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Sufragando en Elecciones de Universidad de Guayaquil


Puedo afirmar, sin lugar a dudas, que las dos actividades intelectuales que más gravitaron en la vida de mi padre fueron la Cátedra de Derecho y la política internacional.

Desde muy joven, recién graduado de doctor en jurisprudencia y abogado de los Tribunales de justicia, compartió sus inquietudes con esas dos pasiones de su vida. Fue un profesor querido y respetado.

Ocupó la cátedra hasta que la Junta Militar de los “Coroneles de la traición”, lo destituyó de su cátedra de Derecho Internacional Público. Esta injusticia le dolió.

Enseñó, por poco tiempo, economía política. Por muchos años dictó la cátedra de Derecho Internacional Privado y la de Derecho Internacional Público.

Ocupó el Rectorado de la Universidad hasta que las pasiones políticas de la extrema derecha, acusándolo de extremista de izquierda – nada mas alejado de la verdad, lo llevó a encargar el Rectorado al Vice-Rector, y convocar a la Asamblea Universitaria para que resuelva lo pertinente.

Rectorado de la Universidad de Guayaquil

La candidatura a Rector de la Universidad de Guayaquil nació en el consultorio del Dr. Enrique Uraga Peña, gran amigo de mi padre, en una reunión a la que el Dr. Guillermo Paulson invitó a mi hermano Paco. La participación de Paco fue definitiva, al extremo que puedo afirmar, sin equivocarme, que Paco lo hizo Rector. Los amigos de mi padre consideraron que era el único que podía aglutinar a suficientes profesores para triunfar frente al Dr. Armando Pareja Coronel, el otro candidato, y Paco lo convenció para que aceptase, a lo que mi padre se negaba dado que era muy amigo y compadre del Dr. Pareja. Lo había nombrado padrino de mí hermano José, en agradecimiento por haber salvado la vida de Paco. Comenzaron a aglutinarse las fuerzas alrededor de su nombre. Aceptó, pero advirtiendo que no movería un dedo contra su compadre.
Los primeros años del Rectorado de la Universidad de Guayaquil, fueron de paz, y le permitieron una fructífera labor institucional, hasta que en el país se inició una fanática reacción atacando a todos -auténtica caza de brujas-, a todos a los que consideraban izquierdista, ocasionando desagradables problemas a mi padre, al que esos fanáticos consideraban de extrema izquierda, fanatismo absurdo que lo llevó a renunciar al Rectorado.

Candidatura a Rector de la Universidad de Guayaquil


El problema creado por la rara simbiosis de una extrema derecha fatanizada que veía comunistas por todas partes, con un velasquismo-menendismo ensoberbecido, degeneró, con el agregado de una juventud derechista confundida, la rebeldía propia de la mocedad, a veces iconoclasta y hasta nihilista, en actitudes de violencia y de irracionalidad extrema, llegando a interrumpir la clase que dictaba mi padre, uno de los mejores y más respetados profesores de la facultad de jurisprudencia de la Universidad de Guayaquil, para pedirle la renuncia a su cátedra.

Una crónica de El Universo, del 8 de Diciembre de 1961, relata que “al iniciarse la clase de Derecho Internacional, ayer al medio día, en el Salón Azul de la Universidad, el estudiante señor Eduardo Ortega, se puso de pie y tomó la palabra, a nombre de un grupo de sus compañeros de aulas, para pedir al doctor Parra que renuncie la Cátedra por considerársele “principal responsable de los últimos incidentes registrados en la Vieja Casona y por permitir y auspiciar las actividades de elementos extremistas que quieren convertir el centro de enseñanza en una sede del Partido Comunista”.

Labor Institucional


La petición del señor Eduardo Ortega Gómez fue respaldada por el señor Juan Pablo Moncagatta, y repudiada por la gran mayoría de sus compañeros, muchos de los cuales protestaron airadamente.

Mi padre, dice la crónica, se limitó a preguntar a los señores Ortega y Moncagatta en nombre de cuántos estudiantes expresaban su criterio.

El 18 de abril de 1962 mi padre publicó una exposición en El Universo, relacionado con los problemas de la Universidad de Guayaquil. El mismo día se publicó otra exposición titulada “Habla el Rector, y el 13 de junio encargó al Vice Rector el Rectorado, hasta tanto se reunía la Asamblea Universitaria para que resolviera lo pertinente.

Exposición del Rector de la Universidad de Guayaquil

Había querido guardar silencio en torno a los varios problemas que se han suscitado últimamente en la Universidad, en espera de que se serenen los ánimos exaltados, pensando que así contribuía a la paz y a la armonía universitaria.

Mas como, sensiblemente, parece ser que no se apaciguan los espíritus ni decaen los esfuerzos que se vienen desplegando para promover un desorden irreparable en la Universidad, estimo que ha llegado el momento de dirigirme a los señores profesores, a 1os estudiantes y a la ciudadanía en general, para darles a conocer la posición asumida por el Rectorado, que ha sido objeto de apreciaciones equivocadas, por parte de algunas personas, y, para señalar, de manera general, los principios que me han guiado en el desempeño de las altas funciones en cuyo ejercicio me encuentro.

Dos son, principalmente, a mi juicio, los hechos que han provocado el grave malestar que hoy perturba a la Universidad: los sucesos de febrero del presente año, y la situación imperante en la Facultad de Ciencias Químicas y Naturales.

La soberanía del Ecuador ampara a todos sus hijos por igual


Como es bien sabido, en febrero último se produjeron, dentro del recinto universitario, hechos graves en los que intervinieron elementos extraños a la Universidad movidos por intereses políticos y estudiantes universitarios, a consecuencia de los cuales resultaron heridos varios empleados y estudiantes de la misma. El Consejo Universitario, acordó hacer pública su enérgica protesta y su rechazo ante tales hechos, y dispuso la realización de una severa investigación de los sucesos, a fin de establecer las responsabilidades correspondientes.

Las Juntas de Facultad y las organizaciones universitarias, en su casi totalidad, dictaron acuerdos respaldando al Consejo Universitario en su decisión y solicitando sancionar a los responsables.

Realizada la investigación acordada, y ampliada ésta de acuerdo con una resolución posterior, el Consejo, con el voto unánime de sus miembros presentes, aprobó el informe elaborado al respecto por el Rector y procedió a sancionar a los estudiantes que fueron encontrados responsables.

Hubo en el Consejo Universitario, unanimidad, repito, en cuanto a la decisión de san­cionar a los culpables, no así en cuanto al grado de las sanciones a imponerse.

Aun cuando, por la natura­leza misma del asunto, las deliberaciones del Consejo, fue­ron reservadas, creo que dadas las circunstancias actuales se me excusará si digo públicamente, que mi criterio – y apelo para confirmar mi aser­to a los miembros del Consejo presentes en la sesión -fue el de que no debía el Consejo proceder con excesiva severidad, ya en atención a que los estudiantes responsables, habían procedido, sin duda, influenciados por el ambiente de agitación política imperan­te en esos momentos, ya por­que ellos pertenecían a una agrupación política que acababa de sufrir un grave descalabro, ya porque una actitud de benevolencia favorecería el ad­venimiento de un clima de paz y armonía en la Universidad.

Tal fue mi posición, no obstante haber sido yo dura e injustamente atacado por los estudiantes llamados a juicio, que no vacilaron en irrogarme toda clase de daños morales y materiales.

Las sanciones impuestas, pro­dujeron descontento en ciertos grupos de estudiantes ideoló­gicamente vinculados con los sancionados, quienes, apoyados por los grupos políticos a los que pertenecían, grupos bien conocidos que se caracterizaron por su inclinación a la violen­cia y al abuso-, lanzaron la especie de que el Consejo U­niversitario había obrado mo­vido por consideraciones de índole política, inspirado en ideologías extremistas, y obe­deciendo consignas del Rec­tor.

Así se inició, con increíble mala fe, y tomó cuerpo, el mito de que las ideologías ex­tremistas dominan en la Universidad de Guayaquil.

Otro factor de perturbación lo constituía la situación de desarmonía imperante en la Facultad de Ciencias Químicas y Naturales, en la que se había producido la renuncia de varios prestigiosos y antiguos catedráticos que, al hacerlo, alegaban la existencia de incorrecciones en el manejo de la Facultad, profesores a quienes apoyaba un grupo numeroso de estudiantes, mientras que otro grupo tan numeroso como el primero, apoyaba al señor Decano contra los referidos profesores.

Vanos fueron todos los esfuerzos del Rectorado para solucionar amistosamente las graves disensiones entre profesores y estudiantes, por lo que el Consejo Universitario designó una Comisión que estudiara la situación de la Facultad, determinara si eran o no exactas las incorrecciones denunciadas y propusiera los medios más apropiados de solucionar el problema.

La Comisión nombrada tropezó con dificultades en el cumplimiento de su cometido y se excusaron sus integrantes, por lo que el Consejo hubo de designar otra, que emitió su informe, el cual, con las ampliaciones que verbalmente hicieron dos de sus miembros sirvió de base para las deliberaciones del Consejo, que, como es de dominio público decidió por unanimidad de los miembros concurrentes a la sesión clausurar la Facultad de Ciencias Químicas y Naturales para reorganizarla de inmediato, y crear la Facultad de Ingeniería Química.

Esa resolución de la Máxima Autoridad Universitaria que favorecía, de toda evidencia los intereses de los estudiantes, cuyo porvenir científico y profesional se precautelaba encontró, sin embargo, la oposición de un grupo de estudiantes que, violando todo principio de disciplina, procedió a posesionarse de la Casona, ocupando el Rectorado, la Secretaria General, la Facultad de Agronomía y Veterinaria, y varias otras importantes dependencias.

Para tratar de justificar su ilegítima actitud, los estudiantes huelguistas, de cuyo grupo formaban parte algunos de los simpatizantes con los san­cionados poco antes por el Consejo, arguyeron, ellos también, que la Universidad es­taba entregada al extremismo político, que la clausura obe­decía a una supuesta cons­piración para eliminar a los profesores norteamericanos de la Universidad de Houston, y denunciar los convenios respectivos, y exigieron la renuncia del Rector y de varios Deca­nos y funcionarios.

El Consejo Universitario, llenándose de razón y ejerci­tando la paciencia hasta su mayor extremo, se limitó a repudiar hecho tan escandaloso y ordenar a los estudiantes la Inmediata desocupación del local.

Pasaron varios días antes de que los estudiantes sublevados se decidieran a abandonar el local.

Todo hacía esperar, después de este lamentable episodio, que la Universidad iba a re­cuperar la tranquilidad y el orden, pero no fue así. La ca­lumniosa especie de que la Universidad estaba entregada a las facciones extremistas y de que el Rector pertenecía al comunismo, no tardó en dar sus frutos de engaño y de violencia .

Un nuevo grupo de estudiantes, considerados en la Universidad, como pertenecientes a la Juventud Universitaria Católica, repitió el acto de la toma de la Casona: se intro­dujo en ella, por la noche, se apoderó del Rectorado, de la Secretaria General, de la Fa­cultad de Agronomía y Veterinaria y de otras dependencias, y, en nombre del antí­comunismo, alegando la necesidad de luchar contra las ideologías de izquierda, y de defender las instituciones de­mocráticas y la civilización occidental, paralizó las activi­dades universitarias.

El Rectorado, desentendién­dose de la actitud de los su­blevados, estaba haciendo los preparativos para instalar sus oficinas y las de la Secretaria General, en el Decanato de la Facultad de Filosofía, Letras, y Ciencias de la Educación, a­mablemente cedido por su distinguido Decano, cuando se produjo el desalojo de los aludidos estudiantes por otro grupo de estudiantes adversos a la posición asumida por los ocupantes de la Casona.

Los estudiantes desalojados claman ahora, que han sido víctimas del extremismo iz­quierdista reinante en la U­niversidad, y que ellos tenían derecho a seguir posesionados de la Casona y a continuar paralizando la vida universita­ria.

La verdad de todo esto es que, con razonamientos ficti­cios, se quiere cohonestar lo que en el fondo es un innegable brote de indisciplina con­tra resoluciones dictadas por el Consejo Universitario, con miras al interés general estu­diantil, alegándose falsamente que el Rector de la Universi­dad es comunista y está fa­voreciendo el predominio de grupos de filiación de extre­ma izquierda, en el recinto universitario.

Aunque debatiendo en un plano de buena fe no haría falta declaración alguna, una vez más digo que no soy co­munista ni lo he sido nun­ca.

Esa declaración no la hago ahora. La hice, repetidamente, durante la campaña política de 1960, en todas las ciuda­des y pueblos del país. No creo que a Hispanoamérica le convenga una fórmula social comunista, ni tampoco una so­lución capitalista: Hispano­américa deberá desarrollar su propia concepción social, que afiance el progreso de su pueblo sin mengua del manteni­miento de las libertades esen­ciales. Dije esto, pero también dije, y repito ahora, que esti­mo que el ecuatoriano tiene derecho de ser comunista si tal es su parecer, sin que por ello se le prive de la pleni­tud de sus derechos constitu­cionales, tiene derecho a ser comunista, al igual que tiene derecho de ser conservador, liberal o socialista, porque la soberanía del Ecuador prote­ge y ampara a todos sus hijos por igual.

Ninguna persona medianamente instruida podrá tachar de comunista mi fe en un leal y bien entendido nacionalismo ecuatoriano e hispanoamericano, que me ha llevado a sostener los principios de no intervención y de auto determinación a oponerme no a los EE.UU. como pueblo, sino a cierta política internacional de ese país que ha lesionado territorial y culturalmente a Latinoamérica y tiende fatalmente a absorberla económica y espiritualmente.

Cuando acepté ser postulado a la Presidencia de la República, si bien es cierto que me prestó su apoyo el Partido Comunista del Ecuador integrante de la coalición anticonservadora que se había formado no lo es menos que igualmente me apoyaron otros partidos nacionales y grupos representativos de casi toda las doctrinas políticas del país, todos los cuales elaboraron conmigo, un programa común de acción gubernativa, de que sólo tomaba en cuenta con criterio realista, los altos intereses nacionales.

Y tan inexacta como la imputación que acabo de rechazar es la otra de que yo he auspiciado el encumbramiento de teorías y grupos extremistas en la vida y actividades universitarias y que la acción de la Rectoría está orientada en tal sentido. También en este segundo caso apelaré a los hechos.

En primer lugar un argumento de sentido común: Si durante los cuatro años del periódo anterior de mi Rectoría, se me hubiese considerado comunista es de suponer que en junio de este año no se me hubiese reelegido en la forma tan inmerecidamente enaltecedora para mi, como se hizo, con una votación que prácticamente representó el sentir unánime de la Asamblea Universitaria, que la integraron profesores y delegados estudiantiles que pertenecen a todas las tendencia políticas del Ecuador. ¿O es que se pretende que únicamente a partir de junio a esta parte es que me he revelado como un ardiente prosélito de una doctrina que nunca profesé?

Reiteradamente he mantenido mi criterio de oposición a toda hegemonía ideológica en nuestra Universidad.

Como Rector he sostenido, y sostengo que en la Universidad debe imperar el libre examen de las ideas, la libre expresión del pensamiento, la libre crítica de principios y conceptos, porque la Universidad es razón, libertad y tolerancia; que en la Universidad no tienen cabida el dogmatismo intemperante, ni el pensamiento apologético que no admite crítica y pretende ser dueño de la verdad absoluta; que en nuestra época de violencias y fanatismos, la salvación está en el libre juego de la razón que ella es el único dique válido contra la arbitrariedad y la soberbia; y que a la Universidad le corresponde el primer puesto en la lucha por lograr que se mantenga en el mundo del pensamiento la total libertad del espíritu.

Invito también a que se verifique la nómina de los profesores actuales y de los que han obtenido cátedras durante mi Rectorado; y allí se verá que únicamente se ha perseguido el mérito y la propiedad personal, con absoluta prescindencia de condición política o religiosa.

Reclamo asimismo para refutar a mis detractores, que se revise la lista de pub1icaciones editadas en la Imprenta de la Universidad, durante igual periodo y que se me se­ñale cuáles de ellas están proclamando mi favoritismo por determinada tendencia.

Y lo mismo puedo decir de otras decisiones oficiales para regular la actividad universi­taria, como envío de delega­ciones de profesores a Congresos y certámenes científicos, giras culturales de grupos estudiantiles, etc.; actos en los que siempre primó un severo criterio de imparcialidad y justicia.

En cuanto a la obra reali­zada durante mi Rectoría, no me compete juzgarla ni menos aprobarla; ella deberá ser a su debido tiempo apreciada y evaluada por catedráticos y alumnos y por la opinión pública desapasionada y neu­tral.

En resumen, nada hay que justifique esta enconada cam­paña de grupos minoritarios empeñados en conseguir mi renuncia.

Y por lo mismo, por carecer de verdad las razones que se invocan para ello, estimo de mi deber no renunciar.

No debo hacerlo en acata­miento al sentir de la mayoría de profesores y estudiantes cuyo respaldo me honra.

No debo hacerlo, porque en las actuales circunstancias asumiría la grave responsabilidad de doblegarme a la indisciplina, al irrespeto y a la pasión irreflexiva.

No debo hacerlo, en fin, porque seria permitir que en la Universidad se entronicen la reacción, la intolerancia y el fanatismo.

Antonio Parra Velasco,

Rector de la Universidad

Candidatura a la Presidencia
Acerca de su período como rector

Ante la gravedad de los hechos acaecidos recientemente en la Universidad de Guayaquil. perpetrados por quienes están empeñados en obtener mi separación del Rectorado, y ante la violenta campaña de insultos y de calumnias que están realizando contra mi persona. estimo que debo dirigirme a mis conciudadanos, tanto para rechazar una vez más, las injustas acusaciones de que he sido objeto, como para alertarlos respecto del significado y alcance de dichos sucesos que evidencian el propósito de vulnerar los fueros de la Universidad, de poner trabas a la libertad espiritual que ha venido imperando en ella y de limitar su autonomía en aspectos esenciales.

Se me acusa de comunista y traidor y de hacer en la Universidad obra de sectarismo extremista, de aferrarme al Rectorado, y hasta de promover la rebelión armada de estudiantes. Todas calumnias viles.

Comunista

Repetiré, por centésima vez que no soy comunista. Si lo fuera, no habría de negarlo, porque el ecuatoriano tiene el derecho de profesar cualquier ideología política, porque vivimos en un país soberano en que imperan normas de libertad individual al amparo de 1a Constitución y las Leyes. Pero, no siendo comunista, no tengo porque admitir un hecho falso.

La declaración de no ser comunista no la hago recién hoy por temor o por cálculo. La hice públicamente y reiteradamente, a lo largo y a lo ancho del país, en la campaña política de 1960, en momentos en que hubiera podido convenirme guardar silencio al respecto, dada las circunstancias de que el partido comunista formaba parte de la coalición que apoyó mi candidatura junto con elementos independientes de alta prestancia nacional. Esto lo saben bien mis gratuitos detractores, así como saben que siempre he propugnado métodos constitucionales para la im­plantación de las reformas sociales que el país urgentemente necesita. Pero co­mo en la actualidad azota la República una ola de intolerancia, impulsada por fuerzas políticas internas y externas, la mejor manera de inferir daño a una persona es tildarla de comunista, y por eso se me acusa de tal. “Comunista” resulta ser hoy todo hombre de pensa­miento libre que no tiene miedo a las ideas, que no adolece de fanatismo, y, que no teme los cambios sociales, así como en tiempos no lejanos era consi­derado “hereje” y “disociador peligro­so” al libre pensador que no acataba sumisamente el predominio clerical ni aceptaba la interpretación caprichosa e interesada de los dogmas. En cambio, se autocalifican de “democráticos”, in­dividuos imbuidos de intolerancia y en­tregados a la violencia, todo lo cual revela la confusión de ideas y de concep­tos que estamos padeciendo en la honda crisis moral y política que afecta a la República.

Hoy se me dice comunista; pero po­cos años atrás se me tildaba de “fascis­ta” y “falangista”, cuando en la Asam­blea Nacional de 1.944 – 45, yo pro­testaba como Diputado por el Guayas, contra la limitación de los derechos políticos y civiles de que se hacía obje­to a los ciudadanos ecuatorianos colocados en las “listas negras” de una poten­cia extranjera. Reclamé para esos com­patriotas, en nombre de la soberanía nacional, el amparo de la Constitución y las Leyes, y me referí concretamente al caso del probo jurisconsulto doctor Secundino Ortega, quien, no obstante sus múltiples merecimientos, había sido puesto en la lista negra del Gobierno de los Estados Unidos, privándosele consecuentemente en ciertos aspectos esenciales, de sus derechos políticos y civiles. y dándose el caso de que se apartaran de él hasta deudos suyos muy cercanos. Fue derogado el Decreto que impugnaba y el señor doctor Secundino Ortega, al igual que los demás ecuatorianos en lista negra, recuperó la plenitud de sus derechos constitucionales. Pero como por entonces los Estados Unidos eran íntimos aliados de Stalin y de los Soviéticos, los siervos de siempre vieron con malos ojos mi actitud de defensa del fuero ecuatoriano y me lanzaron los epítetos de “fascista” y “falangista”. Y hoy, al cabo de unos cuantos años, un nieto del doctor Secundino Ortega –el estudiante Eduardo Ortega Gómez- me tilda de “comunista” y de “traidor” por reclamar para el ciudadano ecuatoriano, cualquiera que sea su ideología política, el amparo de las garantías constitucionales y de las leyes. También defendí, en esa ocasión, a los extranjeros originarios de Alemania e Italia, que habían formado sus hogares en el Ecuador, y se dedicaban a trabajar honorablemente, pidiendo para ellos el amparo de las leyes del país. Hoy, descendientes de esos extranjeros, también se suman a mis acusadores gratuitos.

La verdad es que ni antes era yo fascista, ni soy comunista ahora. Mi ideología es un nacionalismo, de sentido hispanoamericano, patrocinador de reformas sociales equilibradas y justas. Profeso la doctrina de que el Ecuador y los demás pueblos de Hispanoamérica deben afirmar su plena soberanía, defender celosamente la integridad de su territorio, de su economía y de su cultura y mantener los principios de no intervención y autodeterminación que los amparen. Realizar su propia política en el ámbito internacional y no entregarse a la influencia exclusiva de ninguna Potencia extranjera. En eso consiste el fascismo que me imputaban ayer y el comunismo de que se me acusa hoy, en un nacionalismo liberador y unificador defensor de los intereses de nuestros pueblos, dinámico, progresista y digno.

Traidor

No sólo se me dice comunista sino también “traidor”, como se afirma en ese documento que aparece suscrito por estudiantes entre los que figuran participantes del asalto a la Universidad y el autor, confeso y sancionado de fraude, en exámenes. Risible acusación.

Traidor, ¿quizás por haber participado, de modo principal, en la lucha por impedir que el Ecuador perdiera definitivamente la soberanía efectiva en Galápagos, en 1.944, cuando los Estados Unidos ejercían presión para conservar una base militar en las islas y obtener el control efectivo de todo el Archipiélago y sus aguas adyacentes?

Traidor, ¿acaso por haber realizado ­desde la Cancillería, en colaboración con ilustres ecuatorianos, el primer gran esfuerzo de reagrupamiento de los pueblos Grancolombianos e Hispanoamericanos, negociando y suscribiendo con ellos la Carta de Quito, convenio para establecer el mercado común Latinoamericano, base de la liberación económica y política de nuestros pueblos, tratado que fue calificado por un Presidente de Colombia de “audaz instrumento de progreso colectivo que reali­za la unión con que soñara el Libertador, a cuya sombra nacimos a la vida independiente?” –

Traidor, ¿seguramente por haber luchado exitosamente, en la Conferencia de Montevideo de 1933, por la consagración definitiva de los principios de inviolabilidad del territorio y de no reconocimiento de las adquisiciones territoriales realizadas por la fuerza?

Traidor, ¿sin duda por haber defendido los derechos territoriales del Ecuador en importantes polémicas como la sostenida en Caracas con el Embajador peruano Garland, y en Bogotá, con el notable jurista del Perú doctor Víctor Andrés Belaunde? ¿O tal vez por haber denunciado en la VIII Conferencia de los Estados Americanos, la invalidez de los tratados injustos?

Que se me perdone la inmodestia en aras de la necesidad de defender mi dignidad que se intenta ultrajar.

Sectarismo político

Concordante con la acusación de ser comunista y traidor, se me dice que estorbo la libre expresión de las ideas en la Universidad y que realizo en ella obra de sectarismo político.

Fácil es refutar esa aseveración con hechos concretos: no solamente he proclamado y defendido reiteradamente, en actos públicos solemnes, el principio de que en la Universidad debe de reinar la mayor libertad para la expresión del pensamiento y el examen de las ideas, sino que ese principio ha sido siempre aplicado.

La tribuna universitaria ha sido brindada a conferencistas y pensadores de todas las tendencias, sin distingo ni limitaciones, sin exclusión del pensamiento de la derecha.

Recuérdense por ejemplo las conferencias sustentadas por varios Sacerdotes Jesuitas, entre ellos el doctor Luis Martínez Guerra. Téngase presente la Conferencia del Historiador alemán doctor Ernest Samhaber sobre la situación de Berlín, en que defendió los puntos de vista de la Alemania Occidental y de sus Aliados del Oeste.

Recuérdense los cursos dictados por e1 profesor norteamericano Roland Ely, de la Universidad de Rutgers y por numerosos otros profesores enviados por la Comisión Fullbright, así como la amplía acogida dada a los catedráticos de la Universidad de Houston, que participan en el plan de colaboración establecido entre esa Institución y la Universidad de Guayaquil.

¿Han sido alguna vez molestados en sus actividades los estudiantes de JUC (Juventud Universitaria Católica) ¿No han llegado hasta a hacer celebrar misa en los terrenos de la Ciudad Universitaria, con la respectiva autorización?

¿Es esto sectarismo comunista? ¿De­muestran o no estos hechos que existe en la Universidad de Guayaquil un ambiente de libertad intelectual, de tole­rancia para todas las ideas y doctrinas?

Profesores extremistas

Se dice que miembros del personal docente de la Universidad, de ideología extremista, nombrados por el Rector, están coaligados con él para realizar labor política sectaria y que es menester echar de sus cátedras a estos profesores.

Rechazo también esta acusación.

Reiteradas veces he sostenido la necesidad de mantener a la Universidad libre de todo contagio de las pasiones políticas, y hacer que impere en ella un ambiente de libertad espiritual y de tolerancia.

Reiteradas veces he reafirmado que política, como lucha entre partidos o grupos antagónicos, como oposición combativa de ideologías opuestas, debe ser excluida de la Universidad. Es ese el criterio que se ha venido aplicando en la Universidad de Guaya­quil.

En cuanto a los profesores, debe te­nerse presente que la mayoría de los que actualmente desempeñan cátedras, son los mismos que ya las ejercían cuando asumí por primera vez el Rectorado. Al vencer los respectivos períodos legales, esos profesores han sido reelegidos por el Consejo Universitario en cumplimiento del principio de estabilidad del profesorado.

Y en lo que respecta a los nuevos pro­fesores, es decir a aquellos nombrados por primera vez durante mi Rectorado, con carácter de Profesores Interinos, fácil es demostrar que ellos han sido designados con prescindencia absoluta de todo criterio ideológico – político, pues si entre ellos figuran unos pocos cuya ideología podría ser considerada como de extrema izquierda, (también los hay entre los profesores “antiguos”, de nombramientos anteriores a mi Rec­torado), la gran mayoría de entre ellos se encuentran ubicados políticamente en el centro o en la derecha, resultando absurdo tildarlos de extremistas o co­munistas.

¿Comunista, por ejemplo, el doctor Santiago Castillo Barredo, a quien de­signé profesor de la Facultad de Jurisprudencia en 1.959? ¿Comunista, el doctor Juan Illingworth Baquerizo? ¿Hombres de extrema izquierda los doc­tores Luís Arzube, Julio C. Escudero, Abel Valverde Sotomayor, Alfonso Trujillo Bustamante, Ramón Vela Cobo, Ovidio Correa Bustamante, Rosendo Marídueña German, Alejandro Drouet Calderón? ¿Comunista, acaso, el señor doctor Juan Montalván Cornejo a quien designé profesor en 1.961, a poco tiempo de su retorno al país? ¿Extremistas, los doctores Amadeo Moreira Solórzano, Antonio J. Adum, Gaetano Leone DiVanna, Jorge Giler Vásquez, Carlos Zunino Guzmán, José Molestina Roca, Alberto Baida Kronfle, Marcos Martínez Macias, Vicente Moncayo Delgado, Fortunato Zerega Péndola, Armando Béjar Velarde, Vicente Oquendo Basantes, Rafael Silva Orquera, Luis Felipe Torres, Alfonso Aguilar Ruliova, Carlos Ordóñez Goetta, Jorge Villacrés Moscoso, Miguel Roca Osorio, Ignacio Zamora Matovelle, Francisco Ortega Salazar, Angel Celio Castro, y el lng. Miguel Aspíazu Carbo?

Falsa, por tanto, la especie de que me he rodeado de profesores extremista para hacer política en la Universidad.

¿Qué se pretende entonces, con esta campaña dirigida contra ciertos profesores, a quienes no se los nombra concretamente en las publicaciones acusatorias? Crear, sin duda, un ambiente le desconfianza y de recelo, propicio para provocar la eliminación de los catedráticos no gratos para quienes adelantan esa campaña.

Se pretende, en otros términos, que se persiga a profesores universitarios por las ideas que profesan, que se de prive de sus cargos, que se destruya el principio de la libertad de cátedra en la Universidad de Guayaquil.

A ello me he opuesto, porque en la Universidad debe de haber libertad de opinión y libertad de conciencia.

A nadie debe de perseguirse por 1as ideas que sustente.

Obrar de distinta manera sería sentar un precedente funesto: hoy serían eliminados de sus cátedras los profesores de izquierda, mañana los de derecha, pasado mañana los liberales o los cefepistas o los socialistas.

La estabilidad del profesorado es base esencial para el progreso de las universidades. Ese principio, reconocido en varias conferencias internacionales, ha sido reafirmado nuevamente en la reciente reunión de Santiago de Chile, realizada bajo el patrocinio de la Unesco y de altos organismos internacionales.

A ese principio debemos necesariamente atenernos.

Origen y razón de ser de las calumnias en mi contra

Demostrada la falsedad de las imputaciones de que he sido objeto, cabe preguntar cuál es el origen y la razón de ser de esas calumnias.

La respuesta es sencilla: Se pretende con ellas justificar los actos de indisciplina y de violencia en que ha incurrido cierto grupo de estudiantes de la Universidad, asegurar la impunidad de los responsables de esos hechos, camuflar los actos de intervención política en la Universidad de Guayaquil, realizados en violación de su autonomía.

Tres han sido los asaltos a la Casona perpetrados por ese grupo de estudiantes.

El primero tuvo lugar en febrero del año pasado. Elementos armados, extraños a la Universidad, movidos por intereses políticos, ocuparon violentamente la Casona, hiriendo a estudiantes y empleados, con la participación directa de estudiantes universitarios, empleados de la municipalidad, que encabezaba el Alcalde Pedro Menéndez Gilbert.

Este hecho escandaloso, que constituía un acto de intervención política en la Universidad, que provocó indignación general en la ciudad y en el país, fue repudiado por el Consejo Universitario, por las Facultades y las Asociaciones de Estudiantes, y por la prensa unánimemente.

El Consejo Universitario ordenó la iniciación del procedimiento reglamentario para sancionar a los responsables, y entonces empezó una lucha tenaz de los sindicados y sus aliados encubiertos, algunos incrustados en el propio Consejo, para impedir el progreso del procedimiento y la sanción.

Se provocaron numerosos incidentes en cuyo detalle no cabe entrar aquí.

El Alcalde Menéndez, comprendiendo que iba a quedar desenmascarado en su procedimiento de intervención violenta en la Universidad, y que los estudiantes a su servicio iban a ser sancionados irremisiblemente, resolvió amedrentar al Rector de la Universidad, atacándolo directamente, e inició una violenta campaña de insultos y de calumnias en mi contra, lanzando por calles y plazas y mediante discursos transmitidos en cadena radial la especie de que yo era comunista.

Y así nació y se propagó el mito del comunismo del Rector de la Universidad de Guayaquil.

La calumnia fue repetida y propagada, y se generalizó.

Su objeto: librar de sanción a los asaltantes de la Universidad.

¿Cómo castigar, en efecto, a esos estudiantes, si ellos habían actuado para salvar a la Universidad del comunismo del Rector, para librar al país de las garras del comunismo internacional, y en defensa de la civilización occidental y cristiana?

Sin embargo, de esta campaña rastrera, en junio del año pasado la Asamblea Universitaria, ratificándome su confianza, me reeligió en forma casi unánime.

Los asaltantes fueron sancionados. Cayó el Alcalde bajo el peso de sus errores.

El segundo asalto a la Casona se produjo en noviembre del año pasado, a raíz de la clausura y reorganización de la Facultad de Ciencias Químicas, ordenada por el Consejo Universitario.

Los autores de ese nuevo atentado eran estudiantes de la Facultad de Química, del grupo adicto al Decano, que se beneficiaba del orden de cosas hasta entonces existente, de ese mismo grupo que había tenido empleos en el Municipio en la época del Alcalde Menéndez y que había asaltado a la Casona en febrero: Céllerí Macuy, -hijo del Decano-, Eduardo Fiallos, Lenín Verduga, Ramón Alvarez, Carlos Mariño, Jorge Segura, Vicente Almeida, Tito Avila y otros.

Alegaron entonces, para justificar su acción, la misma mentira que había propalado cínicamente el Alcalde Menéndez: que el Rector era comunista y que la clausura y reorganización de la Facultad de Ciencias Químicas era obra de los profesores y estudiantes comunista confabulados con él.

El tercer asalto a la Casona, perpetrado por ese mismo grupo, tuvo lugar en la noche del lunes 9 del presente mes, en circunstancias por todos conocidas. Participaron en ese acto escandaloso los mismos estudiantes del asalto de noviembre: Célleri Macuy, Eduardo Fiallos, Lenin Verduga, Ramón Alvarez, Carlos Mariño, Jorge Segura, Vicente Almeida, Tito Avila y otros; individuos reincidentes, envalentonados por la falta de sanción, que se jactan de su actitud indisciplinada y violenta, que hipócritamente cantan el Himno Nacional, para cubrir con la apariencia del patriotismo la bajeza de sus procedimientos y propósitos, y que, con toda audacia, anuncian que habrán de tomarse la Casona por cuarta y quinta vez sino se accede a sus caprichosas pretensiones, a la vez que piden la clausura de la Universidad e insinúan la intervención del Ejército en la vida universitaria.

A propósito de éste último asalto a la Casona se ha dicho que yo autoricé por escrito el que sean desalojados por la fuerza pública los asaltantes. Tal aseveración carece de fundamento y la niego enfáticamente: ni por escrito ni de palabra he dado la autorización aludida.

Gravedad del problema universitario

Los hechos antes referidos demuestran que la Universidad se enfrenta a una graves crisis de indisciplina, de intervención política y de fanatismos, que involucra cuestiones relativas a la esencia misma de la vida universitaria: la libertad de pensamiento y de cátedra, la autonomía universitaria, la validez y eficacia de los reglamentos que la gobiernan.

No es posible que subsista la Universidad, que se realice en ella la alta labor espiritual que le incumbe, si no se logra eliminar la violencia, la indisciplina y el desorden, si no se establece un sistema de garantías que permita el desarrollo normal de la labor administrativa y decente, si no se consigue restablecer un ambiente de respeto, de paz y de armonía.

Dada la gravedad del problema universitario, que se complica por la difícil situación por la que atraviesa políticamente la República, he pensado que mi deber es el de llevarlo a conocimiento y resolución de la Asamblea Universitaria, organismo al que, por expresa disposición de la Ley Orgánica de Educación corresponde conocer de los problemas graves que atañen a su funcionamiento.

Y como la actuación del Rector ha sido puesta en tela de juicio por los asaltantes de la Casona y sus apoyadores, he procedido a encargar el Rectorado al distinguido señor Vicerrector Dr. Alfonso Martínez Aragón, para que sea él, y no yo, quien convoque y presida la Asamblea Universitaria referida.

Reunida la Asamblea, pondré a disposición de ella el alto cargo para el que me reeligió hace diez meses, honrándome por segunda vez, para dar oportunidad a que sea juzgada mi conducta como Rector.

Lo que la Asamblea Universitaria sobre mí decida, acataré con beneplácito.

Demuestro así que también es calumniosa la imputación de que me aferro al rectorado.

No me aferro al cargo de Rector: lo que ocurre es que en guarda de los principios de disciplina y autonomía, que deben mantenerse en la Universidad, y por propio decoro, yo no puedo ceder al capricho de un grupo de estudiantes descalificados, ni doblegarme a la intervención política, al matonismo y la violencia, ni rendirme a las amenazas, a los insultos y a las calumnias, ni abandonar la Universidad a la ola de reacción y fanatismo que parece sacudir al país.

Pero el problema que confronta la Universidad no se reduce, desde luego, a saber si determinada persona debe se­guir o no siendo Rector.

El problema verdadero consiste en determinar si ha de frenarse la indisci­plina o si ha de permitirse que un gru­po de estudiantes eche de la Universidad a un Rector legítimamente elegido por la Asamblea Universitaria; si será suficiente que estudiantes audaces se tomen la Casona arbitraria y violentamente, para que la voluntad de ellos se im­ponga a todos; si la Universidad ha de estar regida por sus leves y reglamen­tos, o si quedará a merced de la actitud agresiva de los más osados; si la Universidad ha de seguir siendo el ho­gar de la libertad de pensamiento y de palabra, de la libertad de cátedra y del libre examen de todas las doctrinas, o si ha de ser menester aceptar determi­nados criterios para poder pertenecer a ella.

Se trata de saber, en suma, si la Universidad ha de tornarse en Universidad Medioeval, sometida a los cánones de la escolástica y de la teología o si man­tendrá su característica de centro de libertad espiritual y de crisol irradiador de ciencia y de cultura.

El problema universitario es de tanta mayor gravedad que ya no se trata solamente, según lo demuestran públicaciones recientes, de poner trabas al libre desenvolvimiento cultural de la Universidad de Guayaquil y de expulsar de su seno a profesores independientes, sino que se intenta socavar también el prestigio de las otras universidades laicas del país, con el propósito confesado de intervenir políticamente en ellas, a cuyo efecto se las quiere hacer aparecer a todas como centros de propaganda extremista, como instituciones dedicadas, no a propagar la cultura, sino a “preparar guerrilleros que esclavicen a la Patria y la entreguen al yugo extranjero”. Se insulta y se calumnia también a los eminentes Rectores de las Universidades hermanas, -a los doctores Pérez Guerrero y Cueva Tamariz, principalmente-, preparando así el ambiente para la intervención en la vida universitaria del país.

Corresponderá, pues, a la Asamblea Universitaria, en conformidad con el principio de autonomía de la Universidad resolver los graves problemas surgidos, cerrando la puerta a todo intento de intervención política en la Universidad, que ya algunos interesados anuncian.

Le corresponderá, así mismo, dictar medidas severas para impedir que siga enseñoreada en ella la indisciplina y la violencia, sancionando ejemplarmente a los contumaces y reincidentes perturbadores del orden universitario.

Le corresponderá respaldar a los profesores todos, garantizándoles la libertad de cátedra, y afirmando su derecho a la estabilidad de sus cargos y a no ser molestados por las ideologías que sustenten.

Le corresponderá dictar medidas positivas para precautelar el honor, la dignidad y la seguridad personal de quienes estén llamados a ejercer autoridad en nombre y en representación de la Universidad.

Le corresponderá en fin, mantener incólume el prestigio de la Universidad de Guayaquil, como alto centro de cultura, como bastión de la libertad de pensamiento, como reducto de la dignidad nacional.

Guayaquil, 18 de abril de 1962

Antonio Parra Velasco,

Rector de la Universidad de Guayaquil.

Impedir que el Ecuador pierda la soberanía de Galápagos
Es absurdo tildarlos de comunistas

La comunicación de junio 13 de 1962, dice:

Guayaquil, 13 de junio de 1962

Señor Doctor
Alfonso Martínez Aragón
Vicerrector de la Universidad, Encargado del Rectorado
Ciudad

Debiendo reunirse, el día de mañana, la Asamblea Universitaria, estimo del caso dirigirme a sus distinguidos miembros, por el elevado conducto de usted.

Como es de pública notoriedad, en la noche del día 9 de abril último, en momentos en que iba a iniciarse, en el Paraninfo de la Universidad, un acto público en honor de Montalvo, un grupo de estudiantes universitarios, acompañados por individuos ajenos a la Universidad, penetró en el recinto, dando gritos y disparando armas de fuego y conminó a los presentes, entre los que estábamos el señor Decano de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación, doctor Manuel de J. Real, varios profesores universitarios y yo, a desocupar el local, del que se posesionaron.

El señor Decano, los señores profesores y yo, sufrimos el bochorno de tener que salir del local para evitar hechos de mayor gravedad, pues no quedaba otra alternativa, a no ser la de resistir físicamente.

Esa misma noche la policía procedió a desalojar a los referidos individuos, reduciendo a prisión a los que no lograron escapar. Como ya he expresado en otras ocasiones, ninguna participación tuve con ese hecho.

Los detenidos resultaron ser dos elementos ajenos a la Universidad y varios estudiantes universitarios, entre ellos algunos bien conocidos, que ya participaron en un atentado similar producido en noviembre del año pasado.

Al día siguiente salió publicado en El Universo, un manifiesto firmado por un “Comité de Huelga”, dirigido a los estudiantes y también a las Fuerzas Armadas en el que les solicitaban “vigilancia del movimiento” emprendido por ellos.

Al segundo día de los sucesos, o sea el 11 de abril, apareció en El Universo una audaz comunicación dirigida a los señores Presidente de la República y Ministro de Gobierno, por siete estudiantes universitarios, de respaldo a los asaltantes, en la que se permitían tildar al Rector de comunista y traidor, y expresaban el propósito de expulsarlo de la Universidad.

Y ese mismo día, en atención a que me negué a presentar denuncia alguna contra los estudiantes detenidos, las autoridades dispusieron su libertad, ocasión que aprovecharon para expresar públicamente su decisión de apoderarse de nuevo de la Casona si no eran acatadas sus pretensiones de que fueran separados de sus cargos el Rector y varios profesores.

Tales hechos y la sistemática campaña de prensa dirigida a desprestigiar a la Universidad, hicieron evidente que el nuevo brote de indisciplina y violencia no constituía otra cosa que la reanudación de los desordenes iniciados en febrero del año pasado, con el primer asalto armado a la Universidad, originado en causas políticas, como lo reconoció oportunamente el Consejo Universitario, con el propósito de vulnerar los fueros de la Universidad, de poner trabas a la libertad espiritual que ha venido imperando en ella y de limitar su autonomía en aspectos esenciales.

Y ante la posibilidad de que se repitieran esos actos, atentatorios a la dignidad universitaria, realizados por ese mismo grupo de estudiantes y sus apoyadores, y de que se produjesen pugnas con otros estudiantes de adverso criterio, y la carencia de medios reglamentarios de suficiente eficacia para poner coto a esos males, llegué al convencimiento de que era el caso de reunir la Asamblea Universitaria para considerar y resolver la grave situación creada.

Pensé además, que hasta tanto, era conveniente mi alejamiento del Rectorado, para evitar todo pretexto de nuevas agitaciones, y por ello procedí ese mismo días a encargar el Rectorado al Señor Vicerrector, con el ruego de que convocara a la Asamblea Universitaria.

El señor Doctor Don Alfonso Martínez Aragón se sirvió aceptar el encargo y, en declaraciones a la prensa, dio a conocer mi petición y anunció la próxima reunión de la Asamblea, cuya convocatoria ha sido también decidida por el Consejo Universitario.

Con tales antecedentes, corresponde a la Asamblea Universitaria considerar la situación por la que atraviesa la Universidad y determinar las medidas conducentes a resolver los graves problemas que están afectando a su vida.

Mi criterio, que me considero obligado a exponer a la Asamblea, es de que la Universidad enfrenta a una grave crisis de indisciplina, de intervención política y de fanatismo, que involucra cuestiones relativas a la esencia misma de la vida universitaria: la libertad de pensamiento y de cátedra, la autonomía universitaria, la validez y eficacia de los reglamentos que la gobiernan.

No es posible que subsista la Universidad, que se realice en ella la alta labor espiritual que le incumbe si no se logra eliminar la violencia, la indisciplina y el desorden, si no se establece un sistema de garantías que permita el desarrollo normal de la labor administrativa y docente, si no se consigue restablecer un ambiente de paz y de armonía, basado en el respeto de los altos principios que la rigen.

El problema fundamental consiste en determinar si ha de frenarse la indisciplina o si ha de permitirse que un grupo de estudiantes eche de la Universidad a un Rector legítimamente elegido por la Asamblea Universitaria, y a distinguidos profesores por desacuerdos con las ideas que profesan; si será suficiente que estudiantes audaces se tomen la Casona arbitraria y violentamente y paralicen la marcha administrativa de la Universidad, para que la voluntad de ellos se imponga a todos; si la Universidad ha de estar regida por sus leyes y reglamentos, o si quedará a merced de la actitud agresiva de los más osados; si la Universidad ha de seguir siendo el hogar de la libertad de pensamiento y de palabra, de la libertad de cátedra y del libre examen de todas las doctrinas; si ha de ser menester aceptar determinados criterios para poder pertenecer a ella.

Corresponderá a la Asamblea Universitaria dictar las resoluciones que estime más conveniente para solucionar la grave situación existente.

Le corresponderá dictar medidas severas para contener la indisciplina y la violencia, sancionando ejemplarmente a los contumaces y reincidentes perturbadores del orden universitario.

Le corresponderá respaldar a los profesores todos, garantizándoles la libertad de cátedra, y afirmando su derecho a la estabilidad de sus cargos y a no ser molestados por las ideologías que sustenten.

Le corresponderá dictar medidas positivas para precautelar el honor, la dignidad y la seguridad personal de quienes estén llamados a ejercer autoridad en nombre y en representación de la Universidad.

Le corresponderá en fin, mantener incólume el prestigio de la Universidad de Guayaquil, como alto centro de cultura, como bastión de libertad de pensamiento y del espíritu nacional.

Dije, en la exposición que publiqué en El Universo del 18 de abril, que reunida la Asamblea, pondría a disposición de ella el alto cargo de Rector de la Universidad de Guayaquil, con el que se dignó honrarme por dos ocasiones, demostrando así que no me “aferro” al Rectorado, como lo pretenden mis gratuitos detractores.

Así me cumple hacerlo, por medio de esta comunicación, que permitirá a la Asamblea, sea prescindir de mis servicios, si así fuere su voluntad, aceptando la renuncia que ella implica, sea reiterarme su confianza, si así lo estimare conveniente.

En caso de optar por mi permanencia en el Rectorado será por que habrá dictado, a la vez, las providencias conducentes al afianzamiento de los altos principios que gobiernan la vida universitaria y al restablecimiento de la disciplina y del orden en la Universidad, sin lo cual me vería en el caso de declinar definitivamente el honor de seguir dirigiendo sus altos destinos.

Y si escoge aceptar mi renuncia, expreso, desde ya, a su distinguidos miembros, que esa resolución será recibida por mí sin pesadumbre alguna.

Estoy seguro, en efecto, de que cuando se hayan calmado las pasiones, habrá de reconocerse lo infundado y lo injusto de la campaña desatada en mi contra, y habrá quizás de apreciarse también la obra realizada durante mi rectorado, que no es fruto de merecimientos míos, ciertamente, sino del permanente esfuerzo y de la valiosa labor de los señores Decanos, Profesores y estudiantes.

Y sobre todo, estoy seguro de que, en todo tiempo, mis votos más fervientes serán por el creciente progreso de nuestra Universidad, cuya vida habrá de desenvolverse siempre libre: libre de dogmatismos y de consignas espirituales, libre de sectarismos y de intervenciones políticas, libre de interferencia extranjera, libre en el culto del espíritu nacional, libre en el examen y exposición de ideas y doctrinas, libre, en fin, en el esfuerzo permanente por servir a la comunidad y a la Patria, y por apresurar el advenimiento de un mundo mejor, más justo y más humano.

Atentamente,

Antonio Parra Velasco,

Rector de la Universidad de Guayaquil.

La pasión desbordó toda lógica. Universitarios agrupados en un denominado “Frente de liberación universitarios” publicaban sendos y costosos remitidos, para insistir en la inverósimil acusación de comunista, aduciendo que, “sea o no el doctor Parra, afiliado al Partido Comunista, sus actuaciones recientes lo presentan como incansable defensor y patrocinador de las maniobras disociadoras que esta fracción extremista realiza”; que traicionó a la Universidad, por supuestamente haber autorizado la intervención policial en los predios universitarios; y, por último, de sectarismo político.

Asombra, pasado los años, revisar documentos y papeles y encontrar a tanto sepúlcro blanqueado dándose golpes de pecho y que hacían sendas declaraciones por “el delito” de no constar sus nombre en una lista de profesores universitarios publicada, o por “el pecado” de constar en la lista de profesores ingresados en la época que mi padre ocupó el Rectorado, cuando ingresaron con anterioridad, de profesores “interinos”, y que luego, ya Rector mi padre, se limitó a expedir sus nombramientos de “profesores titulares” a petición del Decano. Así estaban los ánimos.

Hasta la FUE (Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador), filial de Guayaquil, presidida por Marcelo Santos, pedía que se reuniera la Asamblea Universitaria para que aceptara la renuncia de mi padre. Tal era la pasión, que esgrimía como causa de la no reunión de Asamblea, a la “terquedad de quien debiera ser ejemplo de desprendimiento de la dignidad”; afirmando que la comunicación de mi padre para que la Asamblea Universitaria resolviera el problema, constituía una verdadera burla a la majestad de la Asamblea Universitaria.

Mi padre no guardó rencor a aquellos de sus ex alumnos, que de manera tan dura e injusta lo trataron. No podía ser de otra manera. Siempre recordaba que la juventud es ímpetu, a veces violenta, y repetía la frase de Lacordaire: “La juventud es sagrada a causa de sus peligros: respetadla”.

No todo fue negativo. También hubo nobleza. La mayoría de sus estudiantes, que rechazaban la petición de abandonar su cátedra, le pidieron públicamente que continuara explicándoles tan importante asignatura. Esta es la petición, publicada en diciembre 10 de 1961.

EXPRESION DE GRATITUD Y RECONOCIMIENTO PARA EL SR. DR. ANTONIO PARRA VELASCO

Señor Doctor Antonio Parra Velasco, Profesor de Derecho Internacional del Tercer Año de la Facultad de Jurisprudencia y C.C. S.S.

En su despacho.

Los abajo firmantes, alumnos del Tercer Año de la Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Sociales, a Ud. respetuosamente exponemos:

Durante los ocho meses que llevamos de atender sus sabias exposiciones en el desempeño de la Cátedra de Derecho Internacional Público, hemos podido apre­ciar y aquilatar sus brillantes dotes de maestro conductor de juventudes. Ante las lamentables e inusitadas muestras de irreflexión, producto de un mal conducido pasionismo de parte de un reducido grupo de condicípulos nuestros, que en el paroxismo de sus errores ha llegado a solicitar a Ud. la renuncia como Profesor de Derecho Internacional Público, nos complace, a los suscritos, que constituimos la mayoría numérica del curso, presentarle nuestra sincera adhesión y respaldo como profesor universitario y exponerle que continúe dic­tando normalmente clases en el Alma Mater de nuestra Universidad.

Atentamente,

Gastón Alarcón Elizalde; Fredy Almeida; Gonzalo Alvarez V.; Marco Arguello B.; Marcelo Arosemena Benítes; Lorenzo Baquerizo; Edmundo R. Bodero; Marta Bucarám Ortiz; Roberto Caisahuano; Francisco Correa Bustamante; Bolívar Cali; Gustavo Cañarte A.; Irwing Dáger; Juan José de la Cuadra; Víctor Hugo Delgado; Rubén D. Espinoza; Francisco Estarellas M.; Jaime Garcés; David S. Gavilanes; Enrique Grunauer; Colón Herrera Tagle; Gregorio, Gómez T.; Jorge González Rubio; Fernando Jalón; Galo Jaramillo; A. Jazón; Alfredo Jiménez Buendía; Angel Jiménez Lascano; Jacinto López R.; Luis A. León L.; Alfonso Luz Yunes; Guillermo Mancero G.; Miguel Martínez Dávalos; Rafael Mendoza Avilés; Carlos Menoscal; Guido Moncayo Cevallos; Lucrecia Moreno; William Muñoz; Luis Murillo M; Augusto Núnez; Francisco Palomeque C.; Ricardo Pazmiño P.; Galo Pesantes; Norma Picón Egas; Alberto Pincay Paz; José Quevedo R.; Luís Rendón; Carlos Reyes; Jaime Roldós Aguilera; Jorge Romero; Azucena Rubio; A Sánchez; Vicente Sánchez; Marcos Salas; César Salgado; Enrique Serrano; José Solís Castro; Nelson Velasco Izquierdo; Alfonso Villacís; Wilfrido Villacrés; Norma Sáenz Ubilla; Jorge Salazar Infante; Alicia Sánchez B.; Alfredo Sánchez Barón; Monfilio Serrano; Eithel Armando Terán; Héctor Uscocovich Balda; Francia Valverde A.; Angel Vera Bellolio; Leonor Velasco Terán;

Por distintos motivos no pudo reunirse la Asamblea universitaria para conocer la renuncia hasta que, en julio de 1963, se produjo el golpe militar de los llamados “Coroneles de la traición” que derrocaron al Presidente Constitucional Dr. Carlos Julio Arosemena Monroy, y destituyeron a mi padre del Rectorado, al que hacía tiempo había renunciado, y, lo que de verdad dolió, lo separaran de su cátedra de Derecho Internacional Público que había mantenido por más de veinte y cinco años, junto a muchos otros profesores. Las cartas de mi padre con su gran amigo Luis Enrique Osorio, que transcribo más adelante, permiten comprender esta etapa final del rectorado, y el estado de ánimo de mi padre.

Mural en el Paraninfo de la Universidad de Guayaquil

Obra del Maestro Oswaldo Guayasamín

El 26 de Julio de 1961, día de la Confraternidad Hispanoamericana, se develó en el Paraninfo de la Universidad de Guayaquil, el Mural A LA GLORIA DE BOLIVAR, obra del recordado pintor Oswaldo Guayasamín.

Con esta oportunidad mi padre, Rector de la Universidad de Guayaquil, manifestó:

“La veneración, el afecto y la gratitud del Ecuador por Bolívar, no se manifestó solamente por esta invitación, que tanto honra a nuestra Patria, para que viniera a terminar su gloriosa existencia entre nosotros, hecha en los negros días de la ingratitud, el olvido y el repudio, cuando su misma Venezuela, “su patria natal”, lo condenaba al exilio perpetuo, y la Nueva Granada lo cubría de aprobio en nombre de la libertad, sino también de muchas otras maneras.

Una de ellas fue ese antiguo Decreto Legislativo que está vigente, por el que se manda que la efigie del Libertador exorne todas las oficinas, salas y despachos públicos, como Gobernaciones, Intendencias, Tribunales de Justicia, Universidades, Escuelas y Colegios.

La Universidad de Guayaquil venía cumpliendo esa sagrada obligación, pero ciertamente de una manera que no correspondía al fervor del culto bolivariano que en ella se mantiene, pues sólo una borrosa litografía del Libertador ornamentaba el Paraninfo.

Para corregir esa deficiencia, se ha sustituido aquella litografía de Bernal por el mural que aquí vemos, pintado recientemente, por nuestro gran artista Oswaldo Guayasamín, y que hemos querido inaugurarlo con ocasión de la celebración de la semana del estudiante, semana dedicada al culto de Bolívar.

No quiso, en efecto, Bolívar, que nuestros pueblos diluyeran su personalidad participando en alianzas peligrosas.

El quiso una América Hispánica libre, unida, confederada, que colaborase en pie de igualdad con todos los pueblos del Universo, en beneficio del progreso humano, basado en la paz y en la justicia.

Esa confederación hispanoamericana la quiso estructurar sobre bases jurídicas, respetando los altos principios de la moral internacional y de la justicia. Proclamó que nuestros Estados constituyen una “Nación de Repúblicas”, concepto fundamental enunciado en su carta a O´Higgins de 1822.

Ese pensamiento, ese propósito, inspira el Mural. Por eso en él aparece, en letras de oro, la frase esencial de la Convocatoria hecha por Bolívar a todos los Estados Hispanoamericanos para el Congreso de Panamá.

“Es tiempo ya que los intereses y las relaciones que unen entre sí a las Repúblicas americanas, antes colonias españolas, tengan una base fundamental que eternice la duración de estos gobiernos”.

La América “antes española”, dice la convocatoria.

El Libertador convocaba exclusivamente a los pueblos americanos hispánicos unidos entre sí por el vínculo de nacionalidad originado en la comunidad de raza, lengua, cultura, tradición y costumbres.

Ya en 1815 había escrito, en la célebre Carta de Jamaica, refiriéndose al mundo constituido por nuestros pueblos:

“Ya que tienen un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, deberían acostumbrarse por consiguiente a tener un solo gobierno que confederase los diferentes Estados que hayan de formarse”.

Tal es el pensamiento fundamental de Bolívar interpretado por Guayasamín: independencia, fraternidad, unidad.

Por eso bien está que inauguremos esta obra maestra en un día 26 de julio, dedicado a exaltar la Confraternidad Hispanoamericana.

Ese ideal de Bolívar, fundamento de la única política susceptible de salvar a nuestros pueblos de los peligros que los amenazan en esta hora difícil del mundo, vive por fortuna, en muchas mentes de hoy, y ha inspirado a muchos de nuestros estadistas y hombres de pensamiento en el pasado.

Esa vivencia en el tiempo la hace patente Guayasamín, presentando a la excelsa figura del Padre de la Patria rodeada de las efigies de algunos de nuestros más altos valores, pensadores, estadistas y héroes que lucharon por llevar a la realidad el pensamiento de Bolívar.

No están todos los que merecerían estar debido a la cabida limitada del mural. Sólo figuran algunos auténticos valores de nuestros pueblos, y es justo recordarlos siquiera en unas breves palabras, señalando, en ciertos casos, las razones especiales de su presencia.

Poco diré de los ecuatorianos que figuran en el Mural, por ser sus vidas bien conocidas por nosotros.

Aquí tenemos a Eugenio de Santa Cruz y Espejo, el sabio y el patriota, el precursor de la libertad y de la unidad hispanoamericana, que comprendió que el movimiento de liberación nacional sólo podía triunfar manteniendo estrecha cooperación entre todos los hombres de pensamiento libre de nuestros países.

A Vicente Rocafuerte, quien está en el Mural más que por esclarecido Mandatario del Ecuador, por su actuación como Embajador de México en Londres, cuando a la patria hispanoamericana se la concebía en unidad y un guayaquileño bien podía representar a México. Rocafuerte sirvió, entonces, eficazmente, no sólo a México, sino también a la Gran Colombia y a todos los pueblos Hispanoamericanos.

A Eloy Alfaro, luchador por las libertades públicas, y el iniciador de la reforma social en nuestra patria, el defensor de la independencia de Cuba, propugnador de la restauración de la Gran Colombia, amigo y colaborador de los grandes hispanoamericanos de su tiempo.

Y al gran español Francisco de Orellana, en cierto sentido también nuestro, como Fundador de Guayaquil y Descubridor del Amazonas. Representa Orellana, en el Mural, la raíz hispánica de Bolívar y de nuestros pueblos, con su aporte de energía y de heroísmo.

Venezuela, la “patria natural” de Bolívar, tiene en el Mural la representación más selecta y numerosa, lo que no es de extrañar, dada la parte principalísima que ese noble pueblo tomó en la lucha militar e ideológica por la independencia hispanoamericana.

Aquí está Miranda, que más que Precursor de la independencia y de la unificación fue en verdad el iniciador, con gloria pero sin fortuna, de ambos movimientos.

Cerca de él está Sucre, el vencedor en Pichincha, en Ayacucho y en Tarqui, el fundador de Bolivia, el honor, la dignidad y el patriotismo personificados.

Y entre los pensadores y juristas: Andrés Bello, Maestro de Maestros, internacionalista insigne, sociólogo y civilista, y el creador de la “Cláusula Bello” en los tratados de comercio, por medio de la cual se establecen preferencias comerciales exclusivas entre los estados hispanoamericanos para incrementar su producción y fortalecer su economía, por cuya aceptación aún luchamos los hispanoamericanos.

Rafael Seijas, el insigne jurista que escribió, en 1884, su “Derecho Internacional Hispanoamericano”, en seis tomos, obra magna en cuyo prefacio advierte la necesidad de un Código Especial Hispanoamericano que regule nuestra situación con las naciones extranjeras, y afirma que “la raza latinoamericana es una raza homogénica, que habla un solo idioma, que tiene las mismas creencias, y unas mismas necesidades y aspiraciones, llegando a formar una sola nación completamente identificada.

Y don Pedro Gual, Jurista eximio, colaborador esclarecido de Bolívar, firme defensor de la solidaridad hispanoamericana en el Congreso de Panamá, negociador y principal artífice del Tratado de Guayaquil, por el que quedaron reconocidos, sobre bases de justicia, los Derechos Territoriales de la Gran Colombia y por tanto de nuestra patria, y negociador también y suscriptor del tratado del Ecuador con España, por el que fue reconocida su independencia y su soberanía sobre los territorios que constituyeron el Reino y Presidencia de Quito y sobre el Archipiélago de Galápagos.

Colombia, la antigua Nueva Granada, que tantos hombres tiene de altos merecimientos y de pensamiento bolivariano, está representada en el Mural por un maestro, periodista, historiador y sociólogo: Luis Enrique Osorio. Apasionado de la ideología bolivariana, Osorio ideó las Repúblicas Infantiles Bolivarianas y fundó la Alianza Unionista de la Gran Colombia, con el propósito de utilizar el organismo docente como medio para preparar generaciones que realizarán a conciencia todas las ideas renovadas para impulsar el proceso de nuestros pueblos. Luchó infatigablemente por el desarrollo de la cultura nacional.

México, el gran baluarte de nuestra cultura, está representado por el Cura Hidalgo, que inició la guerra de la independencia con el grito de Dolores y murió excomulgado y fusilado; y por Zapata, que luchó por la liberación de su pueblo proclamando “Tierra y Libertad”. Y entre los pensadores, por el Maestro José Vasconcelos, quien nos enseñó a amar a Hispanoamérica, a honrar a Bolívar y a glorificar a la raza, el que siendo Ministro de Educación ideó el Escudo de la Universidad Autónoma de México, con el símbolo del Cóndor sudamericano unido al águila azteca y la altiva divisa: “Por mi raza hablará el espíritu”, y también por Carlos Pereyra, el ilustre historiador de Hispanoamérica en unidad, autor de valiosas obras de investigación, que nos enseñó a amar nuestra historia, que la escribió libre de adulteraciones y de engaños.

La República de Argentina está representada por su gran héroe nacional, General San Martín, vencedor en Chabacubo y Maipú, Libertador de Chile y Protector del Perú, cuya independencia proclamó. Amigo y admirador de Bolívar y su émulo en la gloriosa empresa de la liberación de la América Hispánica.

Al retornar a Lima, después de la histórica entrevista de Guayaquil, San Martín les dijo a los peruanos: “Tuve la satisfacción de abrazar al héroe del Sur de América. Fue uno de los días más felices de mi vida. El Libertador de Colombia auxilia al Perú con tres de sus bravos batallones. Tributemos todos un reconocimiento eterno al inmortal Bolívar.

También la representa otro gran argentino: Manuel Ugarte, quien en las primeras décadas de este siglo, conmovió a la juventud hispanoamericana hablándole del destino solidario de nuestros pueblos y de la necesidad ineluctable de luchar contra el imperialismo que nos amenazaba.

Sus inolvidables lecciones las recogió en libros luminosos como “La Patria Grande” y “El Destino de un Continente”. En tiempos idos, yo formé parte de esa juventud y recibí el influjo de las nobles enseñanzas del Maestro.

Por Uruguay están aquí el gran patriota y Libertador, General Artigas, y Rodó el glorificador de Bolívar, el que nos hizo amar la cultura, el idealismo y la civilización de nuestra raza hispanoamericana, e influyó en varias generaciones con su “Ariel” y su “Mirador de Próspero”, infundiéndonos esperanza y fe en nuestros destinos.

La representación de Chile en este honroso areópago le corresponde a don Antonio Varas, Canciller de Chile en 1856, quien dirigió las negociaciones que dieron por resultado la suscripción del Tratado Continental, por el que nuestros Estados se obligaban a defenderse mútuamente contra toda agresión de potencia extranjera, y sentaban las bases de una creciente colaboración económica, política y social, llamada a preparar la Confederación Hispanoamericana.

El Perú está representado por José Antonio Barrenechea, quien encarnó en 1867, a raíz de la guerra de la Cuádruple Alianza con España, el espíritu de fraternidad que por entonces existía entre nuestros pueblos, y los anhelos bolivarianos de Confederación y de unión económica. Refiriéndose a las negociaciones con el Ecuador escribió Barrenechea:

“Yo deseo que pase para el Perú la época en que se creía que el arte diplomático estaba destinado a sacar para sí, con engaño, las mejores ventajas, con perjuicio de la otra parte contratante.

“Prevenir ese mal, haciendo hoy un arreglo conforme a las leyes de la naturaleza física, a los derechos de los dos países y, sobre todo, a la conveniencia y la equidad, será una obra digna de la prudencia y de la energía de los dos gobiernos.”

Participó también Barrenechea en forma importantísima en la suscripción del Tratado sobre Principios de Derecho Internacional, suscrito entre Ecuador, Perú, Bolivia y Chile, en uno de cuyos artículos se pone fuera de la ley a la guerra, en los términos siguientes:

“Las Repúblicas contratantes, obedeciendo a sus antecedentes sociales, a las exigencias de la actualidad, y a los principios que se proponen implantar en la América, declaran que jamás recurrirán a las armas, y la guerra nunca será entre ellas el medio de hacerse justicia ni de obligarse al cumplimiento de lo pactado.”

Por haber asumido esa actitud, por eso Barrenechea aparece en el Mural.

La Patria Centroamericana está representada por varios varones notables: por Marazón, héroe y mártir de la libertad y de la unidad; por el Dr. José Gustavo Guerrero, el gran jurista cuyos dictámenes dieron nombradía a la ciencia jurídica hispanoamericana en el Tribunal Internacional de La Haya, y que libró las primeras batallas contra la intervención en la Conferencia de La Habana, oponiéndose a Maúrtua, Denegri y otros siervos de la causa del imperialismo; y por Sandino, el héroe de las Dos Segovias, el que luchó como espartano contra la marinería de desembarco norteamericana que ocupaba injustamente la tierra nicaragüense y murió vilmente asesinado por indignas gentes al servicio del extranjero.

La gloria del Caribe resplandece en el Mural con las efigies excelsas de Martí y Albizú Campos.

Martí, el héroe de Cuba, el apóstol, el profeta, el mártir, el poeta de la Rosa Blanca, el gran propulsor de la libertad.

Y Albizú Campos, el héroe sin fortuna, que se extingue en las cárceles norteamericanas por su entrega a la causa de la Independencia de Puerto Rico, parte integrante de la Patria Hispanoamericana.

Palabras de Guayasamin

La figura que demuestra esta América actual, es una figura en fondo negro abajo de los héroes, una figura esquelética, sangrienta, pero en actitud de levantarse; no está totalmente caída y es a esta figura, a la que en realidad se dirige Bolívar para decirle: levántate y anda.

La figura de Bolívar es la de un luchador en armas, de un revolucionario, y al mismo tiempo de un visionario, orador y escritor. Lleva uniforme, solamente en las piernas, el pantalón de montar y las botas, pero el torso está desnudo como una figura eterna, que es como si fuera una coraza. Es una estilización del cuerpo y de los músculos que recuerdan una coraza, es decir la idea de un hombre fuerte, y la idea de eternidad; por eso también el demomio, en la figura de Bolívar, del blanco, la cabeza, el cuerpo y el pantalón blanco dan la idea ya de una cosa escultórica permanente, eternizada en ese fondo azul un poco claro, que la hace a las figuras una cosa eterna.

Palabras de Guayasamin

Hay también en el extremo izquierdo del Mural lo que sería la fertilidad de las tierras de América, todos los climas. Aparece allí el Río Guayas y una estilización de los Andes con el Cotopaxi y el Chimborazo. Otro de los paneles representa a la América Joven, es una figura en verde, de una estilización bastante primitiva, queriendo demostar que América es esta tierra joven. En la parte alta, a la derecha en letras doradas, la frase esencial de la convocatoria al Congreso de Panamá en que se inspira todo el Mural: “Es tiempo ya que los intereses y las relaciones que unen entre sí a las Repúblicas americanas, antes colonias españolas, tengan una base fundamental que eternice la duración de estos gobiernos”

La parte central del Mural, la forman dos grandes paneles que les hemos denominado los Héroes y los Profetas: son retratos de grandes personajes, que en una u otra forma, como pensadores profundos los unos, como héroes y mártires los otros, han luchado por la unidad de la América Hispánica y por hacer realidad los ideales de Bolívar.

La Conferencia Episcopal resolvió prohibir la lectura de la Revista la Calle. Se pidió a mi padre que opinara al respect. Esta fue su opinión:

“Prohibir la lectura de un órgano de publicidad es una manera de impedir el libre examen de las ideas, lo que esta en contradicción con los principios mas hondamente arraigados en la conciencia nacional”, dice el Dr. Parra Velasco, Rector de la Universidad de Guayaquil.

Deseosos de conocer la opinión de los valores representativos de la cultura nacional respecto de la prohibición dictada por la Conferencia Episcopal contra la revista La Calle, visitamos al Rector de la Universidad Dr. Antonio Parra Velasco y le decimos:

-Estamos interesados, señor Doctor, en obtener la opinión de los más destacados intelectuales ecuatorianos sobre la reciente resolución dada por la Conferencia Episcopal reunida en Quito, por la cual, se prohibe a todos los fieles del Ecuador, “comprar, leer, repartir o conservar la revista “LA Calle”, amonestándolos con el incurrimiento en pecado grave. ¿Qué opina Ud. al respecto?

Me parece que a este caso bien podría aplicarse la famosa frase Talleyran : “Es más que un crimen, es un yerro”. Grave error en efecto, me parece éste en que ha incurrido la Conferencia Episcopal, con la prohibición a que Ud. alude.

En la época en que vivimos, no es razonable pretender prohibir a los fieles la lectura de un órgano de publicidad, con amonestaciones de pecado. Es una manera de impedir el libre examen de las ideas, lo que está en contradicción con principios hondamente arraigados en la conciencia nacional.

-¿Cree Ud. que los fieles dejarán de leer La Calle, de comprarla, repartirla o conservala?.

-No lo pienso. Esa clase de prohibiciones nunca surten el efecto deseado. Por lo general son contraproducentes: lo probable es que la medida tenga por efecto aumentar considerablemente el número de lectores de La Calle……

-¿Que opina Ud. del clero nacional?

Que debe ser defendido y amparado en sus justos derechos.

Durante la misma época se comentó la posibilidad de que un grupo de ciudadanos estadounidenses iniciaran una colonización en Galápagos mi padre, preocupado, publicó el siguiente artículo:

1.- Recordemos Tejas (diciembre 30 de 1959)

Una grave noticia nos llega de los Estados Unidos: en breve cien familias norteamericanas se establecerán en las Islas de Galápagos, para colonizarlas, dedicándose a la agricultura y a la pesca. Una compañía constituida en los Estados Unidos, -la Island Development Company- tiene a su cargo la empresa de colonización. Adquirirá 30.000 hectáreas, incluso una plantación de café y una planta refrigeradora. Cada familia ha invertido 2.500 dólares en unas “cédulas de asociación” a la compañía. Los primeros colonos emprenderán viaje al Archipiélago, la víspera de año nuevo, es decir hoy.

No es posible, en verdad, mirar con indiferencia la realización de semejante proyecto, por ser contrario a los intereses del Ecuador, pues la colonización de Galápagos por ciudadanos de los Estados Unidos equivaldría a corto o a largo plazo, a la pérdida del Archipiélago. Equivaldría a la adquisición, por medios indirectos, de esa valiosa porción del territorio patrio, por parte de los Estados Unidos, país que desde hace mucho tiempo, como es bien sabido, ha deseado poseerlas, ideando distintos medios para ello, como lo demuestra la historia, llámese establecimiento de estación carbonera, explotación de guano o “defensa continental”.

Ahora, el medio resultaría ser el aparentemente inofensivo y pacífico de la “colonización”, por familias norteamericanas, bien dotadas de medios económicos, que adquirirán las mejores tierras de las islas, desarrollarían actividades lucrativas, seguirían hablando su idioma nacional, y vincularía de hecho ese territorio a los Estados Unidos.

Al cabo de corto tiempo, se habría constituido, en el Archipiélago, una poderosa colonia extranjera, dependiente de su propio país, ligada al Ecuador sólo artificialmente por los débiles nexos derivados de una soberanía nominal.

Para ir a Galápagos los ecuatorianos tendríamos probablemente que irnos a embarcar a San Diego, o a Los Angeles, o a la llamada “Canal Zone”. Hacia allá irían directamente los productos de las granjas y de las pesquerías de los colonos, y, de allá les llegaría, directamente, los productos importados para las necesidades de su consumo.

Y podría repetirse el caso de Tejas: la formación de una colectividad extranjera, en suelo nacional, su crecimiento, la resistencia de esa colectividad a las leyes del país, la rebelión, la “independencia” y por último la anexión al país de origen de los colonos. . . La historia es de ayer.

El Departamento de Tejas era territorio perteneciente a México.

Un empresario -Austín- obtiene una concesión de tierras para establecer allí una colonia de 300 familias, originarias de los Estados Unidos, que se debían profesar el catolicismo y prestar juramento de obediencia a las leyes del país.

Poco después obtiene autorización para instalar 500 familias más. El gobierno de México les otorga ventajas especiales y la exención de impuestos, por cierto tiempo, especialmente de los aduaneros, para los artículos de mayor necesidad.

Ocuparon los colonos las tierras más fértiles, las mejor situadas, y como tenían medios económicos, progresaron rápidamente, y se fueron extendiendo por Tejas, y se fue constituyendo una vigorosa colectividad norteamericana.

En Cambio, los colonos mexicanos, que carecían de apoyo económico, por la pobreza de su país, vegetaban, tenían que contentarse con las tierras marginales menos fértiles, lejos de las vías de comunicación, cercanas a los desiertos, amagadas por el clima.

Y así se fué entregando, poco a poco, el territorio mexicano de Tejas, a los ciudadanos de los Estados Unidos, de manera tan absurda, que Clay pudo decir: “México no tiene interés en conservar el territorio de Tejas, puesto que lo está repartiendo gratuitamente a los norteamericanos”.

Los colonos yanquis gravitaban, por fuerza natural, hacia su patria de origen, los Estados Unidos, y mantenían un escaso y superficial contacto con el resto del territorio mexicano, del que los separaban grandes distancias y extensos desiertos.

Y sucedió lo que era de preverse: a los pocos años, los colonos se rebelaron contra las autoridades de México, con las armas en la mano, y con la ayuda de sus compatriotas norteamericanos,- ayuda encubierta en un principio, y desembozada luego,- proclamaron la independencia de Tejas, para luego solicitar la anexión a los Estados Unidos.

La anexión trajo la guerra, y como las guerras las pierden los débiles, por más que les asista el derecho, México la perdió: fue invadido, y tuvo que perder no sólo Tejas, sino California y Nuevo México, la mitad de su territorio. La historia es de ayer, repito, y allí están, al otro lado de la frontera, para recordar la injusta desmembración los nombres mexicanos de ciudades y pueblos: San Francisco, San Diego, Los Angeles, Nuevo México, Albuquerque, Santa Fé, Amarillo, San Antonio, y cien nombres más…

Que el caso de Tejas no se repita en Galápagos, es lo que debemos procurar los ecuatorianos, impidiendo, con tiempo, con previsión patriótica, que no se lleve a la práctica el peligroso y absurdo proyecto que se anuncia: la colonización norteamericana del Archipiélago.

La colonización de Galápagos debe hacerse exclusivamente por ecuatorianos. Y si esto no fuere posible, por alguna causa, en todo caso es indispensable impedir que la colonización sea realizada con ciudadanos oriundos de un solo país cualquiera que él sea.

Si ha de colonizarse Galápagos por extranjeros, que lo sea por ciudadanos de distintos países, entremezclando las colonias, las lenguas y las culturas, y amalgamando el todo con elemento humano nacional.

Obrar de otra manera sería una grave equivocación. Sería perder el Archipiélago por ligereza y sin provecho.

Guayaquil, 30 de Diciembre de 1959.

Rector de la Universidad de Guayaquil.

Todos los problemas en la Universidad se agravaron, como lo tengo dicho, con el golpe militar que destituyó al ilustre Presidente Carlos Julio Arosemena Monroy, y la instalación de una junta militar de gobierno corrupta e incapaz, integrada por “los Coroneles de la Traición”, como, con todo acierto, los calificó el Doctor Arosemena Monroy, Junta Militar que se dedicó a la caza de brujas y a perseguir a toda persona acusada de izquierdista.

Uno de los mejores amigos de mi padre fue Luis Enrique Osorio, periodista, escritor y pensador Colombiano, a quien conoció cuando ambos eran muy jóvenes, en agosto de 1934, con ocasión de una importante conferencia que mi padre pronuncio en El Tiempo de Bogotá, cuando acompañó al Dr. José María Velasco Ibarra, Presidente Electo del Ecuador, en la visita que hizo a Colombia, formando parte de la Delegación que lo acompañó y ya como futuro Ministro de Educación.

De la larga correspondencia mantenida con Luis Enrique Osorio, he escogido unas pocas cartas que hacen relación con el difícil problema universitario que vivió mi padre.

Guayaquil, Octubre 26 de 1961

Mi querido Luis Enrique

Gracias por tus cartas últimas y por los bellos artículos publicados en Colombia. Ya te escribiré más en detalle sobre ellos, en otra oportunidad.

Mi salud ha estado últimamente algo quebrantada. Ya estoy por creer que debemos poner las barbas en remojo, porque el gran afeitador se encuentra afilando la navaja… Nos va tocando el turno, no hay más que conformarse!

La situación en mi tierra, como tu habrás visto por las noticias de las agencias internacionales, se complica cada día: desorden político, agitación social, hambre por todos lados! No sé en que irá a desembocar tanto descontento, y tanto errores gobernativos. La popularidad del actual mandatario disminuye cada día, y cada día se demuestra más arrogante y combativo. No sé donde vamos a ir a parar. A lo mejor me tienes por allá cuando menos se piense, con mi gente, a pedirte posada en Rumihuaca y trabajo en algún sitio……. Aún que creo que las cosas en Colombia también van mal, como van mal en Perú y Bolivia. En todas parte, el mañana está incierto y preñado de amenazas.

Mi Universidad sigue trastornada, como reflejo del malestar general y del caos político imperante: estudiantes y profesores divididos, clases prácticamente suspendidas, absoluta inestabilidad.

En lo personal, también cien problemas: mis tierras “congeladas” en la práctica por la enemistad política y personal del “gran amigo” del Dr. Velasco que maneja a su antojo el Municipio, y la pesada deuda consecuencia de avalúos leoninos: mi situación en la Universidad en peligro, por la agitación imperante: mi posición política difícil, por querer mantenerme alejado de los extremismos, y por tanto, con malquerientes tanto entre mis antiguos amigos como entre mis antiguos enemigos políticos! Y por encima de todo, bastante enfermo……

En verdad me resulta absurdo escribirte para hacerte partícipe de mi pesimismo! Pero ya era tiempo de agradecerte por la gentileza de tus artículos y el momento me ha resultado espiritualmente de preocupación e inquietud.

Pronto te escribiré de nuevo. Recibe un cordial abrazo que te ruego compartir con los tuyos.

Guayaquil, abril 18 de 1962

Mi querido Luis Enrique,

Va esta breve carta para darte algunas noticia a mi vida en los últimos tiempos, y mi situación en el Rectorado de la Universidad y para pedirte un favor, -de ser posible-, y tus consejos.

La situación política se ha ido agravando en el país, acrecentándose cada día el dominio de la derecha, como tú lo habías previsto. La Universidad ha sufrido el impacto de la crisis, y se han suscitado acontecimientos desagradables, cada día menos fáciles de solucionar.

La cosa empezó en las postrimerías del gobierno del Dr. Velasco. Su “gauleiter” en Guayaquil, el Alcalde Menéndez, -hombre violento y abusivo-, pretendió controlar la Universidad, como controlaba la casi totalidad de los organismos de la ciudad. Organizó un asalto con sus matones, capitaneados por estudiantes Universitarios a su servicio, dizque para combatir al comunismo de los estudiantes de izquierda. Luego de muchos incidentes, acabó por caer el régimen valasquista, el Alcalde Menéndez y su trinca. Pero al correr de las semanas, se fueron reconstruyendo y fue creciendo la reacción clerical -consevadora- velasquista. Los estudiantes se tomaron otra dos veces la Casona (la Universidad), el año pasado. El grito de guerra: acabar con el comunismo “del Rector” y de los profesores y estudiantes “con él coaligados”. Se logró controlar esa situación, llegaron las vacaciones, se calmaron un tanto los ánimos. Pero ahora, con la cercanía de la apertura de cursos (mayo), se han reanudado, con violencia, los esfuerzos de la reacción, del menendismo y sus secuaces, para sacarme de la Universidad. Hace una semana, un grupo de estudiantes, de filiación menendista-velasquista-clerical, se han vuelto a tomar la Universidad. La policía los desalojó, pero, liberados poco después, han repetido sus amenazas de ocupar de nuevo la Casona y hasta hacer uso de la fuerza contra el Rector, que se halla maniatado por el principio-mito de la autonomía que no le permite acudir a la fuerza publica para su respaldo, y por la circunstancia de que la Universidad carece de medios para hacer frente a una agresión violenta. Ante tal situación, para evitarme el desagrado de tener que hacer uso del derecho de legítima defensa al ser atacado de obra por los estudiantes, y moral que atravesamos, resolví entregar el Rectorado al Vicerrector (encargado de las funciones respectivas) y convocar a la Asamblea Universitaria, que es el organismo máximo de la Universidad, (compuesta de todos los profesores y los representantes estudiantiles a las Falcutades), para que aboque conocimiento del problema universitario y resuelva lo conveniente. Para que el público conozco claramente cual es la situación, he publicado hoy una explicación, de la que te mando un ejemplar. De su lectura obtendrás todos los datos explicativos de lo que está ocurriendo.

Como verás del texto de la exposición, estos siervos de mi tierra dando oídos a las calumnias del Alcalde Menéndez, me tildan de “comunista”, lo que les permite entregarse más fácilmente a la reacción y al fanatismo.

Yo creo que mi salida de la Universidad es inevitable, no sólo del Rectorado, sino aun de mi cátedra. De la Asamblea sólo espero que me acepte la renuncia en términos más o menos honrosos, y nada más. Podría ocurrir también alguna cosa menos favorable.

Sea de ello lo que fuere, (y aquí viene el servicio que quiero pedirte, caso que lo juzgues hacedero y conveniente), me gustaría poderles demostrar a mis gratuitos enemigos que son más papistas que el Papa, ya que me combaten, sobretodo por hacerse gratos a los Estados Unidos (o lo creen así, por lo menos), a cuyo efecto me pregunto si te sería posible conseguir alguna invitación para dictar un curso o una serie de conferencias, en la Universidad de Stanford, sobre política internacional latinoamericana, por ej., o sobre todo mercado común, o sobre problemas económicos internacionales de Latinoamérica, etc.,.. Una invitación de ese tipo me permitiría demostrarles a mis opositores que, mientras ellos me atacan como dizque “comunista” y anti-yanqui, de los Estados Unidos una Universidad me llama a dictar un curso sobre cuestiones internacionales. Claro está que el asunto tendrías que manejarlo con mucho tino y discreción.

Yo he dicho aquí cien veces que no soy enemigo del pueblo de los Estados Unidos, sino de la política internacional de ese país, en ciertos aspectos que los creo desfavorables para los intereses de los nuestros, pero la crisis moral que atravesamos, (crisis política también), y sobretodo el agigantamiento de la reacción, les ha quitado a las gentes toda ecuanimidad.

El mes pasado estuve en Chile, en la conferencia educacional convocada por la UNESCO. Recorrí también, brevemente, otros países del sur, Un abrazo para ti y los tuyos.

No me conteste a la Universidad sino a mi apartado N°758

Es posible (seguro mismo) que mi hijo Francisco, vaya a Bogotá en la primera semana de Mayo, para asistir a un Seminario sobre Diabetes. Te cablegrafiaré para que lo recibas en Techo, si el viaje se realiza. Irá con la mujer y con un hijito que sufre de los ojos, para que lo vea el célebre Barraquer.

Es posible también que yo vaya a pasar unas semanas a tu tierra, una vez que pasen estos acontecimientos universitarios, sea que me dejen en el Rectorado (poco probable), sea que me botan.

Imagino que conmigo sacarán el mural “comunista” glorificando a Bolívar y a sus auténticos discípulos.

De nuevo un abrazo,

Antonio.

Guayaquil, Agosto 1 de 1962

Mi querido Luis Enrique,

Con todos los míos he estado sumamente preocupado por el terremoto que, según las noticias cablegráficas, ha golpeado a tu bella tierra, y quiero expresarte cuánto los hemos estado pensando, a ti y a los tuyos, en esta emergencia dolorosa. Según el cable no ha habido desgracias personales en Bogotá, por lo que presumo (y son nuestros votos) que nada malo les haya ocurrido…… salvo el inevitable susto. Ojalá tu mujer no se haya impresionado demasiado.

Por aquí no hay mayor novedad, aun cuando continúan mis dificultades. Creo que, ahora sí, mis malquerientes me tienen fuera de la Universidad. Como te conté en una de mis anteriores, encargué el Rectorado al Vicerrector hasta que se reuniera la Asamblea Universitaria llamada, por ley, a resolver los casos graves que afectan a la vida de la Universidad, enviando, para que ella lo conociera, un mensaje en el que ponía a su disposición el cargo de Rector, a fin de que ella aceptara o denegara la renuncia que mi comunicación implica. Mas ocurre que no ha podido hasta hoy reunirse la Asamblea por falta de quórum (las 2/3 partes de sus miembros). Y ya van tres convocatorias sin quórum, desde Abril….. De modo que sigo siendo legalmente Rector, pero ejerce las funciones el Vicerrector. Soy y no soy. Y el tiempo pasa. Y los estudiantes adversos a mi persona han ganado las elecciones en un buen porcentaje que les da, parcialmente, votos desfavorables para mi en la Asamblea si ella llega a reunirse…… Tal es la situación. Por eso te decía que virtualmente estoy fuera de la Universidad. Te mando un ejemplar de mi exposición a la Asamblea.

Del 1 de octubre del presente año, al 12, se reúne en Bogotá el Congreso Hispano-Luso-Americano de Derecho Internacional, promovido por la Asociación respectiva de la que soy miembro. Estoy con la ilusión de poder concurrir a ese Congreso, lo que me proporcionaría el inmenso agrado de volverte a ver, al igual que a los tuyos. ¿Estarás en Bogotá para esa fecha? De Bogotá quizá me rodaría hasta Caracas, o, en su defecto, volaría a Leticia para ver el Amazonas. Son proyectos.

Antonio

Bogotá, noviembre 23 de 1962

Dr. Antonio Parra Velasco Guayaquil

Mi querido Antonio:

Temo no haberte escrito desde que te fuiste. Recibí una carta tuya con unos recortes, pero no recuerdo si la contesté o no inmediatamente. Este trajín de ir y venir todas las semanas, y los quehaceres por un lado periodísticos y por el otro arquitectónicos me tienen ausente de mi hábito epistolar con todos los amigos que quiero, y especialmente contigo, que en este sentido eres el decano.

Deseo saber como siguen tus problemas. Tengo la impresión de que han amainado. Me atrevo tan solo a sugerirte que apresures la liquidación de los terrenos e inviertas eso en algo que esté al margen de la política banderiza y del manzanillismo municipal.

Aquí está ya tu cuarto esperándote, para cuando quieras venir; aparte de que no pierdo la esperanza de que decidas pasar unos días de descanso en Rumihuaca, que sigue embelleciéndose. En eso invierto todo el dinero que me queda libre, con la intuición de que en cualquier momento entrará a cumplir su misión cultural. No he querido forjar el plan del Centro de Estudios, porque sería absurdo echarme encima tanta responsabilidad luchando solo contra la corriente, contra la indiferencia oficial, contra el formulismo norteamericano, contra la falta de tiempo que tiene Betancourt de hacer nada distinto de defenderse de sus enemigos políticos. Creo que todo esto es mejor dejárselo al tiempo, y que él decidirá. Por lo pronto adelanto el negocio de las aves de corral, pensando que las gentes de América agradecen más una tortilla o unos huevos fritos que un curso que tienda a mostrarles en que continente viven. ¿ para que forzar la realidad?

Estoy imprimiendo actualmente, en el Instituto Caro y Cuervo, el primer tomo de mis obras completas de teatro. Te lo enviaré en enero, si acaso no vienes antes. Por este aspecto editorial te agradecería que me conectares con la casa de la cultura, a ver si quieres que hagamos un canje de mis obras recientes- Visión de América, llega la era interplanetaria, Teatro – por obras editadas allá relacionadas con las letras ecuatorianas. Pienso iniciar el mismo canje con los demás países latinoamericanos, a ver si enriquezco así un poco mi biblioteca de Bogotá y Rumihaca, en previsión del momento en que el soñado curso se realice.

¿Como están todos los tuyos? Les das un cariñoso recuerdo de todos los míos con nuestro deseo de verlos por acá.

La situación de acá está pasando días de alarma y expectativa ante la noticia dada por el ministro de hacienda de que hay un déficit fiscal que pasa de mil millones de pesos en crescendo y que hay que pagarlos con devaluación e impuestos nuevos, y como es lógico, con más burocracia, que es la raíz del mal que se pretende evitar, Dicen que este nuestro nuevo estadista de finanzas acaba de obtener el premio nobel de química… porque volvió el peso colombiano mierda. En realidad, el pobrecito va para abajo, llegando a once pesos por dólar, y oscureciendo las perspectivas e ilusiones de viajes al exterior.

Escríbeme pronto y recibe en tanto mi abrazo fraternal de siempre.

Luis Enrique.

Guayaquil, Diciembre 25 de 1962.

Mi querido Luis Enrique,

Gracias por tu carta gentil, en que me envías un recorte de El Tiempo, con una interesante nota tuya en que recuerdas la Carta de Quito. Sólo tú recuerdas ese instrumento, hijo del esfuerzo de tu viejo amigo, y eco de tus prédicas de muchos años. Pero nos ha tocado, a ti y a mí, el destino de “precursores”, de esas gentes absurdas que se anticipan a la realidad y que, debido a ello, nadie toma en cuenta, ni antes ni después. Quizás mejor sea así, para que nos dejen en paz…

Con relación a la Carta de Quito y a ese Premio Nobel de la Química que tiene de Ministro de Finanzas, debo de referirte esta anécdota: hace unos cuántos años, -ya no me acuerdo exactamente cuándo-, era también Ministro de no sé qué (Canciller, quizás?) y vino al Ecuador presidiendo una Misión para tratar cuestiones de comercio entre ambos países. A mi me invitaron para que formara parte de la Delegación del Ecuador. Pues bien, el amigo al que me refiero, en declaración de prensa y discursos, se refirió a la Carta de Quito como un “proyecto de tratado” demasiado ambicioso y complejo, etc.,… Hube de reclamarle, en conversación privada, y recordarle que la Carta de Quito es un tratado VIGENTE entre Ecuador y Colombia, por haber sido ratificado y canjeado. Parece que no lo sabía. En un nuevo discurso, rectificó el error, y elogió, a regañadientes, la Carta….. Pero si es verdad que está vigente, lo cierto es que los pueblos de cretinos no la aplican hasta ahora. Y en vez de llevar adelante esa política del mercado común dirigido por el conglomerado grancolombiano, hemos preferido, – después de perder catorce años-, hacer lo mismo bajo la dirección de los países del sur, y con el patrocinio yanqui. Así somos. Tal es el mago que tienen Uds. De reformador del sistema monetario…..

Cuando escribas sobre la Carta de Quito o sobre cuestiones de interés para el Ecuador, manda tu mismo, desde allá, recortes directamente a los diarios de aquí (Universo, Telégrafo y el Comercio de Quito), pues si yo parezco interesarme por su reproducción es suficiente motivo para que no lo hagan…… así están de bajos “mis bonos” con estos señores de la prensa. Por lo menos eso pienso, quizás con exagerado pesimismo.

Mucho siento que te estén avaluando Rumihuaca. Se me ocurre que podrías intentar esta defensa; alegar que EL EDIFICIO NO ESTA CONCLUIDO por lo que no podrían avaluarlo todavía. Quizás esa disposición exista en el Municipio a que pertenece Rumichica o en la Ley de Régimen Municipal de Colombia. Aquí esto es así: no se pone en el catastro un edificio no concluido. Y puedes demorar un buen tiempo en terminarlo! … Otra idea: ve si puedes ampararte en alguna disposición de las leyes que amparan las “nuevas industrias” para exención temporal de impuestos, alegando que estás iniciando la cría de aves….. Te parecerán, quizás, absurdos estos consejos, sobretodo viniendo de parte de quien, como yo, no ha podido encontrar argumentos para salvarse de la voracidad municipal.

El libro de que me hablas es Yuyungo, del escritor Esmeraldeño Adalberto Ortiz. Me ofrece enviarte un ejemplar, a cambio de cualquier obra tuya.

Para ti, Carmencita y tus hijos, un estrecho abrazo con mis votos de la mayor felicidad alcanzable en este mundo, votos que también formulan los míos.

Antonio

Guayaquil, Septiembre 7 de 1963

Mi querido Luis Enrique,

¿Qué es de tu vida? Hace meses que no tengo noticias tuyas. Ignoro si estás en Bogotá, o si estás fuera de Colombia, en alguna de tus giras….

Te escribo para darte algunas noticias del país y mías, y pedirte ayuda en mis dificultades presentes, que son muchas.

No sé si el cable habrá anunciado allá que el gobierno militar que rige el país desde Julio, clausuró la Universidad de Guayaquil, y la reorganizó. Terminó así no solamente mi rectorado, que había durado cinco años en paz, y uno de agitación (iniciada en la época del Dr. Velasco, y de su Alcalde Menéndez, amo de Guayaquil).

Presenté mi renuncia en abril del año pasado, luego de un ataque a mano armada a la Universidad, pero nunca se pudo reunir la Asamblea Universitaria para resolver al respecto. Los ataques provenían primero de los elementos “menendistas”, y luego, se sumaron los muchachos de extrema derecha, apoyados por el primero, y los grandes diarios. Se nos acusó de “comunismo”, de extremismo de izquierda, etc,…. Hace pocos días, la Junta Militar expidió el decreto reorganizando la Universidad, basándose en una supuesta acción de proselitismo izquierdista de autoridades y profesores, y en definitiva, a más de privarme del Rectorado, han declarado VACANTES las cátedras de todos los profesores de ideas izquierdista o a quienes tales ideas se les atribuyen, PROHIBIENDO QUE SE LES VUELVA A NOMBRAR. Entre esos profesores echados de sus cátedras, estoy yo, y conmigo un par de docenas de profesores amigos, y también dos de mis hijos, Antonio (que tenía una cátedra de Derecho Territorial, a pedido del Decanato, y no dada por mí, -Antonio se graduó en Salamanca con sobresaliente cum laude, presentando una tesis precisamente sobre derecho territorial), y Francisco, el único especialista de la ciudad que trabaja con radiosótopos en su especialidad de glándulas, especializado tres años en Boston)……..

Así, pues, la reorganización de la Universidad se ha hecho dándoles gusto a mis gratuitos calumniadores de la extrema derecha, y echándome, no solamente del rectorado, -que no habría importado mucho, dado que renuncié hace más de un año-, sino también de mi cátedra de Derecho Internacional, que la tengo ya unos 20 años!…… Es decir, que estoy caído, desprestigiado, calumniado por la misma Junta Militar!.

Esto, como comprenderás, me tiene sumamente amargado, aunque trate yo de no parecerlo ante las gentes que me rodean. Nunca pensé que estos militares que gobiernan al país, dieran crédito a las calumnias tan fácilmente, y sacrificaran así a un ciudadano que, si bien modesto, ha servido a la República en altos cargos, con patriotismo y desinterés. Pero tal es la realidad.

Todo esto me tiene decidido a EMIGRAR por algún tiempo, quizás por mucho tiempo, y estoy estudiando donde podré dirigirme con mi mujer y mis dos hijos menores, Simón y María Fernanda.

Naturalmente, mi primera idea ha sido Bogotá. ¿Piensas tú que allá podría conseguirme alguna cátedra que me ayude a sobrevivir? Digo esto, porque también estoy sufriendo el impacto de la política en mis bienes. La situación de suyo grave en tiempo de Menéndez, ha empeorado. Se dice que la Junta no tardará en expropiar mis tierras, y a cobrarse manu militari los altos impuestos que adeudo debido a los arbitrarios avalúos. Total, que la situación se me presenta bastante difícil, por lo que tengo que pensar en llevar, allí donde vaya, una vida muy modesta, y, si posible fuere, en trabajar.

En el aspecto MORAL me vendría bien una invitación para dictar un curso en alguna Universidad colombiana, por ejemplo, el ofrecimiento de una cátedra en la Universidad Libre. Ello no significaría ningún compromiso económico para la Universidad, pero me proporcionaría un pretexto para viajar a Colombia, y constituirá una como “reparación moral” al desaire absurdo que me han infligido mis paisanos de Guayaquil

¿Podrías conseguirme tal ofrecimiento de cátedra, hacer que esto se comente en EL Tiempo, y enviar recortes a los diarios del Ecuador? Piensa si esto será conveniente o no, y si será posible. Dame tus consejos, en esta hora difícil para mí en que me encuentro malamente golpeado y moralmente agobiado.

Para que te enteres de los antecedentes de esta cuestión, te mando un recorte de una explicación que publiqué el año pasado, y el texto de mi renuncia. No sé si antes de ahora te envié o no este documento.

Imagino que en Colombia se habrá dado publicidad a cuanto ha ocurrido en el país desde el golpe militar de Julio. Yo pensaba que quizá El Tiempo te habría encomendado hacer una encuesta y que vendrás por unos días al Ecuador. Sensiblemente tal cosa no ha ocurrido.

Tal como veo yo las cosas, la Junta Militar se inclina cada día más hacia la derecha. Dominan claramente el Clero y los Militares, y la colaboración con los Estados Unidos es total. Puede decirse que ya los conservadores están en el poder,

Yo he caído en la Universidad por mantener el principio de la libertad de pensamiento y de cátedra. He sostenido que no se puede perseguir a los profesores ni privarlos de su cátedras por las ideas que sostengan ni la posición política que mantengan. Por eso, y por defender en mi cátedra los ideales hispanoamericanistas de independencia nacional y de unidad, me han tildado de “comunista”. Es un mal general en nuestra América. Creo que Lleras Camargo en un artículo de Visión, hace meses hacía resaltar lo absurdo de esa manera de desacreditar a los hombres de libre pensamiento.

Nuestra América tiende fatalmente a polarizarse en los extremos, sin lograr mantener un justo medio: o se tornan simpatizantes con Fidel Castro o se van a la posición extrema de un derechismo exaltado. Creo que el Ecuador camina hacia esta segunda posición.

¿Cuánto tiempo durará esta situación política? Nadie podrá decirlo. Se piensa generalmente que tendrá duración relativamente larga. La Junta Militar tiene el apoyo de mucha gente, de la prensa nacional, de las instituciones. El miedo que se produjo por los actos de provocación de algunos exaltados de la extrema izquierda ha hecho que mucha gente acepte con agrado al actual régimen, cuyo advenimiento fué favorecido por los errores que atribuyen al gobierno anterior. Desgraciadamente a algunos nos está tocando “pagar los platos rotos” sin razón ni motivo. A mi me tienen liquidado, en lo moral, en lo político, en lo económico. No me explico cómo es que no se me ha vejado en mi persona, encarcelándome en el Panóptico como han hecho con otros. Un resto de buena suerte, debe ser. Claro que había sido una medida injusta y absurda. Pero, dadas las circunstancias y lo que se ha hecho en la Universidad, resulta un verdadero milagro que no hayan llegado hasta allá. Naturalmente, no está dicho que esto ocurra en cualquier momento.

Como vez, mi querido Luis Enrique, la estrella de tu amigo ha sufrido un grave revés, se ha opacado súbitamente, ha cambiado de rumbo en forma inesperada. Que le vamos a hacer!

La mayoría de los profesores de la Universidad se ha conformado con los hechos consumados. Han elegido nuevo Rector al que era Vicerrector, Dr. Martínez Aragón, que parecía mi amigo. Nadie ha protestado por la ingerencia gubernativa en los asuntos universitarios. Les han quitado a los estudiantes la casi totalidad de su representación en los organismos universitarios, y éstos nada han dicho, por temor a la represión. Así están las cosas, en esta tierra que tanto conoces tú.

Por fortuna, no destruyen todavía el gran mural a la gloria de Bolívar, que adorna al Paraninfo. Pero en cualquier momento podrán hacerlo, ya que allí está representado el ideal bolivariano de independencia y de unidad de Hispanoamérica. No creo que lo dejen, porque será una silenciosa huella de mi paso por la Universidad. Y en ese mural no hay ningún clérigo (salvo el ilustre cura de Dolores), ni otros militares que los que lucharon en la Independencia, y está en primera línea el gran Alfaro odiado por la clerecía de su tiempo, y por la actual

Pero ya los reaccionarios han atacado esta obra pictórica por la prensa, tildándola de “mamaracho” del “comunista”

Así están las cosas, mi querido Luis Enrique. Y por lo mismo no me queda otro camino que emigrar, mientras más pronto mejor, salvando lo que se pueda. Y establecerme en otra parte, a rehacer lo que me queda de vida, que será poco, según presumo. A veces he pensado en México, pero está tan lejos, y se ha tornado tan “nacionalista” en el sentido estrecho del término. Venezuela sería admirable, pero….. están virtualmente en guerra civil. Y yo quiero, sobretodo, paz espiritual, un rincón donde se me olvide, un sitio donde pueda trabajar.

No sé si estoy atravesando una etapa de pesimismo, pero veo para mí el porvenir lleno de sombras, sintiendo esta situación sobretodo por mis hijos pequeños.

¿Y tus hijos como están? Mis afectuosos recuerdos para todos ellos y para la Negra.

Un abrazo de tu viejo amigo,

Antonio Parra Velasco

Bogotá, septiembre 10 de 1963

Dr. Antonio Parra Velasco – Guayaquil

Mi querido Antonio:

Acabo de recibir tu carta, que me trajo ayer tu yerno, a quien me fue muy grato ver por acá. Según todo lo que me cuentas, creo que lo mas indicado que puedes hacer es venirte a Colombia con tu mujer y tus chicos, y escampar aquí el período crítico y la reacción conservadora de tu país. No conozco muy a fondo el problema; pero sospecho que se trata de impulsarlo a la derecha del protectorado romano, con beneplácito de los yanquis, para evitar que se vaya a la izquierda a la manera cubana. Hasta donde se me alcanza, tus compatriotas no han oído hablar hasta ahora del término medio, y eso impone las reacciones violentas.

Para tu viaje a Colombia y tener unos días de descanso tienes por lo pronto completamente a tus órdenes el castillo, donde puedes encerrarte una temporada a meditar, leer y escribir. Esto como primer paso que no te impondría mas gasto que el vuelo a Bogotá y la compra de víveres en los alrededores, ya que no tengo montado allá por lo pronto ningún servicio, ni puedo bajar con frecuencia.

No me parece que te convenga vincularte oficialmente a la Universidad Libre; pues contra ella hay el mismo prejuicio que contra las del Ecuador, por la infiltración de comunistas. Lo que está de acuerdo con tu mentalidad es el término medio de que te hablé, con sentido de liberalismo avanzado, porque esos son tu criterio y temperamento. La primera diligencia que acabo de hacer por lo pronto es hablar con Diego Uribe Vargas, fundador y rector de la Facultad de Estudios Diplomáticos en la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano, y hacerle ver que para su centro sería una maravillosa adquisición tenerte a tí como orientador. Me dijo que esta misma noche hablaría con la directiva. Aparte de esto se me ocurren la Facultad de Diplomacia oficial que regenta mi amigo Leopoldo Borda Roldán, y que dirige el Centro de Altos Estudios Administrativos de que es rector Guillermo Nanetti. Acabo de llamarle a su casa, pero ya salió. Si hablo algo con él antes de poner esta carta en el correo, te lo contaré. Con la Universidad Nacional, foco de agitaciones Castro-Comunistas y de demagogia estudiantil, no tengo contacto alguno, y dejo eso en tercer término……… Acabo de hablar con Guillermo Nanetti por teléfono, y me ha prometido estudiar mi sugestión cuanto antes. Quedé de ir a su Universidad el viernes a las cuatro de la tarde, y él vendrá mañana al teatro, a la obra de estreno. Tengo ya, pues, dos gestiones en marcha, y espero que alguna de las dos resulte. Seguiré en tanto haciendo lo que se me vaya ocurriendo en interpretación de tu carta. Aunque creo que lo mas indicado es que te vengas cuanto antes a Colombia, evitando frotes y agresiones, en la casi seguridad de que, poniéndote al margen y afirmando tu prestigio en Colombia, se planteará de nuevo tu candidatura presidencial; y si no se plantea, mejor para tí, porque quedarás tan tranquilo como yo, que estoy triunfando de nuevo con mi teatro sin depender de nadie.

Eso sí, que no se plantee de nuevo con el pacheco de Manuel Benjamín, que me da la impresión de un individuo mezquino, o moralmente mediocre. Ni siquiera contestó a mi carta ni a la tuya, cuando no se trataba sino de hacer un esfuerzo cultural sin el menor interés de lucro en la proyectada correría de los rotarios bogotanos. Una respuesta de cortesía a un intelectual tan valioso como él no le hubiera hecho arriesgar ni una pluma de su cola de pavo hinchado.

Te repito: ve preparando tu viaje a Colombia, donde tienes un hermano que desea servirte y tiene fe en ti. Esa es una ventaja que no encontrarás en ninguna otra parte. Para todos los tuyos mi más cariñoso recuerdo.

Luis Enrique Osorio

Guayaquil, Septiembre 22 de 1963

Mi querido Luis Enrique

No sabes cuánto bien me ha hecho tu carta del 10, llena de fraternal afecto y de solidaridad. Necesitaba palabras como las tuyas para tranquilizar un tanto el espíritu, bastante amargado con los acontecimientos últimos. Tu carta me ha traído apoyo moral, y me ha servido para fortalecer un tanto mi ánimo entregado al pesimismo.

Con lo que me escribes, ya puedo considerar con más firmeza mi propósito de ir a radicarme en Colombia por algún tiempo. Ya estoy haciendo los preparativos necesarios con ese fin. Estoy viendo de arreglar unos cuantos asuntos, los de mayor urgencia, para estar cuanto antes listo a viajar. Tengo impedimentos, desde luego, que habrá que salvar de alguna manera, como es el de obtener permiso para ausentarse del país, no obstante las cuantiosas deudas que gravitan sobre mí por impuestos no pagados por la imposibilidad de hacerlo, debido a las circunstancias que conoces. Pero es posible que de alguna manera salve ese obstáculo.

Una de las maneras de lograrlo, – quizás-, sería precisamente la de contar con alguna invitación para dictar cursos en Universidades de Colombia. A base de esa invitación u oferta de cátedra, posiblemente conseguiría la autorización para salir del país……. a menos que la Junta decida, cualquiera de estos días, apresarme y desterrarme!

Mucho te agradezco las gestiones que has adelantado con el rector de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano, así como con Leopoldo Borda Roldán.

Quedo en espera de tus noticias al respecto. Podría dictar cursos, en las respectivas Facultades de Diplomacia, de Derecho Internacional Público y Privado, de Historia Diplomática Hispanoamericana, o de Derecho Internacional Americano. Podría precisarse la materia o los temas, de acuerdo con los planes de estudios de esos Institutos.

Debo recordarte que Borda Roldán es mi buen amigo. Nos conocimos en Quito, cuando él era Encargado de Negocios de Colombia, durante la primera administración del Dr. Velasco Ibarra (época que tanto recordamos tú y yo); nos volvimos a ver en París, por el año de 1945, siendo él, si la memoria no me es infiel, era Ministro Consejero de la Embajada de Colombia en Francia. Luego nos hemos encontrado en otras ocasiones manteniendo siempre cordiales relaciones. Durante mi última permanencia, -sensiblemente tan breve – en Bogotá, conversamos sobre la posibilidad de hacerlo invitar por la Universidad de Guayaquil para que dictara conferencias en la Escuela de Diplomacia nuestra, cuando todavía me sentía rector……… Estoy seguro de que Leopoldo tendrá buena voluntad para secundar tus gentiles propósitos.

Quedo en espera de tus noticias sobre esas gestiones, y te expreso mi agradecimiento. Si no se lograse resultado favorable, avísame de todos modos, para saber a que atenerme, pues bien comprendo que no siempre es fácil conseguir lo que se desea. Me dicen que los cursos universitarios, en Bogotá se inician en Diciembre de cada año, ¿es esto verdad?

Aquí la situación política acusa indicios de cambio, sin que se pueda saber en qué sentido. Se asegura que entre los miembros de la Junta hay ya fricciones y rivalidades. Acaban de sacar (con un puesto en el exterior) al Teniente Coronel que hacía de Jefe Civil y Militar en Guayaquil, que, según parece, se resistía a cumplir las órdenes de Quito (son los decires), lo que trae a la memoria lo acontecido con el Comandante Ildefonso Mendoza que encabezó la revuelta de 1925 y que, al cabo de poco tiempo, fué depuesto por la Junta de Quito……..

Es evidente que ya hay descontento en ciertos sectores del país, por algunas medidas precipitadas de la Junta. La Universidad Central, luego de reorganizada, como la de Guayaquil, eligió rector a un catedrático que la Junta no quería.

En la Asamblea se hizo el elogio del Dr. Pérez Guerrero, ex Rector “reorganizado” por la Junta……. Hay resistencia por los ascensos que los militares han dictado en su propio beneficio: se han nombrado nuevos generales, nuevos altos oficiales de la Armada, etc….. Pero los graves problemas económicos que aquejan al país no se solucionan. (Cierto que son muy difíciles de solucionar). Parece que hasta el partido conservador, y el social cristiano del Dr. Ponce, los grandes beneficiarios con el nuevo orden de cosas, ya empiezan a asumir una actitud de no colaboración, que se pronta hacia la oposición. En fin, estamos a fojas una, y nadie sabe lo que podrá ocurrir mañana. Lo que es evidente es que más rápidamente de lo que se pensaba, la Junta se está desacreditando y está perdiendo la fé en su labor que había despertado en ciertos medios nacionales. Por supuesto que, no obstante esos síntomas, lo más probable es que durará un tiempo relativamente largo, con los mismos hombres o con otros.

Yo estoy anheloso de salir del país, y lo haré cuanto antes. Necesito descanso espiritual. Siento la necesidad de alejarme de tanta gente inconsecuente e injusta. Saldré tan pronto como las circunstancia me lo permitan, para lo cual estoy viendo de arreglar mis asuntos (en lo que sean susceptibles de arreglo) a la mayor brevedad. Si no puedo arreglar lo fundamental, siquiera veré de solucionar los problemas que podríamos llamar “marginales”. Sobretodo ver la manera de levantar algo de fondos para poder subsistir por algún tiempo fuera del país, hasta que se vea en que queda todo ésto. Lo malo es que los tiempos están agitados, que nadie quiere saber del “justo termino medio” a que te refieres, y que las pasiones están desbordadas, si bien provisionalmente contenidas. Si la Junta cae, ¿que vendrá luego?

Tienes razón en pensar que mi mentalidad no es extremista. Quizás esto es lo que me ha perdido, el no poder escoger entre la extrema derecha y la extrema izquierda, y propugnar un nacionalismo equilibrado, favorecedor de la reforma social y de la independencia nacional, pero sin caer en los extremos. Por eso no estoy bien ni con unos ni con otros, y recibo palos de los dos lados. Cuando menos lo pensemos la violencia incontenible barrerá la América Hispánica de uno a otro confín. Y pagaremos justos por pecadores……

Estás en lo cierto en lo que me dices de Benjamín Carrión. En verdad él colaboró en la campaña política de 1960 muy fríamente. Me acompañó en dos o tres giras, con desgano. Parece ser que no le agradó que le ofrecieran la Vicepresidencia, pues consideraba que le correspondía el primer puesto. No cumplió con algunas gestiones que le fueron encomendadas. Creo que no le desagradó que nos derrotaran……. Toda esa campaña política se enfrentó a circunstancias desfavorables: hubo división entre los partidos de la coalición, los socialistas se pelearon entre ellos, CFP a última hora defeccionó en masa, pasándose al Velasquismo, -según los jefes contra la voluntad de ellos……….. Algún día conversaremos sobre ese período político del Ecuador, de tan fatales consecuencias para tu viejo amigo.

¿Que te parece el rumbo que están tomando las cosas en Venezuela?

Mis afectuosos recuerdos para tu mujer y tus hijos. Cualquiera de estos días les caigo por allí, si la suerte así lo determina y no tuerce mis propósitos.

Un abrazo para ti de tu afectísimo amigo,

Antonio Parra Velasco

Bogotá, Septiembre 28 de 1963

Dr. Antonio Parra Velasco-Guayaquil:

Mi querido Antonio:

Anoche recibí tu carta y vamos al grano. Hablé con Nanetti apenas recibí la primera, me mostró un montón de cosas y salones que lo enorgullecen, y respecto al objeto de mi visita me dijo que aún no había decidido nada. Hablé con Uribe Vargas y se fué a la ONU por un tiempo sin resolver nada. Todo esto se justifica en vista de que el año está aquí terminando y recomenzará en febrero del entrante.

Acabo de hablar largo por teléfono con Leopoldo Borda Roldán, quien te estima de verdad y se va a mover para mover tres centros universitarios: la Universidad de Bogotá, donde el rector es Fabio Lozano y Lozano; la de Estudios Administrativos, de cuya facultad de diplomacia él es decano; y el Externado de Derecho. Está de acuerdo conmigo en que si te invita la Libre puede que ni te den la visa.

Le dije a Borda que lo importante por lo pronto es que te llegue una invitación universitaria; y me prometió que en último caso él haría como decano, en desarrollo lo que acordaron en la última reunión de Bogotá.

Mi opinión personal es que sin invitación o con ella debes preparar y hacer tu viaje a Colombia cuanto antes. Aquí tienes mi casa para llegar, y el castillo para pasar una temporada de descanso que necesitas. En tanto adelantaríamos la invitación formal para que desempeñes tu cátedra de derecho internacional el año entrante, y te organices económicamente, mientras cambian las cosas en tu país. No esperes a que las cosas se muevan aquí para moverte luego tú, porque este es el país mas molondro y enroscado y timorato del mundo. Por eso lo conquistó Bolívar con sus negros, que eran más bien dinámicos.

Yo, como no presumo de general ni de manzanillo, ni de conquistador, vivo alejado de todo y de todo el mundo, limitándome a burlarme de la humanidad en mis comedias y a viajar al país para escribir en El Tiempo sobre cosas que nada mueven ni logran.

Quedo, pues, esperando el anuncio de tu viaje a Colombia, y en tanto seguiré comunicándome con Leopoldo, que te estima con un afecto de 40 años como el mío y te aprecia en todo lo que vales.

Para todos los tuyos mi recuerdo cariñoso y el de mi mujer e hijos y para tí mi abrazo fraternal de siempre.

Luis Enrique

Me preguntas que opino de Venezuela. Me parece que lo que hay allá es una feria de apetitos desorbitados, estúpidos, que pueden llevar al país a una anarquía, si acaso no a una esclavitud de tipo cubano manejado desde Moscú y peligrosísima para nosotros. Quizás se cumpla mi conjetura de que Rómulo termina el período; pero sin que le dejen un día tranquilo, u obligándolo a entregar un país en ebullición subvencionada por Rusia y China para ver de tomar esa posición que tanta codician.

Bogotá Octubre 8 de 1963

Dr. Antonio Parra Velasco-Guayaquil

Mi querido Antonio:

Escribí en días pasados la nota que te incluyo, ubicada en EL TIEMPO, y recortada un poco del original, que también te incluyo. Estaba yo en Medellín cuando apareció, y Carmencita estaba encargada de remitírtela, lo cual olvidó por sus agobiantes quehaceres cuando estoy ausente.

Acabo de llegar a Bogotá, donde permaneceré una dos o tres semanas. No he hablado aún con Popa Borda; pero insisto en que si quieres venirte para Colombia no debes esperar a que te invite nadie, si no venirte sin más y más. No esperes nada del molondrismo Colombiano, si de él ha de depender tu determinación. Tanto más ante el miedo de la gente a comprometerse en estas indormas de comunismo y yanquismo.

Te abraza con la amistad de siempre,

Luis Enrique.

El artículo, titulado “Asilo intelectual”, dice:

En estos momentos de grave desconcierto latinoamericano, cuando a los intentos de construcción democrática se responde con golpes de Estado y cuartel, brotes terroristas sin lógica alguna, resabios banderizas y extremismos exagerados, valdría la pena establecer algo más importante que el asilo político, tan defendido por todas las corrientes y la doctrina panamericana: una forma de asilo intelectual que impidiera hasta donde fuere posible la persecución y neutralización de valores continentales que no solo son superiores en mentalidad al medio estrecha en que actúan, sino elementos indispensable para la orientación de la política auténticamente indoibérica.

Sin pretender inmiscuirnos por ejemplo en las características internas del último golpe ecuatoriano, no acertamos a comprender que allí no solo se descarta la cooperación de valores reconocidos internacionalmente, sino que se les compensen sus esfuerzos culturales de toda una vida con ingratitud y sorda hostilidad.

Como hecho concreto, valga citar el del Dr. Antonio Parra Velasco, a quién la junta militar le ha hecho quitar su cátedra de derecho internacional que venía desempeñando con gran dominio de la materia y místico entusiasmo desde hace veinte años. Parra Velasco, a más de haber sido Ministro de Educación, Hacienda y Relaciones Exteriores, Embajador ante la última conferencia panamericana y la ONU, y Embajador plenipotenciario en Venezuela y París, fué el promotor de la Carta de Quito, que planteaba la Unión Aduanera grancolombiana y panamericana antes de que se esbozara la Alalc, en la cual nuestros países están hoy de meros afiliados, y no de iniciadores a la Bolivariana. El ha sostenido la tesis de que los territorios hispanoamericanos son patrimonio común de una cultura, y no amojonamientos de patria chica. Jamás ha predicado ni enseñado una sola idea sectaria; y dentro de su criterio científico ha sido siempre un mantenedor de la tolerancia y la libertad ideológicas. Cuando un gobierno de su país pretendió vender las Islas Galápagos a una potencia extranjera, fué él quien supo erguir la más enérgica protesta en nombre de su doctrina racial y continental y logró torcer la negociación financiera. Cuando aceptó una candidatura presidencial, para la que estaba intelectual y moralmente muy bien dotado, ella solo se nutrió de inquietudes universitarias y no supo luchar con armas iguales contra el ímpetu demagógico y augurados de dádivas futuras para los electores.

En derecho internacional Antonio Parra Velasco es tan documentado, tan respetable y tan digno de admiración como Juan Montalvo en Literatura. Poner al margen valores así y perseguirlos o desterrarlos es olvidarse de lo que le ocurrió a García Moreno por reacciones del mero instinto popular.

Para ponerle fin a esta dolencia retrógrada de desperdiciar capacidades y energías constructivas, podría organizarse o siquiera tratar de implantarse una costumbre que no se limitara a acoger a los perseguidos en las embajadas o a asilarlos en el extranjero, sino a aprovecharlos en beneficio continental en cualquier sitio donde exista un clima francamente democrático y progresista.

A Antonio Parra Velasco hay que considerarlo, no como un simple catedrático ecuatoriano, sino como un maestro americano cuyos conocimientos, experiencias y afán de servir a una cultura y a un continente no deben desperdiciarse por ningún motivo, so pena de que la merma y falta de visión vayan dejándonos cada día más a merced del extravío y el oportunismo políticos, precursores del caos y de la subordinación incondicional a los países fuertes que han de imponérsenos al cabo por ley de reajuste mundial.

Bogotá, Octubre 30 de 1963

Sr. Antonio Parra Velasco- Guayaquil

Mi querido Antonio:

Al regresar de Medellín encontré tu carta del 13. Me apresuro a escribirte para informarte que hable de nuevo con Borda Roldán, quien me dijo que él en su calidad de Decano del Centro de Estudios Diplomáticos, te enviaría una invitación lo más pronto posible. Manifiesta estimarte más que yo, que ya es mucho cuento. Avísame lo que ocurra.

Yo saldré en el mes que entra para Buenos Aires, a estudiar para EL TIEMPO la situación actual de Argentina, y a ver si se pone en escena en diciembre o enero mi comedia Préstame tu Marido, para la que entiendo que ya está listo el elenco. Mi ausencia durará al rededor de un mes; lo cual no es razón para que suspendas tu viaje a Colombia en el caso de que lo creas ya oportuno o conveniente. Aquí quedan mi casa y todos los míos esperándote mientras yo regreso.

No se si me vaya en yet, para llegar mas aprisa, o si opte por una ruta ecuatoriana-peruana que toca en Guayaquil; lo cual sería pretexto para verte y hablar contigo aunque sean unos minutos. Te avisaré oportunamente.

Como siempre, con toda amistad.

Luis Enrique.

Bogotá, febrero 1 de 1964

Dr. Antonio Parra Velasco- Guayaquil

Mi querido Antonio:

Ya estoy de regreso en Bogotá, iniciando las labores del año, entre ellas la fundación de una escuela de teatro y la preparación de mi temporada teatral. Hice un viaje muy instructivo por Sur América, sentí tener que pasar de largo por sobre Guayaquil. En Quito aterrizó el avión de Avianca sólo media hora. No hubo ni tiempo para telefonear a la ciudad.

Ayer hablé con Diego Uribe Vargas, el decano de la facultad de diplomacia de la Universidad de Bogotá, y me preguntó si habías recibido la invitación que te enviamos a fines del año pasado. Está muy entusiasmado con tu venida. Por mi parte el entusiasmo es mayor. Podrías venir aunque fuera a hacer un ciclo de conferencias de la Universidad de Bogotá, en espera de la invitación que de seguro te haría el Centro de Altos Estudios Administrativos donde está Popo Borda. Vendrías a mi casa como a tu propia casa, y no tendrías problema ninguno de permanencia.

Económicamente la Universidad de Bogotá no tiene recursos para hacerte una propuesta ventajosa. Yo mismo, para abrir en conexión con ella la Escuela de Teatro, voy a aportarle la base necesaria. Pero creo que por el aspecto moral e intelectual, la venida te sería de enorme provecho.

Sería bueno que le contestaras a Diego Uribe Vargas, sea que vengas o no; a menos que la invitación, que despaché pocos días antes de mi viaje con las explicaciones correspondientes, no hubiera llegado a tus manos. De ser así, ya sabes por estas líneas que estás invitado a fomar parte de la facultad de diplomacia, con la exposición de tus conocimientos y doctrinas internacionales, y que tu venida sería acogida con todo interés y simpatía.

Te abraza con la amistad fraternal de siempre.

Luis Enrique.

Mis hijas me contaron que habías corrido al aeropuerto a verlas cuando ellas pasaron, y que por desgracia llegaste cuando ya arrancaba el avión. Me acompañaron en la vuelta por todo Sur América, en la cual aprendí bastante y tuve pie para una serie muy importante de artículos y varias conexiones teatrales.

Bogotá, febrero 5 de 1.964.

Señor Doctor

Antonio Parra Velasco

Apartado 758.

Guayaquil.

Muy Estimado Profesor:

En el mes de Noviembre próximo pasado, por intermedio del Doctor Luis Enrique Osorio hicimos llegar a Ud. el nombramiento de profesor de Derecho Internacional, en nuestro Instituto de Estudios Diplomáticos e Internacionales.

En vista de que hasta la fecha, no hemos recibido contestación alguna, nos permitimos reiterarle el ofrecimiento en la seguridad de que su presencia en nuestra Universidad, constituiría un nuevo vínculo en favor del intercambio cultural entre Colombia y el Ecuador.

En espera de su repuesta, nos suscribimos, de Ud. atentamente,

EL INSTITUTO DE ESTUDIOS DIPLOMATICOS E INTERNACIONALES,

Diego Uribe Vargas Jorge E. Villamizar

Director Secretario

Guayaquil, Feb. 18 de 1964.

Mi querido Luis Enrique,

Te envío copia de la carta que hoy les envío a los Drs. Uribe Vargas y Jorge Villamizar en relación con el ofrecimiento de la Cátedra de Derecho Internacional. Gracias por tu valiosa intervención. Ojalá pueda verte pronto. Supongo que ya estarás de regreso a Bogotá, y que tu gira por el sur te haya sido provechosa.

Aquí las cosas siguen complicadas. Al fin, la Junta Militar dió un decreto expropiando los terrenos míos y de mi familia y los de Juan Marcos. Dice el decreto que nos pagarán en bonos del estado (sin saberse en cuantos años serán emitidos ni el interés que devengarán), y al precio del “avalúo catastral” … Estoy peleando la cosa, hasta donde es posible, para salvar lo que más se pueda del haber familiar en beneficio de los hijos.

En alguna otra ocasión seré más explícito.

Parece que la correspondencia dirigida a mí tarda en llegarme . . . o no llega. Supongo que me habrás escrito en las semanas últimas, pero nada he recibido.

Un abrazo para los tuyos y para tí de tu viejo amigo.

Antonio

Guayaquil, febrero 18 de 1964.

Señores Dr. Diego Uribe Vargas y Dr. Jorge E. Villamizar,

Director y Secretario, respectivamente, del Instituto de Estudios

Diplomáticos e Internacionales de la Fundación Universidad de

Bogotá Jorge Tadeo Lozano.

Bogotá.

Muy estimados Señores.

Agradezco a Uds. su amable comunicación fechada 5 del presente mes, por medio de la cual se sirven manifestarme que me han enviado, en el mes de Noviembre próximo pasado, el nombramiento de profesor de Derecho Internacional en el Instituto de Estudios Diplomáticos e Internacionales de la Universidad de Bogotá.

Mucho siento no haber recibido el mencionado nombramiento. Sin duda la carta que lo contenía ha debido extraviarse, lo que en verdad lamento. Mi querido amigo don Luis Enrique Osorio me escribió, ciertamente, que existía la posibilidad de que se me ofreciera ese honroso nombramiento, pero no había recibido, hasta ahora, comunicación alguna confirmando la noticia.

Me halaga sobremanera la idea de ejercer la cátedra en esa prestigiosa Institución, y, en principio, acepto el gentil ofrecimiento, que motiva mi profunda gratitud.

Me gustaría conocer la fecha aproximada en que Uds. estimen que yo debería llegar a Bogotá, toda vez que necesitare de cierto tiempo para preparar mi viaje. Quisiera también tener alguna información en cuanto a la duración de los cursos en el Instituto, al programa vigente sobre la materia a dictarse, al número de clases previstas, y a cualquier otro dato que Uds. juzguen oportuno darme a conocer. ¿Se trataría de clases sobre temas de Derecho Internacional seleccionados libremente por mí?, ¿o se desearía que yo desarrolle un curso regular de Derecho Internacional de conformidad con los programas generalmente aceptados en las Facultades de Derecho? Yo he tenido a mi cargo, en la Universidad de Guayaquil, en distintas oportunidades, las cátedras de Derecho Internacional Público, Derecho Internacional Privado, Derecho Convencional Interamericano e Historia Diplomática Hispanoamericana.

Reiterando a Uds. mi agradecimiento, me suscribo de Uds. muy atentamente,

Antonio Parra Velasco.

Guayaquil, Marzo 31 de 1964.

Mi querido Luis Enrique,

Recibí tu carta, enviada desde Caracas. Ya me imaginaba yo que Rómulo no dejaría de invitarte para su milagroso final de Gobierno. Ojalá tenga éxito también Leoni. Poco lo he tratado, pero me da la impresión de un hombre franco y generoso.

Mi anhelado viaje a Bogotá se me dificulta cada vez más. No sé si estás enterado de que la Junta Militar que gobierna al Ecuador decretó la expropiación de todos los terrenos al sur de la Ciudad hasta el nuevo Puerto Marítimo, incluyendo todos los terrenos de propiedad mía y de mi familia. El precio, lo pagarán en bonos del Estado, y será el del avalúo “catastral” vigente. (El avalúo catastral, según nuestras leyes municipales, corresponde al avalúo comercial fijado por la Municipalidad MENOS el 40%). Aún no fija el gobierno con que clase de bonos pagará (plazo, interés, etc…). Eso, dice el decreto, se resolverá con posterioridad. Se habla de que serán bonos a 30 años y del 5%, pero sobre esto nada ha resuelto aún la junta. Esto, si queda a firme, (como es probable, porque se han confabulado muchos intereses para obtener esta expropiación, ya que un 20% de lo apropiado la Junta lo dará gratuitamente al Municipio de Guayaquil que lo apoya, y un 60% al Banco de la Vivienda), liquida mi “problema” de tierras, o si prefieres, lo “resuelve”. De los papeles que me entreguen, tendré que satisfacer los altos impuestos adeudados por mí, que se me han venido acumulando año tras año con intereses, etc… dada la imposibilidad en que me he encontrado de financiar la urbanización de esos terrenos. Esta circunstancia me impide, por ahora, pensar en alejarme del país; habrá que atender a un sinnúmero de problemas vinculados con la expropiación que sólo yo puedo, por mi conocimiento de los antecedentes, conseguir se resuelvan de la manera menos perjudicial para los intereses de mi familia; linderos, cabidas, reclamos por impuestos equivocadamente calculados, y trámite de la expropiación. Naturalmente, desde que se dictó el decreto estoy impedido de hacer ventas de solares, y todo está algo así como “congelado”. Ni puedo disponer de lo mío, ni iniciar el trámite final para la expropiación. Lo injusto del decreto es, particularmente, que no sólo incluye lo no urbanizado, sino también lo urbanizado y los terrenos del río, que estaban en proceso de negociación. Pero, “qué le vamos a hacer” Paciencia. Ya vendrán, acaso, tiempos mejores, Hasta aquí he procurado guardar silencio, para no verme envuelto en polémicas. No sé si podré conservar esa calma hasta el final, o si las circunstancias me obligarán a luchar en defensa de lo mío. Ya te contaré. Entretanto explícales estas dificultades a los amigos de la Universidad Tadeo Lozano, y reitérales mi agradecimiento. ¿Y qué decir de mi gratitud para contigo? Yo sé que eres mi amigo fiel, y que puedo contar contigo siempre. Y el día menos pensado me tienes por tu tierra para darte un abrazo fraterno.

Aquí la situación política no ha variado mayormente. La Junta parece que se propone quedarse por algún tiempo. No hay síntomas de que se está preparando el retorno pacífico a la “constitucionalidad”. Nadie sabe hasta cuando el país aguantará el mando de los Señores Militares. . . Hay descontento que no lo revelan los diarios-empresa, vinculados y aprovechadores, en cierto modo, de la situación de facto, Razones: el aumento en el costo de la vida, el crecimiento en los impuestos y gravámenes, la intervención en las Universidades, el auge del clericalismo. No sé cómo se verán las cosas desde fuera del Ecuador.

Un abrazo para los tuyos y para tí, de tu amigo,

Antonio

Enero 1 de 1965

Dr. Antonio Parra Velasco- Guayaquil

Mi querido Antonio:

Pondrá esta en tus manos mi hijo Luis Enrique, quien viaja en Jeep, en paseo de vacaciones universitarias, por Ecuador y Perú. Le he recomendado que te busque en cuanto llegue a Guayaquil. Con él te envío los dos nuevos tomos de mis obras completas de teatro, que espero te distraigan un poco. El segundo de ellos es una documentación mas o menos completa de todos los incidentes de la violencia en Colombia.

De tu Carta de Quito me ocupo siempre que hay oportunidad. Lo hice especialmente con motivo de la reunión de la ALALC en Bogotá. Perdóname si olvidé, por exceso de boleta en mi escritorio, de enviarte los recortes.

Te deseo en unión de los tuyos un año feliz.

Te abraza con el cariño de siempre,

Luis Enrique.

Te incluyo dos ejemplares para el novelista CASTILLO, cuyo nombre completo no recuerdo. Por eso te ruego que les pongas tú la dedicatoria como si fuera mía y se lo hagas llegar con mi tributo de admiración.

Guayaquil, Enero 22 de 1965.

Mi querido Luis Enrique,

Hace unos tres días tuve la sorpresa, y el gran placer, de recibir la visita de tu hijo Luis Enrique. Llegó en mi Jip (creo que es el mismo en el que viajamos a Rumihaca una mañana de grata recordación), acompañado de dos amigos, uno que venía con él desde Bogotá. Tuvimos una larga conversación. Me entregó los libros que has tenido la bondad de enviarme y una carta.

Muy simpático, tu hijo. Me contó que el dueño del hotel donde llegó, al preguntarle Luis Enrique por mi dirección, porque me iba a visitar, le dijo: “Le aconsejo que no vaya. Ese señor es un peligroso político de izquierda a quien vigila la policía. No le conviene visitarlo, menos aún de noche; y peor todavía con las barbas que Ud. lleva!”. Vino, en efecto, con unas barbas ‘’castristas’’, todo quemado por el sol del viaje. Me dijo que venía en viaje de vacaciones y para conocer estos países. Quería ir hasta el Perú, pero desistió porque a su compañero ecuatoriano, le negaron la visa en el consulado.

Al día siguiente iba a la costa, a Playas y Salinas, para seguir después a Cuenca y posiblemente Loja. Le pedí visitar el portete de Tarqui, la última gran victoria militar de la Gran Colombia, pero se me hace como que a Luis Enrique todo eso de la Grancolombia lo deja un tanto indiferente. Se vé que pertenece a una nueva generación que ya no se interesa por las chifladuras de la nuestra!… Por él tuve noticias tuyas y de tu familia. Me ha llenado de complacencia que todos estén bien. Me dice que estás dedicado a publicar tus obras completas, sin descuidar el Castillo y la cría de gallinas, y continuando tu labor en la cátedra y en El Tiempo. Me contó de tus artículos recordando la carta de Quito a propósito de la ALALC. Uno de esos artículos lo reprodujo (cosa extraña) El Comercio. No llevaba tu firma, pero comprendí enseguida que lo habías escrito tú. ¿Quién sino tú, puede acordarse de la Carta de Quito? Mil gracias por esa manera de demostrarme tu amistad.

Ya te habrás enterado por el cable que la Junta Militar pretende quedarse en el poder hasta el segundo semestre de 1967, y dictar ella misma la nueva Constitución (o las reformas a la anterior), sin convocar Constituyente.

Por todo eso, y la crisis económica, la oposición crece cada día. Dudo mucho que esos señores lleguen al 67.

Para que te rías un poco, y veas que en el Ecuador también se hace teatro, te mando un ejemplar de una obrilla que circula profusamente. Al autor, que dicen ser un Sr. Borja Illesca, antiguo director del Diario del Ecuador, lo tuvieron preso en el Panóptico, y ahora está enjuiciado. . . .

Lo interesante de todo esto (y lo lastimoso para este pobre país) es que lo de las condecoraciones francesas ha resultado ser cierto. Acaba la Cancillería de declarar que las condecoraciones que entregó de Gaulle han sido devueltas, por no corresponder a la categoría de Jefes de Estado de los Miembros de la Junta! Parece que estos cuatro ciudadanos castrences pretendían obtener cuatro collares de Jefe de Estado. Los franceses parece que dieron cuatro grandes cruces (el grado anterior al de Jefe de Estado)… y las condecoraciones han sido devueltas!

Pequeñas cosillas, pero que, por ridículas, le hacen gran daño al país… Claro está que yo no les doy mayor importancia a estos chismecillos.

Respecto de mis asuntos, están avanzando, poco a poco. Ya la Junta dictó un decreto ordenando la emisión de bonos a 10 años y al 8% para pagar las tierra expropiadas, al precio de avaluo catastral (el comercial menos el 40%). Y parece que se proponen entregar esos bonos en los meses venideros.

Lo malo es que esos papeles no ofrecen ninguna garantía, y que bien puede darse el caso de que los intereses de los bonos o los bonos mismos no sean pagados, ya porque no se ponga partida en alguno de los presupuestos futuros, o porque esos decretos sean revocados, o cambiados. Eso es lo peor del asunto. La falta de seguridad. Tendré que resolver si acepto o no esos bonos…

Recibe, para tí y los tuyos, un cordial abrazo de tu viejo amigo,

Antonio

P.D. Entregaré tus libros al Dr. Abel Romeo Castillo, como me lo indicas.

Bogotá, enero 31 de 1965

Mi querido Antonio:

Acabo de llegar de Rumihaca, y me encuentro tu carta, que me ha dado gran placer. Y que vino emparedada con el folleto humorista que nos ha hecho reír largo y tendido en comunidad, por que lo leí caracterizando los personajes hasta donde me alcanzaba el conocimiento de los acentos ecuatorianos y francés, masculino y femenino. Auditorio: mi mujer, que te recuerda siempre con gran cariño, mis hijas, y la doctora Ligia Luzuriaga, la ecuatorianita que vive con nosotros como hija adoptiva, y servía de crítico teatral, el folletico tiene todo el veneno y la gracia de una culebrita cascabel; y me divierte también el ver que ha sido impreso en Bogotá, y no en tu tierra. Te aseguro que pasamos unos minutos de risa muy agradable.

Al hijo, que por fortuna ya llegó, lo dejé en el castillo con sus amigos y sus guitarras, y sus barbas horrorosas que no se quiere quitar. Siento que el hombre, si no desciende del mono, tiende a él por retroceso involuntario a través de la prole. Fue hasta Cuenca y regresó por vía Cali, Pereira, Manizales y el Ruiz; llegó con el parabrisas roto y el bomper torcido. Por fortuna no fueron más los desperfectos; pero pasé días amargos esperando que llegara a través de tanto atraco y tantos accidentes.

De la carta de Quito seré el único que se acuerde; pero en ello soy perseverante. Lo único que no he hecho es enviar los recortes, como me recomendaste, a la prensa de Guayaquil, porque siempre olvido recortar los comentarios, y cuando me acuerdo ya ha desaparecido el periódico a través de la cadena de exterminio de mis hijos, las sirvientas y el basurero.

Estoy por lo pronto imprimiendo el tomo IV de mis obras teatrales y abriendo el segundo año de la Escuela de Teatro Nacional, con la cual hice el año pasado una labor muy activa e interesante, aunque sin la divertida mordacidad planfetaria de mi colega tu autor ecuatoriano, para quien te encargo una felicitación de las más festivas.

Dile al Dr. Castillo que deseo, si es posible, volver a tener su novela. La dejé en manos del director del archivo de Guatemala, con el encargo de que me la devolviera, y se quedó con ella. Hace algunos meses supe que había muerto, de suerte que no hay a quien reclamársela. La encuentro tan admirable como las mejores del brasileño Jorge Amado. A ese respecto dile que le recomiendo la lectura de Terras de sen fim, y de Gabriela Cravo e Canela.

Te abraza con el cariño de siempre,

Luis Enrique.

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