patria.

Para evitar que ese mal se produzca, pienso que es indispensable que usted, señor Presidente, decida, cuanto antes, visitar Venezuela. Esa visita no solamente serviría para desvanecer, en sus comienzos, esa nube de resentimiento, sino también para iniciar, en forma decisiva, una nueva etapa de colaboración efectiva entre ambos países, pues estoy seguro de que la venida de usted tendría por resultado inmediato desbaratar los prejuicios existentes contra la Carta de Quito y la política de colaboración económica grancolombiana y favorecer la reunión del Consejo Económico Provisional. Sobre todo esto, ha escrito, con más detalles, el señor Doctor Don Neptalí Ponce Miranda, Ministro de Relaciones Exteriores.

Para la visita de usted a este País existe ambiente sumamente favorable. El Comandante Delgado Chalbaud tuvo expresiones cordialísimas en ese sentido, cuando lo visité para agradecerle la donación del millón de dólares. En igual sentido se ha expresado varias veces el actual Canciller, doctor Suárez Flamerich.

Por otra parte, la situación política en Venezuela tiende a cambiar de modo favorable a los principios democráticos: con ocasión del aniversario del cambio de Gobierno, la Junta Militar ha expedido varios decretos importantes, restableciendo parte de las garantías constitucionales, poniendo en vigencia las plenas atribuciones de los Consejos Municipales, y, sobre todo, creando una Comisión, compuesta por destacados juristas y eminentes políticos (entre ellos figuran los doctores Rafael Caldera y Jóvito Villalba, jefes de los dos grandes partidos políticos de Venezuela), con el encargo de redactar el Estatuto Electoral por el cual deberá el pueblo “proceder libre y ordenadamente a la organización constitucional del poder”.

Este anuncio del próximo retorno a la constitucionalidad, es, en mi concepto, otra circunstancia que facilita, políticamente, la visita de usted a Venezuela, la cual sería de trascendentales efectos en orden de robustecer la solidaridad entre ambos pueblos hermanos y poner en marcha la política planeada en la Conferencia de Quito.

Estimo que mientras más pronto se pueda llevar a cabo la venida de usted, señor Presidente, mejor será, para afianzar nuestra posición en Venezuela, y que, por otro lado, toda demora en realizar esa visita pueda ser extremadamente inconveniente para nuestro País.

Aprovecho de esta oportunidad para reiterar a usted, señor Presidente, mis mejores sentimientos de amistad y elevada consideración.

Antonio Parra Velasco. 

Caracas, a 26 de Noviembre de 1949

Señor Doctor
Don Neptalí Ponce Miranda,
Ministro de relaciones exteriores.
Quito.

Mi estimado Ministro y distinguido amigo:

Quiero referirme a mi carta de Noviembre 19, para darle algunas informaciones adicionales, que son de interés:

Las noticias que circulaban hace algunos días acerca de un próximo cambio de Gabinete en esta República, resultaron,. por fortuna, inexactas. Todos los Ministros han quedado en sus cargos, por manera que nos evitaremos las nuevas gestiones y explicaciones acerca de lo que son el Consejo Económico Provisional y la Carta de Quito, y las cosas seguirán el rumbo que han tenido en estos últimos días, favorable, pienso, para la reunión del referido Organismo. Especialmente es ventajoso el que no haya sido cambiado el doctor Germán Suárez Flamerich, actual Encargado del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Se ha producido también otro hecho favorable para la venida del señor Presidente Plaza, si él decidiera visitar esta República: y es que con ocasión del aniversario del cambio de Gobierno, la Junta Militar ha expedido varios decretos importantes, restableciendo parte de las garantías constitucionales, poniendo en vigencia las plenas atribuciones de los Consejos Municipales, y, sobretodo, creando una Comisión, compuesta por destacados juristas y eminentes políticos (entre ellos figuran los doctores Rafael Caldera y Jóvito Villalba, jefes de los dos grandes partidos políticos de Venezuela), con el encargo de redactar el Estatuto Electoral por el cual deberá el pueblo “proceder” libre y ordenadamente a la organización constitucional del poder”.

Este anuncio del próximo retorno a la constitucionalidad facilita la visita del señor Presidente Plaza a Venezuela, la cual, como ya dije a usted en mi carta anterior, sería de trascendentales efectos en orden a robustecer la solidaridad entre ambos pueblos hermanos y poner en marcha la política planeada en la conferencia de Quito.

Por último me permito sugerirle la conveniencia de que, cuanto antes, se digne enviarme las instrucciones anunciadas en su nota Nº 124-DA0, de Noviembre 10, pues ahora que, para el Ecuador y Colombia, está perfeccionada la Carta de Quito, -lo cual ha creado una nueva situación en cuanto al problema de la reunión del Consejo Económico Provisional-, resulta absolutamente urgente el que ambos Gobiernos procedan a comunicarle al de Venezuela, que siguen interesados en la reunión del Consejo Económico Provisional, en Caracas, y que, están dispuestos a postergar, por un tiempo prudencial la organización del Consejo Económico General con el propósito cordial de darle mayor tiempo al Gobierno de Venezuela para que adopte la resolución definitiva que estime procedente en cuanto a la ratificación de la Carta de Quito.

Es evidente que, mientras no se realice esa gestión, el Gobierno de Venezuela se abstendrá de adoptar resolución alguna en cuanto a la reunión del Consejo Económico Provisional, pues, este Organismo, en verdad, vendría a resultar inútil si el Ecuador y Colombia resolvieran,- como sería de pensar- poner en ejecución inmediata las disposiciones de la Carta ratificada por ambos países y vigente para ellos.

Pienso que las instrucciones de usted en esta materia deberían de llegarme cablegráficamente, y a la mayor brevedad, pues es seguro que el Canciller Suárez Flamerich habrá de tratarme del asunto en la próxima audiencia que tendrá lugar el próximo jueves, 1º de Diciembre.

Aprovecho de esta oportunidad para renovarle mis mejores sentimientos de amistad y alto aprecio.

Muy atento amigo y servidor

Antonio Parra Velasco 

Caracas, Junio 11 de 1.950

Excmo. Sr. Dn. Galo Plaza L.
Presidente Constitucional de la República.,
Quito.

Mi querido Presidente y distinguido amigo:

En mi poder su grata carta fechada 29 de Mayo, que mucho le agradezco.

Sigo pensando que el viaje de Ud. a esta República es absolutamente necesario para fortalecer las relaciones entre ambos países, sobre todo en el aspecto económico. Como expliqué a Ud. en una larga carta, (y lo he manifestado al Señor Canciller en una importante nota No. 4-1-14 de 3 de Marzo) considero que estamos comprometidos a realizar esa visita cuanto antes. Solo ha faltado poder determinar, de nuestra parte, la fecha de la visita de Ud., para que el Gobierno de Venezuela procediera a extenderla la invitación respectiva.

Todo estaba listo para recibirlo a fines de Marzo. Usted recordará que, debido a la llegada al Ecuador de exiliados políticos Venezolanos, nuestro Gobierno decidió, entonces, la postergación de su viaje. Tuve que ingeniarme en buscar algún pretexto decoroso para lograr esa postergación sin causar resentimiento al Gobierno de Venezuela. Luego se produjeron las inundaciones, que me permitieron alegar esa nueva razón para el aplazamiento de su venida. El Gobierno Venezolano quedó en espera del señalamiento de una nueva fecha.

Mi impresión es la de que estamos perdiendo un tiempo precioso. Mientras nuestras relaciones oficiales con el Gobierno de Venezuela se van enfriando paulatinamente luego de esa explosión de afecto producida por el terremoto de Ambato, las relaciones de este Gobierno con el del Perú se hacen cada día más estrechas: condecoraciones recíprocas de los respectivos Gobernantes, línea aérea directa Caracas-Iquitos-Lima, cooperación para sostener el prestigio de ambos gobiernos militares y combatir la oposición contra cada uno, colaboración de lo internacional, favorecidas hoy por la falta de relaciones con Chile que agrada profundamente al Perú, etc, etc.

El Gobierno de Venezuela no debe de dejar de comprender que la verdadera causa de la postergación de la visita de Ud., consiste en el desacuerdo de nuestro Gobierno con el Régimen militar de esta República. Sin duda alguna el Dr. Casas Briseño, – quien, según he tenido ocasión de darme cuenta, mantiene a la Cancillería Venezolana, ampliamente informada de todo lo que ocurre en el Ecuador, de interés para este país-, se habrá dado cuenta del sentir del Gobierno y habrá informado a la Casa Amarilla. Y valga la pena de contarle el siguiente incidente, ocurrido hace un par de noches, en una fiesta de beneficencia para los damnificados del Cuzco: se me acercó mi buen amigo el Dr. Altube Carrillo, uno de los Secretarios de la Junta Militar de Gobierno, – por otra parte gran amigo de nuestra Patria-, y me preguntó a quién pertenecía el diario La Nación de Guayaquil y quien era su Director. Después de darle la información pedida, le pregunté a mi vez, cual era el motivo de su pregunta, agregando que el Director era mi amigo, y que sí en algo le podía servir, me agradaría hacerlo. Me dijo entonces, lo siguiente: “Es que ese periódico hace notoria labor anti-venezolana. Nos ha llegado un recorte en el cual se sostiene que el Presidente Plaza no debe realizar su visita a Venezuela, por existir aquí un Gobierno militarista, mientras se afirma que debe de ir a Chile donde ha sido invitado por el “demócrata” Sr. González Videla…” Le dije que yo no conocía dicho artículo, le pedí que me lo prestara para leerlo.. y rápidamente cambié la conversación para evitar que me preguntara acerca de sus proyectos de viaje. Naturalmente, las palabras del Dr. Altube son elocuentes en cuanto a demostrar que posiblemente ya existe un principio de resentimiento oficial por la postergación de su visita.

Extensamente expuse al Sr. Dr. Ponce, en la referida nota 4-1-14 , todos los inconvenientes que podría traernos la postergación indefinida de la visita de Ud. a esta República, así como las grandes ventajas que de su realización podrían derivarse para nuestra Patria. Me ratifico ahora en los puntos de vista que entonces expuse, y agrego que la visita de Ud, debería hacerse cuanto antes, si es posible con anterioridad a la reunión del Congreso Nacional, quizás para el 24 de Julio próximo, natalicio del Libertador.

Como sin duda estará Ud. al corriente, pues oportunamente di a conocer el particular a la Cancillería, ya la Junta Militar recibió el proyecto de Estatuto Electoral preparado por la Comisión respectiva ( en la que están representados amplios sectores de la política Venezolana) y lo ha sometido a la discusión de la ciudadanía para luego, darle carácter legal a efecto de que sirva de base para la integración de la Asamblea Constituyente. Con ocasión de la entrega del proyecto en referencia, el Comandante Delgado Chalbaud, en nombre de la Junta, reiteró el ofrecimiento de un próximo retorno al régimen constitucional. He allí, según creo, pasos concretos dados hacia la constitucionalidad.

Se refiere Ud., en su carta, a la conveniencia de vincular su visita a perfeccionar algún plan en el sentido de establecer la colaboración económica entre ambos países en forma tal que los capitales de Venezuela puedan ayudarnos a fomentar nuestras riquezas naturales. Todo eso es posible, sí fomentamos el clima de fraternidad entre nuestros pueblos y de colaboración entre ambos Gobiernos. Conviene, por cierto, recordar, que si el Gobierno Venezolano accedió a reunir el Consejo Económico Provisional, fue sin duda, en gran parte, porque se convino en que Ud. realizaría su visita para estar presente en ese acto. Quedó así vinculada su visita a ese hecho de trascendental importancia, como espero lo irán demostrando los hechos. Si su visita quedó postergada, no es menos cierto que el anuncio de ella dio impulso a la determinación de reunir el Consejo, quedando convenido que vendría Ud. posteriormente, tan pronto como la cesación de las calamidades públicas (inundaciones, etc.) se lo permitieran.

Desde luego, considero que la visita de Ud. puede permitirnos hacer algo más: quizás podría prepararse un Convenio de comercio y colaboración económica y cultural, concebido en términos generales, en que se establecieran los principios de esa ayuda que anhelamos. Ese Convenio podría firmarse con ocasión de su venida. Mucho me agradaría ponerme a trabajar en ese sentido, en colaboración con el Dr. Gustavo Pólit, tratando de lograr un Convenio de la mayor amplitud. Pero para iniciar esa labor, es indispensable primero resolver definitivamente acerca de su viaje. No podríamos, ni siquiera indirectamente, plantear la suscripción de ese Convenio como condición de su venida, pues ésta, en mi concepto, constituye un compromiso ya adquirido (véase mi nota 4-1-14).

El procedimiento a seguir debería ser éste: que Ud. decida la fecha en que va a realizar la visita, y luego de aceptada esa fecha por el Gobierno de Venezuela, y definitivamente acordada, que yo proponga aquí, en nombre de Ud. y del Gobierno, la suscripción del Convenio a que antes me he referido. Me sería muy grato someter a consideración de Ud., y del Señor Canciller, un proyecto de Convenio que podría servirnos de base para distinguir el que se firmaría en Caracas, con ocasión de su venida. Podría abarcar aspectos económicos y también culturales y de principios generales de colaboración, pero, repito, lo esencial es que ya pueda fijarse una fecha precisa para su venida. Aún estamos en tiempo para recobrar, de parte del Gobierno Venezolano, toda la simpatía y el interés que existían por su venida a esta República hermana, aún podemos, fácilmente, contrarrestar la labor realizada por el Gobierno del Perú en el sentido de atraer al Gobierno Venezolano a un terreno de estrecha colaboración y de debilitar la influencia del nuestro.

La última frase que precede no significa que ya no exista interés de parte del Gobierno Venezolano por su venida. Significa, tan solo, que ese interés ya no es tan intenso como hace unos tres meses, Y esto se comprende fácilmente: sin duda este Gobierno interpreta la actitud nuestra de silencio en cuanto a su visita como la falta de voluntad por realizarla basada en escasas simpatías por el régimen militar. Lo dicho por el Dr. Altube Carrillo es bastante significativo. Por eso, la mejor manera de deshacer todo malentendido sería dando los pasos para la realización de su viaje, para la cual habría que proponer concretamente un fecha (yo sugiero el 24 de Julio próximo). Claro está de que yo cuidaría de que a su visita se le diera su verdadero significado de homenaje al pueblo de Venezuela y de agradecimiento por su generosa colaboración. Recuerde que varios líderes políticos (como el Dr. Jóvito Villalba) quieren que el pueblo participe directamente en recibir a Ud.

No pretendo negar, desde luego, que la oposición al actual régimen (el partido Acción Democrática depuesto en 1948) verá mal su venida a Venezuela. Pero no hay como dar gusto a todos a la vez. Y tenemos siempre que preferir los intereses nacionales, que, en mi concepto, ganarán con su venida.

Con toda franqueza dejo expuesto, mi querido Presidente, lo que pienso en esta materia. A Ud. le corresponde resolver lo que estime más conveniente.

Terminaré esta carta dándole algunas breves noticias acerca de las labores del Consejo Económico Provisional.

Creo que cada día vamos ganando terreno en la conciencia del pueblo Venezolano. Para demostración de este hecho, le mando un recorte de El Universal: el editorial del día 10 de Junio. Este gran diario ha sido, hasta hace poco, enemigo decidido de la Carta de Quito y de la colaboración económica grancolombiana. No obstante, ahora editorializa en favor de esa colaboración, a propósito del desarrollo de la industria del acero en Venezuela. Ya empiezan, pues, a comprender lo esencial que es constituir un gran mercado interno. Por eso pienso que nuestro problema ahora es uno de perseverancia. Debemos insistir, pacientemente, tercamente. Este pueblo Venezolano es noble y generoso. Y cuando llegue la hora en que haya comprendido bien el alcance de la política de colaboración que auspicia nuestra Patria, nos sobrepasará a todos en entusiasmo. Su venida puede ayudar extraordinariamente en este sentido.

Conviene apurar el envío de las listas de los productos nuestros que queremos exportar a Venezuela, Colombia y Panamá. Esto es indispensable para que el Consejo pueda iniciar el estudio del problema del intercambio de productos. De esa manera, empezará a funcionar el sistema de la Carta de Quito… sin la carta de Quito, debido a la transformación feliz que ha experimentado el Consejo Económico Provisional por iniciativa del señor Canciller de Venezuela: de un organismo de estudio se está transformando en un organismo de ejecución… Le envío de nuevo un ejemplar de la resolución sobre este punto, – de intercambio de productos- , para mayor facilidad. Como Ud. puede ver se trata de planear, desde ya, el intercambio para los años 1950 y 1951.

También le remito, adjunto, otro ejemplar de la resolución relacionada con las industrias del hierro y del acero, a efecto de que pueda apreciar mejor el alcance del editorial de El Universal que le estoy enviando con esta carta, que me ha hecho demasiado larga, lo que Ud. se dignará excusar. Sería excelente si se pudiera conseguir que ese editorial sea reducido, en lugar importante, en los diarios de Quito y Guayaquil.

Con esta oportunidad reitero a Ud., señor Presidente y distinguido amigo, mis mejores sentimientos de amistad y elevado aprecio.

Antonio Parra Velasco. 

Quito, 27 de Junio de 1950

Excmo. Sr. Dn.
Antonio Parra Velasco,
Embajador del Ecuador
Caracas, Venezuela

Mi querido amigo:

Muchas gracias por su importante carta, del 11 de Junio, llena de información valiosa que nos servirá para orientar nuestras relaciones con la hermana República de Venezuela.

Estoy enteramente de acuerdo con sus puntos de vista y de acuerdo con la necesidad del viaje lo antes posible, desgraciadamente la proximidad del Congreso hace imposible realizarlo por ahora y hemos resuelto fijar el mes de noviembre, apenas se vaya el Congreso, para la visita de Venezuela.

Confío en las acertadas gestiones de la embajada a su cargo para la preparación de un programa de sentido práctico y de mutuo provecho que vendría a justificar el viaje, ya que no querría que se trate simplemente de una visita protocolaria, sin más consecuencias.

Le felicito con entusiasmo por los adelantos logrados en el Consejo Económico Provisional. Lo más importante es ir poco a poco cambiando el criterio oficial y de ciertos dirigentes de la economía venezolana hacia la conveniencia de cooperación económica entre nuestros países. Aunque nuestros países, desde la Independencia, han marchado por caminos económicos distintos, lo cual hace difícil encontrar un común denominador de intereses, tengo la confianza que martillando sobre el tema de que un mercado para cerca de 20 millones de habitantes tiene posibilidades inmensamente superiores al que pueden ofrecer las poblaciones de cada una de nuestras repúblicas separadamente y esta realidad unida a su labor inteligente y tinosa de ir ganando terreno poco a poco, me hace tener fe en el éxito final. Su amor a la causa y su estrecha e íntima vinculación con la Carta de Quito, sin factores de innegable valor. Le felicito, pues, por el éxito personal logrado hasta aquí y hago votos por mayores triunfos futuros hasta que veamos este sueño de Bolívar convertido en realidad. 

Caracas, 15 de Julio de 1950

Exmo Sr. Dn. Galo Plaza.,
Presidente Constitucional de la República,
Quito.

Mi querido Presidente:

Esta carta llegará a sus manos por intermedio del Dr. Gustavo Pólit quien le dará amplias explicaciones acerca del estado en que se encuentran los asuntos que a nosotros nos interesan en esta República hermana.

De manera especial le he rogado al Sr. Dr. Pólit informar a Ud. en detalle, acerca de los siguientes puntos:

1) La conveniencia de que los Gobiernos del Ecuador y de Colombia, -en vez de negociar separadamente las cláusulas de los nuevos tratados de comercio que se adelantan con los Estados Unidos-, procedan a realizar negociaciones conjuntamente, por lo menos en lo que se refiere a la indispensable aceptación, por parte del Gobierno de Washington, de las preferencias exclusivas previstas en la Carta de Quito, como excepción al tratamiento de la nación mas favorecida. La posibilidad de esa gestión conjunta está puntualizada en el artículo 28 de la Carta. La importancia de un paso como este salta a la vista: una gestión conjunta fortalecería la posición de ambos países y facilitaría la aceptación, por parte de Washington, de la Carta de Quito, y, consecuentemente, aceptada por ese país, sin duda se facilitaría grandemente la ratificación por parte de Venezuela y Panamá, y, más tarde, las adhesiones de otros Estados vecinos.

2) El gran beneplácito del Gobierno Venezolano ante la noticia, -dada por mí al Canciller en forma no oficial-, de su visita probable para el mes de Noviembre próximo. El gobierno se propone hacerle un recibimiento, no solamente cordialísimo, sino de alcances nacionales. Es del caso ir pensando ya en los detalles del programa a realizar y preparando todo lo relacionado con su viaje ya que tres meses pasan muy rápidamente.

3) La imprescindible necesidad de que el Gobierno sufrague los gastos de la recepción que esta Embajada deberá ofrecer al Gobierno, a las autoridades y amigos del Ecuador, para el próximo 10 de Agosto. Como verá Ud. por el presupuesto que le adjunto, la recepción costará alrededor de Bs 5,800 (cinco mil ochocientos bolívares), o sea, más o menos Dólares 1,740. Esta suma, sensiblemente, no puedo sufragarla yo, en los actuales momentos, por lo cual es del todo indispensable que se digne Ud. ordenar que me sea enviada, con aplicación a la partida que corresponda, y a la brevedad posible. Creo no debemos olvidar que, por diversas circunstancias, tenemos deberes especiales con Venezuela, ya por la proverbial amistad de este noble pueblo hacia nosotros, ya por la ayuda extraordinaria que nos prestaron el año pasado con ocasión del terremoto.

La Junta Militar, los altos funcionarios de Gobierno y numerosos ciudadanos particulares amigos del Ecuador, visitarán la Embajada para el aniversario Patrio, y será preciso atenderlos en forma apropiada.

Por lo mismo tendremos que, por lo menos, hacer lo que todas las demás Embajadas hacen en sus Días Nacionales, a costa, naturalmente de los respectivos Fiscos ya que la especial carestía de esta República no permite otra cosa.

Me valgo de esta nueva oportunidad para reiterarle, mi querido Presidente y amigo, mis sentimientos de amistad y elevada consideración.

Antonio Parra Velasco. 

El Gobierno del Ecuador, como amistoso intermediario para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los Gobiernos de Venezuela y Chile, tiene el honor de insinuar que los dos Gobiernos convengan en ese restablecimiento, sin más trámite que el nombramiento simultáneo de Embajadores, en la fecha que se señale oportunamente, previa nueva consulta a Venezuela y Chile.

El Gobierno del Ecuador, en ejercicio de esta grata misión mediadora, apreciaría sobre manera que las Cancillerías de Caracas y Santiago se dignaran expresarle confidencialmente su conformidad con la fórmula anterior hasta el 25 de agosto que decurre. Una vez producida la aceptación, la cual anhela vehementemente el Gobierno del Ecuador, por la más íntima concordia de todos los pueblos hermanos de América, propondrá a las Cancillerías de Venezuela y Chile un acuerdo sobre la fecha para el nombramiento simultáneo de embajadores.

Antonio Parra Velasco

Bogotá, a 10 de Agosto de 1950

La copia de la nota tiene, engrampada, parte de una comunicación del Canciller Ponce, que dice:

“……….Pasando a otra cosa, el mismo día 9 traté con el Embajador Especial de Chile, señor Cruz, sobre la reanudación de relaciones entre Chile y Venezuela. El Embajador Cruz me ofreció hacer todo lo posible para que tuviera afectividad la mediación ecuatoriana. Le entregué un Memorándum, igual al que incluyo en este mismo sobre y que convendría que usted se lo presentara, de inmediato, al señor Canciller Gómez Ruiz. Mi intención fue entregar este memorándum al Embajador Especial de Venezuela, pero desgraciadamente ya no le encontré en Bogotá ni el 9 ni el 10 de agosto. Como usted verá, insistimos en la formula primitiva, con la circunstancia de que ahora señalamos la fecha del 25 de este mes para que los dos países hagan saber a la Cancillería ecuatoriana si aceptan la fórmula para la reanudación de relaciones. Confío en que ambas Cancillerías, hasta dicho día 25 habrán aceptado lo que nosotros insinuamos.

Le saluda cordialmente su amigo y servidor,

L.N. Ponce.” 

Caracas, Agosto 25 de 1950

Sr. Dr. Dn. Neptalí Ponce M.,
Ministro de Relaciones Exteriores,
Quito.

Mi querido Ministro y amigo:

Esta breve carta para tratarle de nuestra mediación para la reanudación de las relaciones diplomáticas entre los Gobiernos de Venezuela y Chile.

Como le comuniqué en mi carta del 21 de los corrientes, el Sr.Dr. Gómez Ruiz quedó en darme una contestación al memorándum entregado por mí, antes de partir para sus vacaciones. Dicha contestación me la dio verbalmente durante una recepción ofrecida en la Cancillería al Sr. Donnelly, Embajador de los Estados Unidos, quien deja este país, trasladado a Austria como Alto Comisionado, y por escrito, en nota de hoy, de la que le envío copia.

Me dijo el canciller que, luego de examinar detenidamente el asunto con la Junta Militar de Gobierno, había llegado a la conclusión de que era indispensable para Venezuela, antes de pronunciarse acerca de nuestro ofrecimiento, tener constancia escrita, aun cuando fuese confidencial, de que nuestra mediación había sido previamente aceptada por Chile. Renovó sus agradecimientos para Ud. y el Gobierno Ecuatoriano por sus generosos esfuerzos, pero recalcó que, dadas las declaraciones del Sr. Walker, no podía actuar de otro modo.

Mi impresión es la de que, por ahora, el gobierno de Venezuela no aceptará otra solución.
Acerca de este asunto remitiré a Ud. una nota oficial y reservada No. 4-1-75.

Reciba un cordial saludo de su muy atto. amigo y S.S.

Antonio Parra Velasco. 

30 de Octubre de 1950

Sr. Dr. Dn. Antonio Parra V.,
Embajador del Ecuador.
Caracas.

Muy estimado doctor Parra:

Como puede interesarle, me permito llevar a su conocimiento que en mi calidad de Diputado por Pichincha, en ausencia del principal señor Rafael León Larrea, quien estuvo en Europa durante un mes y medio de sesiones del Congreso, he tenido oportunidad de poner de relieve la actuación de usted frente a la Cancillería, de manera especial en lo relativo a la cuestión limítrofe con el Perú. Usted recordará la sugestiva tesis presentada por Prado respecto del divortium aquarum entre el Zamora y el Santiago y su madura resolución previa llamada al Embajador Escudero y consulta a los doctores Quevedo y Flor. El cambio de esa política seguida por usted es sin duda alguna el antecedente de la actual situación internacional, motivo que me ha valido para poner de relieve su actuación como Canciller no sólo en lo tocante a este punto específico sino también en Bogotá, en lo relativo a la tesis revisionista de Tratados. Aunque nadie ha atacado su labor patriótica he creído de mi deber dejar constancia de la serenidad y seriedad de su labor de Cancillería, la cual me cupo la honra de verla muy de cerca.

Con Gustavo Pólit hemos hecho buenos recuerdos de usted.

Lo saluda muy cordialmente,

JOSE A. BAQUERO 

Caracas, Febrero 13 de 1951

Sr. Dr. Dn. Neftalí Ponce M.,
Ministro de Relaciones Exteriores,
Quito.

(Particular)

Mi querido Ministro y amigo:

Estas breves líneas tienen por objeto agradecer a Ud. por el envío, que me ha hecho la Cancillería, de las varias sumas que se me adeudaban por distintos conceptos, y que Ud., amablemente, ofreció hacerme remitir. Unicamente queda pendiente la suma de $200 (doscientos dólares), sufragada por mí con ocasión de la permanencia en esta Capital, de la Delegación Militar al bicentenario del Generalísimo Miranda, pero el pago le corresponde hacerlo al Ministerio de Defensa. Ojalá le fuera posible recordarle el asunto al amigo Sr. Díaz Granados.

Aprovecho de esta oportunidad para hacerle presente lo que le tengo comunicado oficialmente en mi nota 4-1-18 del 1º del presente mes: el Canciller Gómez Ruíz invitará a Ud., durante la Conferencia de Cancilleres, para que se quede en Nueva York hasta el 19 de Abril y asista a la reinauguración de la Estatua del Libertador en su nueva ubicación de la Avenida de las Américas. También invitará a otros Cancilleres Bolivarianos. Concurrirán delegaciones militares de los países Bolivarianos, por lo que es urgente que, desde ya, se hagan preparativos para que se encuentren en Nueva York, para el día 19 de Abril, una Compañía de Cadetes de la Escuela Militar nuestra. Seguramente cadetes del Perú irán. No podemos faltar nosotros. Igualmente le pido contestarme acerca de las condecoraciones solicitadas por el Presidente de la Sociedad Bolivariana de Nueva York, Dr. Rodríguez Llamezas.

Reciba un cordial saludo de su muy atte. amigo y S.S.,

Antonio Parra Velasco 

Quito, a 9 de Marzo de 1951.

Señor Doctor
Antonio Parra Velasco
Embajador del Ecuador
Caracas.

Distinguido Embajador y amigo:

Tengo a la vista la carta de usted de 29 de enero, dirigida a Río de Janeiro, con la recomendación de prestar ciertas atenciones al doctor Arreaga. Por desgracia, la carta sólo ha llegado a mis manos en Quito, reexpedida por la Embajada en Río de Janeiro que la ha recibido con posterioridad a mi salida de esa capital. Lamento, pues, no haber podido seguir la muy justa insinuación de usted.

En cuanto a lo que usted me dice en su carta de 1º de marzo, me cumple manifestarle, primeramente, que, como le manifesté ya cablegráficamente, sí estaremos representados en la ceremonia de Bolívar en Nueva York, el 19 de abril. Tenemos resuelto que presidirá la Delegación especial el doctor Antonio Quevedo; y si la duración de la Reunión de Cancilleres lo permite, sería muy honroso para mí presidir personalmente esa Delegación. En cuanto al envío de representación militar, estoy tratando con el señor Ministro de Defensa, y pronto le comunicaré alguna decisión sobre el particular.

Trataré con el Canciller de Colombia en Washington sobre la necesidad de que el Tratado de Comercio con Estados unidos reconozca en forma clara y precisa, la legitimidad de la Carta de Quito. Trataré con el Canciller Gómez Ruiz de la adhesión al Consejo Económico Provisional, en la forma que usted recomienda.

Respecto a las condecoraciones para los señores Gómez Ruiz y Araujo, espero poder entregarlas en Washington, para lo cual hemos pedido a nuestra Legación en Madrid el envío de dos placas por aéreo. Si esas placas llegan, me será muy grato arreglar una ceremonia especial para la entrega a dichas personalidades venezolanas.

Asimismo, trataré con el Canciller Gómez Ruiz sobre la visita del Presidente Plaza a Caracas, la cual ha quedado tan retrasada, no por culpa nuestra, sino por los acontecimientos de Caracas, en torno a la muerte del señor Delgado Chalbaud.

No dejaré de tratar con el Canciller de Panamá y los de Venezuela y Colombia sobre el Consejo Económico Provisional, sobre la conveniencia de mantenerlo e incrementar sus actividades.

Oportunamente le daré a usted, mi querido Embajador, informaciones sobre estos particulares.

Soy de usted, atento y seguro servidor.

Neptalí Ponce Miranda 

Caracas, 20 de Marzo de 1951.

Sr. Dr. Dn. José Baquero
Casilla de Correos 2812
Quito.

Muy estimado Doctor y amigo,

Tengo que rogarle que me disculpe por no haber contestado oportunamente su amable carta fechada 30 de Octubre, que me fue muy grato recibir y que mucho le agradezco. No se trata, por cierto, de falta de atención. Ocurrió simplemente que se me traspapeló a los pocos días de recibida, y no quise contestarla sin tenerla a la vista, dado el importante asunto que en ella me trata.

Si la memoria no me es infiel, la “Sugestiva tesis” a que Ud. alude no fue presentada inicialmente por el Sr. Prado, sino por el Dr. Escudero, en nota remitida desde Lima, poco antes de su viaje a Quito. El Sr. Prado la acogió con vivo interés.

Me pareció, entonces, que esa tesis, a más de carecer de base sólida en el orden jurídico, comportaría graves inconvenientes y dificultades para nuestra Patria. Ud. recordará las razones en que me fundaba, así como el examen detenido que hice del problema a que ella se refiere, en compañía, del propio Dr. Escudero y de varios altos funcionarios de la Cancillería (los Drs. Benjamín Peralta y Teodoro Bustamante, el Sr. Prado, y, si no me equivoco, también Ud.).

Hoy meditando de nuevo acerca de ese problema, no encuentro razones para variar mi criterio de 1948, aun cuando mucho me agradaría estar equivocado, para bien de los intereses del país. Mucho le agradezco el que, en el seno del Congreso último, se haya dignado, amablemente, poner de relieve la labor que la Cancillería llevó a cabo durante el breve tiempo en que me cupo el honor en dirigirla contando para ello con la inteligente colaboración de personas de los merecimientos de usted.

Me agradaría sobremanera conocer, si fuere posible, con algún detalle, las conclusiones a que llegó el Congreso cuando considere el importante asunto en referencia, así como el estado actual en que se encuentra tan delicado problema.

Hágame el favor de saludar a su suegro, mi buen amigo de muchos años, y reciba Ud. un cordial saludo de su atto. amigo y S.S.,

Antonio Parra Velasco 

Caracas, Marzo 24 de 1951.

Sr. Dr. Dn. Neptalí Ponce M.
Ministro de Relaciones Exteriores
Washington.

Mi querido Ministro y amigo,

Los diarios de hoy, de esta Capital, anuncian el convenio establecido entre los Gobiernos de Venezuela y Chile, para restablecer sus relaciones diplomáticas recíprocas, debido a los buenos oficios del Gobierno del Perú. (No hay diarios, en Caracas, los días de Semana Santa y por ello recién se da la noticia hoy).

Ud. recordará que las gestiones de la Cancillería Ecuatoriana, para lograr dicha reanudación de relaciones, no tuvo éxito, debido a la rígida posición del Canciller Dr. Gómez Ruiz, quien exigió que, aún cuando fuere en forma confidencial, se le notificara previamente por escrito, que la mediación Ecuatoriana había sido aceptada previamente por el Gobierno de Chile.

Si esa exigencia la mantuvo el Gobierno de Venezuela en la mediación del Perú, es algo que no ha quedado bien establecido, pues, en cierto modo, los comunicados de Caracas y Santiago se contradicen en ese punto.

En efecto, en la entrevista concebida a El Nacional, por el Sr. Rafael Gallegos Medina, encargado de la Cancillería Venezolana, (entrevista que se ve bien claramente haber sido preparada por la misma Cancillería), ha dicho:

“Dada la buena disposición manifestada por el Gobierno de Chile al Gobierno del Perú para reanudar relaciones diplomáticas con Venezuela, el Gobierno Venezolano respondió que no tenía ningún inconveniente en reanudarlas. Así comenzaron los buenos oficios del Gobierno del Perú….”

Pero, en el Comunicado de la Cancillería Chilena se dice lo que sigue:

“Se ha llegado a esta resolución debido a la amistosa mediación del Gobierno del Perú, cuyo Ministro de Relaciones Exteriores, Manuel C. Gallagher, después de haber conversado con el Embajador de Venezuela en Lima, y haber sido informado por éste por instrucciones de su Cancillería, que el Gobierno de su país mantenía la mejor disposición respecto a la normalización de las relaciones con Chile, puso lo anterior en nuestro conocimiento, por intermedio del Embajador, José Francisco Urrejela. Abrigando nuestro Gobierno igual ánimo, el Ministerio de Relaciones Exteriores, Horacio Walker, por resolución expresa del Presidente de la República, dio instrucciones a su paso por Lima, para responder al Excmo. Sr. Gallagher, ratificando nuestro sentimiento al respecto….” (Cable de la U. P. enviado desde Santiago, y publicado por El Universal).

Me ha parecido que sería de interés para Ud. conocer estos particulares, que, en mi concepto, demuestran que Venezuela ha sufrido una derrota diplomática, frente a Chile, con intervención del Perú.

Reciba un cordial saludo de su muy atto, amigo y S.S.,

Antonio Parra Velasco. 

Quito, a 27 de Marzo 1951

Asunto: Reanudación de relaciones diplomáticas entre Chile y Venezuela

Señor Embajador:

Por los despachos de las agencias noticiosas, publicados en la prensa, y por informaciones procedentes de Santiago de Chile, ha conocido la Cancillería que los Gobiernos de Venezuela y Chile han reanudado sus relaciones diplomáticas, habiendo firmado a este efecto un acta en la Cancillería de Torre Tagle, en virtud de gestiones de mediación realizadas por el Ministro de Relaciones Exteriores del Perú

2. Como usted conoce, la Cancillería del Ecuador realizó anteriormente gestiones de mediación antes los Gobiernos de Chile y Venezuela para obtener el restablecimiento de sus relaciones diplomáticas, gestiones que, por diversas circunstancias, no tuvieron el éxito esperado. Al considerar la actitud peruana y el éxito alcanzado, es dable presumir que, pese a la reserva de la gestión nuestra, el Perú llegó a conocerla, decidiendo adelantar la mediación con mayor celeridad.

3. En esta virtud, me permito solicitar a usted se sirva informarme sobre los antecedentes y detalles de la gestión realizada por la Cancillería del Perú y, de manera especial, acerca de los términos que haya contemplado la fórmula peruana, para relacionarla con la que nuestro Gobierno planteó a los de Chile y Venezuela, sin obtener, pese a su amplitud, la total acogida de éstos. Ruégole informarme también desde cuando inició el Perú su gestión mediadora.

Soy de usted atento y seguro servidor. 

Quito, a 29 de marzo 1951

Asunto: Reanudación de las relaciones diplomáticas entre Chile y Venezuela.

Señor Embajador:

Con referencia a mi nota reservada número 25-DDP, de 27 de marzo, remito a usted adjunta a la presente una copia de la información que me ha suministrado la Embajada del Ecuador en Lima acerca de la reanudación de las relaciones diplomáticas entre Venezuela y Chile.

Soy de usted atento y seguro servidor.

Por el Ministro, el Subsecretario: 

Reservada N°2

Lima, a 22 de marzo de 1951.

Asunto: Reanudación de relaciones diplomáticas entre Chile y Venezuela.

Señor Ministro:

Los diarios de esta mañana destacan la noticia de que, gracias a la intervención del Perú, los Gobiernos de Chile y Venezuela acordaron, en ceremonia realizada anoche en Torre Tagle, reanudar sus relaciones diplomáticas.

2. La gestión ha sido llevada a efecto en absoluto secreto. Cabe suponer que el paso dado por el Perú es el resultado de la doble visita realizada últimamente por el Ministro doctor Manuel Gallagher a Santiago de Chile, como huésped de honor del Presidente señor González Videla.

3. Por los recortes de “El Comercio” y “La Prensa” que acompaño, esa Cancillería quedará informada no sólo de los detalles de la ceremonia, sino también del tenor del acta suscrita por los Embajadores de Chile y Venezuela y el Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, así como del de las notas que la precedieron.

4. No cabe duda de que el Gobierno de Odría ha obtenido un apreciable éxito diplomático al poder presentarse ante la próxima Conferencia de Cancilleres de Washington como propulsor de la unión y solidaridad continentales. Es digno de notarse, a este respecto, la similitud de los términos empleados en las notas de los Embajadores chileno y venezolano, al destacar el alcance de la intervención peruana en beneficio “de la solidaridad de todo el continente”.

5. De la lectura de los documentos que remito como anexos se desprende que el Perú obtuvo que Venezuela diera en primer término su aceptación al restablecimiento de relaciones diplomáticas con Chile, lo cual confirma la creciente vinculación entre los Gobiernos de Caracas y Lima, estimulada hoy por la presencia al frente de la Junta Militar de Venezuela del ex-Embajador de este país en el Perú, doctor Germán Suárez Flamerich.
6. Después de haber conversado, hace pocos días, con el actual Embajador venezolano, doctor Leonardo Altuve Carrillo, con ocasión de la visita protocolar que me hizo a raíz de su presentación de credenciales, juzgo que dicho entendimiento seguirá adelante impulsado por los motivos de fricción colombo-peruanos, que el doctor Altuve parece empeñado en explotar.

7. El enfriamiento en las relaciones chileno-peruanas, producido luego de la revolución de Arequipa que llevó al poder al General Odría, no sólo ha convalecido notablemente sino que se ha iniciado ya una nueva era de vinculación y entendimiento entre los dos países, por mucho que perduren las mutuas suspicacias y el viejo resentimiento peruano. Detrás de esta cortina de aparente cordialidad, el Perú continuará, sin duda, alimentando su animosidad reivindicatoria; pero, por el momento al menos, el Gobierno de Lima no se niega a seguir al de Chile en la política de olvido de pasadas ofensas, y así, a las visitas de Gallagher a Santiago, seguirá la del Canciller Horacio Walker a esta capital. El tono de la nota de invitación peruana, y el de la respuesta del Ministro Chileno al Embajador Miró Quesada Laos, cuyo texto, tal como apareció en “El Comercio” de Lima, remito a Usted como anexo, es un claro indicio de esta presumible amistad.

8. Este nuevo entendimiento entre Chile y el Perú, enmarcado dentro de la tradicional política seguida por la facción del partido al que pertenece el actual Canciller chileno, de seguir adelante, tendrá para nosotros gravísimo resultado si llega a privarnos no sólo del apoyo de ese país, sino lo que es más, de la buena voluntad de uno de los Garantes del Protocolo de Río de Janeiro.

Del Señor Ministro, muy atentamente

(f) G. Pérez Chiriboga. 

Caracas, Abril 4 de 1951

Sr. Dr. Dn. Neptalí Ponce M.,
Ministro de Relaciones Exteriores
Washington.

Mi querido Ministro y amigo:

Me tiene Ud. que disculpar que le moleste tanto con mis cartas desde Caracas, cuando Ud. tiene tantos motivos para estar atareado en esa Capital. Pero se trata de asuntos urgentes, que debo necesariamente llevar a su conocimiento.

Quiero manifestarle que ayer ha llegado a La Guaira una Delegación de 10 cadetes Colombianos que vienen para seguir a Nueva York a bordo del “Capana”, transporte militar Venezolano, y tomar parte en las ceremonias relativas a la re-inaguración de la estatua del Libertador. (Véase el recorte que le adjunto)

Esos Colombianos viajarán a Nueva York, permanecerán en esa ciudad, y regresaran a Venezuela, en compañía de los Cadetes Venezolanos fraternizando con ellos, para gran provecho de ambos países y del fortalecimiento de sus relaciones recíprocas.

En cambio, nuestra Patria no enviará a sus Cadetes. Según se me ha dicho en la Cancillería, el Embajador de Venezuela en Quito invitó al Ecuador a hacerse representar también mediante Cadetes, los cuales ofreció llevarlos en el Capana, con los Venezolanos, y por cuenta de Venezuela hasta su regreso, pero que la invitación no fué aceptada. En cambio Colombia si aceptó y sus Cadetes han llegado ayer para salir mañana hacia Nueva York.

En nota de la Cancillería que acabo de recibir se me dice que no ha sido posible la concurrencia de nuestros Cadetes “en razón de estar realizando en la actualidad un curso de perfeccionamiento en la Zona del Canal”.

Creo que és muy lamentable para nuestros intereses y para el incremento de los sentimientos de confraternidad entre nuestros pueblos, y sobretodo con Venezuela, que nuestros Cadetes no concurran a las celebraciones de Nueva York, y pienso que todavía puede arreglarse el asunto con buena voluntad: ¿porqué no hacer que 10 Cadetes, de los que están en Panamá, se trasladen enseguida a Nueva York, por vía marítima, para integrarse con el grupo de los Venezolanos y Colombianos?

Estimo que Ud. podría dirigirse cablegráficamente, en tal sentido, al Excmo. Presidente Plaza, y por mi parte, me ocuparía en conseguir aquí que Venezuela se haga cargo de nuestros Cadetes desde su llegada a Nueva York.

Le ruego considerar esta sugestión, y darme a conocer lo que Ud. tenga a bien resolver.

Reciba un cordial saludo de su muy atto. amigo y S.S.,

Antonio Parra Velasco. 

Caracas, abril 4 de 1951

Excmo. Sr. Dn. Galo Plaza.
Presidente Constitucional de la República
Quito.

Mi querido Presidente y distinguido amigo,

Me dirijo a Ud. para plantearle el siguiente asunto de relativa importancia:

Como Ud. sin duda sabe, el Gobierno de Venezuela, por intermedio de su Embajada en Quito, invitó a nuestro País para hacerse representar mediante un grupo de diez Cadetes de la Escuela Militar, en las ceremonias de re-inauguración de la estatua del Libertador, en la Avenida de las Américas, de Nueva York, ofreciendo encargarse de su conducción a esa Ciudad, permanencia en ella, y retorno hasta la Guaira. Los Cadetes debían trasladarse a Estados Unidos junto con los Cadetes de Venezuela y de Colombia (también invitados por Venezuela) a bordo del transporte “Capana” de la Armada de esta República.

Pero es el caso de que que, según parece, nuestro Gobierno no aceptó la invitación de enviar a nuestros Cadetes, debido a que “están en la actualidad realizando estudios militares de perfeccionamiento en la Zona del Canal”.

En cambio, los colombianos han aceptado la invitación y los Cadetes de esta República han llegado ayer a la Guaira, (Como verá “Capana” rumbo a Nueva York, junto con los venezolanos.

Considero muy lamentable, mi querido Presidente, que entre las fuerzas militares que van a desfilar en Nueva York, frente a la estatua del Libertador, no vayan a estar los Cadetes ecuatorianos, siendo así que estarán presentes, rindiendo homenaje al Padre de la Patria los venezolanos y colombianos, y aun los del Perú. Estas son las actitudes nuestras que no alcanzan a comprender los venezolanos y que produce en ellos un vivo resentimiento, que no deja de reflejarse en los aspectos generales de la política internacional.

Por fortuna, creo que todavía tenemos tiempo para enmendar el error cometido al no aceptar la invitación de Venezuela: creo que bien podría Ud. disponer que diez Cadetes y el oficial que los comande, se trasladen enseguida a Nueva York, desde Panamá, por la vía marítima o la del aire, para incorporarse, desde su llegada, al conjunto de los venezolanos y de los colombianos, y poder participar así en las ceremonias de Nueva York. Yo creo poder conseguir que el Gobierno venezolano reitere su invitación, y se haga cargo de los Cadetes nuestros desde su llegada a Nueva York hasta su regreso a la Guaira. Una vez retornados a Venezuela, fácil sería que uno de nuestros transportes aéreos los lleve a Quito, o que regresen por vía marítima a seguir sus cursos militares en Panamá.

Piense, mi distinguido amigo, en la gran importancia psicológica y moral que el asunto reviste: no es posible conformarse con que nuestros Cadetes y nuestra Bandera estén ausentes en las ceremonias de Nueva York.

Para el caso de que Ud. tuviere a bien aceptar la gestión que me permito hacerle y decidiere que los diez Cadetes se trasladen a Nueva York, le ruego cablegrafiarme urgentemente, para ver de conseguir la inmediata reiteración de la invitación por parte del Gobierno Venezolano, la que pienso podré obtenerla enseguida.

Me valgo de esta oportunidad para reiterar a Ud., señor Presidente y distinguido amigo, mis mejores sentimientos de amistad y elevado aprecio.

Antonio Parra Velasco 

EMBAJADA DEL ECUADOR EN WASHINGTON

Abril 14, 1951

Señor Doctor
Antonio Parra Velasco,
Embajador del Ecuador
Caracas.

Mi querido Embajador y amigo:

Con toda oportunidad tuve el agrado de recibir sus cartas de 24 de Marzo, 2 de abril, 3 de abril (dos) y 4 de abril (dos), referentes a las importantes cuestiones que luego comento.

Mucho me ha preocupado lo relacionado con el proyecto de tratado comercial colombo-americano. Es claro que Colombia estaría dejando de cumplir la Carta de Quito si suscribiera este tratado sin dejarla a salvo. Los temores suyos de que en tal caso la Carta sufriría un serio y grave golpe, me parecen muy fundados. Debemos, pues, hacer todo lo posible por enderezar las cosas. La próxima semana voy a conversar muy extensamente sobre todos estos particulares con el Canciller Restrepo Jaramillo y el embajador Zuleta-Angel. Les haré presente nuestras graves preocupación por mantener la vigencia de la Carta de Quito y por impulsar su ejecución, hoy más indispensable que nunca; así como las obligaciones especiales que tienen Colombia y Ecuador de respetarla y cumplirla, por haberla ratificado. De inmediato comunicaré a usted el desarrollo de esas conversaciones.

En cuanto al asunto de la reanudación de relaciones entre Venezuela y el Perú, me parece que la Cancillería del Perú engañó malamente a la de Venezuela. Venezuela exigía un primer gesto de parte de Chile; igualmente Chile lo exigía de parte de Venezuela. Como el Ecuador no estaba dispuesto a engañar a ninguno de los dos, el arreglo no se hizo. Creo que el Perú engañó por lo menos a Venezuela, haciéndole saber algo que no había sucedido, esto es, que Chile estaba dispuesto a la reanudación de relaciones. Hablé con el canciller de Chile, señor Walker, quien me dijo que el arreglo había sido posible gracias a que Venezuela, a través del Perú, había manifestado su deseo de reanudar relaciones, anticipándose a toda manifestación similar por parte de Chile.

He sabido últimamente que el Gobierno de Venezuela ha acusado a su embajador en Lima de haberse excedido de las instrucciones. Posiblemente ya se dan cuenta en la Cancillería de Caracas de que han sido objeto de un engaño. Hablaré acerca de esto con el Canciller Gómez Ruiz.

En ceremonia muy cordial y solemne, entregué al canciller de Venezuela la Gran Cruz “Al Mérito”, hace pocos días, en la Embajada nuestra en esta capital. Cambiamos expresiones muy amistosas, y puse de relieve la justicia del homenaje al eminente Canciller, quien había tomado además parte tan activa en el generoso apoyo económico que dió Venezuela al Ecuador después de la catástrofe de agosto de 1949.

No fue posible entregar la condecoración también al embajador Araujo, por cuanto no disponíamos sino de una joya, pues las que nos anunciaron que llegarían de España no han llegado todavía. En cuanto lleguen, el Embajador Peñaherrera hará la entrega solemne.

Sobre la visita del presidente Plaza a Caracas, creo que ella no debe pasar del mes de junio próximo. En este sentido he escrito al Presidente, y espero que así se la arregle.
El 17 de abril voy a New York para presidir nuestra Delegación en las ceremonias en honor de Bolívar. La Delegación estará integrada además por el Embajador Peñaherrera, el Cónsul General Durán Ballén, el doctor Eduardo Salazar Gómez, el doctor Miguel Albornoz, el doctor Gerardo Falconí, el doctor Wilson Córdova, los Coroneles Angel Vaquero Dávila y Félix Vega Dávila y el comandante Bolívar Pico. Es una lástima que los cadetes no hayan podido venir: yo agoté los esfuerzos hasta última hora.

Después de los días próximos de New York, saldré para Quito, por la vía aérea, probablemente el lunes 23. Tan pronto como llegue al Ecuador tendré el agrado de escribirle a usted nuevamente.

Le saluda muy cordialmente, su atento amigo y servidor.

Neptalí Ponce Miranda 

Con ocasión de la visita del Presidente Galo Plaza a Caracas, Venezuela, el Dr. Juan Perzini Hernández, poeta y escritor, en artículo publicado en El Universal del 10-7-51, emite una serie de juicios injustos, ofensivos y hasta absurdos, a propósito de una rueda de prensa concedida por el Presidente Plaza, al extremo de acusarlo de entrometerse en los asuntos internos de Venezuela.

Para el Dr. Perzini hay dos América: la bañada por el Pacífico, en la que el meztisaje crea un lastre misoneista, rebelde a toda renovación, con dominación teocrita y civilista; y la bañada por el Atlántico, que se caracteriza por su militarismo y sus gobiernos de extracción oclocrática, y de ésta curiosa y exótica explicación sociológica de pueblos hermanos y conclusiones.

Mi padre, en cumplimiento de su deber, protestó en el mismo periódico, el mismo día. El Dr. Perzini contesta y ahí terminó el caso.

La carta de mi padre, de julio 10 de 1951, se publicó en el Universal de Caracas el 11 de julio de 1951 y dice:

“Distinguido Señor Director:”

En cumplimiento de un ineludible deber, me veo en el caso de expresar a usted mi inconformidad con algunos de los conceptos vertidos por el señor doctor Don J.Penzini Hernández en el artículo publicado el día de hoy, en las páginas de EL UNIVERSAL, bajo el título de “A propósito de Galo Plaza”, conceptos que los estimo equivocados e injustos.

La primordial razón de la visita del Excmo. Presidente Plaza a Venezuela ha consistido, como él mismo lo ha expresado reiteradas veces, en el deseo de manifestar, personalmente, al Gobierno y pueblo venezolanos, la gratitud del Ecuador por la generosa y fraternal ayuda prestada con ocasión del terremoto de Ambato.

En ninguno de los discursos del Mandatario Ecuatoriano se encontrará otra cosa que no sea expresiones de afecto y de gratitud hacia Venezuela, emocionado recuerdo de las glorias comunes, deseo de estrechar las relaciones entre ambos pueblos, y elevados conceptos de confraternidad y colaboración.

Y si, al contestar, en rueda de prensa, preguntas relacionadas con los principios políticos y sociales que informan su Gobierno, el Excelentísimo Plaza ha dado a conocer, con franqueza, su criterio en esas materias, creo que los conceptos emitidos en tales circunstancias, no pueden, rectamente, considerarse como originados en el propósito de “dictar lecciones de democracia” ni de “de interferir en los problemas de los otros países americanos”.

Después de criticar al Excmo. Presidente Plaza por esa supuesta “interferencia”, alude el señor doctor Penzini Hernández al importante discurso pronunciado en la Escuela Militar por el Señor coronel Don Marcos Pérez Jiménez, del que cita varios párrafos. Y agrega: “ de ese modo quedaban las cosas puestas en su verdadero sitio”, frase que, unida a las que le siguen referentes a los merecimientos del Ejército Venezolano, inducen al lector a suponer, equivocadamente, que el referido valioso discurso del señor Ministro de la Defensa Nacional hubiese sido pronunciado para refutar el supuesto concepto adverso atribuído al Presidente del Ecuador por el doctor Penzini.

Mas la verdad es que el discurso en referencia estuvo escrito, y fué enviado al Excmo. señor Presidente Plaza , varios días antes de que llegara a Venezuela, -con la anticipación acostumbrada-, para su contestación oportuna. En su discurso de contestación, como lo saben quienes escucharon sus palabras, el Presidente Plaza hizo el merecido elogio de las Fuerzas Armadas de Venezuela y se congratuló del gran adelanto técnico alcanzado por ellas, “dignas depositarias” -según dijo- “de las grandes tradiciones militares de esta noble República”.

Por último, debo protestar por los términos injustos y denigrantes con los que el Doctor Penzini Hernández se refiere a mi Patria, cuando la señala como “el país donde un improvisado coronel “marcheno” se despierta en la mañana épicamente Presidente y por la tarde ya está derrocado épicamente por otro improvisado “marcheno” de ambiciones presidenciales”.

Muchas y muy nobles ejecutorias tiene el Ecuador, a lo largo de su historia, como para que un escritor venezolano pueda referirse a mi País, haciendo mención de los hechos que las constituyen, sin necesidad de tener que acudir a la alusión de un episodio carente de significación, y, además, señalado en forma notoriamente inexacta.

No quiero referirme a otros conceptos contenidos en el artículo del doctor Penzini Hernández porque, dada su generalidad y la forma indeterminada en que están concebidos, se prestan a interpretaciones diversas, resultando difícil establecer con seguridad cual ha sido la intención del autor a enunciarlos.

Mucho estimaré a usted, señor Director, que se digne dar cabida a esta carta en las columnas de su prestigioso diario.

Soy de Usted muy atento amigo y S. S

Antonio Parra Velasco
Embajador del Ecuador

Caracas, a 10 de Julio de 1951

Esta carta dio origen a que el señor doctor J. Penzini Hernández publicara la siguiente comunicación dirigida al Director de El Universal, del 11 de julio de 1951:

Caracas: once de julio de 1951

Señor Director de EL UNIVERSAL.
Presente.

Muy estimado amigo:

He leído en EL UNIVERSAL de hoy una carta del ciudadano Embajador del Ecuador, señor Antonio Parra Velasco, referente a mi artículo publicado en ese mismo Diario y bajo el título: “A propósito de Galo Plaza”. Aún cuando dicha carta es una réplica a mi artículo, no quiero ir a la contra-replica por la naturaleza del tema y mi buena y clara amistad con el doctor Antonio Parra Velasco cuyo cristal no deseo empañar con el examen público de puntos de vista contradictorios.

Ahora bien, no permito ni acepto lo que dice el amigo Dr. Parra Velasco de que yo trato de “denigrar” del Ecuador al hacer alusión al episodio del coronel “marcheno, que él mismo califica como “carente de significación”. Sólo lo recordaré como expresión de un clima político que ya, según se pregona, ha sido superado en Ecuador.

Bien vale el Ecuador un Montalvo pero no un “marcheno”. Debe tener presente el Doctor Parra Velasco que es difícil, extremada y excepcionalmente difícil, encontrar un venezolano que pueda alentar malquerencia por el Ecuador y mucho menos en quien, como yo, ha sabido aquilatar en el estudio el por qué Bolívar y Sucre amaron esa bella y hermosa tierra ecuatoriana y sólo nos dictaron para ella ejemplos de amor y de admiración que se vienen ratificando a cada paso con los tiempos.

De todos modos, cuando median el afecto y la franqueza, es lo conveniente aclarar las zonas que puedan estimarse como dudosas porque ello afirma el contenido espiritual de las viejas y comunes relaciones. Y esto me autoriza para apropiarme las frases del Dr. Parra Velasco, al declarar el “ineludible deber” que tengo para oponerme a todo cuanto de algún modo pueda derivar en favor de aquellos que como “Acción Democrática” y sus actuales comparsas de oposición y en ambiciones de poder, se prevalen de esas situaciones dudosas con el único e interesado propósito de crear confusión y de atizar la anarquía y la desunión en nuestra sociedad.

Soy de usted atentamente amigo y S. S

1. Penzini Hernández.

A propósito de estas cartas la revista Signo, en su edición de julio 21 de 1951, dice:

Una protesta diplomática.- Antonio Parra Velasco es un eminente intelectual. Su carrera universitaria y su vida pública están llenos de anécdotas en las cuales se destaca su personalidad inquieta y su densa preparación. Además es un hombre de ideas.

En Conferencias Internacionales, en donde otros delegados llaman la atención por la relación que existe entre su propia nulidad y la importancia del país que representan, Parra Velasco ha impresionado, no por su revuelta cabellera negra, sino por la seriedad de sus exposiciones y por el brillo de sus planteamientos.

En Caracas se ha hecho un personaje conocido y popular por su ausencia de pedantería. Al leer el artículo del doctor Penzini Hernández, el Embajador Parra Velasco, escribió al Director de “El Universal” una carta que fue publicada en la edición del 11 y en la cual expresa su inconformidad con algunas frases del aludido ensayo. Explica las razones de la visita del Presidente Plaza, rechaza los cargos de intromisión en los asuntos domésticos que le imputara el escritor y termina protestando contra ciertos conceptos poco halagadores para la dignidad del pueblo ecuatoriano. Sobre la teoría que divide al continente en naciones pacífistas y naciones atlánticas, termina diciendo que “dada la generalidad de los conceptos y la forma indeterminada en que están concebidos, se prestan a interpretaciones diversas, resultando difícil establecer con seguridad cuál ha sido la intención del escritor al enunciarlos.

Palabras de mi padre Antonio Parra Velasco, Embajador del Ecuador y Decano del cuerpo Diplomático Americano acreditado en Venezuela, leídas por la Radiodifusora Nacional de Venezuela el día 2 de julio de 1952 en el ciclo de charlas organizado por la Secretaría General de la Décima Conferencia Interamericana. 

Va a reunirse el año próximo, en esta ilustre Capital, que entre sus títulos de gloria ostenta el altísimo de ser la cuna del Libertador, la Décima Conferencia Panamericana, de la serie iniciada en Washington en 1889.

La Conferencia de Caracas esta llamada a tener excepcional importancia, ya por ser la primera que se reúne con posterioridad a la formación de la Organización de los Estados Americanos, ya por la trascendencia de los problemas que en ella habrán de abordarse y a la gravedad creciente de la situación internacional en el universo convulso de hoy.

El Panamericanismo, tal como surgió de la Conferencia de 1889, y tal como se fue desarrollando en las conferencias posteriores, no siempre ha logrado, especialmente en las primeras etapas de su evolución, traducir, en los principios y en los hechos, las auténticas doctrinas internacionales de Bolívar, que quería, para la “Nación de Repúblicas” de sus anhelos, unidad, independencia irrestricta, soberanía sin limitaciones, bienestar y progreso.

Por fortuna se ha iniciado, en tiempos recientes, el proceso de incorporación del pensamiento internacional de Bolívar, en la corriente de la política interamericana, para elevarla, vitalizarla y ennoblecerla.

Ese proceso, tendiente a enriquecer el panamericanismo con las puras esencias de la doctrina bolivariana, se puso de manifiesto, en forma clara y precisa, en las deliberaciones de la IX Conferencia de Bogotá, hecho tanto más significativo que se trataba, entonces, de darle estructuración formal, y en cierto modo definitiva, al Sistema Interamericano mediante la constitución de la Organización de los Estados Americanos.
En dos puntos fundamentales, cuando menos, quedó admitido el ideario internacional del Libertador en la Carta de la Organización y demás Pactos de Bogotá: universalismo y unidad de los pueblos hispanoamericanos.

Universalismo.

Bolívar quiso, esencialmente, una América Hispánica libre y confederada, que desarrollase su genio nacional en un Universo organizado y pacífico, unido por los vínculos del Derecho y de una elevada solidaridad humana.

Debido a ello, y porque fué Hombre Universal, y porque concibió el propósito de instalar “un augusto congreso de representantes de las repúblicas, reinos e imperios a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras tres partes del mundo”, se le considera, a justo título, como uno de los más insignes Precursores de la Sociedad de las Naciones y de la Organización de las Naciones Unidas.
El principio de universalidad quedó incorporado, no sin debate, en la Carta de Bogotá, determinándose que la Organización de los Estados Americanos constituye un organismo regional dentro de las Naciones Unidas, y que ninguna de las estipulaciones de la Carta de la Organización se interpretará en el sentido de menoscabar los derechos y obligaciones de los Estados Miembros de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas.
Se evitó así que nuestros países quedaran, en cierto modo, separados del resto del universo, y que pudieran dejar de ocupar, con plenitud soberana, el puesto que a justo título les corresponde en las Asambleas Mundiales.

Unidad Hispanoamericana.

Propósito permanente del Libertador fué el de confederar los Estados de la América Hispánica.

En la Carta de Jamaica enuncia, en forma clara, muchos años antes de Mancini, el principio de las nacionalidades, cuando, refiriéndose a los Estados Hispanoamericanos y a la posibilidad de que formaran una sola Nación dice: “Ya que tiene un origen , una lengua, unas costumbres y una religión, debería por consiguiente tener un sólo gobierno que confederarse los diferentes Estados que hayan de formarse”.

Su política internacional está dirigida constantemente a preparar la Confederación general de las antiguas colonias españolas. Con tal finalidad envía misiones diplomáticas a México, Centro América, Perú, Chile, y las Provincias Unidas del Río de La Plata, y firma tratados especiales con algunos de esos Estados.

La esencial finalidad del Congreso de Panamá fue la de lograr ese alto designio, y allí fue suscrito el Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua, pacto que, si bien no llegó a cumplirse, merece nuestro sempiterno respeto y es timbre de suprema gloria para el Padre de la Patria.

Ese punto fundamental de la política internacional de Bolívar, el derecho a la unidad, ha sido incorporado también en la Carta del Sistema Panamericano, en la que se establece que en la Organización tendrá cabida todo nuevo Estado que nazca de la unión de varios Estados Miembros.

Además, en el Convenio Económico de Bogotá se estableció el derecho de nuestros Estados para celebrar convenios preferenciales con fines de desarrollo económico.

Ha quedado así admitido el establecimiento de un regionalismo político y económico dentro del Sistema Interamericano, que propenda al desarrollo y mejoramiento social de nuestros pueblos, al amparo de sus especiales vínculos históricos, culturales y geográficos. La Carta de Quito y la Organización de los Estados Centroamericanos, empiezan a darle vida a ese postulado.

Lo antes expuesto demuestra cómo, paulatinamente, el pensamiento internacional del Libertador está renovando los principios en que descansa el panamericanismo actual, y fecundando, en un sentido de justicia y solidaridad efectivas, la política interamericana.

Nos corresponde a todos empeñarnos por que prosiga, en la Conferencia de Caracas, el proceso de perfeccionamiento, en sentido bolivariano, del Sistema Panamericano, de modo que logremos afianzar la armónica convivencia de nuestros Estados sobre bases de justicia internacional, de progreso social, y de cooperación con todos los Pueblos de la tierra.

En nombre del Ecuador hago votos por el éxito de la Conferencia de Caracas. 

Señor Presidente de la Sociedad Bolivariana,
Exmo. Señor Presidente Electo de Venezuela,
Señor Presidente del Congreso Nacional,
Señor Presidente de la Cámara de Diputados,
Señor Embajador de Colombia,
Señor Presidente de la Academia de la Historia,
Señores Académicos,
Señoras y Señores,

Con viva emoción tomo la palabra en este solemne acto de homenaje al sesquicentenario del histórico Congreso de Angostura, representando al Ecuador, integrante de la patria común creada, hace ciento cincuenta años, en Angostura, en medio del fragor de la lucha por la Independencia, representando al Ecuador, digo, por entonces Estado de Quito, antiguo Reino de Quito, asentado en los vastos territorios de la Audiencia del mismo nombre, y lo hago para rememorar aquellos tiempos de heroísmo y de fraternidad, en que el espíritu y la mano segura y firme del Padre de la Patria, guiaba a nuestros pueblos hacia la libertad, hacia la gloria, hacia la unidad y el progreso:

Destinados al fracaso definitivo parecían, en el inicio del año de 1819, los esfuerzos libertarios de los pueblos hispanoamericanos, reafirmado y fortalecido, como estaba, en toda América, el poder Español. En Venezuela, sólo en la Guayana, parte de Oriente y Margarita, flameaba aún el pabellón tricolor. Pero allí donde estaba Bolívar estaba la Patria libre, y nada estaba perdido mientras la victoria alentara en su noble espíritu y su decisión de luchar y vencer estuviese intacta:

En la mente del Libertador los planes estaban ya trazados, con todo rigor y precisión: su prodigiosa inteligencia, que miraba hondo y lejos, le permitió comprender que había llegado el momento de realzar el prestigio de la causa republicana y de fortalecerla ante Europa y América, organizando nuevamente a la República sobre bases jurídicas, y sobretodo, proclamando la unidad de los pueblos de Venezuela y de la Nueva Granada, -que incluía a los de Quito y Panamá, sentando así las bases para la creación de un poderoso Estado, que le sirviera de instrumento para llevar la Independencia y la unidad a todos los confines del Continente Hispanoamericano, esencia de su pensamiento, finalidad suprema de su lucha.

Con ese fin, hizo convocar en Angostura al Congreso Nacional, debiendo acreditar diputados no solamente las provincias de Venezuela, sino también las de la Nueva Granada, a medida que recobrasen su libertad.

A ese memorable Congreso, de trascendental importancia en la historia hispanoamericana, le tocó la honra, en el día de su instalación, de escuchar el celebre Discurso del Libertador, -inmortal documento resplandeciente de sabiduría política, de visión profética y del más puro patriotismo-, en el que le pide al Congreso expedir una nueva Constitución acorde con la realidad social de nuestros pueblos, y unir en un solo Estado a Venezuela, Nueva Granada, Panamá y Quito.

“La suerte de la guerra ha verificado ya este enlace” les dice a los Diputados. “De hecho estamos incorporados!”

Y agrega estas palabras emotivas: “Al contemplar la reunión de esta inmensa comarca, mi alma se remonta a la eminencia que exige la perspectiva colosal, que ofrece un cuadro tan asombroso. Volando por entre las próximas edades, mi imaginación se fija en los siglos futuros, y observando desde allá, con admiración y pasmo, la prosperidad, el esplendor, la vida que ha recibido esta vasta región, me siento arrebatado y me parece que ya la veo en el corazón del universo, extendiéndose sobre sus dilatadas costas, entre esos océanos que la naturaleza había separado, y que nuestra Patria reúne con prolongados, y anchurosos canales. Ya la veo servir de lazo, de centro, de emporio a la familia humana”.

Ambos encargos los cumplió el Congreso: dictó la Constitución unitaria, autoritaria y democrática, siguiendo, en lo esencial, la pauta trazada por el Libertador, y expidió la Ley Fundamental de la República de Colombia, integrada por los Departamentos de Venezuela, Quito y Cundinamarca, creando así el gran Estado que llenó de gloria los Anales de la América Meridional, sentó las bases del Derecho Internacional Americano y afianzó para siempre los destinos del Mundo Hispanoamericano.

Imaginémonos lo que hubiera sido, en nuestro tiempo, ese gran Estado, de no haber ocurrido su trágica disolución, extendiéndose desde la margen izquierda del Amazonas hasta el río Esequibo, con un canal propio en Panamá, dominando el Caribe, irradiando su cultura y su progreso hacia los países vecinos y hermanos, constituido en centro, centinela y baluarte de la América Hispánica toda.

En el Congreso de Angostura no estuvo representado el Estado de Quito, hoy Ecuador, pero estuvo presente su espíritu, en plenitud!

Lo estuvo, en la elaboración de la Constitución, porque en ella constan principios que ya Quito los había plasmado en realidad política y social, en su Constitución de 1812. Lo estuvo también, al dictarse la Ley Fundamental que unía a nuestros pueblos, porque en la referida Constitución quiteña de 1912, ya se preveía la existencia de un Congreso general constituido por todos los pueblos hermanos.

¿Porqué no hubieron representantes de Quito, en el Congreso de Angostura? No los hubo, porque, años antes, había sido ahogado en sangre el primer gran esfuerzo independentista hispanoamericano iniciado en Quito, el 10 de Agosto de 1809, y definitivamente sofocado, tras una larga y cruenta guerra de cinco años.

Fracasado el primer intento de liberación, fueron pasados a cuchillo, en el cuartel del Real de Lima, el trágico 2 de Agosto de 1810, los patriotas que habían formado, en nombre de la Patria, la primera Junta Soberana, desapareciendo así, en su casi totalidad, la élite cultural y patriótica del país.

Meses más tarde, fue constituida una nueva Junta Soberana, que convocó a una Constituyente, con diputados de las distintas provincias de Quito, dictándose la Constitución de 1812, Constitución que reafirma la independencia del Estado de Quito, finca la soberanía en la voluntad popular, y contempla la existencia de un Congreso general de los Estados Hispanoamericanos, admitiendo así, por anticipado, como ya dije, la organización de la Confederación Hispanoamericana, que habría de impulsar al Libertador como meta fundamental de su política internacional: confederar a los Estados, antes colonias españolas, como garantía de su independencia y progreso.

Rodeado de poderosos ejércitos enemigos, sin armas ni posibilidad de adquirirlas, hubo de sucumbir, en 1814, el Estado de Quito, siendo pasados por las armas los patriotas que lo habían dirigido.

Si el Ecuador no tuvo representantes en Angostura, si no pudo dar grandes dirigentes a la Independencia en su etapa ultima de las grandes acciones de armas, fué, pués, porque pagó, desde temprano, un alto precio en sangre por haberse adelantado en la lucha por la independencia común, fué porque sus elites fueron eliminadas por deguello y fusilamiento, en los primeros tiempos de la epopeya libertaria.

Pero si el Ecuador, no firmó los protocolos de Angostura, supo permanecer fiel a los principios enunciados en ellos, como lo prueba su fraternal devoción de siempre por Venezuela, y su afecto por Panamá y por la actual Colombia, y también, entre otros hechos concretos, sus esfuerzos de años recientes por estructurar sobre bases permanentes la colaboración económica entre nuestros países, bajo los principios amplios y generosos de la Carta de Quito.

Es por eso que un Presidente del Ecuador, en visita oficial a Venezuela, pudo decir, hace pocos años, en esta capital, interpretando fielmente el sentimiento de los ecuatorianos:

“Para nosotros, sigue vigente el Decreto de Angostura!” 

Mi padre defendió el equitativo ajuste de los precios de las materias primas, tanto en la Comisión Preparatoria como en la Primera Parte de la Primera Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas.

Reproduzco a continuación, la nota que mi padre envió a la Cancillería, en la que detalla la ponencia, y de la que se puede constatar, una vez más, la consistencia de sus ideas mantenidas a través del tiempo, y en la que ya se vislumbra la Carta de Quito y la excepción Grancolombiana.

La excepción Grancolombiana 

Mi padre, Dr. Antonio Parra Velasco, presentó una “moción tendiente a que se aplique el principio de la progresividad en las contribuciones que los Estados Miembros de la Organización deben hacer para cubrir sus gastos.”

En el informe de la Comisión Preparatoria, se recomendó que la Asamblea nombrase un Comité para que preparase una distribución detallada de gastos de las Naciones Unidas, considerando: a) el ingreso comparativo per cápita en la población; b) la perturbación económica temporal provocada en las naciones por la segunda guerra mundial; c) la capacidad de los Miembros para obtener mone¬das extranjeras.

Cuando se entró a considerar la indicada recomendación mi padre propuso que se introdujeran las siguientes reformas: 1) Que para el prorrateo de gastos se tomase en cuenta, además de la capacidad de pago, el principio de la contribución progresiva; 2) Que se agregase, entre las factores que deberían tomarse en cuenta para el reparto de las contribuciones, el ingreso de los distintos organismos políticos y admi¬nistrativos de derecho público, que forman parte del Estado Miembro (Estados que forman parte de un Estado Federal, territorios coloniales con presupuesto especial, Estados protegidos por el Estado Miembro, Provincias, Departamentos, Municipios, Comunas, etc.)

Fundamentó la proposición en los siguientes conceptos:

I.- La contribución de los Estados Miembros de las Naciones Unidas debe estar sujeta a la misma regla de “jus¬ticia” que todos los países del mundo aplican cuando se trata de las contribuciones de los ciudadanos a los gastos del Estado: los impuestos se fundan en el principio de la pro¬gresividad. El ciudadano más rico paga más que el menos rico, pero con criterio progresivo. El porcentaje del impuesto aumenta con la riqueza. El impuesto sobre la renta constituye un ejemplo de la aplicación de ese principio, en todos los países del mundo. Las mismas razones que han hecho adoptar ese criterio de progresividad en todos los países, deben hacerlo aceptar al tratarse de las contribuciones a los gastos de las Naciones Unidas.

II.- Para calcular la capacidad de pago de cada Miembro deben de tenerse en cuenta los ingresos de los organis¬mos políticos y administrativos que forman parte integrante del Estado de que se trate. No hay razón para no tomar en cuenta ese factor muy importante.

La finalidad de la proposición antes referida era clara –dice mi padre-: conseguir que fuesen disminuidas substancialmente las cuotas que, para atender a los gastos de la Organización de las Naciones Unidas, les corresponde pagar a los Estados menos prósperos, mediante la aplicación del principio de justicia bien conocido en materia hacendaría, que se traduce en el principio de la progresividad: los Estados más ricos deben cooperar a los gastos de las Naciones Unidas, más que los otros Estados, pero no con criterio de simple proporcionali-dad, sino con criterios de progresividad.

La proposición de mi padre fue ampliamente debatida. Fue rechazada por 20 votos contra 19.

Mi padre se reservó el derecho de plantear nuevamente el asunto en la sesión de la Asamblea General.

El Delegado de México, que preparó un estudio completo sobre la materia, pidió que se considerara nuevamente el planteamiento ecuatoriano. Volvió a discutirse el punto, y esta vez se aprobó, al igual que se hizo en la sesión plenaria de la Asamblea, el principio de la progresividad en los gastos de las Naciones Unidas. 

Uno de los aspectos más sobresaliente del desempeño, por mi padre, del Ministerio de Relaciones Exteriores, a más de su participación en la IX Conferencia Internacional Americana y en la Conferencia Económica Grancolombiana; es la defensa de un equitativo ajusto de los precios en el comercio internacional, alegado, como ya lo dije, en Londres, durante la Primera Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas; en Bogotá (1948); en Quito (1948); y en La Habana, conforme a todo lo cual no hay duda, -tal como lo dice mi padre en el discurso que pronunció con ocasión de la inauguración de la Comisión preparatoria de la Conferencia Económica Grancolonbiana-, que es una verdad esencial “que los problemas económicos que nos afectan no tienen soluciones nacionales, y sólo admiten soluciones conjuntas, aplicadas solidariamente entre todos,” en una palabra, soluciones “intranacionales”, y las preferencias aduaneras a las que tenemos derecho para lograr, de una vez por todas, la independencia económica.

Dentro de ese “espíritu de continuidad”, el Ecuador insistió, en la Conferencia del Comercio y el Empleo de La Habana, en el equitativo ajuste de los precios en el comercio internacional. Mi padre, Canciller de la República, expuso la posición ecuatoriana al respecto, la misma que se concretó, en lo que hace referencia a los precios de las materias primas, a hacer constar, entre los propósitos de la Organización Internacional del Comercio, creada por la Carta, un inciso que asegurara “…un equitativo ajuste de los precios en el mercado internacional, de manera que el nivel de vida de los países preferentemente productores de materias primas, guarde relación justa con el nivel de vida de os países preferentemente productores de manufacturas” [en cuanto a “las preferencias aduaneras exclusivas hispanoamericanas”, necesarias para el progreso y desarrollo de nuestros pueblos, y así constituir el gran mercado interno, de manera de afianzar nuestra independencia económica, defendió el derecho de esas concesiones exclusivas, sin que otros Estados puedan gozar de ellas aduciendo la cláusula de la Nación más favorecida, oportunidad en la que se hizo constar que en la Primera Asamblea General de las Naciones Unidas, celebrada en Londres, el 29 de enero de 1946, treinta y siete países habían votado a favor del principio contenido en la ponencia ecuatoriana sobre el ajuste equitativo de los precios.

Se consiguió que se insertara en el artículo 72 de la Carta, un inciso que dice:

“1. La Organización desempeñará las funciones pre¬vistas en otras partes de esta Carta, y estará además encargada de las siguientes:

1. f) Emprender, en colaboración con el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas y con las organizaciones intergubernamentales que sean apropiadas, estudios sobre la relación existente entre los precios mundiales de las materias primas y los de productos manufacturados, considerar y, toda vez que sea oportuno, recomendar la concertación de acuer¬dos internacionales sobre medidas destinadas a reducir progresivamente cualquier disparidad injustificada entre esos precios.

Se logró así un triunfo parcial, puesto que, si no quedó plenamente admitido el principio, en forma amplia y general, se admitía la necesidad de estudiar la relación entre los precios de las materias y los de los productos manufacturados, y se consideraba 1a necesidad de concertar, acuerdos internacionales sobre medidas destinadas a reducir progresivamente cualquier disparidad injustificada entre esos precios, disparidad cuya existencia, se aceptaba por lo menos como posible.

En verdad, dice mi padre, la derrota en cuanto a la enmienda al Art. 1° fue más aparente que real, pues no hubo mayoría de votos en contra de ella, sino en verdad falta del número de votos necesarios para su aprobación:

Conseguimos el apoyo de la mayoría de 1as representaciones latinoamericanas y de casi todos los Estados Arabes, pero las fuertes influencias de los países industrializados lograron que éstas se abstuvieran.

La cancillería, a cargo de mi padre, dio especial importancia a éstos problemas, tal como consta de la nota 56-DAO, de diciembre 6 de 1947, enviada por mi padre a la Delegación del Ecuador en la Conferencia de La Habana, que transcribo a continuación:

Departamento de Actas y Organismos Internacionales N° 56-DAO

Quito, a 6 de diciembre de 1947

Asunto: Ponencia del Ecuador a la Conferencia de Comercio y Empleo.
Señor Ministro:

Confirmando la conversa¬ción telefónica tenida con usted hace pocos momentos, le instruyo presentar en la conferencia de Comercio y Empleo, la siguiente ponencia:
La Delegación del Ecuador toman¬do en consideración que la Asamblea General de las Nacio¬nes Unidas, en la Sesión Plenaria verificada en Londres el día 29 de enero de 1946, aprobó, de manera casi unánime, el Artículo adicional T del Reglamento Provisional de la Asamblea, que dice: “Mientras se aprueban las reglas definitivas, mencionadas en el Párrafo 4 del Art. 62 de la Carta, respecto a las reglas para la convocación de Conferencias Internacionales, el Consejo Económico y Social puede, después de consultar de¬bidamente con los Miembros de las Naciones Unidas, convo¬car Conferencias Internacionales de acuerdo con el espíritu del Art. 62, sobre cualquier materia de la incumbencia del Consejo, y, en particular, sobre el Comercio internacional y el empleo, EL EQUITATIVO AJUSTE DE LOS PRECIOS EN EL MERCADO INTERNACIONAL y la Sanidad”, pide que se añadan las siguientes disposiciones a la Carta de Co¬mercio Mundial:

I
Que a continuación del numeral 2 del Artículo 1 de la, Carta en que se enumeran los objetivos, a realizar, se agregue el siguiente numeral:

2°- Asegurar un equitativo ajuste de precios en el mercado internacional de manera que el ni¬vel de vida de los países preferentemente productores de ma¬terias primas guarde relación justa con el nivel de vida de los países preferentemente productores de manufac¬turas.”

II
Que en la parte pertinente de la Carta se agregue el siguiente Capítulo:

Capítulo…. ¬EQUITATIVO AJUSTE DE PRECIOS EN EL MERCADO INTERNACIONAL.

Artículo…. Los miembros reconocen que el mantenimiento constante de una equitativa relación entre los precios de las materias primas y de los productos manufacturados, en forma tal que se asegure a los países dedicados preferentemente a la producción de materias primas niveles de vida igualmente justos como aquellos que prevalecen en 1os países productores de manufacturas, constituye una condición indispensable para realizar los objetivos de que trata el Artículo 1 7 de esta Carta y para propender al bienestar de todos los países y fortalecer los cimientos de la paz mundial.

Artículo… Los Miembros reconocen que el Mantenimiento constante de un equitativo ajuste de precios en el mercado internacional requiere tanto de medidas de orden interno como de una acción común bajo los auspicios del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas y de la Organización del Comercio Internacional, en colaboración con las organizaciones intergubernamentales pertinentes, siendo entendido que cada una de estas entidades obrará dentro de su respectiva esfera y de acuerdo con los términos de sus estatutos orgánicos.

Artículo… Mantenimiento de precios equitativos dentro de cada país.

Cada miembro podrá, dentro del espíritu de la presente Carta, y para el cumplimiento de los objetivos en ella determinados, emprender una acción destinada a obtener dentro de su territorio, el establecimiento de precios equitativos, y su mantenimiento constante, en forma tal que se establezca y mantenga un nivel de vida compatible con la satisfacción de las necesidades elementales del ser humano, y el progreso de la colectividad.

Artículo…….. Intercambio de Informaciones y Consultas.

Los Miembros y la Organización deben participar en los arreglos preparados o auspiciados por el Consejo Económico Social de las Naciones Unidas, con inclusión de los acordados con las organizaciones intergubernamentales respectivas para arbitrar las medidas tendientes a realizar los objetivos previstos en los Artículos anteriores, y en especial si los arreglos se refieren a los siguientes detalles:

1. a) La recopilación sistemática, el análisis y el intercambio de informaciones sobre problemas de ajuste de precios, su probable evolución y la política observada al respecto;
2. b) Consultas respecto de acciones concertadas por parte de Gobiernos y organizaciones intergubernamentales en el campo de la política del equitativo ajuste de los precios.

Bajo sobre separado remito a usted copia de un Informe relacionado con la discusión y aprobación, en la Asamblea de las Naciones Unidas, en Londres, enero de 1946, del principio del “Equitativo ajuste de los precios en el mercado internacional”, documento en que la Delegación que usted preside encontrará expuestos los argumentos esenciales, sobre los que deberá basar la defensa de la proposición a que se refiere esta nota.- Le pido gestionar activamente con las distintas Delegaciones que le presten su apoyo al Ecuador. La Cancillería solicitará por su parte el referido apoyo, dirigiéndose urgentemente a todos los Gobiernos amigos.

Soy de usted muy atentamente,

(f.) Dr. Antonio Parra Velasco, Ministro de Relaciones Exteriores.”

La Delegación Ecuatoriana fundamenta la enmienda en que “las Naciones Unidas dieron a esta Conferencia el particularísimo mandato de tratar sobre el equitativo ajuste de los precios en el mer¬cado internacional”; “Ningún otro tema ha sido recomendado en forma tan específica, tan clara y terminante…”

La Delegación del Ecuador llamo la atención sobre “el fenómeno inexplicable de que el único punto que mereció la recomendación especial de las Naciones Unidas esté siendo combatido y se trate de impedir su aprobación” para a continuación preguntarse si ello significa “que la Carta se esté haciendo sólo para satisfacer a los que pueden imponer las decisiones con el peso de fuerzas de las que carecemos los pequeños países?”

La esencia de la ponencia Ecuatoriana, dice mi padre, fué destacar la injustificada disparidad existente entre los precios de las manufacturas, y los de las materias primas, para concluir que en esa lucha quedan abiertos varios caminos a los Estados de Hispanoamérica, para lograr el establecimiento de un equitativo ajuste de precios en el mercado internacional: 1) trabajar mediante sus expertos en el seno de la CEPAL, 2) Exigir que la Organización Internacional del Comercio, cuando entre en funciones, cumpla con estudiar el programa considerado en el inciso d) del Art. 72 de la Carta del Co¬mercio; 3) Pedir, en el seno del Consejo Económico y So¬cial de las Naciones Unidas que se estudie el aludido problema; 4) gestionar en igual sentido ante el Consejo Económi¬co y Social Interamericano; 5) Concertarse entre sí, los Estados preferentemente productores de materias primas, para defender conjunta y solidariamente sus legítimos intereses frente a los Estados altamente industrializados, a efecto de conseguir trato equitativo en cuanto al precio de sus productos. 

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La Delegación del Ecuador, cumpliendo instrucción de mi padre, propuso que se agregaran al párrafo 2, del artículo 16, (trato general de la nación más favorecida) los siguientes párrafos:

“e) preferencias vigentes o en proceso de negociación entre Venezuela, Colombia, Ecuador, y Panamá:

1. f) De manera general, habida cuenta de la especial situación existente entre los Estados hispanoamericanos, debido a la necesidad en que se encuentran de desarrollar su economía y debido también a su comunidad de lengua, origen y cultura se reconoce que dichos Estados podrán libremente pactar entre todos ellos o entre algunos de ellos, un sistema de tarifas preferenciales que podrán llegar hasta el establecimiento de una unión aduanera”.

Dentro de su preoccupación -y decisión- de buscar que se acepte su pensamiento, convencido, sin duda, que era, como muchos creemos, lo que nuestros países requerían en su lucha por la independencia económica, envió circular 51, de diciembre 1 de 1947, que transcribo a continuación:

CIRCULAR 51 Diciembre 1/47

Circular para todos los países hispanoamericanos (excluír Haití, Brasil y EE.UU.)

Delegación Ecuador Conferencia Comercial Habana pedirá oficialmente comillas que al inciso 2 del artículo 16 se agreguen los siguientes parágrafos: (e) Preferencias vigentes, o en proceso de negociación entre Venezuela, Colombia. Ecuador y Panamá; (f) De manera general, habida cuenta de la especial situación existente entre los Estados Hispanoamericanos, debido a la necesidad en que se encuentran de desarrollar su economía, y debido también a su comunidad de lengua, origen y cultura, se reconoce que dichos Estados podrán libremente pactar entre todos ellos, o entre algunos de ellos, un sistema de tarifas preferenciales, que podrá llegar hasta el establecimiento de una unión aduanera comillas punto Urgentemente solicite Canciller ese Gobierno instruír sus delegados que apoyen petición ecuatoriana (Nota 1-Véase al final) insistiendo en ventajas fundamentales, económicas y políticas, derivaríanse para nuestros países de formación vasto mercado interno para desarrollo nuestras economías y afianzamiento nuestra solidaridad ante problemas mundiales punto Explique alcance artículo sexto Constitución Ecuatoriana vigente punto Exprese vivo deseo Ecuador de colaborar estrechamente con todos los Estados Hispanoamericanos punto (Nota 2-Véase al final) Cablegrafía resultado ampliando urgentemente por aéreo.

Dispuso que la circular tenga puntos especiales en los textos dirigidos a Chile, Argentina y los países Centroamericanos, en los siguientes términos:

Nota 1.- En los cables a Chile y a la Argentina se añadirá lo siguiente: que coincide con tradicional política económica de Chile (o la Argentina) y se armonice con texto y espíritu del Acta de Mendoza.

Nota 2.- En los cables a los Estados Centroamericanos se agregará lo siguiente: Indíquele Cancillería dado instrucciones Delegación ecuatoriana para que apoye el principio de las preferencias aduaneras centroamericanas.

Nuestro representante en Río de Janeiro (Noviembre 14-47 ——–Nº 121), informó de las instrucciones de Itamaraty impartidas a su Delegación en la Conferencia La Habana: 1º.- Sostenimiento principio voto unitario. 2º.- Oposición al establecimiento restricciones cuantitativas. 3º.- Oposición a formación regímenes preferenciales. 4º.- Favorecer apelación Corte Justicia La Haya. 5º.- Dejen aspiración obtener de grandes potencias auxilios financieros técnicos a países de economía no desarrollada objeto desenvolver industrias de éstos. 6º.- Definir política internacional respecto materias primas sentido justo realista con interpretación equitativa del libre acceso.

Nuestra Embajada en la Paz (Noviembre 40-47——— Nº 201), informó que Bolivia concurre La Habana únicamente por solidaridad (su producción mineral está colocada y asegurada la adquisición de alimentos por sus convenios con Estados Unidos de América y Argentina), pero que votaré de acuerdo con intereses sudamericanos antes que europeos.

Nuestra Embajada en Lima, envió en cumplimiento de la circular, la siguiente nota a Torre Tagle:

“4-2-79.- Lima, a 5 de diciembre de 1947.- Señor Ministro.- Tengo a honra participar a Vuestra Excelencia que la Delegación de la República del Ecuador ante la Conferencia Mundial de Comercio y Empleo que se celebra actualmente en La Habana, someterá a la ilustrada consideración de ese certamen internacional, la proposición de que se añadan al inciso 2 del artículo 16 del Proyecto de Carta de Organización Mundial de Comercio y Empleo, los siguientes párrafos:- “e) preferencias vigentes o en proceso de negociación entre Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá,- f) de manera general, habida cuenta de la especial situación existente entre los Estados americanos, debido a la necesidad en que se encuentran de desarrollar su economía, y debido, también, a su comunidad de lengua, origen y cultura, se reconoce que dichos Estados podrán libremente pactar entre todos ellos o entre algunos de ellos, un sistema de tarifas preferenciales que podrá llegar hasta el establecimiento de una unión aduanera.”.- En cumplimiento del encargo que me ha confiado mi Gobierno, me es altamente grato encarecer al Gobierno de Vuestra Excelencia, examinar la conveniencia de que instruya, con la urgencia que el caso reclama, a la Delegación peruana ante dicha Conferencia, para que preste su calificado y valioso apoyo a dicha proposición.- Huelga, Señor Ministro, destacar en la presente nota, las obvias y fundamentales ventajas de orden económico y político que se derivarían para nuestros países, de la formación de un vasto mercado interno, orientado al desenvolvimiento de sus economías nacionales y a la afirmación de su solidaridad ante los problemas mundiales.- Esta aspiración ecuatoriana concuerda, por lo demás, con el indeclinable espíritu de amistosa colaboración que abriga mi Gobierno en sus relaciones con todos los Gobiernos americanos, y, muy singularmente, con el de Vuestra Excelencia.- Válgome de la presente oportunidad para reiterar a Vuestra Excelencia, las seguridades de mi más alta y distinguida consideración.- (f) Gonzalo Escudero.-
Otros países de nuestra América opinaron de la siguiente forma:

La República de El Salvador decidió apoyar nuestra posición, manifestando la concordancia existente entre los puntos de vista nuestros y la tesis que sostiene ese país; Chile, así mismo, apoyó la moción ecuatoriana de manera incondicional pués, manifestó el Canciller Chile, junto con mi padre, en Londres, habían sostenido y defendido la moción que presentara la Delegación de Chile, ( Enero de 1.946): También nos apoyó China, República Dominicana, Guatemala, México, Colombia, Honduras, Panamá.

La posición afirmativa tuvo características especiales, según Carta del Cable 137 de diciembre de 1947, dirigido por nuestro Embajador, que dice:

Su Circular cablegráfica número 52.- Cancillería de la Argentina instruyó Presidente Delegación apoyar ponencia ecuatoriana pero sugiere dígase “productores de materias primas y artículos alimenticios”. Pedídome a su vez recomendar usted declinemos posición adoptada seno conferencia contra prácticas restrictivas empresas fiscales. Aunque estoy de acuerdo nuestro punto de vista permítome insinuar conveniencia no ponernos pugna con Argentina auspiciando medida afectaría Instituto Promoción Intercambio que si bien ejerce monopolio cierta actividad comercial es organismo básico política económica actual Gobierno e instrumento al cual tenemos que recurrir para préstamos buscamos mediante convenios cooperación financiera. Creo necesario además corresponder apoyo prestándonos últimamente Argentina en diversas circunstancia y en misma Conferencia de la Habana y dejar sea otra Delegación la que asuma posición francamente contraria. Borrero.

Mi padre instruyó a nuestra Delegación en la Habana “no oponerse a tesis Argentina en lo referente prácticas restrictivas empresas públicas artículo 44 Carta punto Argentina sugiere reformar en ponencia Ecuatoriana sobre ajuste de precios en sentido referirse a países productores de materias primas comillas y artículos alimenticios comillas punto.
Caso pedirlo Delegación argentina puede aceptar reforma mencionada punto Diga si Gustavo Polit encuéntrase esa formando parte Delegación Mexicana.” 

Dentro de los documentos de mi padre tengo el memorándum de la Cancillería sobre la ponencia del Ecuador, presentada en la Conferencia de Comercio y Empleo de las Naciones Unidas en La Habana, que dice:

Memorándum

Ponencias presentadas por el Ecuador en la Conferencia de Comercio y empleo de las Naciones Unidas.

I
Sobre sistema preferencial de tarifas entre países grancolombianos e hispanoamericanos.

Con fecha 1º de los corrientes se dirigió el radiograma número 57, al señor Presidente de la Delegación del Ecuador a la Conferencia de Comercio y Empleo, instruyéndole que pida en nombre del Gobierno del Ecuador “que al inciso 2 del artículo 16 se agreguen los siguientes párrafos: (e) preferencias vigentes, o en proceso de negociación entre Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá; (f) de manera general, habida cuenta de la especial situación existente entre los estados hispanoamericanos, debido a la necesidad en que se encuentran de desarrollar su economía, y debido también a su comunidad de lengua, origen y cultura, se reconoce que dichos estados podrán libremente pactar entre ellos, o entre algunos de ellos, un sistema de tarifas preferenciales, que podrán llegar hasta el establecimiento de una unión aduanera”.

Esta ponencia se la dió a conocer a todas las misiones diplomáticas del Ecuador ante los Gobiernos de los Países Hispanoamericanos, con excepción de Haití, Brasil y Estados Unidos, por medio de la circular cablegráfica número 51, con el pedido de que obtengan de las respectivas Cancillerías apoyo a la citada ponencia ecuatoriana.

Se ha obtenido apoyo a esta ponencia, hasta la presente fecha, por parte de los siguientes países, de conformidad con lo comunicado por las correspondientes misiones diplomáticas del Ecuador:

Rep. Dominicana
Radiograma
Número
6
Diciembre
9/47
Panamá
"
"
119
"
3/47
El Salvador
"
"
27
"
5/47
Argentina
"
"
64
"
8/47
Guatemala
"
"
89
"
3/47
Chile
"
"
146
"
3/47
México
"
"
100
"
6/47
China
"
"
73
"
16/47
(a la Habana)






La misma ponencia ha sido apoyada, pero con reservas por los siguientes países, de acuerdo con los radiogramas dirigidos por las respectivas Embajadas ecuatorianas:

Colombia
Radiograma
Número
190
Diciembre
4/47
Apoya en principio pero forma y oportunidad de presentación al Gobierno Colombiano ha dejado el arbitriode su delegación
Uruguay
Radiograma
Número
37
Diciembre
4/47
ha instruído a su delegación discutir con la ecuatoriana el párrafo (e). En relación con el párrafo (f) apoya sólo la Unión Aduanera


II

Equitativo ajuste de precios en el mercado internacional.

Con fecha 6 del presente se le dirigió la nota número 56-DAO, por la cual se le instruyó al Presidente de la Delegación del Ecuador a la Conferencia de Comercio y Empleo que oficialmente presente a consideración la siguiente ponencia:

“Que a continuación del numeral 2 del artículo I. de la Carta de Comercio Mundial en que se enumera los objetivos a realizar, se agregue el siguiente numeral:

2ª.- Asegurar un equitativo ajuste de precios en el mercado internacional de manera que el nivel de vida de los países preferentemente productores de materias primas guarde relación justa con el nivel de vida de los países preferentemente de manufacturas.”

Esta ponencia se la hizo conocer a nuestras misiones diplomáticas acreditadas en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Guatemala, México, Perú y Uruguay, por medio de la circular cablegráfica número 52, de 10 del presente, con el objeto de que obtengan que los gobiernos de los países nombrados instruyan a sus respectivas delegaciones en La Habana que apoyen la ponencia ecuatoriana.

Se ha obtenido apoyo, hasta esta fecha, por parte de los siguientes países, según lo comunicado por las pertinentes misiones diplomáticas del Ecuador:

Guatemala
Radiograma
Número
92
Diciembre
13/47
Chile
"
"
147
"
13/47
China
"
"
73
"
16/47
(a la Habana)





Rep. Dominicana
"
"
70
"
15/47
Colombia
"
"
121
"
16/47
Procedimiento al arbitrio de la Delegación de La Habana.
Bolivia
Radiograma
número
205
Diciembre"
14/47


III

Reajuste de precios deberá referirse también a artículos alimenticios

La Cancillería ha instruído al Presidente de la Delegación del Ecuador a la Conferencia de La Habana, por medio del radiograma número 71, de 12 de los corrientes, que llegado el caso, acepte adición de la Argentina a la ponencia ecuatoriana en el sentido de que el reajuste de precios no se refiera únicamente a las materias primas sino también a los artículos alimenticios.

III

Prácticas restrictivas de empresas publicas

El Ministerio de Relaciones Exteriores, por medio del radiograma número 71, ha instruido al Presidente de la Delegación del Ecuador en la Conferencia de La Habana, que no se oponga a la tesis argentina en lo referente a prácticas restrictivas de empresas públicas a que se refiere el artículo 44 de la Carta de Comercio.

Quito, a 20 de Diciembre de 1.947 

Tres conferencias se celebran con el objeto de lograr reformas a la Carta de la Organización de los Estados Americanos, y a las tres asistió mi padre, Dr. Antonio Parra Velasco, Delegado del Ecuador, que había participado con mucho éxito en la IX Conferencia Internacional Americana de Bogotá, en 1948, en calidad de Presidente de la Delegación ecuatoriana, conferencia en la que se acordó la Carta de la OEA.

En las tres reuniones: la II Conferencia Interamericana Extraordinaria de Río de Janeiro (1965); la Comisión Especial para la Reforma de la Carta de la Organización de los Estados Americanos, celebrada en Panamá (1966); y la III Conferencia Interamericana Extraordinaria celebrada en Buenos Aires (1967), mi padre llevó la defensa de los intereses ecuatorianos, en relación a la Solución Pacífica de Controversias Internacionales, exponiendo la posición ecuatoriana y con su conocimiento del derecho internacional, como jurista que era, a base de brillantes alegatos y desde una auténtica trinchera intelectual y jurídica, expuso irrefutables argumentos, sólo superadas por la fría realidad de los votos, que representaban intereses y no principios ni doctrina.

Se discutió sobre el fortalecimiento de la capacidad de la OEA para “ayudar de manera efectiva a los Estados miembros en la solución pacífica de sus controversias, radicando en el Consejo de la Organización de los Estados Americanos las facultades correspondientes”, en relación a lo cual unos países eran partidarios de limitar al máximo las posibilidades del Consejo en orden a facilitar la solución de las controversias internacionales”, y otros, por el contrario, intentaron que se le .otorgaran, “claras disposiciones tendientes a lograr una pronta y justa solución de toda clase de controversias”.

Los países que se oponían al fortalecimiento de la OEA, exigían que la intervención del Consejo estuviese supeditada a que todas las partes en la controversia lo solicitaran y, lo que es lo mismo a exigir “la previa anuencia de las partes para que el Consejo actúe.”

A lo anterior agregaban que el Consejo de la OEA debía “abstenerse de entrar a considerar la controversia en los casos en que no se encuentran agotados los medios pacíficos de solución determinados en los Tratados vigentes entre las Partes, o se trate de asuntos ya resueltos entre las partes, o por laudo arbitral o por sentencia de un tribunal internacional, o que se hallen regidos por acuerdos o tratados en vigencia”, con lo que se pretendía “limitar varios importantes tipos de controversias”.

Para otros países, entre ellos el Ecuador, el Consejo debía conocer de cualquier tipo de controversia, sin limitación alguna, “para los fines de recomendar procedimientos o fórmulas de solución pacífica, y que podría así hacerlo aun a petición de una sola de las partes.”

El problema de la solución pacífica de las controversias fue uno de los más importantes de los temas tratados en las tres conferencias referidas.

En la Conferencia de Buenos Aires el Ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador, manifestó, con toda razón, que “no puede hablarse de un Sistema Jurídico si es imposible el planteamiento de una controversia, en búsqueda de solución por solamente de la negativa de una de las Partes que, por determinados circunstancias haya resultado afectada pues, aquello rompe todo fundamento de derechos y contraviene aun a elementales principios de lógica”.

A continuación reproduzco parte de las intervenciones de mi padre, y en especial, los informes que presentó a la Cancillería ecuatoriana de su trabajo en la Comisión Especial reunida en Panamá (1966) y en la III Conferencia Interamericana Extraordinaria de Buenos Aires (1967), documentos que considero importantísimos y que, sin duda, son más interesantes que cualquier otra reseña, para el estudio de estos temas. 

Mi padre fue uno de los diplomáticos e internacionalista que intervino en la implementación de ciertas precisiones en el importante discurso del Dr. señor Wilson Cordova M., Ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador, pronunciado en la Tercera Sesión Plenaria Celebrada el Sábado 20 de Noviembre de 1965, en el que renovó su fe en la OEA, especialmente en la aptitud de esta organización para “escuchar y acoger la voz de las naciones que claman por la justicia, por aquella justicia rectificadora sobre la que se funda la paz”.

El Canciller Ecuatoriano recordó la importancia del funcionamiento y robustecimiento del Sistema Interamericano , y la necesidad de revisar y reformar “para ajustarla a la marcha acelerada de la evolución jurídica y la mutación de las condiciones del mundo contemporáneo, determinadas por la presencia de los pueblos en el escenario internacional y por su reclamo para que todos los Estados se coaliguen en la empresa de satisfacer sus derechos políticos, económicos, sociales y culturales, en reconocimiento pleno de la dignidad humana que es el primero de los valores espirituales y el supremo de los bienes jurídicos”, todo esto, por cierto, sin “conspirar contra la unidad, cohesión y solidez de su estructura, contra la fortaleza de su cuerpo total y la sabiduría de su ordenación jerárquica, a fin de mantener la correlación profunda entre los dominios jurídico, político, económico y cultural”.

Recordó el Dr, Wilsón Córdova que el Ecuador “ha sido y sigue siendo fervoroso propugnador de la integración económica de los Estados latinoamericanos, con fines de lograr su desarrollo económico y su progreso social, y que por eso patrocinó en 1948 la Carta de Quito, convenio para llegar al establecimiento de la Unión Económica y Aduanera Grancolombiana, el que quedó abierto a la adhesión de todos los Estados iberoamericanos, no tan sólo por razones económicas, sino también, como se lo expresa en dicho instrumento, por encontrarse unidos entre sí por los vínculos de la comunidad de origen y cultura”.

El Canciller ecuatoriano insistió que es indispensable “revisar el Estatuto de la Comisión Interamericana de Paz”, de tal manera “que readquiera… la autoridad y competencia…., al tenor de lo cual “podía actuar a requerimiento de cualquier Estado americano, fuera o no fuera Parte directamente interesada o miembro o no de la Comisión”, recordando que ese Estatuto “no requería la anuencia de las Partes como requisito previo de la actuación de la Comisión”.

El Canciller Córdova insistió en que la Conferencia debía fortalecer “la competencia de la existente Comisión Interamericana de Derechos Humanos , cuyas escasas e insuficientes facultades y atribuciones no se compadecen con su mandato de promover el respeto de los referidos derechos en el Continente”. A continuación se concentró en el “Perfeccionamiento de los medios e instrumentos de solución pacífica de las controversias”, a lo que el Ecuador “atribuye la máxima importancia, considerando que la Organización Interamericana reposa sobre el derecho a la no intervención; el sistema de seguridad colectiva; y la solución pacífica de las controversias internacionales.

Si nuestra organización regional persigue “afianzar la paz y la seguridad del continente” y el propósito subsecuente de prevenir las posibles causas de dificultades y asegurar la solución pacífica de las controversias entre los Estados Miembros, -dice el Canciller Córdova- ¿Cómo podría la Organización afianzar la paz y seguridades hemisféricas sin un Tratado adicional que sea instrumento eficaz para asegurar la solución pacífica de tales controversias y que merezca la ratificación de una gran mayoría de los Estados americanos?

La falta de ese tratado -dice el Canciller Cordova- conspira contra la propia existencia de la Organización, porque podrían subsistir o prosperar entre los países americanos peligrosos gérmenes conflictivos en quebranto de la paz y de la seguridad, cuyo mantenimiento constituye la premisa lógica y la base misma de la unidad y solidaridad de América.

Para rectificar tan manifiesta imperfección dentro del concierto continental, el Gobierno del Ecuador –continúa el canciller ecuatoriano- ha sometido a la ilustrada consideración de la presente Conferencia el Proyecto de Tratado Interamericano de Soluciones Pacíficas que no sustituye sino complementa al Pacto de Bogotá y que debería denominarse “Pacto de Río de Janeiro”, en homenaje a la noble metrópoli que es la sede de nuestra Conferencia.

El proyecto ecuatoriano, que bien podría conciliarse con proyectos similares presentados por otras Delegaciones, responde a una apremiante necesidad jurídica y se caracteriza por la concisión y sencillez de su texto y la flexibilidad del procedimiento que establece. Con esta oportunidad el Ecuador, a la vez que propuso un proyecto de “Perfeccionamiento de los Métodos e Instrumentos de Solución Pacífica de las Controversias”, dejó constancia que el Protocolo de Paz, Amistad y Límites del 29 de enero de 1942, “adolece de nulidad, por cuanto, entre otras causas, el consentimiento ecuatoriano estuvo viciado por el empleo de la fuerza armada, y por la ocupación y retención de considerables zonas de su territorio”, grave controversia internacional que perturba la paz, la amistad y la cooperación entre dos países que necesitan eliminar todo aquello que los divida y de la necesidad de que se encuentren los medios jurídicos y pacíficos eficaces para la solución de esta grave controversia.

Esta actitud traduce fielmente la convicción integral del pueblo ecuatoriano.”

Mi padre fué relator en la Comisión III sobre la “SOLUCION PACIFICA DE CONTROVERSIAS”.
Se trató sobre el “establecimiento de vínculos jurídicos obligatorios entre los Estados americanos con el objeto de consagrar los procedimientos de solución pacífica”, que tiene que ver con el Pacto de Bogotá; y el “establecimiento de un mecanismo u órgano que permita a los Estados americanos gravitar sobre las partes en litigio a fin de inducirlas a una solución”, de tal manera de “remediar” “la carencia de órganos de conciliación”, considerando la igualdad jurídica de los Estados y que las partes [en conflicto] puedan actuar dentro del órgano de conciliación.

La posición ecuatoriana, a la que se opusieron algunos delegados, planteaba que el órgano de conciliación debía ser reconstituido y los integrantes debían ser nombrados por los gobiernos.

El tema, de especial importancia, fué el de la Solución Pacífica de las controversias, y de encontrar un mecanismo adecuado para lograr esa solución, evitándose que se recurra a la fuerza.

De las exposiciones de los distintos delegados se deduce que existe, sin duda, un concenso de que las controversias deben solucionarse por los medios pacíficos propiciados por el derecho internacional, y que debe encontrarse un mecanismo efectivo.
Uno de los puntos en discusión fue si era o no necesario crear nuevos organismos, o ampliar los existentes; y si el órgano correspondiente sólo se limitaría a recomendar medidas de solución pacífica de controversias, o entraría en la consideración de una disputa o controversia sin el consentimiento de las Partes, o sólo con el consentimiento de una de ellas.

En resumen, la Comisión tuvo como finalidad el estudio de los procedimientos para la solución pacífica de las controversias.

En las discusiones de llegó, lo que era lógico, a la intangibilidad de los Tratados.

A este propósito mi padre, Delegado del Ecuador, manifestó su apoyo al proyecto presentado por la Delegación boliviana, pues considera que su propósito es enaltecer la justicia internacional y reconoce la actitud de un país poderoso que juzga necesario revisar un pacto viciado. En relación con el concepto expresado de que para revisar los tratados es necesario contar con la voluntad de las Partes, declaró que deseaba dejar constancia del desacuerdo de su Delegación sobre este punto. Mencionó que cuando se discutía el Art. 14 de la Carta de la Organización de los Estados Americanos, se trató de mantener este concepto en el mismo, pero fue eliminado porque no es posible aceptar que la revisión de los tratados sólo pueda realizarse por la voluntad de ambas partes, y por eso numerosos tratadistas han dicho que es necesario aceptar el principio de la revisión, porque los tratados no son perpetuos. Los tratados deben tener siempre la puerta abierta para ser revisados y es justo que los Estados poderosos accedan al llamado de los Estados más débiles. Agregó que ésto se discutió en Bogotá y por eso no se incluyó en la Carta el principio. Finalizó diciendo que no se consideraba éste el momento oportuno para levantar el problema, pero que estimaba que el proyecto de la Delegación de Bolivia era una felicitación a quienes obran con justicia y que su Delegación lo apoyaría en la forma en que está redactado y apeló a que no se modificara su texto.

A nadie escapa la importancia del tema tratado, que se concreta en perfeccionar, en el ámbito americano, el procedimiento y los métodos de solución pacífica de las controversias, conforme al art.23 de la Carta de la O.E.A

De ahí que mi padre manifestó su apoyo al proyecto de los Estados Unidos , porque cumplía con el propósito fundamental de la Carta, que es lograr la solución pacífica de las controversias. Lo importante, decía, es presentar un proyecto que pueda ser estudiado y aprobado por la Conferencia que considere la reforma de la Carta; agregando que la idea fundamental del proyecto era permitir una discusión previa y ayudar a las partes a que escojan un procedimiento.

Algunos delegados manifestaron que la Organización de las Naciones Unidas está más avanzada que la Organización de los Estados Americanos en cuanto al problema de la solución pacífica de las Controversias, porque dispone de varios medios que no tiene la Organización Americana, en la que con frecuencia se ha estado invocando el Tratado de Río para situaciones que no deberían requerir su aplicación y que ello se debe precisamente, “a la carencia de instrumentos adecuados para la solución pacífica de controversias”,y a la vez recordándose que la Comisión Interamericana de Paz no podía comenzar a actuar en un diferendo a menos que las dos partes hubieran convenido en su funcionamiento, ya se trate de un consentimiento ad hoc y posterior al surgimiento de la controversia o ya emane de un convenio preexistente.

Luego de los debates la II Conferencia resolvió “Solicitar de (el Consejo de la OEA o el órgano que corresponda) que prepare un proyecto de reformas a la Carta, que fortalezca la capacidad de la Organización para ayudar de una manera efectiva a los Estados miembros en la solución pacífica de sus controversias, otorgando al Consejo de la Organización de los Estados Americanos facultades adicionales para proveer tal ayuda. (Res. l); y Transmitir a la Comisión Preparatoria que será designada por el Consejo de la OEA, de conformidad con el Acta de Río, el proyecto de resolución sobre el Arreglo Pacífico de Controversias preparado por la Subcomisión 2 de la Comisión III para su orientación general en la preparación del proyecto de reformas a la Carta, a que se refiere el Capítulo de dicha acta. (Res.II)

El Delegado del Ecuador (mi padre, Antonio Parra Velasco) expresó que deseaba apoyar la opinión del Delegado del Uruguay respecto a la enmienda segunda de los Estados Unidos de América, porque se podría presentar el caso de que hubiera desacuerdo entre dos partes, respecto a si existe o no, entre ellas, un tratado de soluciones pacíficas. Los nuevos textos propuestos podrían dar origen a una serie de complicaciones. Sin embargo, se trataba de dar al Consejo una oportunidad para acercar a las partes a fin de que encuentren un procedimiento que las lleve a la solución de su controversia.

Aun cuando hubo acuerdo en cuanto a que en “la solución pacífica de las controversias, el Consejo de la Organización de los Estados Americanos debía tener atribuciones suficientes para recomendar a las partes métodos o fórmulas de solución de controversias”, no lo hubo cuando para algunas delegaciones, como la chilena, “cualquier procedimiento de solución pacífica de controversias que se radique en el Consejo debe estar encuadrado, en forma armónica, dentro de disposiciones semejantes a las contenidas en el Artículo 6 del Tratado Interamericano de Soluciones Pacíficas (Pacto de Bogotá), y que “el Consejo, en aquellos casos en que se le presentara un asunto ya resuelto por arreglo de las partes, o por laudo arbitral, o por sentencia de un tribunal internacional, o que se hallen regidos por acuerdos o tratados en vigencia, debe abstenerse de toda actuación”, organismos que se abstendrían de actuar en aquellos casos en que existan entre las partes tratados o acuerdos bilaterales que establezcan procedimientos de soluciones pacíficas”, y para otras delegaciones, como la ecuatoriana, en palabras de su Delegado, mi padre, dejó constancia “de su oposición a la enmienda propuesta al inciso a) párrafo 2, por la Delegación de los Estados Unidos, según la cual, para que cualquiera de las partes en una controversia pudiera presentarla al Consejo de la Organización, sería menester que no estuvieran en vigor entre las mencionadas partes tratados o acuerdos bilaterales que establecieran procedimientos para la solución de controversias entre ellos, pues según la Delegación del Ecuador dicha enmienda tendería a limitar extraordinariamente las funciones del Consejo de la OEA y prácticamente le impediría realizar esa misión conciliatoria aun en ese simple aspecto de acordar un procedimiento”, a lo que añadió “que, en realidad, si se llegara a aprobar un texto definitivo con esa enmienda se eliminaría la posibilidad de que el Consejo actuara cuando se susciten diversas cuestiones previas. Una de ellas, por ejemplo, señaló, sería la relativa a saber si determinado tratado o acuerdo se encuentra o no vigente entre las partes. Bien pudiera suceder, por ejemplo, dijo, que el acuerdo o tratado alegado hubiera sido reemplazado por otro posterior”.

Otro punto que podría presentarse -agregó mi padre- “sería el de si el tratado o acuerdo vigente podría ser o no aplicable a la controversia existente. También podría ocurrir que las partes estuvieran de acuerdo sobre la existencia de un convenio, pero discreparan sobre cuál de los varios procedimientos previstos debería seguirse. En resumen, expresó que la adición de cualquier disposición que limitara la función conciliatoria del Consejo tendría por consecuencia, en muchos casos, el cerrar herméticamente la puerta a toda posibilidad de solución pacífica, aun en ese aspecto inicial de determinar el camino a seguir para lograr una solución. Si la Delegación del Ecuador no aceptó que se limitaran las atribuciones del Consejo para aconsejar determinado procedimiento, con mayor razón la Delegación se opondría a la inclusión del Artículo 6 del Pacto de Bogotá que fué objeto de reservas por parte de varios países, porque ese Artículo 6 tendría a impedir que se solucionaran, por medios pacíficos, diversos casos de controversias internacionales.
¿Acaso podemos suprimir de una plumada -interrogó- todos los capítulos del derecho internacional que se relacionan con la nulidad de los tratados o de los laudos arbitrales?
Nosotros no podemos aceptar que se pretenda introducir en las reformas de la Carta de la OEA, tal artículo, en cualquier forma, directa o indirecta.

Tampoco estamos de acuerdo – continuó- con la proposición hecha por la Delegación del Brasil, de que se incluya en el texto del Proyecto inicialmente presentado por la Delegación de Estados Unidos, una disposición según la cual “en ningún caso, todavía, podrá una parte que no tenga ratificado el Pacto de Bogotá enviar, o hacer uso de esta facultad, en contra de un Estado que lo ha ratificado”, porque esta inclusión limitaría la posibilidad de que el Consejo ofreciera su acción conciliadora en muchísimos casos, ya que sólo podría actuar cuando la controversia fuese entre los Estados que han ratificado el Pacto de Bogotá. o entre los Estados que no lo hayan ratificado, pero no entre un Estado que lo ha ratificado y otro que no lo ha hecho. Esto se apartaría del principio de igualdad jurídica de los Estados – estimó – y se apartaría además de la finalidad superior de este proyecto, que es procurar la solución pacífica de las controversias y de, por ese medio, mantener la solidaridad entre todos los Estados americanos.

En cuanto al proyecto III/ ll – dijo – que no sabía si la Comisión aceptaría la siguiente enmienda a la parte final, de modo que dijese así:

“Radicando en el Consejo de la Organización de los Estados Americanos o en otro órgano del sistema, las facultades correspondientes”.

De esta manera, dichas facultades podrían atribuirse, no al Consejo necesariamente, sino a otro órgano, para que examinase los aspectos esenciales de la controversia.

Resumiendo lo antes expuesto, la Delegación del Ecuador pidió que quedara constancia en el acta de que el Ecuador no podría aceptar la inclusión, en las reformas a la Carta de la Organización de los Estados Americanos de cualquiera disposición que, directa o indirectamente, tendiera a impedir que la Organización cumpliera, de manera efectiva, la suprema tarea que le incumbe, de obtener la solución pacífica de las controversias en forma de no dejar que ninguna de ellas pueda quedar sin solución definitiva dentro de un plazo razonable y de que el Ecuador se oponía, de modo especial, a que se incluyera, en tales reformas, la disposición contenida en el Artículo 6º del Pacto de Bogotá.”

De inmediato, -siempre se dió esa pugna-, el Embajador Hoyos Osores, Delegado del Perú “solicitó que también constara en el acta su declaración en el sentido de que estaba de acuerdo con la declaración del Delegado de Chile, y que la hacía propia, porque consideraba que cualquier gestión conciliatoria del Consejo de la OEA debería atenerse al Artículo 6 del Pacto de Bogotá, puesto que se trataba de un principio básico del derecho internacional.

Agregó que si el Consejo se abocara al conocimiento de un asunto en el que una parte le diera un carácter de controversia que no tuviera en realidad, estaría violando los principios básicos de la Carta.”

El Presidente anunció que pondría a votación las enmiendas propuestas por el Ecuador, Argentina y el Brasil, al proyecto de resolución presentado por la Subcomisión (Documento III/ll).

El Delegado de Guatemala (señor R. Herrera) pidió que la votación sobre la enmienda del Ecuador y de Argentina fuera nominal.

El Delegado de México (señor Sánchez Gavito) sugirió que en vista de que la propuesta de Argentina era solamente cuestión de forma podría ser votada primero. Agregó que la enmienda podría expresar “al redactar el” en vez de “redacte un”, lo cual mejoraba el texto de la resolución.

No habiendo ningún delegado que objetara esta enmienda, el Presidente la dió por aprobada.

A continuación, el Presidente sometió a votación la propuesta del Ecuador.

La votación nominal dió el siguiente resultado:

Votaron a favor: República Dominicana, Colombia, Argentina, Panamá, México, Paraguay, Ecuador y Brasil.

Votaron en contra: Costa Rica, Estados Unidos, Guatemala, Perú, El Salvador, Chile y Uruguay.

Se abstuvieron de votar: Haití y Nicaragua.

No votaron por estar ausentes, Bolivia y Honduras.

El Presidente anunció que la propuesta de la Delegación del Ecuador había recibido 8 votos a favor, 7 en contra y 2 abstenciones. Por consiguiente, de acuerdo al Reglamento, no había sido aprobada.

A continuación, el Delegado del Brasil (señor Penna Marinho) expresó que retiraba su enmienda, pero que deseaba que constara en el acta la declaración de que su Delegación votaría a favor del proyecto, sin perjuicio de las funciones que fueran reconocidas a la Conferencia Interamericana. 

COMISION ESPECIAL PARA LA REFORMA DE LA CARTA DE LA OEA, PANAMA 1966
INFORME PRESENTADO POR EL DR. ANTONIO PARRA VELASCO, DELEGADO A LA COMISION ESPECIAL PARA PREPARAR UN ANTEPROYECTO DE REFORMAS A LA CARTA DE LA ORGANIZACION DE LOS ESTADOS AMERICANOS, CELEBRADA EN PANAMA, DEL 25 DE FEBRERO AL 1 DE ABRIL DE 1966 

Exposicion del Doctor Antonio Parra Velasco, delegado del Ecuador, en la sesion del grupo “c” de la subcomision I celebrada el 15 de marzo de 1966

Señor Presidente:

La Delegación del Ecuador toma nuevamente la palabra para tratar la cuestión relativa a las funciones del Consejo referentes a la solución pacífica de las controversias, no tan solo porque la importancia del tema justifica el amplio debate al respecto, sino también porque de algunas exposiciones hechas aquí por distinguidos delegados parecería como que hubiere cierta confusión acerca del verdadero alcance de las proposiciones presentadas por el Ecuador, que concuerdan, en algunos aspectos, con las de otras Delegaciones.

Creo que las principales cuestiones surgidas en el debate podrían sintetizarse así:


1. Si debe tener el Consejo facultades que fortalezcan la capacidad de la Organización para ayudar de una manera efectiva a los Estados miembros en la solución pacífica de sus controversias;

2. ¿Cómo, de qué modo, cumplirá el Consejo con esas facultades?;

3. Si, para ejercer esas facultades, el Consejo debe estar sujeto a la condición de que todas las partes interesadas le pidan actuar en tal sentido;

4. Si es del caso limitar al Consejo en el ejercicio de esas facultades determinando que habrá de tener presente, necesariamente, determinados principios y factores.

Me propongo examinar esos puntos a la luz de las proposiciones que han sido hechas por distintas Delegaciones, sin ánimo de crítica, sino en la esperanza de que, clarificados los problemas, encontraremos, quizás bases de entendimiento que nos permitan acercar nuestros puntos de vista en una materia de tan alto interés para el afianzamiento de los propósitos de amistad y solidaridad, y de colaboración creciente que a todos nos animan.
La primera cuestión, relativa a determinar si debe constar en el Anteproyecto de Reformas a la Carta una disposición expresa por la que se le otorguen al Consejo facultades que fortalezcan la capacidad de la Organización para ayudar; de una manera efectiva, a los Estados miembros en la solución pacífica de sus controversias, es una cuestión que la resolvió ya la Segunda Conferencia Interamericana Extraordinaria, al darle a esta Comisión Especial el mandato contenido en la Resolución XIII.

Este mandato, que tiene por fundamento el propósito de dar cumplimiento efectivo a uno de los objetivos esenciales de nuestra Organización, -procurar la solución pacífica de los conflictos-, y a claros preceptos de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, no podemos eludirlo en forma alguna.

No es dable pensar que ese mandato haya sido debilitado por la circunstancia de que, -al igual que ha ocurrido en otras conferencias y reuniones interamericanas-, la Segunda Conferencia Interamericana Extraordinaria haya encarecido, una vez más a los Estados Americanos que no han ratificado el Tratado Americano de Soluciones Pacíficas, que consideren la conveniencia de hacerlo.

Ni es aceptable, a nuestro juicio, el argumento de que, el mejor camino para conseguir la solución pacífica de las controversias es el de acogerse a las disposiciones del referido tratado.

Sin duda, la Segunda Conferencia Interamericana Extraordinaria no lo estimó así, puesto que resolvió radicar en el Consejo de la Organización las facultades conducentes al fortalecimiento de la capacidad de la Organización para ayudar de una manera efectiva a los Estados miembros en la solución pacífica de sus controversias.

Y no lo estimó así a nuestro juicio, con razón, pues no solamente se da el caso de que varios Estados no han ratificado ese tratado, sino de que es poco probable que algunos de ellos lo hagan, dadas las muy serias reservas planteadas al suscribirlo, además de que es notorio el hecho de que dicho instrumento contiene lagunas y adolece de sustanciales imperfecciones.

Respecto de las imperfecciones de ese pacto, una voz de las más autorizadas de esta Reunión nos manifestaba, hace unos días, como era de poco flexible y eficaz en el punto relativo a la conciliación.

Y, en esta misma sesión, nos ha hablado el mismo ilustre Delegado acerca de la rigidez de ese tratado en materia de arbitraje.

Y en cuanto a las lagunas en él contenidas, séame permitido recordar aquella gravísima señalada por el señor Secretario General de la Organización, en su informe a la Segunda Conferencia Interamericana Extraordinaria consistente en que el Tratado de Soluciones Pacíficas establece un sistema de arreglo que carece de un mecanismo que permita a un organismo interamericano, encargado de velar por el mantenimiento de las relaciones pacíficas entre los Estados, promover un método o procedimiento que conduzca a la solución de las controversias, laguna cuya existencia hace que aunque se lograse que el Pacto de Bogotá adquiriese vigencia, el problema de conseguir la solución pacífica de las controversias no quedaría necesariamente resuelto por completo.

Llenar esta grave laguna es lo que ha movido a la Segunda Conferencia Interamericana Extraordinaria a disponer que se radiquen en el Consejo las facultades necesarias al fortalecimiento de la capacidad de la Organización para ayudar de una manera efectiva a los Estados miembros en la solución pacífica de sus controversias.

Por lo expuesto, salvo que esta Comisión Especial decida dejar de cumplir con el mandato contenido en la Resolución XIII antes citada, deberá, necesariamente, hacer constar en el proyecto de la nueva Carta de la Organización una disposición por la que se exprese, -cualesquiera que sean los términos que se empleen para ello-; que el Consejo está investido de las facultades necesarias para ayudar de una manera efectiva a los Estados miembros en la solución pacífica de sus controversias.

La segunda cuestión se refiere a determinar cómo, de qué modo, ejercerá el Consejo esas facultades de ayudar de una manera efectiva a los Estados miembros en la solución pacífica de sus controversias.

La contestación es obvia: ejercerá esas facultades recomendando a las Partes los procedimientos o métodos de solución pacífica que considere apropiados, según la naturaleza de la controversia de que se trate.

Esto es lo que, fundamentalmente, se propone en el proyecto presentado por la Delegación del Ecuador.

Esa manera de ayudar a las Partes no es, ciertamente, una novedad en el Sistema Interamericano: se la pone en práctica, y de ello hay numerosos ejemplos, cuando llega el caso de aplicar el Tratado de Asistencia Recíproca, que dispone, como todos sabemos, que el Organo de Consulta, además de las medidas conducentes a restablecer y mantener la paz y la seguridad interamericana, tomará todas las medidas necesarias para la solución del conflicto por medios pacíficos. Y se aplica también por parte de la Comisión Interamericana de Paz, dado que esa Comisión tiene el mandato, según su Estatuto, de sugerir métodos e iniciativas que conduzcan a la solución de las controversias. Y se aplica igualmente en la órbita mundial cuando se da el caso de que alguna controversia sea llevada a conocimiento del Consejo de Seguridad, según se establece en el Artículo 36 de la Carta de dicha Organización.

Lo antes manifestado nos lleva a una segunda conclusión: el Consejo ha de ejercer las facultades referidas recomendando a las Partes los procedimientos o métodos de solución que considere apropiados.

Se ha pretendido que el reconocerle esta facultad al Consejo implicaría afectar a la soberanía de los Estados. Pero salta a la vista que tal argumento es improcedente, porque no se trata de que el Consejo resuelva la controversia sin previa anuencia de las Partes, sino tan sólo de que proponga o recomiende a las Partes métodos o procedimientos para resolverlas, proposición, recomendación, exentas de carácter obligatorio.

¿Dónde, pues, el más leve atentado contra el principio de soberanía?

La tercera cuestión se refiere a determinar si, para ejercer esas facultades de ayudar de una manera efectiva a los Estados miembros en la solución pacífica de sus controversias, será necesario que así lo acuerden todas las Partes interesadas, o si bastará con que lo pida una de ellas.

La lógica de las cosas nos lleva necesariamente a la conclusión de que, para que las facultades acordadas al Consejo puedan surtir efecto real y cumplirse los propósitos de conseguir la solución pacífica de las controversias, establecidos en la Carta de la Organización de los Estados Americanos; y el deber que le impone al Organismo regional la Carta de la Organización de las Naciones Unidas; es indispensable que el Consejo pueda actuar sin necesidad de que todas las partes en la controversia estén de acuerdo en pedirle que así lo haga, pues de exigirse el consentimiento de todas las Partes, el Consejo, en la mayoría de los casos, se vería imposibilitado de actuar, quedaría paralizado, y permanecerían incumplidos los principios y propósitos de la Carta.

Se produciría, respecto del Consejo, en el ejercicio de estas facultades, el mismo proceso de limitación y restricción que ha tenido lugar en lo que concierne a la Comisión Interamericana de Paz, al haberle sido suprimida, por el nuevo estatuto de 1956, la atribución que antes tenía, de poder actuar a pedido de una sola de las Partes en una controversia.

A este respecto, es interesante y aleccionador lo que nos acaba de decir el eminente Delegado de Colombia, cuando destacó el hecho de que si la Comisión Interamericana de Paz no puede actuar sino con la anuencia de las Partes interesadas no cumplirá plenamente la misión que le está confiada, por encontrarse paralizada para actuar fuera de esa precisa situación, y cuando manifestó que procede considerar la reforma del estatuto de 1956, a efecto de restablecer la competencia de la referida Comisión Interamericana de Paz para actuar a solicitud de una de las Partes, de modo que la Comisión no dependa de ambas Partes para iniciar su actuación.

Cabría preguntarse entonces, ¿por qué, si esa limitación es inconveniente para la eficaz actuación de la Comisión Interamericana de Paz, resultaría esa limitación útil, conveniente, más aún, indispensable, cuando se trata de que el Consejo ejerza las facultades de ayuda y conciliación a que nos venimos refiriendo?

Se ha argumentado que admitir que el Consejo pueda actuar a pedido de una sola de las Partes, o aun de oficio, sería investir al Consejo de jurisdicción compulsiva.

Tal argumento es inaceptable. Sería digno de consideración si se tratase de que el Consejo resolviera la controversia, o estableciera fórmulas de arreglo obligatorias. Pero en tratándose, como se trata, no de resolver respecto de la controversia misma, no de decidir sobre cuestiones de sustancias, –hay que insistir en ello–, sino solamente de recomendar procedimientos susceptibles de llevar a las Partes a la solución de la controversia, tal argumento es improcedente.

Se ha dicho que toda resolución sobre procedimiento implica el conocer de las cuestiones de fondo.

Tal afirmación no puede aceptarse a la luz de los principios del Derecho, pues bien sabemos todos la diferencia esencial que existe entre lo que atañe al procedimiento y lo que dice relación a lo sustancial de una controversia.

Inmensa distancia media entre proponer un procedimiento y resolver la controversia y ni siquiera se trata aquí de decidir sobre procedimiento, sino, apenas, de recomendar un procedimiento, recomendación cuyo acatamiento no es obligatorio.

Por lo expuesto, considera la Delegación del Ecuador que, en lógica rigurosa, para que el Consejo pueda ejercer de manera efectiva las facultades que ha decidido atribuirle la Segunda Conferencia Interamericana Extraordinaria, es indispensable que pueda actuar a pedido de una sola de las Partes interesadas en la controversia, y aun a pedido de cualquier Estado del Sistema, cuando la controversia sea de tal naturaleza que su agravamiento pueda poner en peligro el mantenimiento de la paz.

El cuarto punto es el relativo a determinar si es del caso, en el proyecto de nueva Carta, señalar limitaciones, establecer elementos de juicio, que debería tomar en cuenta el Consejo en el ejercicio de las facultades de ayudar de una manera efectiva a los Estados miembros en la solución pacífica de sus controversias, o sea determinar lo que en el documento presentado por la Delegación de los Estados Unidos se llama “factores pertinentes”.

A este respecto nos parece aceptable que se mencione que el Consejo debe tomar en consideración la existencia de tratados o acuerdos vigentes entre las partes que establezcan procedimientos para la solución pacífica de las controversias, o en su caso, de la controversia particular de que se trate.

Desde luego, al decirse tratados vigentes entre las Partes, ha de entenderse instrumentos sobre procedimientos en cuya validez, vigencia y aplicabilidad al caso estén de acuerdo las Partes, porque, de no haber ese acuerdo entre ellas, la cuestión de la existencia y obligatoriedad de tales tratados o acuerdos se tornaría litigiosa, sin que, por lo mismo, pudiera el Consejo decidir al respecto, por no estar investido de esa facultad.

Pero han sido sugeridas otras limitaciones a la actuación del Consejo que involucran importantes cuestiones de Derecho Internacional y que no consideramos aceptables.

Es así como se ha propuesto, en algunos de los proyectos distribuidos en esta comisión, una limitación consistente en que se diga el Consejo actuará en conformidad con los principios del Derecho Internacional, especialmente los especificados en el Artículo 5 de la Carta. Esa referencia a los principios determinados en el Artículo 5 de la Carta la estimamos improcedente e inaceptable, por cuanto, de toda evidencia, los principios mencionados en el referido artículo nada en lo absoluto tienen que ver con lo relativo a procedimientos para solucionar las controversias.

Algunos de esos principios -no todos los que en el Artículo 5 se mencionan- tomados en su verdadero significado y en todo su alcance, podrían ser aplicables, junto con otros importantes principios contenidos en la Carta, a la solución de las cuestiones de fondo o sustancias involucradas en una controversia, como sería el caso si se tratare de que el Consejo, a pedido de las Partes interesadas, recomendase fórmulas concretas de arreglo, o resolviera la controversia, al igual que podrían ser aplicados, llegado el caso, por un Tribunal Internacional o por una Corte arbitral, pero esos principios son del todo inaplicables, por su propia naturaleza, en tratándose de recomendar procedimientos para la solución de la controversia, pues en tal caso únicamente corresponde tomar en cuenta principios de derecho internacional relativos a procedimiento, y no otros.

De no ser ello así, de ser procedente la aplicación a la cuestión de procedimiento de los principios especificados en el Artículo 5 de la Carta, no habría razón para no disponer también, de manera expresa, la aplicación de otros principios del Sistema Interamericano, igualmente respetables, como son los de igualdad jurídica de los Estados y no menoscabo de sus derechos fundamentales, de jurisdicción exclusiva de los Estados sobre todos los habitantes del territorio sean nacionales o extranjeros, de no intervención, y de no reconocimiento de las adquisiciones territoriales obtenidas por la fuerza o por cualquier otro medio de coacción, entre otros.

Se ha querido ir aún más lejos en el camino de las limitaciones. Se ha propuesto que se establezcan que el Consejo deberá abstenerse de entrar a considerar el problema en los casos en que se trate de asuntos ya resueltos por arreglo de las Partes o por laudo arbitral o por sentencia de un tribunal internacional o que se hallen regidos por acuerdos o tratados en vigencia.

Semejante limitación al ejercicio de las facultades del Consejo es del todo improcedente por las razones que paso a indicar:

En primer término, disponer que el Consejo se abstendrá de considerar el problema en los casos indicados, equivaldría a autorizar al Consejo para decidir como si fuera un tribunal, sin serlo, acerca de graves y complejas cuestiones jurídicas, siendo así que los propios proponentes han declarado, enfáticamente, y reiteradamente, que el Consejo no debe ser un órgano judicial.

En segundo término, la proposición tiende a sustraer de la acción conciliadora del Consejo todas aquellas controversias que puedan suscitarse entre Estados americanos en relación con tratados, laudos arbitrales o sentencias de Tribunales Internacionales, haciendo tabla rasa de algunos convenios y principios que regulan el Sistema Interamericano y de normas de Derecho Internacional universalmente aceptadas.

En efecto, al tenor de la Convención de la Habana de 1928 y de los principios aceptados por la Comisión de Derecho Internacional de las Naciones Unidas, puede darse el caso que un tratado sea inejecutable, que adolezca de invalidez, que pueda ser incompatible con los principios del Derecho Internacional, que sea susceptible de ser revisado cuando los hechos y circunstancia que le dieron origen y le sirvieron de base sean modificados fundamentalmente, o que pueda ser denunciado en determinadas circunstancia.

Puede aún darse el caso de que los motivos de invalidez de un tratado sean tales que exista la obligación para todos los Estados, aun para los que no lo han suscrito, de desconocer sus efectos, como es el caso de los tratados que consagran adquisiciones territoriales o ventajas especiales que se obtengan por la fuerza o por cualquier otro medio de coacción, dado que el Artículo 17 de la Carta establece la obligación de no reconocer tales adquisiciones.

Lo mismo cabe decir, en líneas generales , de los laudos arbitrales y de las sentencias internacionales.

Recordaré aquí el caso de la grave situación que se produjo hace algún tiempo entre las Repúblicas hermanas de Nicaragua y Honduras. Existía el laudo de 1906, dictado por el Rey de España, que establecía los límites entre ambos países. Pero Nicaragua sostenía la invalidez de ese laudo, mientras Honduras sostenía su vigencia.

¿Qué hizo entonces la Comisión Interamericana de Paz? ¿Qué hizo el Consejo? ¿Declarar que la existencia de ese laudo les vedaba actuar para procurar la solución de la controversia?

¿Obligar a las Partes a acatar ese Laudo cuya validez estaba controvertida? De ninguna manera.

Esa actitud no la sumió ni la Comisión ni el Consejo. Propusieron a las Partes un procedimiento para dirimir la Controversia relativa a la validez o a la invalidez del Laudo y al problema limítrofe que implicaba, con el resultado de que las Partes aceptaron el procedimiento recomendado.

No podemos, señor Presidente, no debemos, sustraer a la acción conciliadora de la Organización de los Estados Americanos ningún tipo de controversia, si queremos que el Sistema Interamericano cumpla con los altos fines que le corresponden, si queremos mantener su prestigio internacional, si queremos que en América impere el derecho.

Gracias, Señor Presidente. 

Washington, D.C., Diciembre 31 de 1966

Señor doctor don
Antonio Parra Velasco
Guayaquil, Ecuador.

Muy apreciado doctor Parra:

Tengo el agrado de referirme a su atenta carta de 19 de los corrientes, y como quiera que no tengo la dirección ni nadie tiene aquí, de la Embajada del Ecuador en Caracas, le estoy remitiendo de una vez, la documentación ofrecida:

1) “El Tratado Americano de Soluciones Pacíficas y su eventual ratificación por parte del Ecuador”, por Galo Leoro F.

2) “Observaciones al Proyecto de “Tratado Interamericano de Soluciones Pacíficas, presentado por el Gobierno del Ecuador a la II Conferencia Interamericana Extraordinaria, Río de Janeiro, Nov.de 1965”, por Galo Leoro F.

3) Informes sobre el debate acerca del Reglamento de la III Conferencia Int. Extraordinaria.

Sobre mis monografías (la segunda escrita y enviada sin revisión siquiera), me agradaría que me haga conocer cualquier observación u observaciones que de seguro podrá formularlas.

En …cuanto a los comentarios que me correspondió hacer sobre la labor de la Delegación del Ecuador en Panamá, consignando mi reconocimiento y mi personal satisfacción -que nada puede añadir al mérito de los delegados, como manifesté -por la patriótica labor que llevaron a efecto usted, el Embajador Jácome y el doctor Gonzalo Escudero, hube de referirme estrictamente a las tareas efectivamente cumplidas en la Subcomisión o mejor dicho Grupo de Trabajo que tuvo a su cargo la parte estructural, cuando el Embajador Escudero me dejó a cargo de la defensa de nuestra posición en un número de sesiones.

No podía ser por esta causa una apreciación global, como en efecto, tampoco ha podido ser su informe, que brillante y extenso como es, está circunscrito a la parte de la solución pacífica de las controversias. Ese Informe (unas 19 páginas) envié a la Cancillería inmediatamente después que retorné de Panamá y se me avisó recibo agradeciéndoseme cordialmente.

Ahora me encuentro en la página 30 de un trabajo que espero terminar de escribir la próxima semana para la Cancillería, y que constituye, como lo indica su título: “Observaciones al Anteproyecto de Reformas a la Carta de la Organización de los Estados Americanos, preparado por la Comisión Especial de la OEA en Panamá”. Se trata de una monografía en la que consigno todos los puntos que, a mi juicio, deberían ser objeto de enmiendas para mejorar su texto en unos casos y para dar la unidad necesaria al sistema, en otros. Dedico también un capítulo al problema de la solución pacífica de las controversias, en la forma prevista en Panamá, frente a nuestra posición y a la posible que habría de adoptar el Ecuador, en último término, según se nos informó oficialmente en Julio del Año en curso. A este último proyecto dedico también unas pocas observaciones adversas, pues, se abandonaría totalmente nuestra posición de obtener el recurso unilateral ante el Consejo para la solución pacífica de las controversias.

Bueno me alegro que usted vaya a Caracas y que ya le hayan hecho saber que integrará la Delegación del Ecuador a Buenos Aires. Ambas cosas muy buenas para nuestro país. En Buenos Aires usted tendrá oportunidad de repetir la valiente e inteligentísima batalla que usted libró realmente solo en Panamá y que está muy bien atestiguada en su informe de 29 de Mayo de 1966 a la Cancillería.

Dado el interés oficial y personal que tengo sobre las cosas de la OEA y más aún si se trata de algo tan vital, como la reforma a la Carta, sería ideal para mí que la Cancillería se acuerde de mí para incluirme de algún modo en la Delegación a Buenos Aires, pues al término de ella, me dedicaré a preparar un “ Estudio jurídico de la Carta de la OEA”, que comencé hace algún tiempo y los suspendí en espera de las Reformas, para que no quedase muy pronto un trabajo extemporáneo. Ese trabajo ya no sería una cosa “reservada”, hecha como las monografías, para consumo interno de Cancillería, sino para publicarlo; por lo menos abrigo esa esperanza y confío en poder dedicar a este empeño el tiempo necesario, al margen de la pelea de tratar de ganar tiempo al tiempo con que se procede en otros trabajos sometidos a la presión de fechas determinadas.

Si parte en la misión especial que usted me comunica, le deseo igualmente todo éxito. Considero que sin una tarea de esta naturaleza nuestra posición en Buenos Aires va a estar muy sola, como ya se vio en la Comisión General del Consejo en Mayo-Junio de este año; de ahí que no participo de optimismo que se encuentra en las páginas 113-114 de su Informe sobre el número de países que nos podrían acompañar. Sería atinadísimo que tome a su cargo esa labor previa. Ojalá se cumpla ese propósito.

Le reitero el sentimiento de mi mayor consideración y formulando nuevamente mis votos por un venturoso 1967, quedo una vez más, su atento amigo y servidor,

Galo Leoro 

Guayaquil, Enero 25 de 1967.

Sr. Dr. Dn. Galo Leoro F.
Washington.-

Mi estimado amigo,

Recibí su atenta carta fechada Diciembre 31, la misma que mucho agradezco, al igual que le agradezco las copias de importantes documentos enviados por Ud.

Estudiaré con vivo interés esos trabajos, que conservaré con el mayor cuidado, al igual que varios otros que tengo, relacionados con nuestros problemas vitales. Yo siempre he pensado que no es conveniente para el país y sus intereses, privar a quienes nos interesamos por el estudio de nuestros problemas esenciales, de la documentación necesaria, indispensable, para tales estudios, por reservada que sea tal documentación. Sin tales documentos, ¿cómo se podría emitir una opinión? ¿cómo se podría realizar estudios de interés?

Claro, es menester tener el máximo de prudencia y ser muy cuidadoso en la manera de guardarlos.

He leído con el vivo interés que Ud. podrá imaginar, todo lo relacionado con nuestro proyecto de reforma del reglamento. Lástima grande que no pudo ser aceptada nuestra iniciativa. Deberemos. -según creo-, insistir en Buenos Aires, ¿no le parece? Lo extraño (mejor dicho, lo que no debe extrañarnos), es que los argumentos para rechazar nuestro proyecto se hayan referido a planteamientos no hechos por nosotros. o sea, que los argumentos en contra no encajaban lógicamente con lo propuesto.

Los peruanos, claro está, comprendieron enseguida que con esa reforma se abría una brecha que permitiría plantear nuevamente, con posibilidades de éxito, nuestros puntos de vista. Ni el Uruguay ni México entendieron bien, según creo, el alcance y finalidad de nuestra reforma.

Mucho me interesará conocer su informe sobre los trabajos de Panamá, así como el relativo a las observaciones sobre las Reformas a la Carta de la OEA. Ojalá vaya Ud. a Buenos Aires, como me cupo insinuarlo, como reconocimiento de sus merecimientos, y para el mejor éxito de las labores de nuestra Delegación. Pero si no lo designaran a Ud. para integrar nuestra Delegación, yo le pediría el favor de enviarme una fotocopia, sea a Caracas (ciudad a la que pienso dirigirme la semana próxima), sea directamente a Buenos Aires, ya que el Gobierno ha tenido a bien designarme como uno de los Delegados. No he podido saber quiénes integran la Delegación, sólo sé por un amigo llegado de Quito, que el Canciller insiste en que yo debo formar parte de ella, y que el Sr Presidente interino ha aceptado la idea. Se dice que posiblemente integren la Delegación el Dr. José Vicente Trujillo, el Sr. Larrea, y el Dr. Wilson Córdova; pero también se dice que integrarán la Delegación los Doctores. García Velasco y… Pero oficialmente nada se sabe aún.

Con el fin de utilizar aspectos de interés, mucho le agradecería obtener una copia fotostática de los debates habidos en la Conferencia Panamericana de Lima, en relación con la Resolución famosa que niega validez a las adquisiciones territoriales logradas por la fuerza y a los arreglos de fronteras de igual origen. Esos debates deben de estar en las Actas de esa conferencia, que no sé si se han publicado o no, pero que deben de conservarse en la OEA. La actuación del Perú en tal cuestión es lo que me parece útil hacer resaltar, de ser necesario y presentarse la ocasión.

Las Actas de la IX Conferencia de Bogotá se publicaron, como Ud. bien sabe, en 7 u 8 volúmenes, y son de gran interés, pero las Actas de la VIII Conferencia de Lima, no las he podido conseguir, y considero esencial estudiar los antecedentes de la referida “Declaración de Lima”. Naturalmente, Ud. me dirá lo que obtener tales fotocopia le haya costado, para reembolsarle enseguida el respectivo valor.

Revolviendo papeles, encontré hace unos días un recorte de El Telégrafo, en el que se daba cuenta de que el Gobierno de los Estados Unidos había dado a la publicidad, en Diciembre de 1963, 51 documentos relacionados con la agresión peruana de 1941, la posición de Sumner Welles en Río, la actitud de los países mediadores etc….. Juzgo que el estudio de esos documentos debe ser de alto interés para nosotros.

Parece ser que el volumen publicado por el Departamento de Estado, al que me estoy refiriendo, está aparentemente dedicado “a las relaciones de Estados Unidos con Argentina, Brasil, Bolivia y Chile”. Ary Mole Moleón, de la AP, envió una síntesis al Telégrafo, en Diciembre de 1963.

Le ruego que me consiga un ejemplar de tal volumen, y me lo haga llegar a Caracas. Si Ud. viene a Buenos Aires (como lo espero), tráigalo también quiero rogarle que me consiga un ejemplar del proyecto de Convención sobre Tratados, aprobado por la Comisión de Derecho Internacional de la ONU, creo que en las sesiones del año pasado, así como el correspondiente libro en que constan los debates. Todo lo que se relaciona con el Derecho de los Tratados, me interesa sobremanera, como bien comprenderá: el proyecto de Fitzmaurice, y los otros proyectos, y los debates en el seno de la Comisión. Consígame todo eso, con lo que obligará a su amigo. Me indicará el costo respectivo.

Ud. me ofreció una lista de obras esenciales sobre asuntos internacionales, publicada en los últimos años en EEUU, y que es esencial tener a la mano como elementos de consulta. No deje de enviarme tal lista, pues quiero hacer esas adquisiciones importantes.

Ud. sabe que me apasiona el caso de Puerto Rico. ¿Se llevará siempre a cabo el plebiscito en Julio? Si sabe de alguna obra reciente sobre ese problema, indíquemela para pedirla.
Lo que Ud. me dice sobre un cambio de posición nuestra en lo relativo a seguir luchando por obtener el recurso unilateral ante el Consejo para la solución pacífica de las controversias, me tiene alarmado. Ojalá Ud. pueda hacerme llegar su informe sobre esta importante cuestión a la que hace referencia en su carta.

Mi viaje a Caracas ha venido demorando por la estrechez económica que padece la Cancillería…. Hasta hoy no me envían ni los pasajes ni los gastos de instalación. Creo que me veré forzado a postergar mi salida para la semana próxima, cancelando las reservaciones que las tenía para el Sábado 28 del presente mes. Apenas si tendré tiempo para presentar credenciales en Caracas, y volar de inmediato a Buenos Aires. Por la misma estrechez económica anotada, (y también el ambiente político de zozobra que vive el país) no fue posible realizar la visita proyectada a los países del Caribe. Qué le vamos a hacer.

Para terminar, le señalo la publicación de un libro que debe ser de interés, relativo a las cordiales relaciones mantenidas entre los EEUU y el Brasil: La alianza no escrita, publicada en la Universidad de Goeorgetown.

Antonio Parra Velasco 

INFORME PRESENTADO POR EL DR. ANTONIO PARRA VELASCO, DELEGADO A LA III CONFERENCIA INTERAMERICANA EXTRAORDINARIA CELEBRADA EN BUENOS AIRES, 1967

Durante el año 1952, mi padre, Embajador del Ecuador en Venezuela, tuvo una importante polémica con el Embajador del Perú, a propósito del problema territorial ecuatoriano peruano, que considero interesante reproducir a continuación, tomado de una publicación de la Universidad de Guayaquil de 1954 con el mismo título.

“En Caracas tuvo lugar, a fines de 1952, una importante polémica entre el Embajador del Ecuador Dr. Antonio Parra Velasco y el Embajador del Perú, Dr. Eduardo Garland Roel, con relación al Protocolo de Río de Janeiro: nuestro Representante Diplomático, en carta dirigida a La Esfera, motivada por un artículo aparecido en dicho diario, calificó al Protocolo de “pacto de límites injusto, impuesto por la fuerza de las armas”, lo que hizo que el Embajador del Perú se esforzara por defender lo que él llamó el “temperamento de justicia” de ese tratado, iniciándose así la polémica.

“Los Comandos”, Institución Patriótica que persigue la alta finalidad de polarizar la energía cívica y la conciencia de los ecuatorianos en defensa de los derechos territoriales de la Patria, ha considerado de elevado interés nacional el dar a conocer los documentos que contiene esa polémica para que, mediante la valoración de los argumentos planteados, pueda apreciarse la solidez de los fundamentos en que descansan los derechos del Ecuador, defendidos por nuestro eminente compatriota con claridad y elocuencia notables.

“Los Comandos” someten a la consideración de Ud., lector amigo, las páginas que siguen, y se complacen en llenar de esta manera uno de sus principales objetivos, cual es el de difundir dentro y fuera del país, el conocimiento de los antecedentes jurídicos e históricos que informan la secular controversia limítrofe que el Ecuador sostiene con el Perú, en defensa de sus inalienables derechos.

Que al pisar el XII aniversario del inicuo y antijurídico Protocolo de Río de Janeiro, impuesto a nuestra Patria por la fuerza de las armas, los Ecuatorianos continuemos marchando con paso firme hacia la reivindicación de nuestros derechos en la amazonía oriental, conculcados por el Perú, y la revisión del ignominioso Tratado, para satisfacción de la conciencia jurídica de América y robustecimiento de los propósitos de paz que ella patrocina.

Guayaquil, Enero 29 de 1954.

Los Comandos 

Señor Director del Diario “La Esfera”.
Ciudad

Muy distinguido señor y amigo: Con motivo de las apreciaciones que formula el señor Embajador del Ecuador en la carta que ha dirigido a Usted a raíz del interesante artículo sobre la Flota Gran Colombiana del distinguido internacionalista venezolano, Doctor Simón Planas Suárez, que su prestigioso diario publica, me veo precisado a enviarle la presente para fijar de manera suscinta, los siguientes puntos que se relacionan con mi país y con el Protocolo peruano ecuatoriano de Río de Janeiro:

1°- El citado Protocolo, suscrito el 29 de enero de 1942, hace más de diez años, no fue como expresa el señor Embajador del Ecuador “un pacto de límites injusto impuesto por la fuerza de las armas”, sino el resultado de un compromiso solemne de los dos países para poner fin a su secular pleito de límites.

2°- Que ese Convenio fue debatido y aprobado por los Congresos del Perú y del Ecuador, y luego ratificado por los Jefes de Estado de ambas Repúblicas.

3°- Que las negociaciones para concertarlo se desarrollaron en Río de Janeiro mientras se celebraba la Reunión de Consulta de Cancilleres Americanos de ese año, esto es, dentro de un ambiente de solidaridad continental y con amplio espíritu de justicia. Tan fue así que en ellas intervinieron cuatro grandes países del Continente como son, la República Argentina, Brasil, Chile y los Estados Unidos, cuyos cancilleres también firmaron el Protocolo, comprometiéndose solemnemente a garantizar su ejecución.

4°- Que en tal virtud el mencionado pacto internacional no puede representar sino una obra de concordia y de respeto entre las naciones. Pretender, pues, que el “Protocolo es un pacto injusto e impuesto por la fuerza de las armas” equivaldría a hacer creer que esos cuatro grandes Estados Americanos se han hecho cómplices de una arbitrariedad y ello no puede ni siquiera suponerse.

5°- El Ecuador, aquilatando el verdadero temperamento de justicia del Protocolo, procedió a efectuar, junto con el Perú, la demarcación de la línea fronteriza, señalada en dicho Convenio, la que ha sido fijada en el terreno, debidamente protocolizada en más de sus catorce-décimo-quintas partes. Algo más, las dificultades suscitadas con motivo de la demarcación, fueron solucionadas con la intervención técnica del Brasil que recibió la representación de los otros países garantes con tales fines.

6°- En consecuencia, es de esperar que el Ecuador, concorde con el espíritu de justicia que supo demostrar en esa oportunidad, y en honor al principio de la respetabilidad, cumplimiento e inviolabilidad de los Tratados, se resuelva a finiquitar, de común acuerdo con el Perú, la demarcación de la parte diminuta de su frontera con nuestro país que aún no ha sido fijada en el terreno.

Estoy seguro que la ejecución total del Protocolo propiciará el ambiente necesario para asegurar la convivencia cordial y amistosa de ambos países.

Anticipadamente agradecido por la publicación que se sirva dar a la presente, aprovecho la oportunidad para reiterar a Usted las seguridades de mi consideración muy distinguida.

Eduardo Garland
Embajador del Perú 

Distinguido señor Director:

El señor Embajador del Perú, en la carta dirigida a Usted, publicada en la edición de hoy de su importante Diario, me brinda la oportunidad de explicar por qué es el Protocolo de Río de Ja¬neiro, en verdad, un pacto de límites injusto, impuesto por la fuerza de las armas, como dije en mi comunicación anterior, dirigida a Usted a propósito de un artículo del doctor Simón Planas Suárez, que ha dado lugar a la carta a que aludo.

Es injusto dicho pacto porque estipula limites según los cua¬les se priva al Ecuador de extensos territorios que siempre le per¬tenecieron.

Sin remontarme a la historia de la Colonia, ni siquiera al tiempo en que Bolívar y Sucre reprimieron, en su brote inicial, la ambición territorial del Perú, conteniendo, en Tarqui, su primer empuje de expansión hacia el norte, (véase, en el adjunto croquis N° 1 los límites entre la Gran Colombia y el Perú), me basta, para comprobarlo, con recordar que, por el tratado Herrera-García, sus¬crito en 1892, el Perú le reconoció al Ecuador el condominio del Marañón o Amazonas desde el río Chinchipe hasta el río Pastaza, admitiendo su derecho a los territorios del Santiago, el Morona y el Pastaza, y quedando bajo soberanía ecuatoriana todo el curso de esos ríos, además del condominio sobre la casi totalidad del río Napo. (Véase el croquis N° II).

Cuando el Congreso del Perú introdujo modificaciones al aprobar ese tratado, convino, sin embargo, en reconocerle al Ecua¬dor todo el curso del río Santiago hasta su desembocadura en el Amazonas y una parte considerable de los cursos del Morona, el Pastaza y el Napo. (Véase el croqúis N° III).

Si se compara la línea de frontera establecida por el trata¬do Herrera-García en referencia, y su modificación hecha por el Congreso del Perú, con la línea que establece el Protocolo de Río de Janeiro (véase el croquis N° IV), se tendrá que llegar inevita¬blemente a la conclusión de que por dicho pacto el Perú ensanchó considerablemente su territorio a costa del Ecuador.

Así, lo que constituía en 1892, según el Gobierno del Perú y su Congreso, el derecho del Perú, ya no lo constituía en 1942: parece ser que el “Derecho” del Perú crece con el transcurso del tiempo en la medida en que crece el poderío de sus fuerzas mili¬tares.
Por eso he dicho, y repito, que ese pacto es un pacto injusto.

Doblemente injusto, en verdad: injusto en sí mismo, porque entrega al Perú, como ya dije, territorios que no le pertenecieron nunca, e injusto en cuanto a su origen, porque ese pacto fue im¬puesto por las fuerzas de las armas.

¿ Quién no sabe, en efecto, en Venezuela y en América toda, que en 1941 el Perú invadió al Ecuador con sus fuerzas militares y que mantuvo ocupadas durante varios meses la provincia de El Oro y otras secciones territoriales del Ecuador? ¿Quién no sabe que el Protocolo de Río de Janeiro se firmó encontrándose todavía ocupados esos territorios y bajo la amenaza de que se extendiera en cualquier momento, la invasión al resto del país?
En el Perú se ha reconocido que el Protocolo de Río de Janeiro fué impuesto por las fuerzas de las armas.

Como ejemplo, citaré el discurso pronunciado en Lima, el 24 de febrero de 1950, por el señor Presidente del Perú, General Odría, quien, al recibir la espada del Mariscal Cáceres que le era entregada por una Delegación del Departamento de Junín, dijo, re¬firiéndose a la acción de guerra llevada a cabo contra el Ecuador: “Gracias a la acción victoriosa- de nuestras armas, el Perú liquidó un secular problema de límites”.

Y en otro discurso, pronunciado en Arequipa el 15 de agos¬to del presente año, el mismo señor Presidente del Perú, refiriéndose a los desacuerdos surgidos con respecto a la demarcación de la frontera establecida en ese pacto, dijo:

“A diferencia de lo que pasa en nuestro vecino del norte, en el que se hace plataforma política de un audaz propósito revisionista de ese pacto internacional, nosotros nos mantenemos sere¬nos sin provocar ni ofender, pero que lo entiendan bien, quienes deben entenderlo, que el Perú exigirá el estricto cumplimiento del Protocolo de Paz y Amistad de Rió de Janeiro con el Ecuador y lo demandará por todos los medios, por la razón y si ésta no bastara, los Institutos Armados de la Patria estarán listos a llevar en triunfo sus estandartes de guerra por los campos de batalla…”

No solamente, pues, el Protocolo de Río de Janeiro es un pacto injusto impuesto por las armas, sino que se está amenazando nuevamente al Ecuador con el uso de la fuerza en lo que respecta a la solución de los desacuerdos surgidos con relación a ese pacto.

No terminaré, señor Director, sin referirme a otros puntos mencionados en su carta por el señor Embajador del perú.

Dice el señor Embajador que las negociaciones para concertar el Protocolo de Río se desarrollaron mientras se celebraba la Reunión de Consulta de Cancilleres Americanos de ese año, que en ella intervinieron la República Argentina, Brasil, Chile y los Estados Unidos, y que pretender que el Protocolo es un pacto injusto e impuesto por la fuerza de las armas “equivaldría a hacer creer que esos cuatro grandes Estados americanos se han hecho cómplices de una arbitrariedad y ello no puede ni siquiera suponerse”.

Se toma una molestia innecesaria, el señor Embajador del Perú, al querer aparecer como defensor de los cuatro grandes Estados que, movidos por encomiable espíritu americanista, ofrecie¬ron sus servicios amistosos para procurar una solución al problema surgido con motivo de la invasión peruana al Ecuador, pues nadie ha pretendido presentarlos como “cómplices” de la injusticia de que fue víctima mi país.

Por el contrario, bien sabemos en el Ecuador que esos Países y sus distinguidos representantes en la Reunión de Consulta de Río de Janeiro se esforzaron por contener la ambición desmedida del Perú, y por impedir que la injusticia adquiriera relieves todavía más graves. No solamente no se han hecho cómplices aquellos países, sino que, en todo momento, trataron, en lo que de ellos dependió, de evitarle al Ecuador males mayores, conociendo la aplas¬tante superioridad bélica del Perú, actitud que les agradecemos de-bidamente.

Se refiere también el señor Embajador del Perú a “la demarcación de la parte diminuta” de frontera que aún no ha sido fijada en el terreno.

Esa “parte diminuta” comprende una importante zona geográfica en el sector del río Santiago, en la que ha surgido un desacuerdo fundamental debido a la inexistencia del divortium aqua¬rum entre los ríos Zamora y Santiago y que se relaciona con el de¬recho del Ecuador a tener una salida propia y soberana al Marañón. Ese desacuerdo no debe de resolverse por los medios guerreros a que aludió el señor Presidente del Perú en su discurso de Are¬quipa ya citado, sino que debe serlo conforme se establece en el artículo VII del Protocolo, “por las Partes con el concurso de los Representantes de Estados Unidos, la Argentina, Brasil y Chile”, países que, por tanto, tienen el carácter de Mediadores.

En mi Patria, señor Director, se cultivan sentimientos de cordial amistad, concordia y solidaridad para con todos los países de América y, por lo mismo nos sería grato a los Ecuatorianos que pudiera lograrse el establecimiento de un ambiente que asegure “la convivencia cordial y amistosa” del Ecuador y del Perú, sobre la base de procedimientos justos y de soluciones pacíficas, de modo que queden abolidos definitivamente los sistemas de imposición y de violencia.

Anticipándole mis agradecimientos por la publicación que se digne dar a esta carta, reitero a usted mis sentimientos de especial aprecio.

Antonio Parra Velasco,
Embajador del Ecuador.- 

Señor Director del Diario El Heraldo
Ciudad.

Señor Director y amigo:

El señor Embajador del Ecuador, en su afán de hacer aparecer el Protocolo de Río de Janeiro como un acto de flagrante injusticia, publica en el diario “La Esfera”, junto con una carta, cuatro mapas de los límites entre el Perú y el Ecuador.

El primero que titula “La antigua Audiencia de Quito, en los tiempos de Bolívar”, no corresponde a la realidad de entonces ya que la frontera entre el Perú y el Ecuador en los tiempos del Libertador en realidad era muy diferente. Como el principio del “uti-possidettis” regló la delimitación de las nuevas repúblicas, reconociendo como límite las que tenían cuando nacieron a la vida independiente. Túmbes, Piura, Maynas, Quijos y Guayaquil pertenecían al Virreynato del Perú, porque la Real Cédula de 1802 extendía su territorio, en su parte norte, hasta el punto en que los afluentes septentrionales del Amazonas, como son el Santiago, el Morona, el Pastaza, el Napo y el Putumayo dejan de ser navegables. Si se observa en un mapa la extensión de la línea del “utipossidettis” de 1810 se comprobará que el título que otorgó al Perú esa Cédula Real, abarcaba una considerable extensión mucho mayor que la que define el Protocolo de Río de Janeiro. Mal puede, pues, decirse que el Perú “con ese Protocolo ensanchó considerablemente su territorio a costa del Ecuador”.

La Cédula de 1802 fue debidamente cumplida por el Virrey de Nueva Granada quien invitó al de Lima a ejercer su autoridad. El Laudo Arbitral español en la cuestión de límites entre ambos países, contra el cual se rebeló el Ecuador impidiendo su promulgación, se basaba precisamente en la Cédula Real de 1802, a la que daba fuerza plena, si bien modificaba alguno de sus alcances en los afluentes septentrionales del Amazonas. Por si no fuera ello suficiente, y ya que el señor Embajador del Ecuador se refiere a Bolívar me permito recordar que fue precisamente el Libertador quien en carta al General Santander, de 3 de julio de 1822, refrenda justamente este punto de vista al expresarle que “el Corregimiento de Jaén lo han ocupado los del Perú y que Maynas pertenece al Perú por una Real Orden muy moderna y que también está ocupado por fuerzas del Perú”

Podría continuar extendiéndome en la cita de otras negociaciones y acuerdos limítrofes con los Tratados de 1829 y 1832 que consagran el “uti-possidettis” para demostrar que el Protocolo de Río de Janeiro no es, como afirma el señor Embajador del Ecuador, un acto de injusticia, sino el resultado de negociaciones libremente desarrolladas entre ambas partes. Fue el Canciller del Brasil, Oswaldo Aranha, quien desplegando extraordinaria actividad condujo la discusión de los representantes peruanos y ecuatorianos. Estos, en un comienzo, presentaron sus respectivos proyectos, lográndose finalmente que los Doctores Tobar Donoso y Solf y Muro aceptaran un proyecto redactado en Itamaraty.

Este proyecto, basado en la justicia y en la equidad, armonizó los puntos de vista, opuestos, alcanzándose mediante el esfuerzo generoso y fraternal de los países amigos, la firma de ese Protocolo.

El Tratado consagró la fórmula “Aranha” y fue recibida en la opinión pública de América con gran satisfacción, ya que significaba el convencimiento de que se había borrado para siempre todo problema de límites entre el Perú y el Ecuador. Los Presidentes Franklin Roosevelt, General Farrel, Getulio Vargas y Juan Antonio Ríos dirigieron cablegráficamente a los presidentes del Perú y el Ecuador sendos mensajes, que reflejaban el hondo sentimiento americanista que les animaba.

El señor Embajador del Ecuador se ha hecho eco de la propaganda de su país que pretende impresionar a la opinión continental con la falsa afirmación de que el Perú invadió el Ecuador en 1941. Fácil es acusar a cualquier país de agresor cuando así conviene a determinados intereses de cálculo político. Abundan los casos recientes. En el que cita el Embajador del Ecuador la historia es diferente. Los orígenes inmediatos del conflicto armado que por desgracia surgió entre ambos países, arranca de mayo de 1938, cuando las fuerzas ecuatorianas atravesaron la Quebrada de Balsamal y se instalaron en la isla de Noblecilla. El Perú protestó, y la discusión que se originó demostró la necesidad de organizar una comisión mixta, la que, por desgracia, no pudo funcionar. Creada así una situación de tirantez, el Ecuador movilizó sus fuerzas y ocupó, en ataque simultáneo, los puestos peruanos de Aguas Verdes, La Palma y Lechugal, situadas en la margen peruana del Zarumilla, ataques que las fuerzas peruanas rechazaron. De nada valió la protesta peruana. Las agresiones se repitieron, y el 22 de julio de 1941 las tropas peruanas se vieron forzadas a expulsarlos de su territorio. El Perú, pues, no provocó, este doloroso incidente y estuvo siempre listo a acoger cuanta cuestión se le insinuara para la solución pacífica de su diferendo. Jamás aspiró ni pretendió terreno ajeno, pues le bastaba y le basta el claro derecho de su patrimonio basado en títulos históricos indiscutibles, consagrados por una posesión legítima y continuada.

El señor Embajador del Ecuador cita fragmentariamente párrafos del discurso que el señor Presidente del Perú, General Manuel A. Odría, pronunciara en Arequipa el 16 de julio, los que no son sino una respuesta medida, pero inevitable, al político que, en el umbral de la presidencia del Ecuador, manifestó que “el Ejército de su país debe armarse para anular el Protocolo”. Esta declaración demuestra la ausencia de todo propósito de darle cumplimiento al mismo. El Embajador del Ecuador pudo también describir las palabras que poco antes pronunciara el Presidente Odría cuando dijo: “El 41 hemos luchado para resolver un litigio secular y rechazar insólitas pretensiones sobre territorios que han sido y serán siempre peruanos y en los que, en ningún tiempo, se ha ejercido otra soberanía que la nuestra. El Tratado de Río de Janeiro, que puso fin a un inexplicable conflicto armado, debe cumplirse sin mengua ni alteración alguna. Mi Gobierno demandará siempre respeto a ese Tratado solemne, garantizado por cuatro grandes países de América”. Y antes expresó: “Nuestro progreso y prosperidad no los buscamos fuera de nuestras fronteras. Tenemos un territorio que encierra grandes riquezas que explotar y muchos problemas nacionales que solucionar. No tenemos, pues, ningún propósito de agresión contra ninguno de nuestros vecinos, pero eso sí, estaremos dispuestos y listos a repeler todo intento que vulnere nuestros inalienables derechos”.

El Perú representa una política de respeto a los acuerdos internacionales que solemnemente se pactan, mientras que el Ecuador está asumiendo una contraria al orden jurídico al pretender el desconocimiento del Protocolo de Rió de Janeiro. Esta campaña fue iniciada por el Ex-Presidente Galo Plaza, alegando que el Protocolo significaba amputaciones territoriales y que debía ser revisado por lo que se desarrolló activa propaganda contra ese pacto internacional, Así se dijo que no podía completarse la demarcación, por no existir el accidente geográfico que indica el Protocolo de Río de Janeiro.

Con una simple afirmación no se puede destruir ni hacer desaparecer un accidente natural que por leyes de la topología tiene que existir, como en realidad existe, según lo demuestran trabajos aereofotográficos y los reconocimientos en el terreno mismo.

En sus frecuentes discursos, el nuevo Presidente del Ecua¬dor, ha emitido frases como estas: “El Tratado de Río de Janeiro es una infame mutilación del territorio patrio ecuatoriano y un ac¬to de imperialismo internacional que establece un verdadero desequilibrio en la Hoya Amazónica. Todo será puro lirismo si el Ecuador no se vigoriza, militarmente. Sin vigor militar no se con¬cibe hoy la vida internacional”. Y si esto no fuese bastante, en de-claraciones a El Comercio de Quito dice: “Para que el anhelo del pueblo ecuatoriano tenga feliz realización, es necesario, oídmelo bien pueblo de Quito, pueblo del Ecuador, vigorizar el Ejército, dotarlo de todo lo necesario, prepararlo mejor. Entonces la revisión del Tratado de Río de Janeiro podrá hacerse con seguridad y éxito”. El Presidente del Congreso ecuatoriano dijo: “Hagamos este juramento solemne, que el Ejército ecuatoriano cumpla su destino marchando al Amazonas” Podría preguntarse, si estas declaraciones representan política de armonía y de paz?

Podría citar aún otras exteriorizaciones de esta actitud, pero no tengo derecho de abusar de la hospitalidad del diario de su digna dirección. Me bastará, en contraposición exhibir tan sólo la conducta serena, elevada y tranquila que el Perú ha observado y viene observando en resguardo del principio de la intangibilidad de los tratados internacionales y de su debido cumplimiento.

Antes de terminar me permito recordar al señor Embajador del Ecuador que la misión de los garantes del Protocolo de Río de Janeiro es la de resguardar su ejecución; ejecución que depende de disposiciones exclusivamente técnicas, pues ya no existe problema de carácter jurídico alguno. Esos países, con encomiable afán y desinterés en pro de la paz de América, han contraído una obliga¬ción precisa, que es la aplicación técnica del Protocolo en la demar-cación de la frontera. Porque un garante no es un mediador. Esos grandes Estados americanos conocen muy bien cuál es la función que ellos se impusieron de salvaguardar la paz al comprometerse a velar por el cumplimiento estricto del Protocolo. No es dable desvirtuar su misión, puesto que ya no caben discusiones territoriales y jurídicas. Ellas terminaron al firmarse el Protocolo de Río de Janeiro.

La contribución que esas Repúblicas han rendido a la obra de la paz en América es muy grande y trascendental para desviarla de su verdadero sentido y propósito. La América toda así lo ha comprendido.

Agradeciéndole de antemano la inserción de la presente carta en su prestigioso diario, le reitero, señor Director, los sentimientos de mi consideración muy distinguida.

Eduardo Garland R. 

La equivocada afirmación del Embajador del Perú de que Guayaquil había pertenecido al Perú, motivó que el ilustre historiador venezolano publicara un artículo en el diario “El Nacional” de Caracas, el 12 de noviembre de 1952, titulado “Guayaquil Ecuatoriano”, que dice:

Con motivo de publicaciones recientes de los ilustres Embajadores de nuestras Repúblicas hermanas del Ecuador y el Perú, acerca de la posesión de Guayaquil en los últimos días de la Colonia, queremos recordar los hechos que hemos demostrado en nuestros estudios sobre la Conferencia de Guayaquil, referentes a la posición política de este importantísimo Puerto del Continente en los días de nuestra Independencia.

En los primeros años del Siglo XIX el Gobierno de Madrid encargó al Virrey del Perú poner guarnición al Puerto de Guayaquil porque era mucho más fácil mantener y dirigir esa guarnición desde Lima que desde Bogotá, pues la provincia pertenecía ya desde hacía tiempo al Virreinato de la Nueva Granada. Esa Real Orden se dio el 7 de julio de 1803 con motivo de la guerra que estalló entre Francia y España de un lado e Inglaterra del otro. Era asunto de gran importancia garantizar la posesión de Guayaquil para España, mucho más fácil de realizar desde Lima que desde Bogotá.

Pero sucedió que el Gobierno del Perú además de ejercer influencia sobre la guarnición de Guayaquil, quiso extenderla también sobre algunos asuntos civiles y esto dio motivo a que ciudadanos de Guayaquil, encabezados por don Jacinto Vejarano, protestaran contra el Gobernador Cucalón puesto por los peruanos.

También protestó enérgicamente el Barón de Carondelet, presidente que fue de Quito contra las intervenciones del Perú en la parte administrativa de la provincia de Guayaquil; luego intervinieron muchas causas que alteraron la relaciones entre los Gobiernos de España y los de sus Colonias, tales como la invasión de los franceses a España y las revoluciones autonomistas o independientes de nuestra América. Por estos motivos no se pudo regularizar en debido tiempo las relaciones a que nos referimos de las Provincias Americanas con la Madre Patria, pero siempre se consideró a la provincia de Guayaquil como perteneciente al Vireinato de Santa Fé en Bogotá, y cuando quedó extinguida aparentemente en la Nueva Granada la tendencia revolucionaria, el Rey de España por Real Cédula de 23 de Junio de 1819, ratificó las disposiciones anteriores del derecho absoluto de la Nueva Granada sobre la provincia de Guayaquil.

El año de 1810 el Marqués de la Concordia había agregado la Provincia arbitrariamente al Virreinto del Perú.

Véanse el Boletín de la Academia de la Historia N° 94, págs. 214 a 216 y nuestra obra “La Entrevista de Guayaquil”. 

Señor Don Pedro Sotillo,
Director de El Heraldo
Ciudad
Mi querido Pedro:

Debo referirme a la carta del señor Embajador del Perú publicada el 6 del presente mes en el prestigioso diario que tú diriges, en la que, además de formular aseveraciones históricas notoriamente inexactas, intenta refutar la exposición que me vi en el caso de hacer, en las columnas de “La Esfera”, edición del 22 de octubre último, rebatiendo algunas afirmaciones suyas publicadas el 21 de ese mes, en el mismo diario, relacionadas con el Protocolo de Río de Janeiro de 1942.

I

Injusticia del Protocolo de Río de Janeiro

Dije en mi carta dirigida al señor Director de “La Esfera” que el Protocolo de Río de Janeiro es un pacto de límites injusto impuesto por la fuerza de las armas, que priva al Ecuador de extensos territorios que siempre le pertenecieron. Y agregué, que “por dicho pacto el Perú ensanchó considerablemente su territorio a costa del Ecuador”.

Niega, el señor Embajador del Perú, esas afirmaciones mías, y pretende que “el título que otorgó al Perú la Cédula Real de 1802, abarca una considerable extensión mucho mayor que la que define el Protocolo de Río de Janeiro”. Es decir que, según él, no solamente el Perú no habría ensanchado su territorio por ese Protocolo, sino que habría perdido una considerable extensión territorial. Ante semejante afirmación uno tiene el derecho de preguntarse si el señor Embajador del Perú ha emitido seriamente esos conceptos o si ha querido hacer uso de inapropiado sarcasmo.

Porque la verdad es que no solamente el Perú ha obtenido por el Protocolo de Río de Janeiro extensos territorios ecuatorianos, sino que ese hecho ha sido reconocido en ese país con total franqueza y aún con jactancia jubilosa.

Así, en el folleto titulado “El Protocolo de Río de Janeiro ante la Historia”, publicado en Lima en 1944 que circuló profusamente en el Perú, y que contiene un Mensaje a la Nación del Presidente de la República, varios acuerdos de los altos organismos de ese país, opiniones de su prensa y mapas alusivos al Protocolo, pueden leerse, entre otras cosas, lo siguiente:

“Peruano:

Puedes estar orgulloso del Tratado de Río de Janeiro porque:

…3° El Perú en 1942 ha obtenido 200.000 kilómetros más que el Tratado de 1829;
4° El Perú en 1942 ha obtenido 70.000 kilómetros más que en el Tratado de 1890;
5° El Perú ha obtenido en Río de Janeiro 56.000 kilómetros más que lo que asignaba el laudo español de 1910;
6° El Perú ha hecho flamear nuevamente la bandera del Perú en Andoas, Pinches, Morona, Bellavista, Rocafuerte y el Aguarico;
7°El Perú es el único dueño del Marañón y posee el curso de los ríos Santiago, Morona, Pastaza, Tigre y Napo, hasta puntos donde no llegó ninguna posesión anterior .”

Y en otra parte del folleto, después de mencionar numerosos pueblos y ciudades amazónicos que fueron ecuatorianos y que “se reincorporan al Perú por obra del Tratado”, se dice:

“El otro hecho saltante es que la línea pactada en 1942 es superior en 30.000 kilómetros cuadrados a la línea de posesión del Perú en cualquier período de nuestra historia, ya sea de formación, de auge, de peligro externo, de crisis o de reorganización”.

Los mapas contenidos en el referido folleto, mapas peruanos y que, por serlo, es de creer que no sean tildados de inexactos por el señor Embajador del Perú, demuestran, con la misma claridad y elocuencia de los mapas publicados por mí en “La Esfera” del 22 de octubre, las etapas de la expansión territorial del Perú, realizada a costa del Ecuador, y que ha culminado en el Protocolo de Río de Janeiro de 1942.

El mapa peruano N°1 señala la línea establecida en el Protocolo Mosquera-Pedemonte de 1830 suscrito como consecuencia de lo pactado en el Tratado de Guayaquil, de 1829, y determina en relación con el Protocolo de Río de Janeiro, una extensión de 200.000 kilómetros cuadrados obtenida por el Perú. El mapa peruano N°2 señala la línea del Tratado Herrera-García de 1890, respecto de la cual el Protocolo de Río de Janeiro determina la obtención de 70.000 kilómetros cuadrados por el Perú. El mapa peruano N° 4 corresponde a la línea del proyecto de Laudo Español, respecto de la cual el Protocolo de Río de Janeiro da al Perú una extensión de 56.000 kilómetros cuadrados.

¿Habrá quién dude, luego de tener a la vista esos mapas peruanos y esas declaraciones peruanas, de que por el Protocolo de Río de Janeiro el Perú ensanchó considerablemente su territorio a costa del Ecuador?.

¿Y podrá dudarse, en consecuencia, de que ese pacto es, como dije y repito, un pacto de límites injusto?


II

La cédula de 1802 y la carta de Bolívar
Pretende el señor Embajador del Perú fundamentar sus aseveraciones citando, y comentándolos a su manera, documentos históricos cuyo alcance desvirtúa con el fin de justificar a su país.

Dice que “Tumbes, Piura, Maynas, Quijos y Guayaquil pertenecían al Virreynato del Perú, porque la Real Cédula de l802 extendía su territorio, en su parte norte, hasta el punto en que los afluentes septentrionales del Amazonas, como son el Santiago, el Morona, el Pastaza, el Napo, y el Putumayo dejan de ser navegables”.

Parece como que el señor Embajador del Perú no conociera, en verdad, la Cédula de 1802, pues ese documento no se refiere ni a Tumbes, ni a Guayaquil, ni a Piura, sino exclusivamente a los gobiernos de Maynas y Quijos y no para segregarlos territorialmente de la Audiencia de Quito, sino para adscribir su jurisdicción, únicamente en lo eclesiástico y en lo militar, al Virreynato del Perú.

Y en cuanto a la extensión de esos territorios de Maynas y Quijos, a los que se refería la jurisdicción eclesiástica y militar, para tener una idea de su cabida, basta con recordar que por el proyecto de Laudo Arbitral Español, - contra el cual es inexacto que se hubiere “rebelado” el Ecuador -, aunque se admitían las pretensiones peruanas basadas en la Cédula de 1802, se le reconocía sin embargo al Ecuador los extensos territorios comprendidos entre los ríos Santiago, Morona, Pastaza y Napo, así como la orilla izquierda del Amazonas desde el Santiago al Pastaza, territorios de los que, con muchos otros adicionales, se adueñó el Perú por el injusto Protocolo de Río de Janeiro. (Véase nuevamente el mapa peruano N° 4, publicado en Lima, en 1944, ya citado).

No es cierto, por tanto, como dice el señor Embajador del Perú, que “el título que otorgó al Perú esta Cédula Real abarcaba una considerable extensión, mucho mayor que la que define el Protocolo de Río de Janeiro”, como tampoco es verdad que el Libertador hubiera “refrendado” el punto de vista peruano respecto de la Cédula de 1802, en la carta que le dirigiera el 3 de agosto de 1822 (y no el 3 de julio como dice el señor Embajador) al General Santander desde Guayaquil.

En efecto, el señor Embajador del Perú sólo cita una parte de un parágrafo de esa carta, pero no cita dos frases de esa misma comunicación, que son esenciales para determinar el verdadero alcance de los conceptos expresados en ese documento, y que son éstas:

“A fines de este mes pienso pasar a Cuenca y Loja, volviendo aquí por Tumbes para examinar nuestra frontera”.

“Yo me informaré de todo en el viaje que voy a hacer y daré parte al Gobierno.”

Las frases no citadas por el señor Embajador del Perú demuestran que el Libertador no emitía un concepto propio ni hacía una afirmación personal suya cuando le escribía al General Santander: “Tenga usted entendido…..que Maynas pertenece al Perú por una Real Orden muy moderna”, sino que se refería, obviamente, a noticias llegadas hasta él, y que él se proponía verificar en el viaje que iba a realizar por Cuenca y Loja, y también por Tumbes “para examinar nuestra frontera” y dar parte al Gobierno de la Gran Colombia.

No solamente no reconoció Bolívar que Maynas perteneciera al Perú, sino que reclamó la devolución de esa provincia y de la de Jaén que, por pertenecer a la Audiencia de Quito y al Virreynato de Nueva Granada, pertenecían a la Gran Colombia, y ante la resistencia del Perú a entregarlas y la audaz invasión peruana de 1828 a Loja y a Guayaquil, hubo de producirse la guerra “en que Colombia defendió sus derechos y su dignidad”. (Bolívar, Mensaje al Congreso Constituyente, Enero 20 de 1830).

Esto de que Bolívar hubiera admitido en 1822 el supuesto dominio del Perú sobre Maynas, constituye una de las más graves calumnias peruanas contra el Libertador, -lanzada por primera vez, oficialmente, ante el Arbitro Español, como presunta “prueba” de su pretendido derecho sobre Maynas y de los ambiciosos planes atribuidos a Bolívar-, porque implica la acusación de que el Libertador no obstante haber sabido y admitido, según se pretende, el dominio del Perú sobre Maynas, habría reclamado la devolución de esa provincia, y desencadenado, con tal motivo, una guerra fraticida, acción indigna que no cabe ni siquiera suponerla en quien, como él, sentó las bases del Derecho Público Americano y fué el Adalid supremo de la unión y la fraternidad de los pueblos hispanoamericanos.

Debe requerirse tener un concepto muy pobre de la sensibilidad histórica de los pueblos que se enorgullecen de haber tenido a Bolívar por Jefe y Conductor, para sostener, en uno de ellos, -en aquél mismo que vió nacer al héroe-, puntos de vista tan contrarios a su gloria como ajenos a la realidad.

Con la afirmación de que Guayaquil perteneció al Perú en virtud de la Cédula de 1802, el señor embajador de ese país, además de incurrir en una nueva inexactitud, acoge, implícitamente, otra falsa imputación peruana contra Bolívar, -ésta bien conocida porque se la repite con frecuencia-, según la cual el Libertador le habría arrebatado al Perú la provincia de Guayaquil.

La inexacta aseveración referida, ya refutada en innumerables ocasiones por plumas selectas, la acaba de rechazar de nuevo el ilustre venezolano doctor Vicente Lecuna, en el artículo publicado en “El Nacional” del día 12 del corriente mes, bajo el título altamente significativo de “Guayaquil Ecuatoriano”. Esa nueva página del doctor Lecuna, de tan sobria elocuencia, nos releva de todo comentario.

Y en cuanto a Tumbes y a Jaén, provincias que también menciona el señor Embajador del Perú conviene que recuerde:

Que Tumbes no pertenecía al Perú, hecho que quedó reconocido en el Tratado de Guayaquil de 1829, cuya validez ha sido reiteradamente reconocida por ese país, y en cuyo artículo 6° se estipuló que la Comisión que debía trazar la línea divisoria comenzara la demarcación “por el río Tumbes, desde su desembocadura en el Océano”.

Y que Jaén formaba parte de la Audiencia de Quito, a la que pertenecía de modo indubitable, por lo que el Perú, no encontrando en los títulos coloniales ni siquiera la apariencia de un pretexto en que fundamentar su pretendido derecho sobre ella, tuvo que alegar una supuesta “anexión voluntaria” a ese país, jamás probada, desde luego, con documento alguno.

En tiempos de Bolívar, por tanto, los límites del Perú conforme al principio del uti-possidetis, no comprendían ni Tumbes ni Maynas, ni Quijos, ni Jaén, ni Guayaquil. Ni siquiera llegaba a la orilla derecha del Amazonas, como puede apreciarse en el Mapa del Perú, editado en 1826, por orden del Gobierno Peruano
Compárese ese mapa oficial de 1826, con el que publiqué en “La Esfera” de octubre 22, y se verá que los límites señalados sí corresponden a la realidad.

III

La Invasión peruana de 1941

Dije igualmente en mi carta a “La Esfera”, de octubre 22, que el Protocolo de Río de Janeiro se firmó como consecuencia de la invasión militar al Ecuador, encontrándose ocupadas por fuerzas armadas del Perú la provincia de El Oro y otras secciones territoriales del Ecuador, bajo la amenaza de que en cualquier momento se extendiera la invasión al resto del país.

Esto pretende negar el señor Embajador del Perú.

Es muy comprensible que no resulte grato para el señor Embajador el recuerdo de la actitud agresiva e imperialista, contraria a los principios del Derecho Internacional y de la solidaridad americana, asumida por su país en 1941. Y no es de extrañarse, por tanto, que intente librar al Perú, ante la opinión pública, de la grave responsabilidad que le incumbe en los hechos vituperables de aquel año; y que se permita decir que es, “falsa” la afirmación que yo hice de que el Perú invadió al Ecuador en aquel año.

No hubo invasión al Ecuador, en 1941, según el señor Embajador del Perú, pero el ejército peruano cruzó la frontera, abundantemente provisto de las armas más modernas y empleando los métodos de guerra más recientes: mientras en el Oriente eran asaltados los puestos avanzados del Ecuador, en el Sur se adelantaban los tanques, la aviación bombardeaba las ciudades y los pueblos, ametrallando a los habitantes que abandonaban sus hogares y la escuadra bloqueaba el Golfo de Guayaquil. Santa Rosa fue incendiada y, para aprovechar los últimos momentos anteriores a la tregua acordada debido a la amistosa intervención de Brasil, Argentina y Estados Unidos, los invasores lanzaron paracaidistas sobre Machala, Pasaje y Puerto Bolívar.

No hubo invasión, pero en el Acta de Talara, de 2 de octubre de 1941, instrumento firmado por el Perú y mencionado en el Protocolo de Río de Janeiro, se fijan las posiciones más avanzadas de las fuerzas militares peruanas en territorio ecuatoriano.

Es “falso” que hubo invasión, pero el mismo Protocolo referido estipula (Art 11) que el Perú “retirará”, dentro del plazo de 15 días a contar de esta fecha (la del Protocolo) “sus fuerzas militares a la línea que se halla descrita en el artículo VIII” (la nueva línea de frontera impuesta al Ecuador), y estipula igualmente (artículo III,) que “Estados Unidos de América, Argentina, Brasil y Chile cooperarán por medio de observadores militares a fin de ajustar a las circunstancias la desocupación y el retiro de tropas en los términos del artículo anterior”.

Sí hubo, pues, invasión peruana al Ecuador en 1941, y ella fue cuidadosamente preparada y planeada, creándose, con tal fin, por Decreto Supremo de 11 de enero de 1941, el Agrupamiento del Norte, que tuvo a su cargo la ejecución del plan invasor.

Puede enterarse, el señor Embajador del Perú, de los preparativos militares de la invasión y de los detalles del desarrollo de la misma, leyendo el libro peruano titulado “Las guerras del Perú, Campaña del Ecuador”, de Luis Humberto Delgado, publicado en Lima, en 1944.
Allí encontrará la relación completa de la invasión y podrá leer conceptos como estos:

“Fue una misión simultánea de ataque, que de no haber sido planeada y desarrollada con toda la ciencia militar, se habría convertido en un verdadero desastre.” (página 63).

“Todo fue previsto por los jefes de Iquitos y de Piura. Una pléyade de colaboradores técnicos marcó la estrategia de esa campaña en los campos de batalla.” (página 64).

Fruto de la invasión fue el Protócolo de Río de Janieiro. Debido a ello pudo decir el Presidente del Perú, General Odría, al recibir la espada del Mariscal Cáceres que le era entregada por una delegación del Departamento Junín, el 24 de febrero de 1950:

“Gracias a la acción victoriosa de nuestras armas, el Perú liquidó un secular problema de limites”.

IV

Las anteriores invasiones

La invasión de 1941 no es la única de que el Perú haya hecho víctima al Ecuador, es la tercera desde la Independencia.

La primera Invasión, que mencionamos anteriormente a propósito de la pretendida “refrendación” por Bolívar del punto de vista peruano relativo a la Cédula de 1802, se verificó en 1828.

En febrero de ese año el ejército peruano ocupó Zapotillo, en Loja, y luego avanzó por esa provincia hasta Saraguro, mientras la escuadra peruana se presentaba sorpresivamente frente a Guayaquil y tomaba la ciudad luego de ametrallarla impunemente (noviembre de 1828).

Cuando tuvo noticias de la invasión, el Libertador dirigió una proclama a su pueblo, en la que fustigaba la conducta del Gobierno del Perú en términos severos. (Bolívar, Discursos y Proclamas).

Lo que ocurrió después es bien sabido: los generosos esfuerzos de Sucre por impedir la guerra fratricida no encontraron apoyo en los arrogantes invasores que ya se creían dueños de la victoria, ilusiones que Tarqui desvaneció las condiciones que el noble Mariscal de Ayacucho ofreció a los vencidos, después de esa decisiva acción de armas, fueron las mismas anteriores al combate, en esencia: el retiro del ejército invasor peruano y la demarcación de las fronteras con arreglo a los límites que tuvieron los Virreynatos de Nueva Granada y el Perú.

Pudo escribir el Mariscal su frase inmortal:

“La justicia de Colombia es la misma antes que después de la batalla”. (Parte oficial del General Sucre).

Ese concepto lo recogió el Derecho Internacional Americano para negar validez a las adquisiciones territoriales logradas por la violencia.

La segunda invasión se produjo en 1858.

Disgregada, en lo político la Gran Colombia de Bolívar, los pueblos integrantes de esa gloriosa entidad, debilitados e indefensos, quedaron a la merced de sus enemigos exteriores y sometidos a la acción disolvente de las facciones políticas que los sumieron en sucesivos períodos de anarquía.

En uno de esos períodos de aguda agitación política se hallaba el Ecuador cuando, en octubre de ese año de 1858, el Presidente del Perú, General Castilla, bloqueó las costas ecuatorianas, fondeando la escuadra peruana frente a Guayaquil, ciudad que quedó sitiada.

Perseguía el Perú, mediante esa acción de fuerza, obligar al Ecuador a aceptar la Cédula de 1802, en que fundamentaba sus pretendidos derechos territoriales e impedir que concediera a los tenedores de bonos de la deuda de la Independencia, en pago parcial de la cuota que al Ecuador había correspondido (el 21,50%), unos lotes de terrenos baldíos ubicados en la región de Canelos, que le pertenecían al Ecuador y en cuya posesión se encontraba.

La acción hostil del Perú acrecentó el desorden en el Ecuador, se constituyeron gobiernos regionales en Cuenca y Loja, y en Guayaquil se proclamó Jefe Supremo el General Guillermo Franco, faccioso con quien el General Castilla, después de varios meses de bloqueo y luego de desembarcar 5.000 hombres en las vecindades de la ciudad, suscribió, el 25 de enero de 1860, un Tratado de Límites (el llamado de Mapasingue) como condición para retirar sus tropas y cesar el bloqueo.

Luego de conseguido ese “tratado” por el que aquel Jefe de facción, forzado por las circunstancias, reconocía, condicionalmente, la Cédula de l802, levó anclas la escuadra peruana. llevándose, junto con el írrito pacto, al propio Franco, quien había sido depuesto por el pueblo indignado!

El General Castilla había dicho con cínica ironía:

“Voy a visitar a nuestros vecinos y hermanos del Ecuador cuya situación se complica de una manera alarmante”

Hoy nos preguntamos en el Ecuador si iremos a tener una cuarta “visita” de nuestros “vecinos y hermanos” del Perú, pues esa visita parece habérnosla querido anunciar, desde Arequipa, el Presidente de ese país, General Odría, cuando, refiriéndose a los desacuerdos que han surgido entre ambos países a propósito de la demarcación de la línea frontera impuesta en el Protocolo de Río dijo, en discurso pronunciado el 16 de agosto de este año:
“…pero que lo entiendan bien quienes deben entenderlo, que el Perú exigirá el estricto cumplimiento del Protocolo de Paz y Amistad de Río de Janeiro con el Ecuador y lo demandará por todos los medios, por la razón, y si ésta no bastara, los Institutos Armados de la Patria estarán listos a llevar en triunfo sus estandartes de guerra, por los campos de batalla…”

V

Los desacuerdos limítrofes actuales


Han surgido desacuerdos en la ejecución del Protocolo de Río de Janeiro porque el Perú quiere aplicar ese pacto injusto en una forma arbitraria que agravaría su injusticia: a la iniquidad en cuanto al contenido del pacto y a la violencia originaria, se pretende añadir la iniquidad en cuanto a su aplicación.

Esos desacuerdos son unos de fondo, -en cuanto a la línea de la frontera señalada en el Protocolo-, y otros de procedimiento, en cuanto a la manera de resolver los desacuerdos.
En lo referente a las cuestiones de fondo, los actuales desacuerdos son dos, el relativo al origen o naciente del río Lagartococha, de donde debe: trazarse la recta que vaya a encontrar el río Güepi; y el relacionado con el divortium aquarum entre el río Zamora y el río Santiago.

El desacuerdo relativo a Lagartococha proviene de la negativa del Perú a dar cumplimiento preciso al Laudo Arbitral expedido por el Comandante Bras Días de Aguiar, el 14 de julio de 1945, en el que señaló la naciente del río Lagartococha, determinando en un plano el punto de arranque de la línea que debe unir esa naciente con el río Guepi, por alegar ese país que, según una opinión posterior al fallo, dado por el Comandante Días de Aguiar, por gestión unilateral del Perú, y cuando ya había dejado de ser árbitro, la aludida naciente no se encuentra en el punto señalado en el fallo, sino en otro distinto, que naturalmente favorece territorialmente al Perú. El Ecuador, por su parte, sostiene que el fallo del Comandante Días de Aguiar, legalmente expedido luego de efectuar dos inspecciones in loco, debe de cumplirse sin variaciones improcedentes.

El desacuerdo relativo al divortium aquarum entre el río Zamora y el río Santiago, se ha producido debido a que dicho accidente geográfico, señalado en el Protocolo de Río de Janeiro (Art. VIII, B, 1°) como parte de la línea de frontera, no existe en la realidad de la naturaleza, según aparece del plano aerofotogramétrico levantado por el Servicio Cartográfico Aeronáutico de Estados Unidos, que fue entregado, en febrero de 1947, a las Cancillerías de Quito y Lima

No existe divortium aquarum dentro de los ríos Zamora y Santiago, porque entre ellos se interpone otro río, el Cenepa, afluente del Marañón. (Véase el mapa adjunto)

Sobre este punto dice el señor Embajador del Perú:

“Con una simple afirmación no se puede destruir ni hacer desaparecer un accidente natural que por leyes de la topología tiene que existir, según lo demuestran trabajos aerofotográficos y los reconocimientos en el terreno mismo”.

Sin referirme a la extraña teoría según la cual “por leyes de la topología tiene que existir” un determinado accidente natural que de hecho no existe, es necesario destacar que, como bien lo sabe el señor Embajador del Perú, el Gobierno del Ecuador propuso oficialmente al Gobierno peruano, mediante nota de 15 de setiembre de 1949, la constitución de una Comision Mixta Especial a la que se encargará del reconocimiento y estudios amplios y suficientes de la zona Zamora-Santiago y en especial del río Cenepa a fin de que se verificase plenamente la realidad revelada en el mapa aerofotográmetrico.

El Gobierno del Perú no ha aceptado la proposición ecuatoriana.

Insiste, según se desprende de la carta del señor Embajador, en que el accidente geográfico indicado en el Protocolo de Río “por leyes de la topología tiene que existir”, pero se niega a que una Comisión Mixta compruebe la realidad sobre el terreno, no obstante lo cual el señor Embajador se permite atribuir al Ecuador el propósito de querer “destruir” o “hacer desaparecer un accidente natural con una simple afirmación”.

La razón de la negativa del Perú es evidente: no quiere que se compruebe oficialmente la inexistencia del divortium aquarum entre los ríos Zamora y Santiago porque sabe que la falta de tal accidente geográfico determina la inexistencia de línea de frontera en ese sector que abarca una vasta extensión calculada en más de 190 kilómetros.

Quiere el Perú que la línea de frontera sea trazada por la Cordillera del Cóndor, es decir, por el divortium aquarum entre el río Zamora y el Cenepa (no pudiendo serlo por el divortium aquarum entre los ríos Zamora y Santiago, establecido en el Protocolo pero inexistente en la realidad de la naturaleza), lo que es inaceptable porque el pacto referido no estipula esa línea y porque con ello se ocasionaría un nuevo perjuicio a los derechos territoriales del Ecuador, ya grave e injustamente lesionados.

La inconsistente posición adoptada por el Perú en estas importantes cuestiones y su deseo de imponer arbitrariamente su punto de vista, ha llevado a ese país a desconocer el sistema de solución de los desacuerdos estipulados en el Protocolo de Río de Janeiro, con lo que se ha producido otra divergencia, ésta relativa al procedimiento.

Pretende, en efecto, el Perú, según claramente se desprende de los parágrafos finales de la carta del señor Embajador de ese país:

1°- Que “ya no caben discusiones territoriales y jurídicas”, que la ejecución del Protocolo “depende de disposiciones exclusivamente técnicas pues ya no existe problema jurídico alguno”, y que la “obligación precisa” contraída por los países garantes es “la aplicación técnica del Protocolo en la demarcación de la frontera”;

y 2°- Que Estados Unidos, Brasil, Argentina y Chile son garantes pero no son mediadores. (“Porque un garante no es un mediador”)

La sana lógica y un elemental principio de justicia obligan a rechazar esos conceptos ficticios.

El primer punto no es admisible, porque en el mismo Protocolo quedó prevista (Art. VII) la posibilidad de que surgieran dudas o desacuerdos sobre la ejecución del Protocolo, sin que se los haya limitado, -ni cabía que lo hubiesen sido-, a las cuestiones “exclusivamente técnicas”.

El sentido, no limitativo sino amplio, del Art. VII del Protocolo, guarda armonía con otras disposiciones de ese pacto, y, además, conforme a él se ha procedido en varios casos de dudas y desacuerdos surgidos antes de ahora sobre la ejecución del Protocolo, en otros sectores de la frontera. Como ejemplo citaré el desacuerdo de carácter territorial relativo al importante sector de Lagartococha, resuelto por el Comandante Días de Aguiar en el arbitraje convenido en cumplimiento de la llamada “Fórmula Aranha” recomendada por los Mediadores y aceptada por el Ecuador y el Perú en 1944, y fallo cuya ejecución ha dado lugar al actual desacuerdo, mencionado anteriormente, sobre la naciente del río Lagartococha.

De otro lado, los desacuerdos actuales, por su propia naturaleza no admiten soluciones “exclusivamente técnicas”: el relativo a la naciente del río Lagartococha es de carácter eminentemente jurídico puesto que se refiere a determinar si pudo o no ser válidamente reformado el fallo expedido por el Arbitro Comandante Bras Días de Aguiar; y el relativo al sector Zamora-Santiago es de carácter territorial, desde que se trata de la falta de línea de frontera en una importante sección de territorio, y a la vez jurídico, en cuanto a la determinación de las consecuencias a derivarse de esa circunstancia y de la solución a darse al problema surgido al respecto.

Con la alegación de que “ya no caben discusiones territoriales y jurídicas” las que “terminaron al firmarse el Protocolo de Río de Janeiro” pretende el Perú impedir las discusiones sobre problemas derivados de la aplicación de ese mismo Protocolo, instru-mento que prevé, como ya queda dicho, la posibilidad de dudas y desacuerdos, asumiendo así el Perú una actitud que, a más de improcedente, es ilógica y contraria al mismo pacto que aparenta querer respetar.

Al mismo tiempo, -y ésto constituye el segundo punto de divergencia en lo relativo a procedimiento-, pretende desvirtuar lo estipulado en el Protocolo en relación con el concurso y la colaboración de Estados Unidos, Brasil, Argentina y Chile.

El concepto de que los referidos países son garantes pero no mediadores es inaceptable, pues en el Protocolo la mediación está definida en el Artículo VII que dice:

“Cualquier duda o desacuerdo que surgiere sobre la ejecución de este Protocolo, será resuelto por las partes con el concurso de los representantes de Estados Unidos, la Argentina, Brasil y Chile, dentro del plazo más breve que sea posible”.

Esa disposición, junto con las contenidas en los artículos V y IX, demuestra, sin lugar a dudas, que los referidos países no sólo son garantes del Protocolo, sino que están llamados a prestar su concurso para la solución de los desacuerdos hasta la demarcación definitiva de la línea fronteriza.

Hay más aún: la mediación ha operado ya, con la aceptación del Perú en varios desacuerdos que han surgido antes de ahora, como en los casos de Zarumilla, Puyango, Cazaderos, Sabanilla, Cahuide, Bellavista y de las zonas de Lagartococha y de la confluencia Yaupi-Santiago

La actitud del Perú, tendiente a rehuir la acción mediadora de Estados Unidos, Brasil, Argentina y Chile, al mismo tiempo que amenaza con el uso de la fuerza, reviste indudable gravedad, porque implica el desconocimiento de una de las cláusulas más importantes del Protocolo de Río de Janeiro.

Dice el Embajador del Perú que su país “representa una política de respeto a los acuerdos internacionales que solemnemente se pactan”.

A lo que cabe preguntarle:

¿Respetó el Perú el Tratado de Guayaquil de 22 de setiembre de 1829, negociado y firmado por don Pedro Gual y don José Larrea y Laredo, aprobado por el Congreso del Perú, debidamente ratificado y canjeado?

¿Respetó el Perú el Protocolo Mosquera-Pedemonte de 11 de agosto de 1830, firmado por el propio Ministro de Relaciones Exteriores de ese país?

¿Dió cumplimiento al Protocolo Ponce-Castro Oyanguren de 1924, que disponía negociaciones en Washington y el sometimiento de la cuestión limítrofe, en caso de desacuerdo, a la decisión arbitral del Presidente de los Estados Unidos?

¿Respetó el Perú el statu-quo convenido en el Acta de Lima de 6 de julio de 1935?

¿Y está respetando, hoy, integralmente y en todas sus estípulaciones, ese Protocolo de Río de Janeiro que le favorece escandalosamente y que fue impuesto al Ecuador por la fuerza de las armas?

En lo que respecta al Ecuador, la política del Perú no ha sido, lamentablemente, de respeto a los acuerdos internacionales, sino de incumplimiento, de dilaciones, de desposeimiento sistemático, de amenazas y de violencia.
VI

El sentir ecuatoriano

Habiendo sido tal la actitud del Perú en sus relaciones con el Ecuador, desde la Independencia hasta nuestros días, y tales los acontecimientos que dieron lugar a la suscripción del injusto Protocolo de Río de Janeiro, es sólo natural que en el Ecuador exista un sentimiento de hondo descontento frente a ese Tratado que no es un instrumento de cordialidad y de entendimiento mutuo sino de imposición y discordia, y que el pueblo ecuatoriano esté resuelto a no admitir que los desacuerdos pendientes sean resueltos prescin-diendo de los procedimientos que establece ese mismo Pacto y con la imposición de nuevos sacrificios territoriales.

Alude el señor Embajador del Perú a los anhelos del Ecuador por la revisión del Protocolo de Río de Janeiro.

El pueblo ecuatoriano, ciertamente, aspira a que, algún día, que esperamos sea próximo, en que se cumplan en América, de manera efectiva, los principios de justicia internacional que ella proclama, y se evidencie, en el mismo Perú, un sentido de mejor comprensión de sus verdaderos y bien entendidos intereses (a la larga son ilusorios y contraproducentes las ventajas obtenidas por la fuerza, que se pagan al alto precio del resentimiento del pueblo injustamente agraviado), sea revisada, por medios pacíficos y jurídicos, la línea de frontera señalada en ese injusto Pacto.

Todo pueblo injustamente desposeído anhela obtener debida reparación. Y así como Bolivia no renuncia, y reclama, su salida al Pacífico, así el Ecuador no puede aceptar el quedar permanentemente expulsado del Amazonas, -en cuyo descubrimiento, cristianización, colonización y civilización ha tenido participación principalísima-, y no puede renunciar a su derecho de que, rectificándose siquiera en parte la injusticia cometida en su contra, se le reconozca una salida propia, directa y soberana a ese gran río
En el Perú, donde, durante mucho tiempo, se mantuvo vivo y latente el propósito de revisar una situación que ese país consideraba injusta, debería comprenderse, con algo de nobleza, lo legítimo de este sentimiento ecuatoriano.

Se equivoca, por tanto, el señor Embajador del Perú, si piensa, como dice, en su carta, que son “determinados intereses de cálculo político” los que han inspirado las declaraciones relativas al Protocolo de Río de Janeiro hechas por el Presidente del Ecuador, señor Doctor José María Velasco Ibarra, y por su antecesor el Presidente señor Galo Plaza.

Los conceptos por ellos emitidos traducen el auténtico sentimiento del pueblo ecuatoriano.

Muy otro sería el sentir del pueblo del Ecuador y muy otro el ambiente en que se desenvuelven las relaciones entre el Ecuador y el Perú, si el Pacto de límites suscrito en Río de Janeiro, en vez de ser el resultado de una acción militar (recuérdense las palabras ya citadas del Presidente del Perú: “Gracias a la acción victoriosa de nuestras armas, el Perú liquidó un secular problema de límites”) hubiese sido un pacto de concordia, no viciado por la violencia, negociado sin la coacción proveniente de la ocupación militar, y fruto de la consideración recta y ecuánime de títulos de dominio, o si la línea de frontera la hubiera establecido el fallo de un Arbitro o la sentencia de un Tribunal Internacional.

El Ecuador ha sido víctima de grave injusticia, pero nos queda a los ecuatorianos la fe en nuestro destino de pueblo y la confianza en el desenvolvimiento de nuestras fuerzas vitales.

Seguimos creyendo en la justicia inmanente que ampara el derecho de los pueblos, y en las fuerzas morales superiores que los guían, y por ello, confiamos en que habrá de llegar el momento en que el Ecuador y el Perú sentando las bases justas de un verdadero entendimiento, lograrán, con los demás pueblos de Hispanoamérica, establecer los sólidos fundamentos de una cooperación fecunda en lo espiritual, en lo económico y en lo político, que nos permita defender todos juntos los elevados intereses de la Comunidad de pueblos que de hecho constituimos.

Mucho te agradeceré mi querido Pedro, que te dignes darle publicidad a la presente, en las prestigiosas columnas de “El Heraldo” y acepta la renovada expresión de mi cordial amistad.

Antonio Parra Velasco
Embajador del Ecuador. 

Sr. Dn. Pedro Sotillo,
Director de EL HERALDO.
Caracas.

Muy estimado señor Director:

El señor Embajador del Ecuador insiste en calificar de flagrante injusticia el Protocolo de Río de Janeiro, libremente suscrito en la reunión de Cancilleres de 1942, discutido y aprobado por los Congresos de Perú y Ecuador, ratificado por ambos Gobiernos, garantizado por Estados Unidos, Argentina, Brasil y Chile, y ejecutado sobre el terreno mismo en sus catorce quinceavas partes. Con tal motivo dirige a usted una carta, en la que emite conceptos y apreciaciones que me veo precisado a rectificar.

Entre el Perú y el Ecuador no existe ya, en materia de límites, problema jurídico alguno. Esto fue feliz y definitivamente cerrado al suscribirse el citado Protocolo que, precisamente, por tratarse de una obra ajustada a principios de justicia, lo garantizan cuatro grandes naciones del Continente.

Aun cuando el Protocolo clausuró el secular debate de fronteras, el Gobierno ecuatoriano pretende anularlo. A este respecto la política ecuatoriana es bastante curiosa. A la vez que emprende abierta campaña contra el Protocolo, fielmente reflejada en las cartas del señor Embajador del Ecuador, acude también a los garantes para que sean éstos quienes busquen soluciones que se apartan de lo pactado en el mismo documento, resultando así incomprensible que el que pretende anular un convenio se dirija a los que lo garantizan para que le ayuden a destruirlo.

Si fuera dable aceptar las pretensiones actuales del Gobierno ecuatoriano, se crearía el funesto precedente de que Tratados que están garantizados por grandes naciones no finiquitan problemas cuando a una de las partes se le ocurre desviar su aplicación, pretendiendo la intervención de mediadores. Nada se ganaría con la suscripción de un convenio ni con la intervención de un árbitro técnico, si cuando se quiere eludir su cumplimiento se busca una mediación para transformar un caso ya resuelto en un problema de agitación continental. Por eso, no puede pretenderse que grandes Estados que han empeñado su palabra en el Protocolo de Río de Janeiro, se presten a esos intentos, que desvirtuarían su alta función de coadyuvar al afianzamiento del derecho y de la solidaridad de América. 

Aun cuando el estudio jurídico y la revisión de antecedentes históricos sólo tiene ya un valor académico, no quiero que piense el señor Embajador del Ecuador que rehuyo la discusión de ellos, en la que procuraré ser breve.

La sólida posición jurídica del Perú, en su controversia de límites con el Ecuador se fundamenta, ante todo en la constitución inicial del Perú en 1821, hecho que se consumó dentro de las normas que presidieron la organización de los Estados Americanos. Esta formación tuvo lugar nueve años antes que la del Ecuador como Estado independiente. Por eso en el primer Tratado firmado en 1832 entre el Perú y aquella República se estableció que mientras se celebraba un convenio, los límites entre los dos Estados “serían los que separan los territorios de las provincias de Tumbes, Jaén y Maynas”, ya entonces bajo jurisdicción peruana.

Este principio, que al señor Embajador del Ecuador parece merecerle escasa importancia, pues al ocuparse de Jaén habla desdeñosamente de una supuesta “anexión voluntaria”, es precisamente el que se ha seguido para fijar las respectivas circunscripciones territoriales en todas las Repúblicas americanas, incluso en el mismo Ecuador.

En todos los países de América, las provincias, al independizarse de la Corona española, formaron nuevas entidades nacionales conforme a sus propias conveniencias, y los Cabildos llevaron a cabo labor de organizar las nuevas nacionalidades.

Maynas.- Proclamó su independencia en agosto de 1821 y se incorporó al Perú.

Jaén.- El 4 de junio de 1821 proclamó su independencia, notificándola al general San Martín.

Tumbes.- Al igual que Trujillo y Piura, se declaró independiente poco después del desembarco de San Martín en las playas de Pisco, realizado el 8 de septiembre de 1820. Desde entonces, Tumbes no cesó nunca de estar bajo la jurisdicción del Perú.

La incorporación de Guayaquil es el mejor ejemplo del principio de la constitución de las nacionalidades. Guayaquil formaba parte del Virreinato del Perú cuando en 1812 se independizaron las provincias de Nueva Granada; luego fue provincia independiente, hasta que en 1822, por un acto plebiscitario, se incorporó a Colombia, al igual que Jaén al Perú, por “anexión voluntaria”.

Si el señor Embajador del Ecuador no objeta el derecho de Guayaquil para incorporarse a Colombia en 1822, lógicamente debe aceptar también igual derecho de Jaén de incorporarse, por acto libre y espontáneo, al Perú. 

El Embajador del Ecuador hace inútil esfuerzo de dialéctica para convencernos que el Libertador, cuando le dice en carta al general Santander: “Tenga usted entendido que Maynas pertenece al Perú por una Real Orden muy moderna”, no le expresaba una opinión propia, sino se refería a cartas llegadas a él. ¿Será posible suponer que el Libertador, al hacer afirmación tan definitiva no tenía la intención de decir lo que dijo? Esto es hacerle poco honor al valor de su palabra. La frase “tenga usted entendido que Maynas pertenece al Perú” no tiene nada de vaga, y es tan preciso que no admite dudas. Algo más, ella tiene el carácter de una advertencia y refleja tan fielmente el verdadero pensamiento de Bolívar de que Maynas pertenecía al Perú, que el mismo la confirma más tarde, como Jefe del Estado peruano, con actos administrativos y de soberanía al mantener celosamente autoridades peruanas en el Aguarico, en Andoas (Alto Pastaza) y en la zona del río Santiago, es decir, en puntos que coinciden con los lugares avanzados del límite que consagra el Protocolo de Río de Janeiro, como fácilmente podrá verificarse en el mapa adjunto (Anexo número 1).

En consecuencia, la línea limítrofe del Protocolo es, sin discusión alguna, “una línea bolivariana”, que un siglo y cuarto más tarde ha reflejado concluyentemente ese Protocolo. No es, pues, como afirma el señor Embajador del Ecuador, “una calumnia peruana contra el Libertador sostener que Maynas pertenecía al Perú”. Afirmar lo contrario sería desfigurar la historia. Además, el propio Libertador, en una carta escrita precisamente al mismo general Santander, desde Cuenca, el 27 de octubre del mismo año, es decir, dos meses y medio después de la primera, dice:

“Mientras tanto, yo creo que puedo ir sin peligro a Bogotá para volver luego a –entender- en el negocio de límites con el Perú, que es de mucha trascendencia porque la provincia de Maynas dada por el rey al Perú” envuelve por nuestra espalda todo el sur de Colombia”.
Quiere decir, pues, que Bolívar, viajando desde principios de agosto hasta fines de octubre de 1822 por Cuenca y Loja, reiteró su convicción de que Maynas pertenecía al Perú.

Aún más: el mismo señor Embajador del Ecuador se encarga de concederme la razón cuando afirma que Bolívar reclamó la devolución de Maynas y Jaén. Esta solicitud de entrega confirma plenamente el hecho de que las citadas provincias continuaban en posesión del Perú al estallar el conflicto de 1828, porque nadie reclama lo que ya posee; para reclamar lo debe poseerlo otro.

En cuanto a la Cédula de 1802, tan grande y evidente era su fuerza jurídica que el Canciller ecuatoriano Herrera negociador del Tratado de 1890 que el Congreso no aprobó, declaró ante el Congreso de su país lo siguiente:

“La cuestión de límites está perdida para el Ecuador en el terreno del derecho. No tenemos un sólo documento que oponer a los muchos que el Perú posee para demostrar que la Real Cédula de 1802 fue acatada y cumplida”.

Esta confesión ha recibido posteriormente otras confirmaciones.

Bien es sabido que la Cédula de 1802 fue resultado del examen cuidadoso de la experiencia de las autoridades españolas de pocos años antes de la independencia. Ella asignó mayores territorios al Perú que los que le reconoce el Protocolo de Río de Janeiro, como puede apreciarse en el mapa adjunto. (Anexo número 2) 

El Protocolo de Río de Janeiro fija con precisión y claridad en sus artículos V y VII, las funciones a que se comprometen los garantes para ejecutar el Protocolo hasta la terminación definitiva de las fronteras. Sus poderes, pues, están limitados a esas funciones específicas, a las cuales deben atenerse las partes. Las dudas y desacuerdos que surjan se resolverán dentro del mismo pacto. Así, cualquier dificultad que pudiera presentarse deberá someterse al procedimiento establecido. En tal caso, lo que corresponde a las partes en desacuerdo es acudir a los garantes para que ellos presten su valioso e insustituible concurso para solucio-nar cualquier “impasse”.

Resulta incomprensible que el señor Embajador del Ecuador sostenga que el Perú rehuye la acción de los garantes, cuando está apelando a ellos mismos para definir ciertas dificultades técnicas de la demarcación. Lo que no acepta el Perú, y para ello se atiene al Protocolo, es que se pretenda desnaturalizar la misión de los garantes, claramente definida, para esquivar la ejecución del Protocolo de Río de Janeiro. No es el Perú, sino el Ecuador el que intenta en sus maniobras, con sus argumentaciones forzadas y huérfanas de fundamento jurídico, con sus constantes declaraciones a la prensa, desviar el concepto bien claro que la opinión continental se ha formado de la necesidad de atenerse al cumplimiento estricto del Protocolo de Río de Janeiro, que ha zanjado un secular pleito después de compulsar los derechos del Perú y los del Ecuador a través de siglo y cuarto de discusiones.

El señor Embajador del Ecuador se refiere al laudo del árbitro Braz de Aguiar, que fija los nacientes del río Lagartococha, y no admite que un laudo técnico puede ser rectificado más tarde por mismo árbitro si en su concepto existía un error geográfico al emitirlo, o si no tuvo en consideración determinados accidentes en el momento de emitir su primer fallo. La actitud de tan eminente personalidad que goza de bien ganado prestigio en América, inclusive en Venezuela, en cuya demarcación territorial participó, sólo obedece al honrado deseo de reponer la verdad al rectificar los nacientes del río Lagartococha. 

El señor Embajador del Ecuador me pregunta si el Perú respetó el Tratado de 1829, celebrado, en Guayaquil y que ambos Congresos aprobaron. Mi respuesta es muy sencilla: no fue el Perú quien declaró inválido el Tratado celebrado con Colombia en esa fecha, sino el propio Gobierno ecuatoriano, quien, por intermedio de su representante diplomático, señor Noboa, en nota dirigida a la Cancillería de Lima el 18 de enero de 1832, declaró sin ningún valor los Tratados celebrados por la disuelta Colombia. Y en sustitución suscribió el Tratado peruano-ecuatoriano de 12 de Julio de 1832, que fue debidamente aprobado y ratificado, lo que confirma la caducidad del Tratado de 1829.

Además, el Tratado de Guayaquil de 1829 aparece entre los pactos caducados en la Colección de Tratados de Colombia, publicada por el Archivo de Límites de ese país el año 1882. El supuesto Tratado Pe Embajador del Ecuador dude ser respetado ni por el Perú ni por el Ecuador, porque en verdad no existió. En efecto jamás se ha presentado original o copia autenticada del mismo.

Podría citar los motivos que fundamentan su inexistencia, pero sería extenderme demasiado y no quiero abusar de la hospitalidad de EL HERALDO.

Me sorprende que el señor Embajador del Ecuador dude que el Perú dió cumplimiento al Protocolo Ponce Castro-Oyanguren de 1924. Me permito recordarle que mi país invitó, de conformidad con él, al Ecuador a la negociación directa desde 1934, lo que consta en la nota que dirige el doctor Solón Polo, Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, al Gobierno del Ecuador el 18 de octubre de 1933. En ejecución de ello, el 13 de abril de 1934 se reunieron en Lima, junto con el citado doctor Polo, los delegados del Ecuador, doctores Viteri Lafronte y Borja. Desgraciadamente estas conversaciones no alcanzaron resultados prácticos por cuanto el doctor Velasco Ibarra, entonces Presidente electo, intervino formulando declaraciones que obligaron a ponerles término.

Posteriormente, el Ministro de Relaciones Exteriores doctor Concha, declaró que estaba dispuesto a ir a Washington en ejecución de lo dispuesto en ese Protocolo, para lo cual pidió que previamente se hiciera una interpretación justa de sus bases, eso es, de su verdadero sentido. Luego, en el Acta de 6 de julio de 1936, ambos países se comprometieron a definir el arbitraje previsto en el Protocolo como un arbitraje de derecho y fué en cumplimiento de esa Acta que se reunieron en Washington delegaciones de ambos países. No ha sido pues, el Perú quien no ha respetado sus compromisos internacionales, ni lo podría haber hecho jamás, porque puede exhibir limpia tradición diplomática en tal sentido.

Sin embargo, podría yo también preguntar si el Ecuador al rebelarse contra el fallo del rey de España en 1910, para cuyo cumplimiento se comprometió solemnemente en la Convención de 1887, cumplió política de respeto a los Tratados y si su actitud de ahora al rehuir el Protocolo de Río de Janeiro refleja el ánimo de respetar los Tratados.

No es, pues, el Perú quien ha seguido política de amenazas y de violencias, como dice el señor Embajador del Ecuador. Mas, en cambio, ¿no han sido acaso amenazas constantes las declaraciones altisonantes de responsables funcionarios ecuatorianos que transcribí en mi carta anterior, las cuales pretenden inútilmente torcer el juicio que la opinión seria y consciente de América se ha formado ya de la justicia del Protocolo de Río de Janeiro?

Sobre esa política de agitación y de injustificada alarma no puede reposar la amistad peruano-ecuatoriana, tan necesaria para consolidar la fraternidad de América. Estoy convencido de que el día que se coloque el último hito de la línea fronteriza que fija el Protocolo de Río de Janeiro se podrá iniciar una era de convivencia feliz entre ambos pueblos. Nuestra cooperación a la concordia y armonía de todos los pueblos americanos, desde Alaska hasta la Patagonia, será grandemente apreciada por el juicio de la Historia.
Anticípole, señor Director y amigo dilecto, mis agradecimientos por la hospitalidad tradicional de EL HERALDO que demuestra la hidalguía de usted.

Me despido de usted con los sentimientos de mi más sincera y cordial amistad.

Eduardo Gadand. 

Caracas, enero 7 de 1953.

Señor don Pedro Sotillo, director de “El Heraldo”.
Ciudad.

Mi querido Pedro:

Aun cuando estimo que los principales aspectos de la cuestión de los límites entre el Ecuador y el Perú se encuentran suficientemente dilucidados ante la opinión pública venezolana, -por lo cual hubiera preferido no referirme de nuevo a ella por la prensa-, me veo en el caso de hacerlo, una vez más, debido a que entre los conceptos emitidos por el señor Embajador del Perú en su última carta dirigida a “El Heraldo” hay algunos tan notoriamente inexactos que, en verdad, no puedo dejar de rechazarlos públicamente.

Inaceptable irreverencia calificar de “Bolivariana” a la línea del Protocolo de Río de Janeiro. Luego de insistir en la falsa imputación hecha a Bolívar de que él habría reconocido que Maynas pertenece al Perú, - especie que, de admitírsela como cierta, llevaría a la conclusión absurda de que el Libertador habría obrado de mala fe cuando reclamó al Perú la devolución de esa provincia, cuya ilegítima retención con las de Tumbes y Jaén fué causa principal del conflicto de 1828-, el señor Embajador de ese país, con un desenfado que verdaderamente pasma, se permite hacer la siguiente afirmación:

“En consecuencia, la línea del Protocolo, es, sin discusión alguna, “una línea bolivariana”, que un siglo y cuarto más tarde ha reflejado concluyentemente ese Protocolo”

Difícilmente se podría haber expresado un concepto más digno de repudio, histórica, jurídica y moralmente considerado.

¿Línea “bolivariana”, la línea del Protocolo de Río de Janeiro que contradice la obra del Libertador, cercenando considerablemente por el sur, ciento doce años después de su muerte, los territorios de la nación que él fundara, la línea que pretende borrar el tratado de Guayaquil, negociado en nombre de Bolívar, por don Pedro Gual?

¿Línea “bolivariana”, la línea que representa la negación de fraternidad y que consagra el derecho de la fuerza?

¿Línea “bolivariana”, la injusta línea de frontera impuesta al Ecuador por la fuerza de las armas, en un momento crítico de su historia?

Línea anti-bolivariana podía haber escrito, con toda propiedad y exactitud, el señor Embajador del Perú

La constitución inicial del Perú Afirma el señor Embajador del Perú que la “constitución inicial” de su país tuvo lugar en 1821 “nueve años antes que la del Ecuador”

Olvida, el señor Embajador, que si bien el Perú proclamó en 1821 su independencia, la que fué lograda definitivamente en 1824, en Ayacucho, el Ecuador proclamó la suya en 1809 y la consolidó en Pichincha, en 1822.

En agosto de 1809, en efecto, como es bien sabido, los próceres de Quito proclamaron la Independencia de los pueblos de la Audiencia de Quito, antiguamente Reino de Quito, hoy República del Ecuador.

Meses después llegaron tropas enviadas desde el Perú para sofocar el movimiento independentista, y, el 2 de agosto de 1810, en el cuartel “Real de Lima” fueron asesinados los fundadores de la Junta Patriótica. En Caracas, cuando llegó la noticia, hubo indignación general y se celebraron solemnes funerales en honor de los mártires.

No quedó, sin embargo, destruido el espíritu de libertad, y, poco después, se instaló una nueva Junta de Gobierno. Fué dictada una Constitución, se estructuró el Estado de Quito, quedó organizada la administración pública. La independencia fué mantenida hasta fines de 1812, en que sucumbieron los patriotas después de una larga y heroica defensa contra las fuerzas superiores del general Toribio Montes.

Otros puntos mencionados por el señor Embajador del Perú

Intencionalmente no quiero referirme, con alguna detención, a los demás puntos de la carta del señor Embajador del Perú, en los que repite argumentos que dejé debidamente refutados en escritos anteriores.

Pero sí recordaré, sucintamente, lo que sigue:

Que la Cédula de 1802, aún en el supuesto no consentido de que hubiere sido un instrumento de segregación territorial, no daba al Perú los extensos territorios que comprende la línea del Protocolo de Río de Janeiro, pues en el proyecto de laudo arbitral del Rey de España, -que, según, el propio Embajador del Perú, admitía el alcance territorial de tal Cédula-, se le reconocían al Ecuador dilatadas zonas territoriales hoy en poder del Perú, inclusive la orilla izquierda del Marañón o Amazonas desde la desembocadura del Santiago hasta la del Pastaza;

Que Guayaquil no formaba parte del Virreynato del Perú en 1812, como lo ha explicado últimamente el Doctor Vicente Lecuna, en su importante artículo de “El Nacional” intitulado “Guayaquil Ecuatoriano”;

Que no es verdad que el Ecuador se haya “rebelado contra el fallo del Rey de España en 1910”, pues su Majestad Católica no expidió fallo alguno;

Que el Perú rehuyó el cumplimiento del Protocolo Ponce Castro Oyanguren y el arbitraje del Presidente de los Estados Unidos, al negarse, en las negociaciones de Washington, a determinar de común acuerdo las zonas que se reconocían recíprocamente ambos países, de modo que no pudo fijarse la que habría de ser objeto del laudo arbitral respectivo.

Que el Protocolo de Río de Janeiro, pacto injusto en sus estipulaciones territoriales, fué suscrito como consecuencia de la invasión militar peruana al Ecuador.

Que la ejecución de ese pacto ha dado lugar a importantes desacuerdos que implican problemas jurídicos, los que deberán ser resueltos en conformidad con el procedimiento establecido en ese mismo instrumento, a saber, “con el concurso de los Representantes de Estados Unidos, la Argentina, Brasil y Chile” (artículo VII); y que el Perú rehuye el concurso de los países Mediadores, a los que ahora niega esa calidad, y pretende imponer su voluntad en la resolución de los desacuerdos aludidos.

Por último diré que, ciertamente, como lo afirma el señor Embajador del Perú, la opinión seria y consciente de América se ha formado ya un juicio acerca del Protocolo de Río, pero ese juicio no es el de la supuesta “justicia” de ese pacto, sino, por el contrario, el de su iniquidad, que deberá ser reparada en conformidad con los principios del Derecho Internacional y con miras al afianzamiento de la paz y de la solidaridad continentales.

Te ruego, mi querido Pedro, publicar esta carta, en las, columnas de EL HERALDO, y acepta la renovada expresión de mis sentimientos de cordial amistad.

Antonio Parra Velasco

Embajador del Ecuador 

Los temas tratados en la Junta Consultiva se consideran reservados, pero indiscutiblemente ya no tienen ese carácter, porque todos los asuntos importantes tratados en ese organismo, que de manera casi exclusiva hacen referencia al problema territorial con el Perú, están “oficialmente” superados, gracias a la actitud entreguista de los señores Durán Ballén y Jamil Mahuad, ex Presidentes de la República, que con desvergüenza e indignidad permitieron la solución del problema territorial con el Perú conforme a todas, absolutamente todas las exigencias de ese país, al extremo de haber aceptado, el señor Mahuad, una solución que, en definitiva, es más perjudicial que los propios términos del Protocolo de Río de Janeiro, instrumento injusto impuesto por la fuerza. De ahí que la única razón de considerar como reservados los asuntos tratados en ese organismo es impedir que se conozca la posición de ilustres ecuatorianos, que plantearon y fundamentaron la nulidad del Protocolo de Río de Janeiro, y en subsidio su inejecutabilidad, y por tanto su revisión, y la necesidad de mantener esa posición a fin de lograr una solución justa y digna. Mantener esas opiniones en secreto no tiene más finalidad que esconder la verdad y con ello mantener extendido el manto del secreto que cubre la vergüenza.

Por eso publico los documentos que mi padre, siempre meticuloso en los temas que estudiaba me confió. Insisto que son sus notas, sus borradores, a base de los cuales he transcrito algunas consultas, que sin duda tienen importancia. 

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